Algo que tienen en común gran parte de los asesinos en serie es que, además de la sangre, adoran la tinta. Muchos de ellos escribieron perturbadoras cartas a la policía, a los periódicos, a sus admiradores e incluso a los familiares de sus víctimas. La siguiente selección, más allá del morbo, nos permite asomarnos a la mente retorcida de estos criminales.

Desde el infierno

Durante los asesinatos de Whitechapel que asolaron aquel barrio empobrecido del Londres decimonónico, la policía inglesa se vio inundada de cartas que aseguraban provenir del puño y letra del misterioso asesino de prostitutas. La mayoría parecía ser una mala broma, pero una de ellas, fechada el 25 de septiembre de 1888 y firmada con un siniestro sinónimo, daría pie al inicio de una de las más infames leyendas de la historia del crimen.

Querido jefe,

Sigo escuchando que la policía ya me atrapó pero lo cierto es que aún no me han encontrado. Me he reído mucho cuando se creyeron muy listos y hablaron de que estaban sobre la pista correcta. Ese chiste sobre “Mandil de Cuero” me hizo partir de risa. Detesto a las putas y no dejaré de destriparlas hasta que en efecto me pongan una correa. El último fue un gran trabajo. No le di tiempo ni de gritar a la dama. ¿Cómo me atraparán ahora? Amo mi trabajo y quiero hacerlo otra vez. Pronto volverán a oír de mi y de mis divertidos jueguitos. Guardé algo de la sustancia roja en una botella de cerveza de jengibre para escribirles, pero se puso tan espesa como la cola y no la pude usar. Espero que la tinta roja haga el efecto, ja, ja. En el próximo trabajo que haga le cortaré las orejas a la dama y se las enviaré para divertirme. Guarden esta carta hasta que haya hecho un poco más de trabajo y después publíquenla sin reparos. Mi cuchillo es tan hermoso y afilado que quiero volver al trabajo de inmediato si tengo oportunidad. Buena suerte.

Sinceramente suyo,

Jack el Destripador


El hijo del diablo

En la primavera de 1977, dos jóvenes fueron asesinados en el Bronx. Mientras patrullaba el área, un oficial se encontró una carta dirigida al jefe del Departamento de Policía de Nueva York. Unos meses después caería David Berkowitz, mejor conocido como “el hijo de Sam”, quien fue acusado de matar a seis personas y herir a otras siete. A pesar de que Berkowitz alegó que había cometido los asesinatos por mandato del perro de su vecino, que a la sazón estaba poseído por el diablo, fue sentenciado a 365 años de cárcel.

17 de abril de 1977

Querido capitán Joseph Borrelli,

Estoy profundamente dolido de que me llamen misógino. No lo soy. Pero soy un monstruo. Soy “el hijo de Sam”. Soy un pequeño “mocoso”.

Cuando papá Sam se emborracha se vuelve malo. Golpea a su familia. A veces me amarra y me deja atrás de la casa. Otras veces me encierra en el garaje. A Sam le encanta beber sangre.

“Sal y mata”, ordena papá Sam.

Detrás de la casa algunos descansan. La mayoría son jóvenes —violadas y descuartizadas— su sangre drenada —solo huesos ya…

Papá Sam me encierra en el ático también. No puedo salir pero me asomo por la ventana y veo pasar el mundo.

Me siento como un forastero. Estoy en una onda distinta a los demás —programado para matar.

Sin embargo para detenerme debe matarme. Aviso a toda la policía: ¡dispárenme, disparen a matar o aténganse a las consecuencias. Manténganse fuera de mi camino o morirán!

Papá Sam ya está viejo. Necesita sangre para conservar su juventud. Ha sufrido muchos infartos. Demasiados infartos. “Ugh, me duele que te duela, Sonny Boy”.

Extraño sobre todo a mi hermosa princesa. Está descansando en la casa de nuestra señora pero la veré pronto.

Soy “el monstruo” —“Belcebú” — el “rollizo Behemoth”.

Me encanta cazar. Merodear las calles en busca de diversión —carne sabrosa. Las mujeres de Queens son las más bonitas de todas. Debo ser el agua que beban. Vivo para cazar —es mi vida. Sangre para papá.

Señor Borelli, ya no quiero matar, señor, ya no más, pero debo hacerlo. “Honrarás a tu padre”.

Quiero hacerle el amor al mundo. Amo a la gente. No pertenezco a la Tierra. Regrésenme a Yahoos.

A la gente de Queens: los amo. Y quiero desearles a todos felices Pascuas. Que Dios los bendiga en esta vida y en la otra y por ahora les digo adiós y buenas noches.

Policía, déjenme estremecerlos con estas palabras;

¡Volveré!

¡Volveré!

Suyo en el crimen,
El señor monstruo.



Letras crípticas

El Asesino del Zodiaco acechó el norte de California a finales de los sesenta. Como nunca fue atrapado, se estima que mató al menos a siete personas, aunque él mismo, en una de las múltiples cartas que le envió a los periódicos más importantes de San Francisco, se adjudicó treinta y siete víctimas.

Las cartas, escritas a manera de criptogramas, volvieron loca a la policía durante varios meses. Un buen día, Zodiaco dejó de escribir.  Su rastro se esfumó en el aire, pero aquellas letras han quedado siniestramente archivadas para la posteridad.

