Habiendo recorrido sumariamente las 36 novelas de Philip K. Dick, ofrecemos ahora un repaso de todos y cada uno de los cuentos de este autor que revolucionó un género y, de paso, transformó en buena medida nuestra forma de entender el tiempo, el espacio, el mundo.

Nunca confíes en el artista. Confía en el relato. La función correcta
de un crítico es la de salvar al relato del artista que lo creó.
—D.H. Lawrence

Un autor de ficción especulativa, en años recientes, se quejaba de que parecía imposible concebir una idea nueva en ciencia ficción, porque al revisar los cuentos de PKD resultaba que él ya la había contemplado. Esta aseveración es relativamente cierta.

Retrato dibujado de Philip K. Dick, de Pete Welsh, con licencia de Creative Commons.

Cabe recordar que PKD inició su quehacer literario escribiendo novelas realistas sobre la vida en California durante los años 50, 60 y 70. Ante el rechazo de editores, encontró una modesta veta remunerativa en las revistas populares de ciencia ficción, género literario al que hoy debe su merecida fama internacional y que practicó tanto en novela como en cuento. La siguiente lista revisa en orden cronológico los 121 cuentos canónicos del autor.1

1952

Beyond Lies the Wub (“Más allá yace el wub”)
Primer cuento de PKD publicado en la revista Planet Stories. En Marte, hay que cuidar lo que uno come. Relato espléndido sobre alteridad extraterrestre: un ser porcino, amable y pacífico, “adicto a formas de relajamiento”, que discurre sobre Homero y La Odisea, y que posee poderes únicos. En este cuento Dick abrió fuego con un tema que sería obsesivo para él: la apropiación.

The Gun (“El cañón”)
Plantea peligros de máquinas “pensantes”, en este caso los robots, todavía no  androides (robots con forma humana).

The Little Movement (“El pequeño movimiento”)
Asombrosa anticipación de Toy Story 3, incluyendo ositos y puerquitos, y un niño enterado de que sus juguetes tienen vida propia. En Dick, muchas veces, los “estereotipos adorables” son más bien amenazantes y siniestros.

The Skull (“La calavera”)
Enredo clásico de viaje en el tiempo, al estilo del rey Edipo, quien descubre que él mismo es el asesino que todos buscan. Aborda temas que después serán frecuentes: mesianismo versus totalitarismo, realidades paralelas, orden de causa y efecto, o la ausencia de ambos.

1953

The Builder (“El constructor”)
Cuento con resonancias bíblicas que quizá solo entienda cabalmente quien haya vivido la paranoia social estadounidense de los años 50, cuando la amenaza de una guerra nuclear era una posibilidad real, soterrada o abiertamente angustiante.

Colony (“Colonia”)
En un lejano planeta, aparentemente paradisíaco, objetos inanimados (microscopios, toallas) adquieren vida, agresiva y letal. Aparece en PKD la “paranoia de las cosas”. Una cruelmente diezmada tripulación exploradora tiene que esperar una nave de rescate en traje de cumpleaños: ya no es posible confiar en prenda de vestir alguna. PKD experimenta con finales de pesadilla, y pronto alcanzará cumbres insospechadas.

The Commuter (“El viajero”)
A un vendedor de boletos de tren le piden pasajes a un pueblo que no figura en ningún mapa; descubrirá el secreto de un “portal” tras del cual cambia su psique y el tejido mismo del espacio-tiempo.

The Cookie Lady (“La señora de las galletas”)
Más terror que CF, trazado con tiernas pinceladas, en un típico suburbio de clase media baja. Para PKD —como para Ray Bradbury— los niños serán personajes viables, para bien o para mal.

The Cosmic Poachers (“Los cazadores furtivos cósmicos”)
CF tradicional con un tipo de final sorpresa bastante visto. El toque PKD presente, sin embargo, en los diálogos de mandos militares que no entienden que no entienden hasta que es demasiado tarde.

The Defenders (“Los defensores”)
Tras una guerra nuclear, estadounidenses y soviéticos son engañados por capitalistas y especuladores que “controlan” la realidad. Del cuento surgiría la novela La penúltima verdad.

Expendable (“Prescindible”)
En el marco de una guerra entre bandos de insectos que remonta millones de años atrás, los bichos preparan la conquista de un rincón suburbano. La idea de este cuento, hilarante y terrorífico, le vino a Dick cierta vez que imaginó que una mosca se reía de él.

The Eyes Have It (“Los ojos lo tienen” o “Está en los ojos”)
Un juego lingüístico que explora lo que un burócrata agotado del capitalismo tardío podría imaginar al escuchar expresiones como “Le dio su corazón”, “Le entregó su mano”, “Volvió a perder la cabeza”. Literalidad como función de locura y pesadilla.

The Great C (“La gran C”)
Semilla de la novela Deus Irae, escrita con Roger Zelazny.
En un mundo postapocalíptico, la humanidad ha olvidado conocimientos científicos de nivel primaria. Un pueblito envía a un joven cada año con tres preguntas para la monstruosa computadora que originó el holocausto, y que lo sacrificará vivo si no las contesta correctamente: ¿de dónde viene la lluvia? ¿Por qué el Sol no se cae del cielo? ¿Cómo se creó el mundo?

The Hanging Stranger (“El ahorcado desconocido”)
Otro tropo dickiano: el individuo que ve algo que sus congéneres no perciben: un ahorcado. La Tierra ha sido invadida, y el ahorcado es un ardid para detectar a quienes no han sido “apropiados”.

The Impossible Planet (“El planeta imposible”)
Una anciana soñadora de más de 300 años de edad insiste en contratar una nave espacial para viajar a un mítico planeta llamado Tierra.

Impostor o Imposter (“Impostor”)
Filmado con muy parcial acierto (Gary Fleder, 2002). PKD trabajará muchas variantes de este tema: el androide o robot que no sabe que lo es, que se cree humano.

The Indefatigable Frog (“La rana infatigable”)
Paradojas clásicas de Zenón de Elea, en un acerbo duelo por comprobar lo incomprobable entre profesores universitarios. No es de los cuentos más afortunados de Dick.

The Infinites (“Los infinitos”)
Un fenómeno cósmico inexplicable genera un salto evolutivo equivalente a millones de años en un trío de viajeros interestelares. El detalle incómodo es que la radiación transformadora afectó primero, y con ventaja, a los hámsteres que viajaban con los cosmonautas.

The King of the Elves (“El rey de los elfos”)
Un hombre de a pie trasciende su modesta condición para ayudar a elfos contra troles. Relato fantástico inusual para Dick. Derechos adquiridos por Disney. Si algún día se concreta la película, quizá será una que no habrá que perderse.

