Ha fallecido Fernando de Szyszlo, uno de los grandes pintores latinoamericanos del siglo XX. En mitad de las vanguardias, su trabajo unió con atrevimiento surrealismo y arte precolombino. Su vida y obra, que repasamos en las siguientes líneas, es un testimonio crucial del ámbito cultural de su época.

Reconocido como uno de los pintores latinoamericanos más importantes del siglo XX, Fernando de Szyszlo murió el pasado lunes 9 de octubre en su casa en Lima. A sus 92 años, la edad no fue nunca un obstáculo para este prolífico artista: seguía pintando y exponiendo obra nueva todos los años, y calculaba haber realizado alrededor de tres mil cuadros. Por si fuera poco, el año pasado publicó sus memorias.1 Los cuadros del pintor nacido en Lima en 1925 a menudo son leídos en el contexto del indigenismo y la simbología precolombina que se extendieron en la literatura y las artes a principios del siglo XX; sin embargo, Syzslo siempre buscó plasmar algo más complejo. Hijo de madre peruana y padre polaco, su obra mezcla las raíces culturales peruanas con el surrealismo y las demás vanguardias europeas, para dar forma a un imaginario muy particular. Máscaras, figurillas, grecas y mantos de plumas aparecen abstraídos y mezclados con elementos surrealistas, entre luces y sombras sin dueño. Su paleta, llena de colores tanto radiantes como misteriosos, retrata, como entresueños, el mestizaje que ha marcado a América Latina. A través de su práctica se dedicó a tender un puente entre lo prehispánico, lo europeo y lo africano; entre las culturas preincaicas como Paracas, Nazca o Chancay, y lo contemporáneo.


Fernando De Szyszlo, de la serie Trashumantes, 2017. Cortesía de Durban Segnini Gallery, Miami.

Orgulloso coleccionista de una biblioteca de unos seis mil volúmenes, la mente de este ávido lector estaba llena de poesía, historia y política. Sus vínculos con la filosofía y la literatura lo llevaron a hacer grandes amistades con escritores e intelectuales de la talla de Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, José María Arguedas, Pedro Salinas y Rafael Alberti. Fue también, al igual que su padre, un melómano imparable: escuchaba música clásica desde el amanecer hasta haber finalizado su jornada. Su obra, que abarca óleos, grabados, litografías, murales, esculturas en madera, metal y fibra de vidrio, se encuentra en las colecciones del Museum of Modern Art de Nueva York, el Museo de Arte Contemporáneo Arequipa de Perú, el Museum of Fine Arts de Houston, y el Guggenheim Museum de Nueva York, entre muchos otros.


Fernando De Szyszlo, Mar de Lurin, 1990. Cortesía de Durban Segnini Gallery, Miami

A sus 19 años, De Szyszlo abandonó la carrera de arquitectura y tomó la brocha para no parar nunca. Estudió en la Pontificia Universidad Católica del Perú y en sus primeros años la figura del pintor mexicano Rufino Tamayo fue una de sus más grandes influencias. En su juventud limeña, fundó junto al poeta E. A. Westphalen la revista literaria de culto Las Moradas (1947-1949), plataforma donde conoció la escena cultural peruana. En 1949 viajó a Europa junto con su primera esposa, la poeta Blanca Varela, y se instaló en París, donde vio en persona por primera vez cuadros de Van Gogh, Cézanne, Miró y Klee. El encuentro con el legado del cubismo y la abstracción, cuyos preceptos ya había empezado a incorporar en su propia obra, tuvo un impacto rotundo en él.


Fernando De Szyszlo, Inkarri, 1968. Cortesía del Blanton Museum of Art, Austin

También fue aquí donde conoció a Octavio Paz, quien se volvió un íntimo amigo y cómplice del desarrollo de su obra, en particular de las ideas acerca de la identidad latinoamericana. París en la posguerra se había vuelto el refugio de toda una generación de escritores y artistas latinoamericanos, entre los que se encontraban Carlos Fuentes, Julio Cortázar, Jorge Eielson, Carlos Martínez Rivas, Wifredo Lam y Roberto Matta. Se juntaban a menudo en animadas tertulias encabezadas por Paz, en las que se discutía de arte y literatura pero también de política. Durante su estancia también conoció a Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir y a André Breton.

De Szyszlo regresó definitivamente a Perú en 1955 donde se dedicó a promover la escena cultural de su país. La década de los sesenta lo vio explorar con renovado interés las tradiciones indígenas previas a la conquista, como en el caso de la serie sobre el poema quechua Apu Inka Atawallpaman de 1963, que lamenta la muerte del último inca. Ya divorciado de Blanca Varela, se volvió a casar con Lila Yábar en 1988, quien también falleció en el mismo accidente doméstico del día 9 y del cual no se tienen más detalles.


Fernando De Szyszlo, Intihuatana, Parque de Miraflores, Lima, Perú. Fuente: Wikipedia Comons.

Ahora que se ha ido, podemos conocerlo a través de la dimensión autobiográfica de sus lienzos, en los que capturó sus sueños, deseos y pérdidas, como la de su hijo Lorenzo en 1996. Sus cuadros evocan los paisajes que marcaron su infancia en la provincia de Ica, al sur de Lima —una zona llena de desiertos y ruinas que reaparecen en sus cuadros. Para él, cada obra era un intento fracasado en el camino inalcanzable hacia la obra maestra, pero también era un espejo desde donde observarnos. Bien lo dijo su entrañable amigo Mario Vargas Llosa, a quien conociera cuando el era aún un joven escritor, “eso que nos pasa con los cuentos de Borges, los poemas de Vallejo o de Octavio Paz, los cuadros de Tamayo o de Matta, nos ocurre también con la pintura de Szyszlo: eso es América Latina en su más alta expresión: en ella está lo mejor que somos y tenemos”.2

María Emilia Fernández
Historiadora del arte.


1 Fernando de Szyszlo, La vida sin dueño, Perú, Alfaguara, 2016; o bien España, Taurus, 2017.

2 Mario Vargas Llosa, “Szyszlo en el laberinto” (Miami, 20 de febrero de 1991), publicado en Caravelle (1988-) no. 80, Arts D’Amerique Latine: marges et traverses, junio 2003, p. 207.