31 de julio de 1969

Me gusta matar gente porque es muy divertido. Es más divertido que matar animales salvajes en el bosque, porque el Hombre es el animal más peligroso de todos… La mejor parte vendrá cuando yo muera. Renaceré en el Paraíso, y entonces todos los que he matado se volverán mis esclavos. No les daré mi nombre porque tratarán de impedir que mi colección de esclavos para el más allá se haga más grande.

Zodiaco


Hombre blanco soltero busca

Los Violadores de Chicago fue una banda de índole satánica sobre la que pende la desaparición de dieciocho mujeres a principios de los ochenta. Cuando fueron capturados, uno de su miembros, Edward Spreitzer, fue condenado al corredor de la muerte. Su sentencia fue conmutada de último minuto en 2003. Desde entonces, Spreitzer ha tratado de conseguirse una esposa por correspondencia.

10 de junio de 1997

Hola Jenny,

Estoy más o menos bien. Podría estar mejor. Pero podemos hablar de eso en otra ocasión.

Me encanta escribir, Jenny. Pero el problema es encontrar a quién escribirle. No somos muy queridos por aquí. Así que no recibimos muchas cartas. Pero en lo que a mí respecta, tengo algunos amigos de pluma. Pero ellos no saben que estoy preso. No me siento bien con todo eso. Porque me siento tan solo.

Esta es una de las razones por las cuales estás escuchando de mí. Dices que te gustaría conocerme mejor. No tengo problema con eso. Pero entiende una cosa. Voy a ser yo mismo. No voy a jugar ningún juego, y no quiero que nadie juegue conmigo.

¿Realmente conduces un programa sobre asesinos seriales y escribes para una revista de detectives?
Jenny, en este momento sigo trabajando en mis apelaciones, sé que esto no suena muy sexy. Todo esto podría lastimarme mucho. Quieres que sea honesto. Podría evadir la sentencia de muerte, y realmente quiero hacerlo. No quiero que nada malo me pase ahora.

No sé qué es lo que habrás leído por ahí. Pero me parece bien que no me juzgues.

Así que ahora Jenny, necesito encontrar coraje, algo que no siento que pueda hacer, porque me siento estúpido por lo que hice. Mira, hay cosas que no sabes sobre por qué hice lo que hice. Y si tuviera que hacer esto otra vez, mantendría la boca cerrada. Ahora bien, no tomes esto a mal. No soy la persona desalmada de la que has escuchado. Pero nadie más sabe esto, porque nadie se ha molestado en conocer al verdadero Edward Spreitzer.

¿Quieres conocer al verdadero Edward Spreitzer?

Porque como tú, yo también me siento terrible por la manera en que esas personas fueron asesinadas. Me siento muy mal por las familias. Pero tengo que lidiar con eso todos los días. Si me condenan a muerte por esto, tendré que aceptarlo. Pero solo hay dos personas que conocen la verdad, así que no tengo a quién responderle.

Aquí tienes al verdadero Edward Spreitzer. Matar no era mi forma de hacer las cosas, fui presionado y empujado por un hombre (Robin Gecht) y una escopeta de doble cañón en mi cabeza. No me siento orgulloso de lo que hice.

¿Cómo se sintió? Me dieron náuseas  y me desmayé. ¡Toda esa sangre! No disfruté nada de eso. Me imagino que por eso acudí a la policía, para poner un alto de una vez por todas. Matar no era divertido para mí, nunca de los nuncas lo será. Antes preferiría que me volaran la cabeza. Seguramente me sentiría mucho mejor de como me siento ahora.

Odio mucho a las personas como yo. Por lo que he visto, más que rabia es una forma de perversión. Robin era muy quisquilloso con lo que quería.

Suficiente por ahora. ¿Qué hay de ti? Además de escribirte con asesinos honestos, ¿qué es lo que haces? Veo que tienes 29 años y una bebé. ¿Estás casada?

Yo ahora tengo 36 y cumpliré 37 el 5 de enero. Durante mi encierro aprendí a leer y a escribir. He estado buscando amigos de pluma. Lo que estoy intentando realmente es encontrar a la persona adecuada para casarme. Nunca he tenido eso. Quiero tenerlo aunque sea durante los últimos tres o cuatro años que me queden de vida. Nunca he tenido ni sentido el amor de una buena mujer.

Si conocieras a alguien de entre 25 y 40 años, siéntete libre de pasarle mi nombre y dirección. Pero si no, por favor no te sientas mal por eso. Lo entenderé.

Jenny, si no te molesta que te pregunte, ¿cómo eres? Además de tener un nombre hermoso, cuéntame de ti. Si quieres puedes mandarme una fotografía tuya. Yo no puedo hacer lo mismo porque el año pasado, después del video de Richard Speck, la prisión nos prohibió hacer fotografías.

Bueno, te voy a mandar esto de una vez para que sepas que recibí tu carta, y si me escribes te contestaré.

Cuídate mucho Jenny y escribe de vuelta.

Sinceramente tuyo,
Edward Spreitzer

P.D. Si quieres llamarme simplemente Eddie está bien. Quizá me gustaría llamarte Hermosa o Sexy. ¿Podría hacerlo, por favor?

 

Selección, notas y traducción de César Blanco.

Fuentes:
Harold Schechter, David Everitt, The A to Z Encyclopedia of Serial Killers, Pocket Books, 1997, 357 p.
Jennifer Furio (comp.), The Serial Killer Letters: A Penetrating Look Inside the Minds of Murderers, Charles Press, 1998, 307 p.