Antes de entrar en materia, debo anotar que no estoy seguro de que Carlos Fausto Malpica sea un personaje de ficción, o sólo sea de ficción, y que con este libro, Luis Bugarini, al estirar la hipertextualidad hasta su coeficiente máximo de elasticidad, vuelve a demostrarnos que es uno de los escritores más notables de su generación, no sólo por la calidad de su pluma, que alcanza la excelencia en todos los registros, sino por su exploración hacia una literatura que nos quite el bostezo ante la reiteración y la falta de propuestas y riesgos. Vamos al grano:

A un autor lo conforman su obra, su entorno —es decir su circunstancia— y sus lectores. Carlos Fausto Malpica renunció a todo lector que no estuviese dispuesto a dedicarse de pleno a su obra de la misma forma en que él tuvo una plena dedicación a ella y, en general, al ejercicio del lenguaje, con un desdén verdadero hacia el destino de sus letras: verdadero, no esnob.

Su obra es marginal porque se atreve donde sólo pocos lectores llegan, en la amalgama de intensidad y diversidad que se encuentra en lo misceláneo, lo aparentemente desordenado que le ofrece al lector el mapa preciso, impecable, de un tesoro que existe y él puede encontrar, pero tendrá que molestarse en buscarlo.

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Algún otro escritor con inclinación crítica, según nos relata Luis Bugarini en un texto publicado en Círculo de Poesía, lo atisbó accidentalmente en 2013, en un día importante para Malpica: el de su velorio, al que el descubridor de este autor ignoto asistió de mala gana. Ni siquiera se acercó a contemplar el cadáver para contagiarse de ese silencio que nos impone la muerte. Así también, de manera fortuita, por reencuentro y hallazgo recordó que se trataba de un autor secreto al que no había dedicado atención. La oferta de conocer los papeles que había dejado lo llevaron por el rumbo que desemboca en Palabras de un discreto, donde Bugarini recoge el testimonio asombroso, amplio y raro en su diversidad, de ese autor cuyo nombre se me escapa, de excelsa pluma, que cultivó la amistad de Carlos Fausto Malpica (1943-2013).

El libro, así, trata de dos autores que se presentan ante nosotros en diferentes niveles de proximidad. Un lejano Malpica que va saliendo de la opacidad y termina por volverse el más cercano y entrañable para nosotros, y el lector/escritor/crítico al que conocemos por su manera de leer a Malpica y ocuparse de él y de su obra, éste último opacado al fin por el aura de misterio a medias develado de Malpica, autor exhumado por él mismo para quienes nos acercamos a la lectura de este libro. El trabajo exhaustivo nos hace conocer incluso los diseños de portada de sus libros, prácticamente inconseguibles, detalles de sus libros y, lo más relevante, su admirable relación con el lenguaje y la literatura.

El índice nos da cierta idea de los afanes del autor: Preliminar, donde encontramos un breve y magnífico ensayo de Bugarini sobre el hecho literario; 1. Aproximación, donde la vida y obra de Malpica nos son presentados en la medida justa para interesarnos por él; 2. Entrevista, 3. Blandura [Fragmentos], que es eso: fragmentos de la última, inédita y más atrevida de sus novelas; 4. Tres cartas, testimonios preciosos éstas 5. Anexo, una colección gráfica de las portadas de los libros de Malpica y del manuscrito, al parecer definitivo, de Blandura; 6. Bibliografía de Carlos Fausto Malpica.

De este modo, Bugarini recoge el testimonio de quien fuera amigo de Malpica, documento con el que sin duda dio al investigar a este autor entre montañas de manuscritos y papeles de toda clase. En su trabajo más bien editorial practica todos los registros de la crítica y los de la narración (sin prescindir del aforismo), en la exigencia que le impone el hecho de que este libro de ensayo crítico es una novela con la que se fusiona plenamente, como una demostración de algo en lo que venimos insistiendo algunos de un tiempo para acá: Los géneros literarios unívocos agonizan a fuerza de uso y abuso, reiteración e irresponsabilidad. También porque la literatura, como todas las artes evoluciona en el sentido más universal y el destino de los géneros, tal como los conocemos actualmente, es fundirse, diluirse y terminar por perder el nombre para llamarse, sencillamente, literatura. Y, ya literatura, acercarse hasta la fusión, sin confusión, con otras artes, rumbo a una utopía que quizá llegue a tener lugar: el arte a secas. No es una entelequia y ya lo estamos viviendo; en este libro, por ejemplo. Así, la obra de Malpica es un trasunto de la de Bugarini —si no es que de la de Malpica— y en la forma que, como ya se consigna en este libro, pedía Albert Thibaudet —el crítico literario nonagésimo, que no Jean-Yves, el gran pianista contemporáneo—; Thibaudet que no quería lectores sino “leedores”, que son como los otros, pero activos, tan activos como los autores, complementadores de las obras.

Bugarini, pues, se hace tan cercano a su personaje narrador que llega a conocer a ese Malpica que el día de su muerte le pareció llanamente “secreto”, hasta el punto de estar en condiciones de presentarnos su voz narrativa, su voz como creador, en —por ejemplo— los fragmentos de Blandura, el último y más ambicioso, aunque no necesariamente el más interesante.

Es posible que Palabras de un discreto sea sólo el primer paso para extraer de la secrecía y las sombras a un autor que —a reserva de lo que opinen quienes lean el presente volumen—, merece que le faltemos al respeto en su discreción, lo hagamos visible y lo saquemos de las sombras donde convive con tantos seres misteriosos y olvidados —perfectamente muertos—, que prefirieron codearse con el lenguaje antes que con el mundillo farandúlico que rodea y asfixia a la literatura. Quién sabe, quizá veamos su obra publicada nuevamente, quizá veamos una necesaria primera edición de Blandura, quizá entre los legajos que dejó encontremos nuevos títulos —como pasa en estos tiempos con todos los escritores que mueren y son buen negocio para viudas y editoriales—, nuevas incursiones por la literatura que pocos o nadie han intentado.

De momento, debemos conformarnos con Palabras de un discreto. Agradecer y leer esto que, al fin, no es una novela, ni un ensayo, ni nada por el estilo, sino un hecho literario, que —como nos dice Luis Bugarini— es el enigma, como para Camus lo era si la vida merecía ser vivida aunque —como la escritura para Carlos Fausto Malpica— no tenga sentido y se limite a Ser.

 

Miguelángel Díaz Monges
Escritor. Ha publicado Notas de desencanto y Otras virtudes.

Palabras leídas en la presentación de Palabras de un discreto (Ed. De otro tipo, México, 2015, 101 pp.) en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, México, 11 de mayo de 2016.