Para mi jazzista predilecto, Alán González Martínez.

Sócrates prefirió cantar en el momento postrer de su vida, o por lo menos recordar el canto: recordar al cisne que canta, que vuelve a la música, a lo inefable, antes de morir. De aquí la rigurosa imposibilidad de la crítica musical (y quizá de toda crítica de arte, y acá diferimos de Arthur C. Danto y su pliegue al dictum de los críticos y la curia estética en turno).

musica

Dice George Steiner: "El análisis verbal de una partitura musical puede, hasta cierto punto, dilucidar su estructura formal, sus elementos técnicos y su instrumentación. Pero allí donde no es musicología en sentido estricto, allí donde no recurre a un ‘metalenguaje’ parásito de la música —’clave’, ‘tono, ‘síncopa’—, hablar de música, oral o escrita, es un compromiso dudoso. Una narración, una crítica de una ejecución musical se ocupa menos del mundo sonoro real que del ejecutante o de la recepción del público. Es un reportaje hecho por analogía. Apenas puede decir nada que pertenezca a la sustancia de la composición". (La poesía del pensamiento, México, FCE-Siruela, trad. de María Cóndor, 2012). De ahí el dictamen de Schumann: explicar lo que significa una composición es tocarla de nuevo. ¿Por qué? Porque la música, la obra de arte, simplemente es.

Por lo mismo, la música es el supremo arte: la música, a diferencia de la palabra o hasta de la imagen, no puede mentir. Otra vez Steiner: "El lenguaje lo permite todo. Es algo espantoso en lo que no solemos reparar: se puede decir de todo, nada nos ahoga, nada corta nuestra respiración cuando decimos algo monstruoso. El lenguaje es infinitamente servil y no tiene —a eso se debe el misterio— límites éticos". (Un largo sábado. Conversaciones con Laure Adler, trad. de Julio Baquero, Madrid, Siruela, 2016).

La música "esponja el alma" poética de Marcel Proust. Pasa con el músico de jazz que improvisa con (en) el estándar consagrado, poseído por algo que lo sobrepasa, lo mismo que con el escucha sensible que experimenta, otra vez Proust, impresiones "enteramente originales, irreductibles a cualquier orden de impresiones". Y entonces aparece lo inefable como una contrarrevelación, fulguración del instante, como lo que no puede expresarse con la escritura, con el discurso. La música desconoce privilegios y jerarquías de la realidad ordenada, del ser de la filosofía, del mundo de la ciencia o la ética, del otro-mundo de la religión. La música sólo irrumpe y provoca "impresiones enteramente originales" en Proust y en nosotros. La música solamente es.

 

Ronaldo González Valdés
Sociólogo y ensayista. Su último libro es Sinaloa: narrativas desde lo social y la violencia, Gobierno de Sinaloa, 2014.