Pintor, inventor de idiomas, utópico incansable, Xul Solar fue un artista argentino que quiso revolucionar al campo del arte y alcanzar la comprensión total de la humanidad. El Museo de Arte Carrillo Gil presenta una restrospectiva del que también fuera amigo de Borges y admirado por Girondo.

La exposición de Xul Solar (1887-1963) en el Museo de Arte Carrillo Gil1 demuestra que este fue un hombre que desafió todo con la imaginación. Sus creaciones permiten vislumbrar una manera singular de interesarse por el mundo y recrearlo. Su pintura ha sido comparada con la de Paul Klee, cuya obra vio y admiró en los doce años que vivió en Europa. Compartían la pasión por la música, el desdén por la perspectiva y algunas ideas sobre trascendentalismo. Aunque en su obra haya ecos del expresionismo, cubismo y otras vanguardias, Xul Solar las adaptó a un estilo personal. La escala de sus pinturas enmarca de manera íntima utopías enigmáticas y una espiritualidad compleja y abarcadora. Sus creaciones variadas invitan a pensar cómo funcionaba la imaginación inquieta y diligente de este polifacético artista argentino que nació el 14 de diciembre de 1887 en San Fernando, provincia de Buenos Aires.

Con acuarelas representó ciudades suspendidas en el aire, escaleras semi infinitas y personajes fantásticos. Los azules vivos, naranjas y amarillos sugieren ternura o un cierto entusiasmo infantil, una curiosidad aún desinhibida. El candor de las pinturas y el arrojo de sus utopías conviven con la complejidad de la astrología, la mística y las aspiraciones lingüísticas. Una de las ventajas de Xul Solar Panactivista es que las piezas prestadas por el Museo Xul Solar en Buenos Aires despliegan el rango creativo del artista. Además de las pinturas, podemos ver los apuntes de los lenguajes universales que inventó: un tarot, títeres, el “panajedrez” dispuesto en la última partida, zodíacos y cartas astrales. Nos intrigamos ante una mente plagada por un bestiario personal de criaturas, paisajes y obsesiones teóricas.


Contrapunto de puntas, 1948. Colección Particular. Cortesía del MACG.

 

Oscar Agustín Alejandro Schultz Solari era hijo de inmigrantes, del alemán Emilio Schulz y de la italiana Agustina Solari. En Argentina estudió por un tiempo violín y arquitectura. En 1912, tomó un barco originalmente con destino a Londres, pero vivió la siguiente docena de años errando por Europa, pasando temporadas considerables en París, Milán, Turín, Florencia, Hamburgo y Munich. Ahí se empapó del arte de las vanguardias y aunque conoció a muchos artistas, llevó una vida más bien privada. De hecho, el mismo año que llegó, Xul Solar le contaba a su papá en una carta que había comprado una copia del almanaque del grupo Der Blaue Reiter. Le explica cómo la pintura de los fauvistas, futuristas y cubistas espantaba a la burguesía. Más entusiasmado, le dice que se ha dado cuenta de que, trabajando solo, sin ninguna influencia, su obra de algún modo también estaba alineado a estas tendencias del arte del futuro.

En 1916, mientras vivía en Florencia, decidió abandonar el nombre triple y se lo cambió a Xul Solar. Inventó el primer nombre invirtiendo “lux” para aludir a la intensidad de la luz y para jugar con la pronunciación del apellido de su padre. Perdió la “i” del apellido de su mamá para acercarse más al sol. La sonoridad de un nombre semejante acentuaba su interés por la astrología. El cambio le ayudó a comunicar una identidad de místico ante sí mismo y los demás. Desde 1914, Xul era un ávido lector del filósofo esotérico austriaco Rudolf Steiner Lee. En 1923, conoció en París al ocultista inglés Aleister Crowley, quien era apodado “la Bestia” y se concebía a sí mismo como poeta y mago negro. Entre sus seguidores destacan Yeats y Pessoa. Crowley le enseñó a Xul Solar un método para llevar una bitácora en la cual registrar sus visiones. Estas surgían después de un periodo de contemplación y autohipnosis frente a los hexagramas de I Ching. Los apuntes que podemos ver en San Signos derivan de este ejercicio.

Además del cambio de nombre, 1916 también fue un año crucial para Xul Solar porque conoció al pintor argentino Emilio Pettoruti. Pettoruti fue su amigo hasta el final de sus días—testimonio material de la amistad fue pintar cada uno una de las caras del mismo lienzo. Estaban conscientes de que Argentina estaba anquilosada en estilos artísticos viejos y compartían el ímpetu de renovarla. Imaginaban el alcance del proyecto y juntos planearon su regreso. Logísticamente fue complicado pues ambos tenían obra, vida y bibliotecas que trasladar, pero en 1924 volvieron finalmente. Una vez ahí, junto con Borges y otros martinfierrristas, ambos artistas participaron en los esfuerzos por reformar el arte y la literatura en Argentina para modernizarse a la vez que consolidar una identidad nacional distintiva. La atención y la ligereza que se percibe en las viñetas con las que Xul Solar ilustraba la revista Martín Fierro muestran una imaginación activa y comprometida.