Martians Come in Clouds (“Los marcianos llegan en nubes”)
La invasión extraterrestre es cosa de todos los días en un pueblito (y el mundo entero). Ni adultos ni niños entienden que los etéreos marcianos son amigables e inofensivos. Una intrincada trama moralista.

Mr. Spaceship (“Sr. Nave Espacial”)
Una idea común en la CF de los años 40 y 50: un cerebro humano integrado a una nave espacial. Plantea un reinicio de la especie humana con una nueva pareja primordial. PKD pregunta si la guerra es una pulsión ineludible del Homo sapiens o bien resultado de su desarrollo cultural.

Out in the Garden (“Allá en el jardín”)
De cabeza la mitología griega, entre horror interespecies y humor estilo Groucho Marx: el mito de Leda y el cisne. Aquí ella se llama Peggy y él, un pato arisco, Mr. Franklin. Y el marido cornudo, como el lector, navega entre sospechas y pasmo.

Paycheck (“Cheque de paga”)
Filmada con el subtítulo Recuerda el futuro (John Woo, 2003), diluye una idea novedosa de PKD con acción policiaca. En el cuento, a diferencia de la película, el secreto empresarial que le ocultan al protagonista son los preparativos de una revolución contra el estado totalitario.

Piper in the Woods (“Flautista en el bosque”)
Variante de “El Flautista de Hamelin”. En otro mundo, cosmonautas quedan convencidos de que son plantas. PKD ya es experto en finales desconcertantes, o al estilo Chéjov, de los cuentos “sin final”.

Planet for Transients (“Planeta para viajeros en tránsito”)
El planeta es la Tierra, y quienes transitan son una minoría humana. Guerra atómica, el invierno nuclear resultante y la ubicua radiactividad producen insólitas mutaciones en la mayoría de los humanos. Lo viejo normal es lo nuevo anormal.

The Preserving Machine (“La máquina preservadora”)
El doctor Laberinto quiere preservar partituras clásicas, y al insertarlas en una máquina especial de su creación produce animales Wagner, bichos Bach y pájaros Stravinski y Mozart. Otro tema favorito de Dick: en la naturaleza de la criatura está la rebeldía ante su creador.

Project: Earth (“Proyecto: Tierra”)
El futuro de la especie se decide en un juego de canicas. Niños versus simulacros humanos alienígenas que reiteradamente fracasan intentando crear mejores humanos.

Roog (“Ruug”)
El primer cuento que Dick vendió. Se lo compró Anthony Boucher, y serían amigos de por vida. PKD imagina el mundo visto a través de los ojos de Boris, un perro. Los “Ruug” son los empleados municipales que se llevan las bolsas de basura, que para Boris son preciadas reservas de alimentos.

Second Variety (“Segunda variedad” o “Segundo tipo”)
Filmada como Screamers (Christian Duguay, 1995) y con una secuela.  Aquí ya aparecen robots que han adquirido conciencia de sí mismos. Apocalipsis teleológico en el futuro, tras una guerra entre soviéticos y las Naciones Unidas. Una realidad sofocante que se revela a cuentagotas. “El mundo de Jon” será una suerte de continuación.

Some Kinds of Life (“Algunos tipos de vida”)
Eleva a la enésima potencia una sátira inmisericorde que combina neocolonialismo planetario e interestelar con el absurdo de una sociedad de consumo in extremis, concluyendo con la extinción de la humanidad. Alegoría de la demencial necesidad de gadgets y tecnología, más presente que nunca en la actualidad.

Tony and the Beetles (“Tony y los escarabajos”)
El planteamiento básico —y el dilema del niño Tony y sus civilizados amigos coleópteros— podría trasladarse de la colonización extragaláctica de una sociedad de insectos a la realidad genocida del far West, o a la colonización de India por los británicos. Pinta como inescapable la condición del colonialista así como la del colonizado.

The Trouble with Bubbles (“La problemática de las burbujas”)
Cuando la robótica resuelve todas las necesidades básicas de la sociedad, ante el ennui existencial derivado de no haber encontrado vida alguna en el sistema solar, los más pudientes construyen mundos simulados en burbujas cristalinas, para destruirlas después, sin consideración de la minúscula vida real creada en las esferas.

The Variable Man (“El hombre variable”)
Durante una guerra contra Próxima Centauri, los terrícolas, gracias a una “burbuja del tiempo”, rescatan del pasado, de 1913, a Thomas Cole, quien será el “elemento variable” en la ecuación del conflicto y la posible resolución del mismo.

The World She Wanted (“El mundo que ella quería”)
La única “ciencia ficción” en este singular y exasperante relato es la subjetividad humana. Ella insiste que su novio es solo un elemento más de su mundo, y él se esfuerza por demostrar lo contrario. Pienso, luego existo, sí, pero ¿qué tal si lo que piensas no es tuyo? Y, quizás, él y ella son meros elementos de otra ensoñación, pero soñada por… ¿quién?

1954

Adjustment Team (“Equipo de ajustes”)
Filmado como The Adjustment Bureau (George Nolfi, 2011), apenas respeta el marco general original (y el humor negro) sobre una autoridad superior (dios) que organiza y modifica en ocasiones el quehacer humano, ofreciendo una melcochosa historia de amor entre un político y una bailarina. Adaptación fallida de un cuento excepcional.

Beyond the Door (“Más allá de la puerta”)
Podría haber sido un episodio de La dimensión desconocida. El cucú de un reloj integra un siniestro (y mortal) cuarteto con un matrimonio y el amante de la esposa.

Breakfast at Twilight (“Desayuno al atardecer”)
Una maravilla de cuento, aunque en el desenlace feliz (no muy común en Dick), parece que se le olvida el personaje del niño. Un comentario sencillo del pequeño Earl, al final, hubiera redondeado inmejorablemente el relato.

The Crawlers (“Los reptadores”)
Un cuento cruel. PKD podría darle clases de siniestralidad a Villiers de L’Isle Adam: emanaciones radiactivas producen bebés deformados, reptantes, apenas morfológicamente humanos. Son asesinados, abandonados, aplastados cuando cruzan carreteras reptando. Pero son pensantes, poseen empatía, construyen redes kilométricas de madrigueras, aspiran a superarse, conquistarán la adversidad. ¿Qué ocurrirá cuando esta progenie repulsiva, a su vez, empiece a reproducirse?

The Crystal Crypt (“La cripta de cristal”)
Relato policiaco espacial. Marte —colonizado por humanos— y Terra están al borde de una guerra interplanetaria, cuando una ciudad marciana entera desaparece inexplicablemente. Dick maneja con maestría tropos comunes de la era pulp.

