Procurad también que, leyendo vuestra historia, el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente, el simple no se enfade, el discreto se admire de la invención, el grave no la desprecie ni el prudente deje de alabarla.
—Miguel de Cervantes

La palabra humor se utilizó por primera vez en la Antigua Grecia como parte del vocabulario médico hipocrático para referir a los líquidos contenidos en el cuerpo. Según Hipócrates, una buena salud tanto física como mental se alcanzaba a través del equilibrio de los cuatro humores: sangre, bilis amarilla, bilis negra y flema. Con el tiempo, la teoría hipocrática convivió con otras formulaciones que utilizaron esa misma palabra para definir una capacidad del ser humano, sin hacer referencia a ninguna sustancia líquida. La reflexión sobre el humor ha sido una constante y múltiples pensadores la han retomado con distintos fines. A continuación, algunos de sus exponentes más interesantes. Que, irónicamente, habría que tomar en serio.

En su Suma Teológica, Tomás de Aquino habla sobre el humor de forma que todavía hoy reconocemos: es una actividad lúdica que sólo pueden llevar a cabo las personas. Éstas, a diferencia de los animales, son capaces de gozar el placer producido por el humor sin necesidad de buscarle un ulterior sentido práctico.

En el ocaso de la Edad Media, sin embargo, Erasmo de Rotterdam delinea una nueva teoría en la que se presenta al humor como el instrumento más primitivo que existe para luchar contra el mundo hostil gracias a su capacidad transgresora. Según Rotterdam, no hay nada más peligroso que aquellos sabios engreídos que hablan sobre cosas tristes y desprecian el humor. Por eso, asegura, suele ser mejor tener como consejero a un bufón que procure alegrías, risas y distracciones, y no a un filósofo que tan sólo pretenda emular a los dioses.

humor

Entrada la Ilustración, Voltaire combina inteligentemente estas dos teorías en sus escritos. En ellos el humor aparece, por un lado, como un placer: la ironía y el sarcasmo, dice, deleitan a quien los entiende. Y por el otro, como un arma que critica y desarticula  concepciones prestablecidas y no cuestionadas; un arma que transforma ese mismo mundo hostil del que habla el humanista neerlandés.

Tan sólo cincuenta años después de la ingeniosa propuesta de Voltaire, llega a esta historia la figura de Kant quien, por extraño que parezca, habla desde una seriedad característica de sus obras sobre el tema. En su Crítica del juicio, el filósofo prusiano menciona que el humor se origina en la súbita transformación de una expectativa que no coincide con la relación tradicionalmente planteada entre pensamiento y percepción. Como era de esperarse, para Kant la risa, concebida como una de las actualizaciones del humor, no surge como una respuesta espontánea a un evento, sino como el producto de una contradicción lógica. O, en otras palabras, como el producto de una situación absurda que genera una resolución distinta de la pensada.

En pleno siglo XIX, Søren Kierkegaard apuesta en favor de la contradicción y la incongruencia al localizar el origen del humor, si bien no en el absurdo, sí en la inherente contradicción de la naturaleza humana. Las personas, dice Kierkegaard, constantemente nos debatimos entre el cuerpo y el alma, la necesidad y la libertad, la mortalidad y la aspiración a la eternidad. Esa incongruencia que nos persigue es, necesariamente, la semilla del humor.

Si para Kierkegaard la contradicción humana es el origen del humor, para Herbert Spencer y Sigmund Freud su esencia se halla en el alivio que causa la liberación de alguna presión mental acumulada a lo largo de la vida. Freud, en su tratado sobre El chiste y su relación con el inconsciente, ejemplifica esto diciendo que existen ciertas pasiones que luchan por liberarse y que encuentran en el humor, y primordialmente en la risa, un mecanismo para ser expresadas.

El último punto de esta genealogía lo protagoniza el escritor israelí Amos Oz quien, frente a la tendencia de las sociedades altamente jerarquizadas como las nuestras, que relegan a un segundo plano al humor, propone una vuelta de tuerca de esta concepción. La tesis central de Oz establece que el humor tiene la capacidad de convertirse en el mejor antídoto contra las barbaries contemporáneas. En la risa, dice Oz, y particularmente en la capacidad de reírse de uno mismo, encontramos la herramienta idónea no sólo para aligerar situaciones tensas, sino para luchar contra cualquier el fanatismo. Quien se ríe de sí mismo, asegura el escritor, puede llegar a verse como los otros lo ven y eso inevitablemente genera empatía. La empatía cancela los impulsos apasionados y fomenta los vínculos de cooperación que desmantelan la obstinación e intolerancia; dos requerimientos indispensables de todo fanatismo.

La propuesta de Oz resulta interesante porque en la actualidad no nos reímos tan fácilmente de nosotros mismos. No se nos ha enseñado a hacerlo. Atrás han quedado las ideas de Cervantes que procuran y alaban la risa. Hoy parece difícil creer que el humor aligera y transforma nuestro paso por el mundo. Quizá es tiempo de poner a prueba la teoría de Oz y ver si el humor podemos encontrar una herramienta para hacer de éste mundo un lugar menos intransigente, menos hostil, menos serio.

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Publicado en: Ensayo literario

6 comentarios en “Hace falta el humor

  1. Interesante artículo cuya tesis suscribo sin más. Mas risas y menos estrés, le dan sentido a la vida.

  2. Me parece muy apropiado que esté escrito en forma cronológica. Y la selección de los personajes y sus postulados es muy buena. Agradezco a Nexos y a la autora Ainhoa.

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