Michael Wolf dejó las páginas de los periódicos para abordar en amplios formatos la vida de las grandes ciudades, desde sus colosales edificios hasta la intimidad que se esconde en lugares tan tumultuosos como el Metro. La cámara de este fotógrafo alemán ha logrado documentar como pocos una de las sociedades más complejas de la actualidad: China.

Dorothea Lange, la gran fotoperiodista documental estadounidense, dijo alguna vez que una cámara sirve para enseñarle a la gente a ver sin una cámara. La frase tiene algo peculiar: ¿por qué tendríamos que aprender algo que se supone sabemos hacer por naturaleza? Desde luego, Lange no hablaba del acto físico de percibir imágenes, sino del proceso que se desencadena en nuestras mentes al verlas. Una fotografía puede enseñarnos a observar nuestra realidad. Si en verdad observamosy no solo vemos una imagen, miles de ideas comienzan a hacer ebullición. Hacemos conexiones al instante: relacionamos lo que vemos con cosas que ya hemos visto antes, con recuerdos personales, pensamos en conectar a la imagen literalmente ––es decir, se la enviamos a alguien––, y nuestro cerebro la relaciona con sueños, personas, e incluso con sonidos y olores.

Al mismo tiempo, cada fotografía lleva la marca de quien la tomó, de su particular percepción del mundo. La mirada de algunos fotógrafos puede hacer que reflexionemos sobre cosas que quizá de otra forma nunca se nos hubieran ocurrido. Este es el caso de Michael Wolf (Múnich, 1954).


Chair 15 de la serie Bastard Chairs

La trayectoria de este fotógrafo alemán es interesante, pues ha tenido como escenario  principalmente Alemania, su lugar de origen y en donde realizó sus estudios universitarios; los Estados Unidos, en donde se crió después de que su familia emigrara cuando era niño y China, el lugar en donde vive y en donde ha desarrollado la mayor parte de su obra.


Toy factory workers de la serie The toy story

Graduado en comunicación visual por la Universidad de Essen en 1976, Wolf estudió ahí con Otto Steinert, importante fotógrafo alemán fundador del grupo de fotografía experimental Fotoform Photography en la Alemania que siguió a la Segunda Guerra Mundial. El principal precepto de este grupo era buscar una mayor libertad creativa, después de la estricta política cultural nazi, que prohibía cualquier estilo artístico que no promoviera ideas nacionalistas. El abstraccionismo estaba entre los estilos prohibidos durante el nazismo y el grupo proponía justamente crear tomas abstractas derivadas de acercamientos a patrones de la naturaleza u obtenidos de la manipulación de los negativos. Steinert creía en una fotografía subjetiva, motivada por el instinto del fotógrafo. Sin embargo, su alumno Michael Wolf estaba más interesado en una fotografía  estructurada y narrativa que pudiera servir como medio documental de la sociedad. Como proyecto de tesis, realizó una serie de fotografías que mostraban las condiciones de vida de un pequeño pueblo minero en Alemania.


Toy factory workers de la serie The toy story

Sus intereses hicieron que se desempeñara durante muchísimos años como fotoperiodista para la revista alemana Stern. Este trabajo le permitió mudarse a la ciudad que se convertiría en su gran obsesión: Hong Kong. A la par que trabajaba para Stern, Wolf tenía la inquietud de realizar proyectos fotográficos independientes, cosa que pudo concretar hasta los cincuenta años y después de dos décadas de trabajar como fotoperiodista.

A través de distintos proyectos, a veces con mucho tiempo mediando entre la idea original y su realización, Wolf se dio cuenta de que su gran tema de interés era la vida en las grandes ciudades: su gente, su arquitectura, sus hábitos, su transporte, su comercio. Las fotografías de  Wolf permiten conocer la vida de las ciudades, particularmente en Asia, pues además de Hong Kong, ha trabajado también en Tokio. Sus fotos permiten conocer una perspectiva sumamente interesante de lo que significa  “made in China”.


A119 de la serie architecture of density

Los proyectos independientes de Wolf le han permitido publicar diversos libros de fotografía y exhibir en numerosas bienales, galerías de Alemania, Suiza, Holanda, Estados Unidos y China. Su trabajo forma  parte de la colección de museos como el Metropolitan de Nueva York, el Museo Brooklyn, el Museo  de Fotografía Contemporánea en Chicago, el Museo de Arte de San José en California, el Museo Folkwang en Essen, y el Museo de la Arquitectura en Frankfurt, los dos últimos en Alemania. A pesar de estos reconocimientos, Wolf no se considera a sí mismo como fotógrafo de arte y comenta, respecto a su transición del fotoperiodismo al circuito artístico, que en realidad nunca ha abandonado una práctica narrativa de la fotografía.

