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César Moro, Obra Poética Completa, Centre de Recherches Latino-Americaines, Université de Poitiers, Alción Editora, Serie Archivos, Córdoba, Argentina, 2015, 809 pp., ISBN: 9789876465076


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Para admirar a César Moro, poeta peruano nacido en 1903, basta con leer un libro suyo: La tortuga ecuestre, una veintena de poemas que expresan verbalmente la naturaleza incandescente del amor pasional con su inextricable carga de lascivia, posesividad, furor explosivo y desolación.

Escrito en México entre mayo de 1938 y julio de 1939, ese solo y pequeño libro, que pronto habrá de cumplir ochenta años, ha bastado para alumbrar durante casi sesenta el nombre de Moro. Su enorme poderío erótico se mantiene intacto.

Moro, sin embargo, no llegó a verlo impreso. Como lo deja ver la diferencia entre los periodos mencionados, La tortuga ecuestre se acabó de imprimir casi veinte años después de su redacción. El colofón ostenta la fecha 31 de diciembre de 1957; fue estampado diez días antes de cumplirse el segundo aniversario de la muerte de Moro, ocurrida el martes 10 de enero de 1956.

Moro intentó publicar ese libro aquí, en la Ciudad de México —donde vivió diez años: de marzo de 1938 a abril de 1948— y con tal propósito imprimió un boletín que distribuyó en enero de 1940, justo en los días en que la Galería de Inés Amor alojaba la Exposición Internacional del Surrealismo planeada por él, por André Breton y por Wolfgang Paalen. El proyecto era hacer “una edición de lujo, limitada a 75 ejemplares con un frontispicio de Manuel Álvarez Bravo”. No hubo suficientes suscripciones para financiar su impresión.

En vida Moro habría de publicar sólo tres libros. Dos impresos en México: Le château de grisou (Éditions Tigrondine, 1943, 255 ejemplares) y Lettre d’amour (Éditions Dyn, 1944, 50 ejemplares impresos por Wolfgang Paalen) y uno en el Perú: Trafalgar Square (Éditions Tigrondine, 1954, 120 ejemplares impresos por el poeta argentino Enrique Molina, que en ese tiempo vivía en Lima, trabajando en una imprenta.)

Además de ser libros muy breves (sumado el contenido de los tres da un total de cuarentaitrés poemas) sus reducidos tirajes y el ser publicados en francés en países hispanoparlantes les dieron una condición prácticamente secreta. De los tres sólo el segundo, el más breve de todos, ha sido traducido al español —de manera perfecta, cabe señalar, por Emilio Adolfo Westphalen.

Durante muchos años ese poeta cuasi secreto fue el santo y seña de una cofradía, el tesoro del que, fuera de Perú, sólo tenía noticias un puñado de lectores de México, Argentina, Chile y Colombia. En la medida en que el número de participantes en el secreto se fue ampliando, comenzó a volverse legendario.

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Para conocer la obra de ese poeta admirable, César Moro, todavía hay mucho por hacer. La primera condición para ello por fin se ha cumplido. Acaba de aparecer, impreso en Argentina, el grueso volumen de su Obra poética completa, bajo el sello del Centro de Investigaciones Latinoamericanas de la Universidad de Poitiers, Francia, en coedición con una casa editorial de Córdoba, Argentina, llamada Alción. Ambos coeditores se han dado la tarea de continuar la colección Archivos, originalmente auspiciada por la UNESCO y diversas casas editoriales de América Latina. (En México formaba parte del grupo patrocinador el Fondo de Cultura Económica, pero el convenio concluyó hace poco más de una década.) Con las características de Archivos es que aparece este volumen de más de ochocientas páginas que contiene más de cuatrocientos poemas.

Debería haberse publicado en el 2003 o en el 2004 —desde entonces la Obra poética completa de Moro ya estaba lista para entrar a la imprenta, en una versión muy similar a la que vemos ahora—, pero el italiano Amos Segala, coordinador de Archivos, se separó del proyecto, y aunque la edición del volumen ya estaba muy avanzada (en pruebas finas) tuvo que entrar en un largo periodo de hibernación.