Exhibit Piece (“Pieza de exhibición”)
En una futura sociedad totalitaria, un encargado de la sala de un museo que exhibe la vida clasemediera estadounidense de los años 50 descubre un universo paralelo, o quizá solo su propia, profunda, psicosis. Trama típica de los años de la Guerra Fría.

The Father-Thing (“La cosa-papá”)
Un cuento de terror, sobre el que Dick escribió: “Siempre tuve la impresión, cuando era muy pequeño, de que mi padre era dos personas, una buena, una mala. El padre bueno se va lejos, y el padre malo toma su lugar”.

The Golden Man (“El hombre de oro”)
Filmado como Next (Lee Tamahori, 2007), con Nicholas Cage desvariando ejemplarmente como un mutante que puede ver dos minutos hacia el futuro. Lo dickiano del cuento original apenas es reconocible en este típico delirio hollywoodense.

James P. Crow
Jim Crow, figura folclórica, bufón afroamericano, fue símbolo del racismo estadounidense del siglo XIX (y XX y XXI). Pero originalmente, un “Jim Crow” era también un renegado, un traidor (a su propia raza). En una sociedad dominada por robots, democráticos en apariencia, los seres humanos tienen ocupaciones intrascendentes. El protagonista caucásico, sin embargo, asciende al Consejo Rector. Supera finalmente en jerarquía a los robots gobernantes, que le dejarán la Tierra a los humanos, ocupando otros planetas y satélites del sistema solar. Un solo hombre tiene pues todo el poder sobre el resto de la humanidad. Ahora, la duda es: ¿cómo lo ejercerá?

Jon’s World (“El mundo de Jon”)
Habitantes del mundo subterráneo hacen una salida ilegal a la superficie para capturar humanos que usarán como esclavos. Siglos después, ¿cuál de estas dos sociedades representa realmente al Homo sapiens?

The Last of the Masters, también Protection Agency (“El último de los magísteres” o bien “Agencia de Protección”)
Revela una inclinación por “la mentira piadosa”, promulgada por Leo Strauss y la Escuela de Chicago como arma psicológica de control de la población: dominar a las masas mediante la religión y el mito de la nación. Un comando de anarquistas postapocalípticos destruye una sociedad progresista, sostenida por los conocimientos del último de los magísteres, un robot biempensante.

Meddler (“Entrometido”)
Un desarrollo similar al de Colony, en el que la paranoia galopante llega inadvertidamente a la Tierra desde un mundo lejano.

Of Withered Apples (“De manzanas marchitas”)
Otra versión dickiana de Ovidio, igual o más pirada que “Allá en el jardín”. Erotismo y sexo, ya no entre especies incompatibles, sino entre reinos.

A Present for Pat (“Un regalo para Pat”)
Historia de una estatuilla traída de una galaxia lejana a la Tierra por un explorador espacial, como regalo para su esposa. El chunche es en realidad un dios que anda cazando a otra divinidad que huyó a Terra eras antes. Un enredo afín a los de otros humoristas de CF como R. A. Lafferty o William Tenn.

Prize Ship (“La nave botín de guerra”)
Cientos de años en el futuro, los habitantes de Ganimedes se rebelan, poniendo en jaque al resto del sistema solar. Surge una esperanza cuando Terra se apodera de una nave enemiga que resulta ser una máquina del tiempo. El planteamiento de un viaje al pasado y luego al futuro, a los mundos concebidos por Jonathan Swift en Los viajes de Gulliver, resulta forzado.

Progeny (“Progenie”)
Un empresario interplanetario regresa a conocer a su primogénito en una Tierra en la que casi todo —incluyendo medicina y pediatría— es controlado por robots. Los padres no pueden tocar a sus hijos, ni hablar con ellos, hasta que cumplan 16 años. Cuando el padre finalmente pasea con su vástago, su afecto y sus emociones paternales contrastan con la ausencia de empatía del hijo. Una variedad de la apropiación, en este caso de la mente humana, por la frialdad “mental” de los robots.

Prominent Author (“Autor prominente”)
Viajando al trabajo en un transbordador futurista, un autor descubre un mundo alterno en el que responde a preguntas de seres diminutos. Al transcribir metódicamente sus respuestas descubre que ha escrito la Biblia. PKD indagando el origen de las religiones.

Sales Pitch (“Oferta de venta”)
¿Qué hacer cuando entra a casa un robot multiusos que se publicita a sí mismo y que simplemente no acepta una negativa de compra?

Shell Game (Literalmente, “Juego de conchas” o, mejor: “Juego de apariencias”)
Un grupo de exploradores varados en un planeta desconocido, asediados por alienígenas, intentan deducir si solo uno de ellos está loco o si comparten una psicosis colectiva. Dick usa “concha” (shell) refiriéndose a los “cráneos” de los protagonistas, cuyos interiores están destruidos para efectos prácticos.

The Short Happy Life of the Oxford Brown (“La corta vida feliz del Oxford café”). Título con resonancias a un famoso cuento de Hemingway. Fantasía de Dick describiendo lo imposible en el entorno más pequeñoburgués imaginable. Reaparece Doc Rupert (Laberinto, de “La máquina preservadora”), dando vida ahora a objetos mundanos.

Small Town (“Pueblo chico”)
Otro protagonista que lidia con una esposa infiel, que a fin de cuentas ni le interesa. Durante décadas ha construido obsesivamente una réplica perfecta del pueblo en el que vive. Otro final siniestro estilo La dimensión desconocida.

Souvenir (“Recuerdo”)
Tras siglos de búsqueda, exploradores espaciales encuentran por fin el Planeta de Williamson, habitado por una sociedad utópica, ajena a excesos tecnológicos, que rechaza incorporarse a la “federación progresista galáctica”. Será borrada del cosmos por intransigente. El horror de la Historia es la otra cara de la utopía.

Strange Eden (“Extraño Edén”)
Dick en territorio mitológico, esta vez con una seductora Circe interplanetaria.

Survey Team (“Cuadrilla de exploración”)
Cosmonautas intergalácticos originarios de Marte llegan a un sistema solar buscando un nuevo hogar. La nave se posa en un planeta devastado, y poco a poco entienden que han aterrizado en la Tierra.

Time Pawn (“Peón del tiempo”)
Se convirtió en la novela Dr. Futurity, de las más complejas de PKD, sobre un médico transportado 700 años al futuro, donde heridos y enfermos prefieren la eutanasia a la atención médica y la posibilidad de vivir.

The Turning Wheel (“La rueda que gira”)
La rueda es la del karma en una sociedad postapocalíptica. A las autoridades les preocupa la proliferación de cultos y sus concomitantes mesianismos. Un investigador que visita Detroit en misión encubierta topa con un culto que le salvará la vida: han redescubierto la penicilina.