Las fotos de Michael Wolf siempre quieren contar historias. Muchas de estas son micro-historias, como su serie Bastard chairs, en la que, mediante el retrato de diferentes sillas que fueron reparadas de manera improvisada con todo tipo de materiales, podemos observar la cultura del reciclaje en Hong Kong y la primacía de la funcionalidad sobre la estética en ciertas cosas, lo que para el fotógrafo tiene su propia belleza y da muestra de un gran ingenio. Wolf publicó las fotografías de esta serie en su libro de 2002 Sitting in China.


De la serie 100 x 100

El cambio al formato de exhibición en galerías y museos también le permitió a Wolf liberarse de las restricciones de la fotografía editorial (como el tamaño de la página) y expandir los efectos de sus obras realizado instalaciones especiales para exhibirlas. Un ejemplo es su  proyecto The Real Toy Story, que realizó alrededor de 2004. Para esta obra, Wolf recolectó una enorme cantidad de juguetes de plástico en California hechos en China y los colocó todos juntos en una instalación en la que también había fotos de los trabajadores de las fábricas de juguetes. El efecto es avasallador y nos hace pensar en la producción en masa –en la que China es un gigante– y la cuestión del valor de esos objetos que están hechos para ser desechados. Los retratos de los trabajadores hacen que de pronto los jugetes ya no sean solo eso, sino un reflejo de la vida de miles de personas en China y de sus condiciones de trabajo.

El cambio de formato también le permitió a Wolf aprovechar la escala de la impresión para explorar otro de sus grandes temas: la arquitectura monumental de las ciudades. En varias series se aprecian enormes complejos habitacionales con distintos niveles de acercamiento que hacen que cada uno tenga un efecto muy diferente. En uno de sus proyectos más célebres, Architecture of density,vemos enormes edificios tan de cerca, que lo único que podemos distinguir son figuras geométricas, colores, líneas que no terminan. No es posible imaginar la cantidad de personas que habitan ahí ni cuál es el tamaño real de los edificios que parecen infinitos, pues en las fotos no vemos el horizonte, no podemos realmente dimensionar esas edificaciones. En esa serie de fotos  solo hay pequeñas huellas de la presencia de los habitantes, como la ropa tendida en los balcones que se alcanza a percibir si miramos con atención. Wolf publicó estas fotos en 2004 en el libro Hong Kong: Front Door/ Back Door. Con esta misma propuesta, publicó más tarde la serie que se titula Transparent city (2008), y que tiene sede en Chicago.


De la serie 100 x100

También sobre arquitectura, pero con una perspectiva íntima y a la vez paradójicamente uniformizada, en la serie 100X100 del año 2006 Wolf fotografió a los residentes del más antiguo complejo de vivienda social en Hong Kong. Cuando el alemán  realizó este proyecto, el inmueble —en el que todas las viviendas medían exactamente 100 pies cuadrados (9.3 m2)— estaba a punto de ser derribado y llevó a cabo retratos de cien habitantes en sus viviendas.  Casi todos miran directamente a la cámara, otros quedaron congelados en alguna actividad. Los vemos rodeados de sus pertenencias, de su pequeño universo. Se les ve vulnerables, incluso en ropa interior. Es posible imaginar la vida de las personas retratadas, la gran mayoría ancianas, probablemente habitantes del complejo desde su inauguración. Las fotografías tienen una parte fundamentalmente humana, un interés por transmitir algo individual y único mediante historias individuales plasmadas en espacios diseñados para ser iguales.  Wolf presenta esta serie en un espacio que mide exactamente lo mismo que las habitaciones del edificio, de modo que el espectador logre dimensionar realmente el tamaño de ese lugar y percibirlas de una manera mucho más personal.

Finalmente, quizás nada puede mostrar mejor la esencia de una gran metrópoli como su transporte público. El metro de las ciudades es una muestra del ritmo de las vidas de sus habitantes, de su ir y venir interminable. Con esto en mente, Wolf realizó una serie de fotografías sobre el metro de Tokio llamadas Tokyo compression (2010-2013). Estas muestran la realidad del transporte en una ciudad sobrepoblada a través de los retratos de los pasajeros con el rostro pegado a los vidrios, algunos durmiendo, otros capturados con gestos de hastío.

De una forma extraña, Tokyo compression también da cuenta de la experiencia estética que puede surgir del más trivial de los fenómenos. Más que documentar una realidad fielmente, los retratos de los pasajeros sugieren sensaciones, evocan pensamientos; el vapor que cubre los vidrios incluso hace que se difuminen los rasgos de los rostros dándoles un aire casi de pinturas impresionistas, permitiendo a la vez que el espectador realmente observe. Sin importar la escala, las fotografías de Michael Wolf son una ventana a múltiples realidades humanas, una mirada que no solo muestra sino que sugiere, invitando tanto a la reflexión como a la ensoñación.

Mónica Valdivia
Licenciada en literatura francesa por la UNAM.

Todas las imágenes son del sitio oficial del artista.
http://photomichaelwolf.com