Vicente Rojo y Arnoldo Kraus culminaron un proyecto literario-visual con Apología del polvo, celebrado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. El artista plástico y el médico escritor se aproximan al polvo desde las múltiples aristas que permite el tema.

Arnoldo Kraus y Vicente Rojo
Apología del polvo
Colaboración fotográfica de Vicente Rojo Cama
Sexto Piso/Secretaría de Cultura
Ciudad de México, 2017
48 páginas.


Vicente Rojo y Arnoldo Kraus se embarcaron en un proyecto que llegó a buen puerto: una tetralogía literaria-visual constituida por Apología del lápiz, Apología del libro, Apología de las cosas y Apología del polvo (Sexto Piso/Secretaría de Cultura, 2017). Ahora los cuatro libros están reunidos en una caja diseñada por Rojo. El artista plástico y el médico y escritor forjaron una estrecha amistad que derivó en la celebración de entidades cotidianas: el lápiz, el libro, las cosas, el polvo.

“Los dos primeros libros trataron temas más fáciles, obvios. Los dos siguientes se complicaron más para ambos, en cuanto a la escritura y a la plástica. Son temas menos claros”, afirma Kraus en la conversación.

Por su parte, Rojo eplica su selección cromática: “Pensé, al tratar el tema del polvo, que debía manejar tonos grises, usar el negro, dar una perspectiva lúgubre. Pero el texto de Kraus es luminoso. Por lo tanto esa luz me permitió pensar en lo colorido, en el polvo de estrellas. Los astros siempre tienen colores, las estrellas son luminosas. Eso plasmé. Muchos pensadores dicen que somos polvo de estrellas”.

El artista plástico continúa: “Mi padre llegó a México años antes de que yo lo lograra. En Barcelona yo veía las estrellas pensando en que mi padre veía en México las mismas estrellas que yo percibía. También hay una canción titulada ‘Polvo de estrellas’ que yo escuchaba en mi juventud”.

Kraus dice en la entrevista: “Llamaré a los cuatro volúmenes incluidos en la bella caja ‘libros-objetos’. La combinación de letras con el trabajo de Vicente es inmejorable. Cambiamos la palabra diálogo por la palabra danza. Una danza entre palabras e imágenes”.

El cuarto volumen resulta una suerte de ponderación del polvo propagado, concurrente. Ambos lo perciben como algo que sigue y conforma al ser humano.

“Sé humilde, pues estás hecho de tierra. Sé noble, pues estás hecho de estrellas”, reza un antiguo proverbio serbio recordado por el médico. “Si la humildad rigiese el mundo todo sería mejor. El proverbio debería ser una guía”.

Para Arnoldo Kraus el polvo y las huellas humanas coexisten en las hendiduras de la existencia y de las cosas. Esa es la premisa del volumen que concluye la tetralogía, en la que se concibe la nostalgia como necesidad. La visión del polvo de Vicente Rojo trasciende lo terrestre y deviene en una aproximación al universo: sus imágenes evocan el polvo estelar.

Residuo de cosas, el polvo es un conjunto de partículas sólidas que flotan y descansan sobre los objetos. Ahí reside su importancia artística-literaria: es un motivo de creación ineludible.

Kraus dice que los médicos hablan de neumoconiosis para referirse a las enfermedades pulmonares causadas por la inhalación de polvo, y el polvo cósmico está compuesto por partículas menores de 100 micras. Estas acepciones extienden el universo del polvo. Afirma que tras cavilar sobre nuestro origen en La historia más bella del mundo, Hubert Reeves, Joël de Rosnay, Yves Coppens y Dominique Simonnet concluyen: “Verdaderamente estamos hechos de polvo de estrellas”. En ese punto coinciden a la perfección.

Los coautores de esta Apología saben que el polvo tiene presencia. La purpurina de Rojo mutó en estrellas, en polvo interestelar. Kraus, con intención literaria, afirma que escribe polvo, borra polvo. Escribe y corrige. Mientras lo hace, Rojo crea cuerpos estelares. “Polvo eres y en polvo te convertirás.”

Ambos conservan la curiosidad y el juego correspondientes a la niñez. “El oficio de la infancia es bello, desborda pasión”, escribió Kraus en Apología del polvo. Vincula “el oficio de la infancia” con la creación artística y la medicina. Escribió: “Las estrellas interestelares y las de Rojo comparten oficio: ambas contribuyen a explicar el mundo”.

Kraus asegura que “el oficio de la infancia significa cosechar recuerdos, mirar hacia atrás. Los niños que trato no lo saben, pero ejercen ese ‘oficio de la infancia’: desde jugar hasta descubrir las palabras, el lenguaje. Pasa con los niños agraciados y desagraciados: me refiero a términos económicos. La infancia abre muchas puertas. Y ese ‘oficio’ marca la vida juvenil y la vida adulta, enseña maneras de estar en la vida”.

El médico evoca el prólogo de Jean-Paul Sartre a Los condenados de la tierra de Frantz Fanon y parafrasea: “El mundo se divide en dos: entre los que tienen Voz, con mayúscula, y entre los que no la tienen”. Kraus se refiere a los niños agraciados y a los que se ven sometidos a la pobreza, a la enfermedad, a la imposibilidad de mejorar sus condiciones de vida. “En la medicina clínica, que es la que yo ejerzo, lo que aprehendiste en la infancia —en mi caso— hace que te intereses por las personas que están frente a ti. Me buscan por una merma, ya sea física o emocional, o por problemas que combinan ambas mermas. Esa carga de la infancia influye en mi manera de practicar medicina: ser compasivo, empático”.

Kraus también lleva esa práctica a la escritura y, en específico, a su colaboración con Vicente Rojo. Recuerda, para describir a Rojo, un pasaje de los Cuatro cuartetos de T. S. Eliot: “La única sabiduría que cabe adquirir/ es la sabiduría de la humildad”. Los versos de Eliot detallan la manera en que ambos —médico escritor y artista plástico— conducen su existencia. “La humildad de Rojo nos enamora. Colaborar con él es un regalo de la vida. Quisiera que se prolongase indefinidamente”.

Regresemos al polvo y a las estrellas. Kraus asevera:

Antes de ser nada, los huesos de los muertos se convierten en polvo, en polvo humano, hermano de otras sustancias semejantes; cenizas volcánicas, cisco, aserrín y huesos animales comparten historias, tiempos y destino: nada, ser nada, desaparecer. En la Tierra, polvo y destino se funden. Con el tiempo desaparecen. Historias similares viven las estrellas de Rojo: antes de dialogar con las palabras, las escuadras y el cúter del artista dotaron de vida a algunos de sus inmemoriales cómplices: purpurina, pegamento, papel y cartón se transformaron en estrellas. Surcar cielos, aterrizar en las páginas de este libro y avivar la textura de las palabras es legado de la fuerza de Vicente.

El polvo es inmortal como la obra de Vicente Rojo.

Alejandro García Abreu
Ensayista y editor.