Upon the Dull Earth (Sobre la oscura Tierra)
Genial. En esta fantasía casi inclasificable Dick logra un ejemplo perfecto de la apreciación de Anthony Boucher sobre sus mejores cuentos: “La lógica de la pesadilla absoluta”. El título proviene de la oda de Proteo a Silvia (Acto 4, Escena 2) en Los dos caballeros de Verona, de Shakespeare:

Cantemos pues a Silvia,
Que Silvia en todo se supera;
Supera toda cosa mortal
Que habita sobre la oscura tierra:
A ella traigámosle guirnaldas.

A World of Talent (“Un mundo de talento”)
Una meditación sobre el insólito, peligroso e insuperable poder que tendrían seres humanos dotados de poderes psíquicos: telepatía, telequinesis, precognición, y una resultante ausencia de empatía.

1955

Autofac (“Autofactoría”)
En un mundo devastado, pequeñas colonias de humanos sobreviven gracias a fábricas manejadas por robots que siguen produciendo bienes y tecnología que reparten indiscriminadamente, sin criterio de utilidad para los sobrevivientes. El horror sin remedio de una tecnología dominante desbocada, que además se reproduce a sí misma.

Captive Market (“Mercado cautivo”)
Una vigorosa anciana visita una realidad futura paralela en el desierto, vendiendo componentes aeroespaciales a sobrevivientes de una catástrofe nuclear que sueñan con abandonar la Tierra. La codicia no da para alivio ni perdón, ni en mundos alternos ni en éste.

The Chromium Fence (“La cerca de cromo”)
Una guerra futura, absurda y fatal entre Puristas y Naturalistas por motivos demenciales de higiene personal.

Foster, You’re Dead! (“Foster, ¡estás muerto!”)
Crueldad social, matoneo en la escuela primaria; otra visión oscura de la paranoia nuclear estadounidense de los años 50. Un niño padece escarnio porque su familia tiene el refugio antiatómico más barato del mercado.

The Hood Maker, también Immunity (“El hacedor de capuchas”)
No se trata de capuchas comunes, sino de cintas metálicas usadas en torno al cráneo, que bloquean los poderes telepáticos de mutantes al servicio de un gobierno totalitario. Este gobierno hurga mentes en busca de signos de deslealtad.

Human Is (“Humano es”)
Una mujer tiene que elegir entre un marido despótico e insensible, y una entidad alienígena que se apropia del cuerpo de su esposo durante una misión espacial: el extraterrestre de nombre impronunciable es amable y cariñoso: humano es. Dick dijo que este cuento era su carta de presentación, su credo. De las tres virtudes teologales, siempre afirmó que caritas era la más importante, que la empatía era la cualidad que distinguía al ser humano del robot o del androide.

The Mold of Yancy (“El molde de Yancy”)
Al estilo de “Big Brother” en la novela de Orwell, 1984, aquí la figura dominante de la sociedad totalitaria es un hombre inexistente, una construcción virtual respaldada por un ejército de técnicos, publicistas y diseñadores. Como comentó PKD sobre este cuento: “todo lo que te cuenta el gobierno es mentira”.

Nanny (“Nana”)
De pronto, en el parque, las nanas robóticas se ponen psicóticas y brutalmente bélicas. Los niños ya son lo de menos. Otra sátira de la sociedad de consumo y, esta vez, de una carísima servidumbre mecánica con obsolescencia y disfuncionalidad integradas.

Psi-Man Heal My Child! (“¡Hombre Psi cura a mi niño!”)
Situación al límite en un erial postapocalíptico: ¿puede haber algo más desesperante para unos padres que tener un hijo enfermo en un mundo sin médicos?

Service Call (“Visita de servicio”)
Otro vendedor a domicilio del universo PKD, con la particularidad que el despistado técnico viene del futuro a darle mantenimiento al swibble, enigmático aparato que debe engalanar todo hogar respetable. El swibble detecta infaliblemente la ideología de las personas: izquierda, derecha o centro pierden peso e importancia, hasta que la única condición ideológica política aceptable es, precisamente, poseer un swibble.

A Surface Raid (“Incursión en la superficie”)
Después de la Tercera Guerra Mundial, un grupo de sobrevivientes que ha vivido bajo tierra prepara una expedición a la superficie sin imaginar que toparán con seres que antes no existían.

War Veteran (“Veterano de guerra”)
Un veterano de conflictos interplanetarios llega del futuro, presunto sobreviviente de guerras con las colonias de Venus y Marte. En realidad es un robot androide, un ardid para convencer a los terrícolas de que no podrán ganar la guerra que se avecina. Personaje precursor de los robots con apariencia humana de ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, filmada como Blade Runner, película que alteró todo el concepto original de PKD sobre los “replicantes”.

1955 vio la publicación de la primera novela de CF de Dick, Solar Lottery (Lotería solar), y a partir del año siguiente su trabajo se bifurcaría entre relatos cortos y novelas.

1956

The Minority Report (“El reporte minoritario”)
Filmada (Steven Spielberg, 2002) con Tom Cruise como agente policiaco en un futuro en el que los criminales son arrestados antes de cometer un crimen gracias a visiones del porvenir de mutantes precogs (precognitivos). La película respeta elementos básicos del cuento, pero finalmente se desvía del planteamiento original.

Pay for the Printer (“Paga por el impresor”)
En otro futuro devastado, la sociedad depende de una raza extraterrestre, los Biltong, que reproducen artefactos y enseres que la humanidad ya no puede crear o fabricar.

To Serve the Master (“Servir al magíster”)
En una sociedad postapocalíptica, el común de las personas desconoce la historia más allá de unas décadas atrás. La guerra que supuestamente devastó la Tierra fue entre los Racionales y los Sensuales. Eso dicen el credo y la ley. Pero un humilde mensajero topa con un robot quebrado, y lo ayuda a reconstruirse. Conocerá la verdad entonces, pero la verdad no lo hará libre.

Vulcan’s Hammer (“El martillo de Vulcano”)
Relato largo convertido después en novela del mismo nombre, sobre la computadora Vulcan III, que adquiere conciencia. Los humanos logran derrotarla con ayuda de Vulcan II. La novela es considerada la última creación de PKD dentro de las tradiciones heredadas de las revistas pulp de CF. Al año siguiente ganaría el Hugo Award por su novela El hombre en el castillo alto. Se encaminaría por nuevos derroteros, que llevarán a la creación de sus obras maestras.

