Con el espíritu de establecer una suerte de memoria literaria de este año, decidimos convocar a un nutrido grupo de escritores, críticos y editores, para que seleccionaran una obra de ficción y otra de no ficción publicadas en 2017 en el ámbito de la lengua española, incluyendo traducciones. Ambas categorías genéricas son, ciertamente, muy cuestionables, pero de gran ayuda a la hora de establecer un recuento anual y buscar una síntesis bibliográfica.

 

La siguiente lista no pretende ser canónica ni total, sino fruto de un consenso múltiple y plural. Intenta ser, sobre todo, una guía para nuestros lectores. Está en sus manos valorarla, contrastarla, criticarla y —ojalá— disfrutarla.


Ficción

-1er lugar

• Fernanda Melchor, Temporada de huracanes, Literatura Random House, 224 p.
Temporada de huracanes seduce por la fuerza con la cual lleva los ritmos y las voces de cierta oralidad al terreno siempre exigente de la escritura. Fernanda Melchor tiene un oído muy bien entrenado y tiene asimismo un raro talento para recrear el lenguaje de la lucha por la supervivencia. (Roberto Pliego, en “Lo mejor y lo peor de la narrativa mexicana en 2017)


-2do lugar

• Antonio Ortuño, La vaga ambición, Páginas de espuma, 120 p.
¿Por qué hay que asomarse a las páginas de Ortuño? Encuentra el punto exacto para deslizar frases transgresoras. En ningún momento intenta dar golpes por doquier o caer en remedos de otros autores que emplean a la escatología como una forma de respiración en sus relatos. Sabe el instante en que debe soltar la frase contundente, el punch para que la historia adquiera otros vuelos o, bien, decante el exceso de realidad. (Mary Carmen Sánchez Ambriz)


-3er lugar

• Margaret Atwood, El cuento de la criada, Salamandra, 416 p.
Esta visión distópica de Margaret Atwood nos alerta de un retorno cíclico, extrapolaciones del pasado que ya existen en el presente. Se trata, más que de una pérdida de fe en el progreso —como suele ocurrir en las distopías— de una desilusión en la conducción de la idea de colectividad: una crítica social que es una advertencia. (Claudia Monterde, en “Margaret Atwood, un feminismo otro)


• Juan Cárdenas, El diablo de las provincias, Periférica, 184 p.
Cárdenas es a mi juicio uno de los escritores más importantes del idioma. Esta, su cuarta novela, lo instala lo mismo como un narrador de cepa y un teórico de la literatura. La historia de un biólogo que vuelve a su pueblo natal tras una breve excursión europea se ve pronto teñida de conflictos que lo ponen en una encrucijada ante la tradición y la propia idea de sí mismo. Una obra maestra. (Diego Rabasa)


• Wendy Guerra, Nunca fui primera dama, Alfaguara, 312 p.
Tres mujeres protagonizan Nunca fui primera dama. Wendy Guerra narra una historia de añoranzas y metamorfosis, de exilios y permanencias vinculadas a un hecho irrefutable: hay una situación francamente paradójica en la Cuba de hoy: a la vez se asume libre y en la orfandad tras la muerte de Fidel Castro.


• Vicente Herrasti, Fue, Alfaguara, 640 p.
El encuentro de dos personajes alrededor del año 130 a. C. en las inmediaciones de la cordillera del Hindukush tras un largo periplo es el origen de Fue, novela de Herrasti en la que los conceptos de acontecimiento, espiritualidad, historia y lenguaje se fusionan.


• Mauricio Molina, Planetario, Almadía, 245 p.
Luego de afinar su prosa siempre inquieta en el cuento y el ensayo, el autor regresa al campo novelístico con este thriller que mezcla hábilmente erotismo, esoterismo, crimen, fantasía y sueños en una búsqueda desaforada del sentido oculto del mundo. (Mauricio Montiel)


• Emiliano Monge, La superficie más honda, Literatura Random House, 162 p. [leer un extracto aquí]
Leer a Emiliano Monge es como volver una y otra vez a “La parte de los crímenes” de 2666. Genera una especie de atracción repulsiva (o quizás mejor: repelente). Con La superficie más honda lo ha hecho de nuevo: arrojar un libro gozosa y dolorosamente ineludible. (Luciano Concheiro)


• Naief Yehya, Las cenizas y las cosas, Literatura Random House, 200 p.
El narcisismo autoral puesto a prueba por una realidad desquiciada gracias a un desastre natural y la inoperancia de las instituciones, es el pretexto narrativo para urdir esta brillante novela paródica que revela las bajas pulsiones de nuestras vidas literarias, signadas de fracasos, fugaces reconocimientos y azar. (Ana Clavel)

No ficción

-1er lugar

• Sergio González Rodríguez, Teoría novelada de mí mismo, Literatura Random House, 264 p.
Obra crepuscular del escritor mexicano más singular de su generación. Los sueños, los recuerdos y los fantasmas del pasado como detonadores de la escritura conforman este híbrido a caballo entre la autoficción y el ensayo.  Un viaje al interior de sí mismo por un autor que desde ya se antoja imprescindible en las letras mexicanas. (J.M Servín)


• José Emilio Pacheco, Inventario. Antología, Era, 3 tomos, 2076 p. [leer un extracto aquí]
Hay en el Inventario un sentido de conocimiento comunitario, la idea de que entre todos podemos saberlo todo. No se trata de un erudito que despliega sus disertaciones para asombro de los simples mortales. Es el visionario que absorbe las incertidumbres de su tiempo, los sentidos o sinsentidos imperantes, que rastrea en el pasado las heridas o los dilemas aún frescos, fatigando archivos o navegando en su propia biblioteca, para hacer presentes esos temas en ágiles inventarios, y dar con ello constante novedad a la Patria. (Mary Carmen Sánchez Ambriz)


