Anatomía de una ilusión

Un cofre repleto de luminosas historias mínimas, eso es Anatomía de una ilusión (Dirección de Literatura UNAM), nueva entrega literaria del narrador y ensayista Javier Perucho. De tal depositario hemos seleccionado estas ficciones: ráfagas de amor, desencanto y violencia.

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A la mar sirena

Salimos de casa tomados de la mano. En susurros me dijo: Del mar profundo vengo, al ancho mar regreso. ¿Vienes conmigo? ¡No sé nadar!, grité aterrado, No importa, me consoló, basta con que te anude a mi cauda para remontarte, Vamos pues, le dije.
Desde entonces, conozco los secretos del viejo mar pirograbados en las dunas que las apacibles olas forman en el lecho marino.

 


Lamento de sirena

¡Ah, estos navegantes de olas procelosas! Ya nada los detiene, ni la promesa de mi canto ni las bondades de mi carne. Ni exhibiendo el escrupuloso seno o aireando mis oquedades en el farallón musgoso mientras el esplendoroso sol colorea de azul el horizonte. No fue por mi canto, tampoco por mi talla o mi silueta. El desprecio que me arrebató el embrujo de mi voz partió del lupanar edificado a la vera del mar tranquilo, por eso aúllo durante el ocaso, para implorar que se acople en mi cuerpo tendido en decúbito dorsal uno de esos marinos al término de su amor cobrado.
¡Ven, marinero, ven por mí, a navegar por este cuerpo encallado!

 


Declaración

Sí, maté a mi secuestrador. ¿Qué, es un crimen?

 


Duelo

Entonces Odiseo les dijo: Sirenas, mi voz no se apaga ni mi garganta se agosta por estas tesituras de soprano. Derrengadas y afónicas, la pléyade de sirenas que lo retó a un duelo coral arrojó la lira. Más tarde, el Capitán festejaba su triunfo con un desafinado Do de pecho.

 


El retorno

Ya vuelto a la patria nativa, para colmar la ausencia de Ulises, el bardo de sus encantos juveniles, la sirena se consuela escuchando una sinfonola.

 


Relámpagos

Aquella tarde escuchaba los truenos y los relámpagos que caían en la casa. Cuando entraban arrancaban trozos de pared, desprendían polvo, estallaban los cristales de las ventanas. Y al pasar silbaban antes de alojarse en las habitaciones.
Mamá me llevó con la vecina antes de que uno de esos relámpagos cayera sobre mí.

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Publicado en: Ciudad de libros, Fragmentos