1957

Misadjustment (“Mal adaptado”)
La palabra misadjustment no figura en ningún diccionario. Una alternativa correcta sería maladjustment (inadaptación). Historia de un burócrata que cría en su patio trasero plantas que le permiten volar. Pero para surcar los aires, realmente no hacen falta, y ésa es su “maladaptación”.

The Unreconstructed M (“La M no reconstruida”)
Cuento future-noir sobre máquinas que suplantan la presencia humana. Un enredo medio incoherente en torno a empresarios interplanetarios billonarios disputándose innovaciones tecnológicas y una mujer muy emprendedora y manipuladora.

1958

Null-O (“O nula”)
PKD imagina humanos cuya capacidad de empatía es cero. Su misión es desarticular la realidad. Un extraño jovencito enajena y desquicia a sus padres, quienes lo entregan a una institución psiquiátrica. Pero, ¡sorpresa!, el médico también carece de empatía, y es miembro de una cofradía secreta con grandiosos planes cósmicos para acelerar la entropía mediante la madre de todas las desarticulaciones.

1959

Explorers We (“Nosotros, exploradores”)
Por fin, un grupo de cuatro cosmonautas regresa a la Tierra. Pero no son recibidos con brazos abiertos y celebraciones; los persiguen el FBI y otras policías. Y es que el regreso conlleva un pequeño problema: los cosmonautas ya lo han hecho 21 veces antes.

Fair Game (“Víctima válida”)
Uno de los cuentos de PKD que el crítico marxista Fredric Jameson, admirador incondicional del autor, clasifica como basura. Recuerda a “Para servir al hombre”, un cuento más redondeado, de Damon Knight, que hizo historia televisiva cuando Rod Serling lo adaptó para su programa La dimensión desconocida.

Recall Mechanism (“Mecanismo para recordar”)
Sobre un par de pacientes idóneos de un psiquiatra armado con un mecanismo de espejos para hipnotizar. Uno revela temores atávicos de caer desde las alturas, pero más bien, son visiones del futuro. El otro es feliz en cualquier altura, pero cuando ve a otra persona, no resiste el impulso de empujarla al vacío. Al igual que en Small Town, acecha Tánatos, y los pacientes habrán de encontrarse.

War Game (“Juego de guerra”)
La industria juguetera de Ganimedes es única, y su principal mercado son los niños de la Tierra, donde los aduaneros sospechan que un juego de soldaditos que asaltan un castillo es quizás una bomba. No detectan el juego realmente peligroso, aunque está bajo sus narices.

1963

The Days of Perky Pat (“Los días de Perky Pat”)
Dick se inspiró para este cuento viendo a sus hijas jugar con Barbies. En California, comunidades de sobrevivientes de una guerra nuclear dedican su tiempo libre a jugar con muñecas y muñecos en maquetas de la sociedad de los años 50. La vida transcurre en paz hasta que los jugadores de “Pat la Pizpireta” se enteran de otra comunidad donde la muñeca reina es Connie Companion.

If There Were No Benny Cemoli (“Si no existiera un Benny Cemoli”)
Dick en especulaciones políticas, enmendándole la plana a Thomas Carlyle y a su great man. Para este cuento PKD se basó en una de sus propias excéntricas declaraciones: “Siempre he creído que en la historia por lo menos la mitad de la gente famosa nunca existió. Uno inventa lo que necesita inventar. Quizás incluso Karl Marx fue inventado, producto de algún escritor chambón”.

What’ll We Do with Ragland Park?(“¿Qué haremos con Ragland Park?”)
Un baladista compone canciones cuyas letras se vuelven realidad, y lo contrata la segunda televisora más poderosa del mundo. Historia de una muerte anunciada, cuando ya están explorados y poblados planetas del sistema solar y más allá.

1964

Cantata 140
Cuento que se convirtió en la novela The Crack in Space, sobre el mundo en 2080, atrozmente sobrepoblado, en el que millones de personas se encuentran en animación suspendida, “esperando” una solución.

A Game of Unchance (“Un juego de in-suerte”)
En un mundo futuro, dos ferias itinerantes compiten entre sí por el favor de la agobiada población que arriesga todo en sus puestos y juegos. Los carnavales son símbolos de Yin y Yang, de Eros y Tánatos, amañados para favorecer a las fuerzas destructivas.

The Little Black Box (“La pequeña caja negra”)
Precursor de la subtrama de la novela ¿Sueñan los androides …?, que nunca figuró en la película Blade Runner. Una agente japonesa llega a Cuba para impartir concientización zen. Ahí es capturada por agentes de la CIA que investigan la “cajita (negra) de empatía” que conecta al usuario con el misterioso mesías Mercer. El cuento plantea la religión como amenaza para regímenes totalitarios, y al mesías como invasor de otro mundo, aunque no de otro planeta.

Novelty Act (“Espectáculo novedoso”)
La Primera Dama le gana al Presidente el favor y atención del público. En la Casa Blanca una empresa se dedica a ofrecerle espectáculos cada vez más novedosos. Una intriga política entre “simulacros” (androides), que rondan tanto entre artistas como políticos, hasta que nadie sabe quién es qué.

Oh, to be a Blobell! (“¡Ah, poder ser un blobel!”)
Impecable cuento que recuerda “El regalo de los reyes magos” de O. Henry, y “Una obra de arte” de Chéjov, pero mientras que en éstos el quid lo constituyen objetos inanimados, aquí son seres vivientes los que juegan sillas musicales de identidades durante una guerra interplanetaria. Denuncia de la estupidez de la guerra, y una exploración de las psiques de las especies contendientes. Con un inesperado final feliz para todos. De lo más logrado de PKD.

Orpheus with Clay Feet (“Orfeo con pies de barro”)
PKD es personaje de su propio cuento, bajo su pseudónimo ocasional Jack Dowland. Su misión en la vida es inspirar a un escritor de ciencia ficción a realizar su obra maestra. Con el detalle de que Dowland viaja al pasado, cuando el autor ni ha pensado en escribir ciencia ficción. Metaficción que seguirá dándose años después, a partir de su revelación mística de 1974.

Precious Artifact (“Artefacto preciado”)
Después de trabajar en Marte durante años, un ingeniero visita la Tierra, pensando volver a ella con su familia. El “artefacto” es un simulacro de gatito que se lleva de regreso a Marte cuando entiende que la Tierra ya está invadida y poblada por androides.

The Unteleported Man (“El hombre no teletransportado”)
Los viajes interestelares se vuelven redundantes cuando se inventa la tele-transportación, y 40 millones de personas son despachadas a un mundo paradisiaco a 18 años luz de distancia, del que nadie ha regresado hasta ahora. Reeditado póstumamente con 100 páginas que se creían perdidas, como Lies, Inc. (Mentiras, S.A.)