-2do lugar

• Emmanuel Carrère, Conviene tener un sitio adonde ir, Anagrama, 448 p.
Conviene tener un sitio adonde ir, que bien podría calificarse de autobiografía fragmentada, vuelve a ser un libro deslumbrante e imprescindible de Carrère. Un libro de mil sugestiones y mil placeres para el lector aficionado, o para el desconocedor de este magnífico, espectacular por momentos, recreador de historias. (Mercedes Monmany, en “Carrère, el Tusitala de nuestros días”)


• Jazmina Barrera, Cuaderno de faros, Fondo Editorial Tierra Adentro, 124 p. [leer un extracto aquí]
Cuaderno de faros se inscribe en la tradición de los mejores ensayos personales. Los faros resultan un pretexto para escribir acerca de las obsesiones de la autora, como los viajes y la amistad, a través de un recurso simbólico: en cada pasaje, la ensayista alumbra una conclusión de manera imprevista; una metáfora de la luz que recorre el ejercicio de la lectura. (César Tejeda)


• Luis Felipe Fabre, Escribir con caca, Sexto Piso, 84 p.
Sustentado en una investigación a consciencia de Salvador Novo y su vida, Fabre ha hecho un álbum de algunos pasajes donde la censura de miras cortas o la moralina barata están en la mira. Con una empatía casi inocultable, las páginas de Escribir con caca brindan un diálogo de poeta a poeta. (Héctor Iván González, en “Más que una provocación”)


• David Rieff, Elogio del olvido, Debate, 144 p.
Sin duda un libro inquietante y no exento de polémica. Contrario al lugar común que sugiere que hay que tener presente la historia para no estar condenados a repetirla, Rieff sugiere que hay situaciones que están mejor en el olvido y que es precisamente el estandarte de la memoria lo que en ocasiones puede propagar nuevos nacionalismos y conflictos ancestrales. (Diego Rabasa)


-3er lugar

• Guillermo Fadanelli, El billar de los suizos, Cal y arena, 136 p.
El mejor Fadanelli, mordaz, reflexivo y con sentido del humor en esta colección de crónicas que exploran la libertad individual, el viaje como descubrimiento de los propios demonios y la soledad como brújula para emprender viajes sin padecer la presencia de los otros. (J. M. Servín)


 

• Octavio Paz, Los signos en rotación. Ensayos y cartas, El Colegio Nacional, 224 p. [leer un extracto aquí]
Los signos en rotación es un ensayo breve pero seminal, agregado después como epílogo a la 2da edición de El arco y la lira, que reconcilia la raíz romántica de la poética de Paz con innovaciones filosóficas y teóricas del siglo XX, como el existencialismo y el estructuralismo. Esta edición incluye cartas, críticas y diverso material iconográfico. (Armando González Torres)


• Simon Sebag Montefiore, Los Románov 1613-1918, Crítica, 992 p.
Desde que el reportero británico Simon Sebag Montefiore escribía sobre la caída de la Unión Soviética comenzó a entender que la Revolución de octubre de 1917 había “inventado la modernidad”. A partir de la década de los noventa, conforme se fueron liberando los archivos secretos de la URSS, el escritor se fue metiendo cada vez más en los meandros de una historia fascinante en la que imperaban el poder, el asesinato, el sexo brutal, la intriga, las conspiraciones y, sobre todo, el refinamiento extremo de una minoría noble que iluminaba las inmensas estepas pobladas por campesinos dispuestos a obedecer. ¿Es una paradoja histórica que un país que parecía detenido en la época medieval sea el caldo de cultivo de una revolución sofisticada y moderna? En Los Románov Simon Sebag Montefiore ensaya una respuesta. (Juan Manuel Gómez)


• Tzvetan Todorov, El triunfo del artista. La Revolución y los artistas rusos: 1917-1941, Galaxia Gutenberg, 216 p.
La revisión histórica de Tzvetan Todorov es acuciosa y constantemente es narrativa porque trata de encontrar los elementos vitales que movilizan a las ideas. Sigue a la vez su método de diálogo de otras ideas con él y con el presente. Lo que siempre lo hace apasionante. Nos ayuda a comprender lo que hicieron otros en otro tiempo y lo que ahora vivimos. (Alberto Ruy Sánchez, en “El triunfo de Tzvetan Todorov”)


• Juan Villoro, La utilidad del deseo, Anagrama, 384 p.
El filón ensayístico del autor, probado con fortuna en títulos como Efectos personales y De eso se trata, reaparece con brillantez en esta nueva reunión que convoca a escritores de toda laya para dibujar un admirable mapa literario. (Mauricio Montiel)


 

*Autores, críticos y editores que contestaron la encuesta: Ricardo Bada, Hernán Bravo Varela, Luis Bugarini, Ana Clavel, Luciano Concheiro, Alberto Chimal, Guillermo Fadanelli, Alejandro García Abreu, Juan Manuel Gómez, Armando González Torres, Delia Juárez, Brenda Lozano, Ángeles Mastretta, David Miklos, Kathya Millares, Mauricio Montiel, Myriam Moscona, Diego Rabasa, Alberto Román, Mary Carmen Sánchez Ambriz, J.M. Servín, César Tejeda, Alejandro Toledo, Karen Villeda, Jorge Volpi.