Analogía entre la danza y el boxeo, la obra de los franceses Emilo Greco y Pieter C. Scholte se presenta mañana en la Ciudad de México. La elegancia de su despliegue escénico la convierten en una cita obligada.

Francia es el país invitado en esta 45 edición del Festival Internacional Cervantino en Guanajuato y uno de los platos fuertes de la oferta escénica del evento es el Ballet Nacional de Marsella con su piezaRocco, dirigida por los coreógrafos Emilo Greco y Pieter C. Scholten, quienes desde que comenzaron a trabajar juntos en 1995 funcionan como firma y también dirigen la compañía neerlandesa ICK.

Desde sus inicios como dueto, los coreógrafos exploran e investigan las características específicas que les resultan interesantes del cuerpo del bailarín. Se concentraron en el cuerpo instintivo, capaz de generar una diversidad de capas de significado al estar en movimiento; es por ello que la teatralidad es una parte importante de sus propuestas. Dada su trayectoria, no es sorprendente que el espectáculo que han creado sea una analogía entre el mundo del box y el mundo de la danza.

Esta es la premisa que funge como eje casi absoluto de Rocco. En Guanajuato, la función se llevó a cabo en la Cancha de Cristal, un espacio deportivo de la Universidad de Guanajuato, que ayudó a establecer la atmósfera escénica. Desde el ingreso del público a la sala, entre humo y penumbras, los espectadores tenían que descender hasta la butaquería que rodeaba a un ring por los cuatro frentes.

Dos bailarines-boxeadores, esperaban en su esquina al comienzo de la función-pelea. Cada uno con un cenicero en la mano, fumando y haciendo alusión, quizás, a este hábito que tienen muchos bailarines en una contradicción con el uso profesional de su cuerpo. Mientras el cigarro se consume, entran dos personajes vestidos de negro y con una máscara que asemeja a Mickey Mouse. Comienzan una rutina tipo clown. Al terminar, cada uno se dirige a las esquinas del ring en las que esperan los otros boxeadores. Por su postura parecieran una especie de referí o una sombra. Una campanada nos indica el inicio de la pelea y los bailarines se levantan de su banquillo para ejecutar movimientos sincronizados y en espejo. Poco se tocan o se confrontan, poco se relacionan el uno con el otro. Algunos de sus movimientos provocan el recuerdo de un gallo a punto de pelear. La cresta, la cola, la caminata.

Sin una progresión dramática sino simplemente temporal, se desarrolla “la pelea”. Siempre con el leitmotiv de la melodía ‘Do-re-mi’, tomando la parte que le corresponde a la nota de Mi. Posteriormente los rostros de los bailarines son liberados de las máscaras de Mickey Mouse. Uno comprende que debajo de los trajes negros, están los cuerpos de los personajes más entrenados, los combatientes más feroces. Poco a poco se van desvistiendo, se quitan los guantes, la máscara, la playera, los pantalones negros, para quedar en unas mallas brillosas, torsos y rostros desnudos.

La puesta expone la belleza potencial del box, la cercanía de los cuerpos, y hasta el erotismo de los contrincantes que sudan y sangran juntos, que se abrazan a pesar de su enemistad, en espera de que alguno de los dos tenga la fuerza y el impulso de seguir la lucha.
Rocco es un despliegue de precisión y entrenamiento: por momentos pareciera más una analogía del mundo del nado sincronizado que al del box. No hay duda del trabajo detrás de la puesta, pues la limpieza del movimiento y el virtuosismo de los ejecutantes se hacen presentes en cada bit. Sin embargo, la coreografía carece del riesgo que le es inherente al box, del estado de alerta y la energía de anticipar el movimiento del otro en un estado de peligro y adrenalina. Estos factores, esenciales en el boxeo, no tienen cabida en el mundo limpio, preciso y exacto de Rocco. Asimismo, hay un exceso de secuencias en sincronía que no parecen el resultado de una dinámica de acción-reacción. Estos movimientos parecen ser la traducción creativa de los movimientos de box a la que llegaron los coreógrafos y/o bailarines, pero en su exhibición y el engolosamiento del mismo, se pierde la esencia de la batalla. De esta lucha es de la que falta una transducción más rica.

Fotografía: Gabriel Ramos / Isóptica

La primera parte transcurre sin el involucramiento del público, opuesto a lo que sucede en el boxeo. Eso es resuelto de forma efectiva. A manera de interludio, los dos bailarines que iniciaron con calzoncillos son los que ahora asumen la parte caricaturesca. Uno se pone un saco y comienza a coquetear con el público y el otro se cuelga una tabla de madera a manera de una cigarrera o vendedor de dulces. Su juego es fársicamente afeminado. Ambos personajes animan al público por medio de gestos, provocaciones físicas y el regalo de dulces. Esta parte tan burda es fundamental para el involucramiento emotivo del público que estalla en efusividad al final, acompañando una exhibición de saltos por parte de los bailarines.

Rocco destacó desde su estreno en el 2011. En el 2016 fue integrada al repertorio del Ballet Nacional de Marsella, cuando los coreógrafos asumieron la dirección de dicha institución. Dentro del mundo de la danza, la creación de un dispositivo escénico que estableciera líneas paralelas claras entre el ballet y el box pareció innovador. Emilo Greco y Pieter C. Scholten, podrían enriquecer el desarrollo dramático que parece interesarles dentro de la investigación creativa y su rigor.

Es un lujo, de cualquier manera, ver el resultado escénico de cuerpos que entrenan siete horas al día, una dimensión temporal que también tiene su simil en el boxeo. Quizá en un futuro lleguen a conjugar la premisa inicial de un cuerpo instintivo dentro del ambiente performático. El pretexto del box era una buena arena para explorarlo, sin embargo se priviliegió el marcaje y la precisión por sobre la espontaneidad y el peligro. Rocco es una limpia traducción representacional del mundo del box en un campo que tradicionalmente se hubiera considerado opuesto, la danza, con su belleza y esnobismo. El tendido de nodos desde el mundo del ballet, como observador e intérprete del box, es interesante. Habrá que ver qué pensaría un boxeador de esta puesta o mejor aún, realizar el mismo ejercicio de traducir a un bailarín utilizando sus guantes, su fuerza, su técnica y su vaivén.

Rocco se presentó en Guanajuato el 23 y 24 de octubre, en Guadalajara el 25 de octubre y estará en la CDMX el 28 de octubre, en la Sala Miguel Covarrubias de la UNAM, a las 19.30h y en Monterrey, el 31 de Octubre, en el Teatro de la Ciudad de Monterrey, a las 20h.

Rocco
Concepto y coreografía: Emio Greco y Pieter C. Scholten
Música: Pieter C. Scholten
Producción: Ballet Nacional de Marsella en colaboración con ICK
Bailarines alternando funciones: Denis Bruno, Pedro García, Carlos Diez-Moreno, Alejandro Longines, Edward Lloyd y Nahimana Vandenbussche

Nadia Be’er. Investigadora y crítica de artes escénicas.