The War with the Fnools (“La guerra con los Fnuuls”)
Fumar, beber, fornicar. Los fnuuls, simpáticos, hilarantes seres alienígenas surgidos como de una amable pesadilla, secuencian los tres “clásicos” vicios humanos resolviendo a su favor la conquista de la Tierra. Dick haciendo chunga de todo y de todos.

Waterspider (“Araña acuática”)
Otro ejercicio de metaficción, excelente, en el que aparecen junto con Dick varios eminentes colegas: Poul Anderson es el protagonista, secuestrado en un viaje temporal al futuro durante una convención de CF. Figuran también R. Heinlein, I. Asimov, A. E. Van Vogt, M. Leinster, J. Williamson y la autora de exquisita CF Margaret St. Clair.

What the Dead Men Say (“Lo que dicen los hombres muertos”)
El potentado Louis Sarapis ha muerto, pero existe ahora en un estado intermedio de animación suspendida del que revive. Comienza a “transmitir” inesperadamente desde allende la tumba alterando las telecomunicaciones y también los medios impresos terrestres, que ahora presentan mayor complejidad que Finnegans Wake. Ideas singulares de PKD que culminaron en la escalofriante novela Ubik, una de sus obras maestras.

1965

Retreat Syndrome (“Síndrome de retirada”)
Un hombre, posible usuario de la droga “Frohadrehina”, incapaz de ubicar si está en la Tierra o en Ganimedes, parece vivir en una “banda continua” de alucinaciones, de irrealidades, en las que asesina una y otra vez a su esposa, a quien sin embargo observa por videoteléfono. Cuento de una pesadilla que busca lógica donde no la hay.

1966

Holy Quarrel (“Conflicto sagrado”)
Bien construido y redondeado, con creciente humor absurdo relata la invasión de la Tierra mediante bolitas de chicle dispensadas por maquinitas de monedas. La paranoia de objetos y cosas inicuas llevada a nuevas alturas.

We Can Remember It For You Wholesale (“Al por mayor lo podemos recordar por ti”)
Sobre recuerdos implantados más reales que vivencias verídicas. Filmada ya dos veces como Total Recall, y probablemente, debido al éxito mundial de la primera versión con Arnold Schwarzenegger (Paul Verhoeven, 1990), esta película es responsable, quizá más aún que Blade Runner, de despertar en el siglo pasado el interés de Hollywood por la deslumbrante veta de ideas de PKD y su potencial nato para películas o series que prácticamente nunca respetan la fuente original.

Your Appointment Will Be Yesterday (“Tu cita será ayer”)
Cuento semilla de la novela Counter-Clock World sobre tecnologías que alteran la continuidad del tiempo, revirtiendo la entropía, con los consiguientes enredos de causas y efectos. La vida se da en reversa, afectando también la política nacional.

1967

Faith of Our Fathers (“Fe de nuestros padres”)
Entre las mejores instancias del llamado gnosticismo postmoderno del autor. Un ciudadano vietnamita de un gobierno chino totalitario deja de tomar una droga mezclada con el agua potable desde décadas atrás, y accede así a una realidad sobria, terrorífica, inimaginable. Una fábula de horror, una alegoría multiusos, diabólicamente adaptable a cualquier contexto social, gubernamental, democrático o totalitario, ya que nada es lo que parece ser —idea central del universo PKD—, y ésa es la única verdad comprensible, o quizás tampoco lo es, porque, a fin de cuentas, ¿qué es la realidad, qué es la verdad? Este cuento, que tuvo repercusiones históricas para el género CF, fue la aportación de Dick a la disruptiva antología de Harlan Ellison, Dangerous Visions (1967).

Return Match (“Partido de revancha”)
Otro cuento sobre juguetes peligrosos y simulaciones de inocencia lúdica, esta vez con maquinitas de pinball que más parecen artefactos de ruleta rusa, y en cuyas partidas participan inteligencias alienígenas.

1968

Not by Its Cover (“No por su portada”)
Reaparece aquí, si no el wub, su pelaje, usado para forrar libros de calidad. Pero el pelaje ejerce una extraña mutación en el contenido de los libros, alterando la traducción de John Dryden de De rerum naturae de Lucrecio. Cuando forran la Biblia, convierte pasajes enteros a mayúsculas. Lo que decide hacer personalmente el editor con ese pelaje wub resulta de antología. Dick comentó que en este cuento expresó un deseo suyo largamente acariciado: que la Biblia fuera cierta.

The Story to End All Stories for Harlan Ellison’s Anthology Dangerous Visions (“El cuento para acabar con todos los cuentos para la antología Dangerous Visions de Harlan Ellison”).
Un “extra” ideado por Dick para acompañar “Fe de nuestros padres” en la citada antología, publicado originalmente en la fanzine Niekas. El cuento más corto de Dick, 177 palabras en inglés. Admirado por algunos, repudiado por otros, incluso considerado sacrílego.

1969

The Electric Ant (“La hormiga eléctrica”)
Un hombre sufre un accidente que lo deja tullido, y en el hospital donde reconstruyen su cuerpo descubre que realmente no es un humano sino un androide. Culminación de muchos planteamientos anteriores como los de “Impostor”: el personaje androide descubre en su pecho un “carrete” que contiene su programa de “la realidad”, y comienza a jugar con él, hasta que todo lo sólido se desvanece en… menos que el aire. (Dick no bautiza como “hormigas” a los robots o androides por ser industriosos; los llama robants, neologismo que combina prefijo y sufijo de robot y servant ,respectivamente).

1974

En febrero-marzo de este año, PKD tiene la revelación mística que cambiaría no solo su existencia sino su quehacer literario, durante los ocho años que le quedarán de vida. Poco a poco, los planteamientos de su ciencia ficción “invadieron” su vida, o su vida se convirtió en un planteamiento de ciencia ficción. La naturaleza de la experiencia mística es personal e incomunicable, y se ha dicho que PKD dedicó los últimos años de su vida a intentar expresar la suya, agotando las posibilidades del lenguaje. Aldous Huxley vivió experiencias místicas paralelas que, quizás con resultados más felices, intentó resolver en su obra La filosofía perenne.

The Pre-Persons (“Las pre-personas”)
En una extraña sociedad futura, si a los 12 años no puedes resolver ecuaciones, significará que no tienes alma, y pasará por ti la camioneta exterminadora. Infanticidio en vez de aborto. Dick escribió que el cuento dio pie a la carta más desagradable que recibió en su vida, enviada con “odio absoluto” por la escritora de CF feminista Joanna Russ, autora de El hombre femenino. PKD respondería en una antología: “…lamento ofender a quienes no están de acuerdo conmigo respecto del aborto sobre demanda”, concluyendo con la frase atribuida a Martín Lutero: “Me mantengo firme, no puedo hacer otra cosa”.