Resulta sencillo entender por qué Borges y él fueron tan amigos. Décadas después, en una conferencia póstuma, Borges lo identifica como “el único cosmopolita” que conoció, entendido como “ciudadano del universo”. Lo describe como un hombre verdaderamente interesado en todo, abocado a recrear el universo. Para explicar la maravilla de su personalidad, Borges dice que Xul Solar es el William Blake de los argentinos. A lo largo de sus vidas, el escritor mencionó a su amigo artista, mientras él ilustró algunas de sus obras y lo apoyó en traducciones. Xul Solar hablaba casi una veintena de idiomas. Además de los que aprendió en su estancia en Europa, aprendió japonés, sánscrito y arameo. No se tardó más de seis meses en aprender alemán y ocupó aun menos tiempo para el guaraní. Mientras se recuperaba de una fractura de cadera, aprendió ruso con la desenvoltura necesaria para poder conversar con su compañero de cuarto extranjero.


Muros y escaleras, 1944. Colección Particular. Cortesía del MACG.

 

Borges admiraba la destreza lingüística de su amigo. Una de las anécdotas que más cuenta sobre Xul se refiere a una ocasión en la que este lo visitó cuando Borges estaba dando una clase sobre el anglosajón en la Biblioteca Nacional. Mientras recitaba un poema, Xul lo interrumpió para corregirle la pronunciación. No conocía a profundidad el idioma, pero intuía que esta lengua desaparecida tenía una escritura fonética. Para su sorpresa, años después en un congreso en Edimburgo, los colegas eruditos de Borges también lo corrigieron y recitaron el poema exactamente como había sugerido Xul. Borges lo contaba como una garantía de su genialidad. Le dedicó el ensayo “El idioma infinito” y otras reflexiones lingüísticas, y lo incorporó en el cuento de “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”.

La comprensión profunda de los idiomas llevaron a Xul Solar a inventar dos nuevos. En el neocriollo disolvió el español en otras lenguas: el solvente principal fue el portugués. Creó un lenguaje evocativo que funcionaba más como una caja de resonancia y en cierto modo ensordecía significantes que podrían resultarle familiares a los hablantes de cada una de las lenguas involucradas; tanto Macedonio Fernández como Oliverio Girondo reconocieron la importancia de estos experimentos lingüísticos. Sus investigaciones posteriormente lo llevaron a inventar la panlengua, un lenguaje silábico, con una sintaxis muy sencilla que tenía aspiraciones parecidas al esperanto. Xul Solar imaginaba que con estos nuevos lenguajes finalmente alcanzaríamos una comunicación universal. En la exposición del Carillo Gil se pueden admirar las identidades gráficas de las dos lenguas nuevas. La relación íntima que Xul Solar tenía con el lenguaje es evidente en los apuntes y en los cuadros que pintó al final de su vida, donde se cuelan el alfabeto y otros signos escritos.

Otra de las grandes pasiones del argentino fue la música. En las primeras obras, muestra su interés en las representaciones visuales que hace del concepto de ritmo. Son composiciones sencillas que muestran rasgos antropomórficos. Posteriormente, renovó la anotación musical y diseñó un sistema alternativo que tomaba más en cuenta la espacialidad de la página. Su recreación más concreta en el campo de la música permeó en la modificación que le hizo al piano. Pintó las teclas de colores, redistribuyó las notas, talló una textura en cada una que reflejara las vibraciones del sonido. El teclado teñido de arcoíris buscaba que fuera más fácil aprender a tocar el instrumento. Xul imaginaba un mundo en el que todos redefinían una relación más cercana con la música y con el arte en general.

Su confianza en las posibilidades de recrear las maneras en las que hablamos, tocamos música, nos entendemos, se extrapolaba a los sistemas de creencias religiosas y corrientes esotéricas. El tarot que ilustró, el zodiaco que personalizó y sobre todo un altar que conjuga simbolismos de todo tipo (Pan Altar) expresan plásticamente su imaginación inquieta e idealista. La complejidad de la subjetividad de Xul Solar maravilla en otro de los objetos que inventó: el panajedrez o panjuego que reformaba el ajedrez con un sinfín de signos y códigos misteriosos. Xul decía que el tablero era en realidad el diccionario de la panlengua y la puesta en escena de un diálogo místico.

 

Pan Altar Mundi, 1954. Museo Xul Solar. Cortesía del MACG.

 

La amplitud del pensamiento de este creador se traduce en una obra que a veces es hermética a nivel conceptual, pero que mantiene una estética armónica y atractiva. Frente a uno de sus cuadros, imaginamos cómo será la vida en una ciudad que parece volar, llena de escaleras suspendidas, construido con un estilo arquitectónico que recuerda a un dirigible. Al mismo tiempo, admiramos la interacción que existe entre la acuarela y la porosidad del cartón. La diversidad y ambición de su quehacer artístico revela un hombre muy interesante que nos hace reflexionar sobre cómo habrá sido, más allá de su obra, la manera en la que se acercaba y percibía el mundo. En la obra de Xul Solar constatamos que imaginar implica, en gran medida, conformar la realidad.

 

Paulina Morales
Maestra en museología por la Universidad de Leicester.

 

 

Zodiaco, 1953. Museo Xul Solar. Cortesía del MACG.

 


1 La exposición se puede visitar hasta el 12 de noviembre.