Por alguna razón misteriosa, que más parece una especie de maldición, la obra poética de César Moro ha estado sujeta siempre a contrariedades y contratiempos. No es posible narrar con detalle en este espacio esa historia de adversidades, pero para que el lector tenga por lo menos una idea de por qué debe celebrarse con bombo y platillo la edición que nos ocupa será suficiente con hacer una rápida enumeración:

1) Moro conoce a Breton y traba relación con el grupo surrealista hacia 1928. En abril de 1932 entrega sus dos primeros libros de poemas a Paul Éluard y a Breton. Éluard le escribe una carta elogiosa, pero extravía el libro. Rambién lo extravía Breton.

2) Como hemos visto, no se logra reunir suficiente dinero para publicar en México La tortuga ecuestre. No queda sin imaginar cómo habría sido la recepción de ese libro en el México de entonces.

3) Se publica Trafalgar Square, en Lima. Enrique Molina no pone todo el cuidado que debería en la edición y el libro aparece con un buen número de erratas. Por fortuna la amistad entre ambos poetas no se rompe.

4) En 1976 aparece en Venezuela, impresa por Monte Ávila Editores, La tortuga ecuestre y otros textos, una preciosa antología de poemas y ensayos de Moro hecha por Julio Ortega que se agota en unos cuantos meses, signo de que el interés por la obra de Moro se ha extendido en América Latina. Los ejemplares que llegan a México vuelan. Los planes de una reimpresión se frustran por cambios en la dirección de Monte Ávila.

5) El poeta Ricardo Silva-Santisteban, uno de los más empeñosos divulgadores y estudiosos de las letras peruanas, intenta hacer una edición muy cuidadosa y completa de la obra de Moro con el patrocinio del Instituto Nacional de Cultura del Perú. Desafortunadamente, sólo aparece un primer tomo, en mayo de 1980.

6) En México, en 1990, se avanza sustancialmente en la edición de la obra completa de Moro bajo el sello del Departamento de Publicaciones de la Rectoría General de la Universidad Autónoma Metropolitana. Con la ayuda de Coyné se llega a preparar un original completo en dos volúmenes. Cambios en la Dirección de Difusión Cultural frustran el proyecto.

Todo ello hace que la realización del volumen que ahora comentamos sea digna de celebrarse. Es mucho lo que se debe al sostenido esfuerzo de André Coyné, quien ya no alcanzó a verlo impreso, y al entusiasmo inagotable de Julio Ortega en lo que a Moro se refiere. También hay que agradecer a Daniel Lefort, consejero cultural de la embajada de Francia en Perú en la segunda mitad de los años 80 que haya sabido sumar y cristalizar tantos esfuerzos.

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La segunda condición para que la obra de Moro sea conocida en América Latina es que este volumen de veras circule. Hasta el momento, no sé de ninguna librería que lo venda ni de ninguna casa editorial que lo distribuya. La verdad es que sólo el Fondo de Cultura Económica, con sucursales en Lima y otras capitales hispanoamericanas podría lograrlo.

Y viene en seguida la tercera condición: traducir al español los tres centenares de poemas que Moro escribió en francés entre 1933 y 1955.

La obra de Moro es un tesoro, en efecto, pero frente al enorme corpus de poemas de nada sencilla traducción uno advierte que apenas estamos por descubrirlo. Bien mirado, este tomo de la Obra poética completa no es sino la boca de una mina a la que debemos descender y en la que tenemos que trabajar largamente antes de que nos entregue todas sus riquezas.

Esta edición es, en realidad, una invitación abierta a investigadores y traductores para que se sumerjan en una obra anómala y fascinante, absolutamente viva, ajena a todo conformismo, en sí misma una forma de rebelión. Es la oportunidad de que la admiración por la obra de Moro crezca y se vuelva más honda al conocerla mejor.