A Little Something for Us Temponauts (“Una pizca de algo para nosotros, navegantes del tiempo”)
Un cuento trágico sobre viajeros en el tiempo que no logran conciliar el hecho de haber conocido otras versiones de sí mismos.

1979

The Exit Door Leads In (“La puerta de salida lleva al interior”)
En un futuro indeterminado, Bob Bibleman gana un concurso que lo inscribe forzosamente en un colegio militar en Egipto. ¿Podrá revelar un supuesto secreto industrial que beneficiaría a millones de seres humanos (o no)? Uno de esos cuentos que pide quizá dos lecturas sucesivas para entender a qué juega PKD en un episodio de gallina ciega, en el que el invidente y desconcertado protagonista persigue realidades éticas y morales.

1980

I Hope I Shall Arrive Soon, originalmente Frozen Journey (“Espero llegar pronto”, o “Viaje congelado”).
Un cosmonauta en animación suspendida, entretenido con vivencias implantadas durante décadas de viaje interestelar, al llegar a la Tierra ya no puede distinguir cuál o qué es la realidad.

Rautavaara’s Case (“El caso de Rautavaara”).
Científicos alienígenas hacen un experimento teológico con el cerebro de una cosmonauta finlandesa. Rautavaara (o su cerebro) visualiza la aparición de una figura, Cristo, que devora a quien no lo reconoce. Una inversión de la eucaristía, que ha llevado a advertencias de que católicos no lean el cuento. De los más polémicos escritos jamás por un autor de ciencia ficción.

Chains of Air, Web of Aether (“Cadenas de aire, red de éter”)
En un planeta inhóspito, un hombre y una mujer, en misiones de colonización, viven en apartadas cabañitas individuales, visitados periódicamente por un correo que les lleva alimentos. La soledad de los personajes termina acercándolos, en uno de los cuentos más enigmáticos de PKD, también titulado “El hombre que sabía cómo perder”.

1981

The Alien Mind (“La mente alienígena”)
¿Qué hacer si le espera a uno un viaje interestelar de años, sin posibilidad de suspensión animada o de sueño criogénico, y con una sola cosa para comer? Dick imaginó aquí un castigo desconcertante.

Philip K. Dick fallecería en 1982; curiosamente, 14 años después de ganar el Hugo Award por la novela The Man in the High Castle, publicada 14 años después de su primer cuento. Los que siguen serían publicados póstumamente.

1984

Strange Memories of Death (“Extraños recuerdos de la muerte”)
Cuento atípico, metaficción, en el que PKD medita sus problemas románticos y la triste suerte de una anciana, la Lysol Lady (“Sra. Lysol”, una marca de desinfectante) que tendrá que abandonar el departamento en un edificio donde el autor pudo adquirir el suyo en condominio.

1987

Cadbury, the Beaver Who Lacked (“Cadbury, el castor que tenía deficiencias”)
Una alucinante fábula, o alegoría, sobre un castor dedicado a roer árboles, cuya esposa ricachona le hace la vida de cuadritos. El castor inicia un periplo iniciático, al final del cual, ante revelaciones de tres mujeres, símbolos del eterno femenino, Cadbury se va desvaneciendo, como voluta de humo. Extraño relato, mitad confesión autobiográfica de sus dificultades matrimoniales (PKD tuvo cinco esposas), y posiblemente, una premonición literaria de la muerte del autor (aunque fue escrito en 1971).

The Day Mr. Computer Fell Out of Its Tree (“El día en que el Sr. Computadora cayó de su árbol”).
Todo le falla a Joe Contemptible (“Pepe Despreciable”) en su hogar robotizado: el Sr. Puerta no abre, el Sr. Closet le ofrece ropa de payaso, el Sr. Computadora que se la pasa leyendo cuentos de CF de un tal Phil Dick. Cuando Joe contempla suicidarse, lo arresta la policía, y es llevado ante una misteriosa beldad que resolverá su “miserable pequeña vida sin sentido”. Una especie de sueño wishful thinking de PKD, escrito en 1977.

The Eye of the Sybil (“El ojo de la sibila”)
Metaficción en la que PKD (Philos Diktos de Tiana) relata, desde el Imperio romano, visiones del futuro que la sibila de Cumas recibe de inteligencias extraterrestres. Dick borda sobre el pasaje “profético” de la Cuarta égloga de Las bucólicas de Virgilio, que derivó en la monumental malinterpretación histórica de hermeneutas cristianos —durante toda la Edad Media— que creyeron que Virgilio anunciaba el advenimiento de Jesucristo. Fue precisamente la “profecía” que llevó a Dante a convertir a Virgilio en su guía para atravesar el Infierno y el Purgatorio en la Comedia. Dick debió saber que la cristiandad se equivocó con respecto a la supuesta “profecía” de Virgilio (en realidad un trazo hiperbólico en honor a su protector Cayo Asinio Polión), por lo que el final de este cuento, que anuncia el advenimiento de una nueva y gloriosa era, simplemente no funciona.

Stability (“Estabilidad”)
Una sociedad futura en la que el ingenio humano deja de manifestarse; en el año en que trascurre la historia solo se han registrado dos patentes. El gobierno autoritario desaparece a los disidentes, elimina a todos los contestatarios. Pero el protagonista ha viajado al futuro, y después al pasado, y ha registrado una patente que acaba alterando toda la realidad, incluyendo la suya, obliterando incluso su memoria de su existencia previa. Curiosamente, este cuento, algo nihilista, inédito hasta después de la muerte de PKD, fue escrito en 1947.

A Terran Odyssey (“Una odisea terrestre”)
Pastiche elaborado en 1964, reuniendo pasajes descartados de la novela Dr. Bloodmoney.

121 cuentos nos dejó la imaginación de Philip K. Dick, además de novelas especulativas, realistas y otros escritos, diarios, correspondencia y las acaso impenetrables 8 mil páginas de su Exégesis que desde 1974 seguía escribiendo hasta que murió, víctima de varias apoplejías sucesivas.

Hoy en día, cuando las ciencias mismas estrechan cada día más los márgenes de posibles especulaciones literarias que no sean mera fantasía, lo posthumano que Dick imaginó en sus robots y androides queda confirmado en los cyborgs de nuestro futuro. Hace unos días, el Prof. Martin Rees, eminente cosmólogo y astrofísico, Astronomer Royal del Reino Unido, describe en el siguiente video algo de lo que seguirá en nuestra conquista del espacio: el uso de robots en los más lejanos confines del sistema solar, porque allí la presencia humana será realmente innecesaria.

