Los siguientes poemas pertenecen al primer libro de Valeria List (Puebla, 1990), La vida abierta, que acaba de ganar el Premio de Poesía Joven de la UNAM 2019. Combinando poemas en prosa y en verso, su tema central es el duelo, como una savia que recorre el conjunto pero se bifurca en otros como el budismo, el flamenco o la amistad, siempre marcados por el diálogo con otros autores y épocas, entre ellos y en estos extractos, Réne Char y Karl Marx.

Ilustración: Alberto Caudillo


Patrul Rinpoche se exilió en una cueva a vivir oculto, lejos de los humanos que no comprenderían su palabra y desilusionado de un mundo que sólo se mira a sí mismo sin darse cuenta de que mira un espejismo. A partir de ese derrumbe, la limpieza, y luego la liberación. El aislamiento es apenas el primer punto. Siento pena por Martín Adán. Siento pena por Camus. Siento pena por René Char. Llegaron al aislamiento y decantaron el dolor en la poesía como quien trapea un suelo muy sucio y luego escurre su trapo en una cubeta.
Pero no regaron el agua, no vaciaron la cubeta.

 

§

 

Los árboles nunca se sientan
de vez en cuando alguno se apoya en el de al lado.

Los árboles lloran una vez al año
y dejan su testimonio de hojas sueltas.

No tienen refranes
son un testigo longevo de la cultura humana.

Un día Buda se iluminó bajo uno de ellos
otro día un hombre atropelló el último parado en Teneré.

Todos los brazos de los árboles sirven para detener el cielo
que a veces se cae.

Son una lección de vida y de muerte pero sobre todo de temporalidad.

Los árboles dan a luz muy lejos de sí mismos.

 

§

 

René Char quería que su vieja pesadumbre quedara bien al fondo. Una pena viscosa y oscura hasta abajo del pantano, ahogada, que apenas pudiera vislumbrarse en esporádicas burbujas de recuerdos desafortunados.
Lo que hay que hacer con la pesadumbre es exponerla, sacarla cada vez más, hasta que el sol atraviese el filamento que la esconde bajo el cuerpo y la evapore.

De cualquier modo, Char nunca hubiera podido mandar hasta el fondo la pesadumbre. Lo que yace en nuestra profundidad es pura luz, y eventualmente habrá de devorarnos.

 

§

 

Luego de rodear
el monte cara de mono y cuerpo de tortuga,
se abría la cuna de hojas.

Una abuela adentro cocinaba lo que otros arrancaron
lo bañaba en sangre de verduras.

Todos comíamos llorando
los huazontles crecidos para la eternidad
hasta que hoja por hoja
diente por diente
tenían otro significado.

 

§

 

“Un objeto puede ser valor de uso sin ser valor. Así acontece cuando la utilidad que ese objeto encierra para el hombre no se debe al trabajo. Es el caso del aire, de la tierra virgen, de las praderas naturales, de los bosques silvestres, etc.”. Marx hizo una declaración materialista de romanticismo. Era un poeta que se detenía a mirar el movimiento de los hombres como Lorenzo García Vega se paraba a observar las vidrieras. Adentro hay un sastre. García Vega mira al sastre; Marx mira las telas.

Marx mira una tela y ve el pasado, lo artificial no tiene sentido per se: antes de ese manto hubo una línea, y ese hilo vino de una sucesión terrestre, la tierra parió hacia arriba sus árboles. El primer invento del hombre fueron los cestos de fibra para recolectar bayas. La primera técnica de tejido fue circular, porque el mundo está unido en una red inexpugnable. Alguien tiene que explicarla.

 

Valeria List
Traductora y poeta, estudiante de la maestría en Letras Españolas en la UNAM. Trabaja en el Departamento de Publicaciones del IIBI-UNAM. Es cofundadora de la agencia de servicios editoriales Ahuehuete.

Leer completo