Y quizás, en solo cien años más, cuando las ciencias hayan transformado la narrativa misma de la humanidad, la contribución innegablemente valedera de Philip K. Dick sería que nunca olvidemos la esencia de lo que es ser humano, aunque seamos cyborgs, mas no robots o androides como tales. En una palabra, que no olvidemos nunca caritas.

 

Bibliografía

PKD A Philip K. Dick Bibliography, Compiled by Daniel J H Levack with Annotations by Steven Owen Godersky, Underwood/Miller, San Francisco, California – Columbia, Pennsylvania, 1981. Considerada por muchos como la mejor de varias bibliografías, aunque no ha sido reeditada ni actualizada.

Los 121 cuentos canónicos de PKD comentados en este artículo pueden leerse en inglés o en español, en estas opciones:

 • En 5 e-books:

– PKD, Volume One of the Collected StoriesBeyond Lies the Wub, A Gollancz e Book, an Hachette UK Company, 1988.

Volume Two (Second Variety), Volume Three  (The Father-Thing), Volume Four (Minority Report) y Volume Five (We Can Remember It For You Wholesale), e-books de la misma editorial.

• En español, en 5 tomos, ediciones físicas, existe una compilación paralela:

PKD, Cuentos completos I, Editorial Minotauro, Barcelona, España, 2005; o bien  Cuentos completos II, III, IV y V, Editorial Minotauro, Barcelona, España.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor.


1 Las traducciones de los títulos de los cuentos son del autor del presente artículo.

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Novelas, películas, videojuegos, revistas. A lo largo y ancho del orbe, la ciencia ficción se expande con cada vez más fuerza. La siguiente travesía por este inabarcable universo recupera lo más trascendente ocurrido en sus diferentes ámbitos de expresión durante este año.

“El futuro ya está aquí, sólo que no está distribuido uniformemente.”
— William Gibson

“La ciencia ficción ha conquistado el mundo”, escribe Alec Nevala-Lee en su reciente y excepcional estudio Astounding, pródigo en revelaciones. Las palabras de Nevala-Lee contradicen otras, de 2012, de Peter Nicholls, fundador de la Encyclopedia of Science Fiction: “Podría opinarse que la ciencia ficción había cumplido su misión para fines del siglo pasado […] Ahora, la historia, y esa narración que ha sido la CF convergen, y ya no tienen mucho sentido, una sin la otra”.

Se refiere a Astounding Science Fiction, revista dirigida por John W. Campbell desde 1938; con ella alcanzó la mayoría de edad esta vertiente de literatura de la imaginación.

Pero aunque la historia reciente, de Hiroshima a la fecha, ahora sí supera la ficción, queda margen para que la CF —en manos de sus visionarios de punta— siga explorando la complejidad del mundo actual, en el que la noción tradicional de lo humano se encuentra bajo asalto continuo por parte de la IA, la nanotecnología, la ingeniería genética, el transhumanismo y extropianismo, por solo mencionar algunas realidades cada vez más inquietantes.

Para definir hoy ciencia ficción —“género” que en realidad nació híbrido—, Susan Stone-Blackburn escribió (en su epílogo para Timescape, novela del astrofísico Gregory Benford): “Timescape es ciencia ficción ‘dura’, en el sentido de que en ella la ciencia es la física, en contraposición con la ciencia ficción ‘suave’, basada en las ciencias sociales”. Éstas serían las dos modalidades narrativas que realmente constituyen la ciencia ficción.1 Para ubicar otro género, afín, en su propio valor, parafraseamos las últimas palabras de Hamlet:“Lo demás es fantasía”.2

Con esta sucinta aclaración, ofrecemos un breve balance anual de lo producido bajo el amplísimo cielo de la ciencia ficción, de lo rescatable de este año a nivel mundial, particularmente en literatura, cine, televisión y videojuegos, y una mirada breve de lo que ocurre en México.

Abandonaron el planeta en 2018

Stephen Hawking (1942-2018), físico teórico y cosmólogo. Autor del bestseller mundial Una breve historia del tiempo, con su hija Lucy creó libros para lectores de 10 años en adelante, iniciando con George’s Secret Key to the Universe.

• Harlan Jay Ellison (1934-2018), premiado por sus cuentos y guiones de televisión (Star Trek, Dimensión desconocida), y sus revolucionarias antologías Dangerous Visions.

• Ursula Kroeber Le Guin (1929-2018), escribió La mano izquierda de la oscuridad, entre las primeras novelas modernas que trataron identidad de género, con extraterrestres que cambian de sexo según la estación. Acaba de estrenarse un documental sobre su vida y obra:

Pionera de la segunda ola feminista, libertaria, de izquierda, teórica y docente de la CF cuya ausencia se lamenta a nivel mundial.

Premios

Entre unos 40 premios anuales de CF anglófona, el más codiciado es el Hugo, y su categoría más celebrada, la de novela. La ganó por tercera vez consecutiva Nora K. Jemisin con The Stone Sky, cierre de la trilogía The Broken Earth, fantasía científica iniciada con The Fifth Season y seguida por The Obelisk Gate, también ganadoras. Un récord inédito.

El Nebula-Award 2018, siguiente en prestigio, también fue para The Stone Sky.

Jemisin se coloca entre la vanguardia del afro-futurismo.

• Francia
El Grand Prix de l’Imaginaire, categoría francófona, fue para la novela Toxoplasma, de Sabrina Calvo (nacida David Calvo); también cargó con el Rosny Aîné, segundo premio galo en importancia.

• España
El Ignotus por novela, otorgado por la AEFCFT, fue para Las tres muertes de Fermín Salvochea, de Fermín Cañadas.

• Europa, Rusia, países de la otrora URSS
Aquí, más reconocimientos y premios, de la Sociedad Europea de Ciencia Ficción.

• China
El noveno Xingyun (Nebula) Award for Global Chinese Science Fiction fue para Jiang Bo por Gate of Memories, novela sobre humanos transformados en cyborgs para enfrentar una amenaza de IA.

• México
Más allá del sempiterno tsunami de producciones extranjeras, la CF autóctona no parece encender, ni tener mucha presencia. Sin embargo, no todo es desalentador: el XXXIV Premio Nacional de Cuento Fantástico y Ciencia Ficción fue para la autora duranguense Atenea Cruz por Una Mujer solitaria.

La mejor antología mundial de cuentos actuales de CF

Apareció el Volumen 5 del Apex Book of World SF, serie iniciada en 2009 por el autor israelí Lavie Tidhar, quien editó las primeras tres antologías. Mahvesh Murad, pakistaní, y Cristina Castro, española, editaron la cuarta y quinta, respectivamente.

Entre autores de cinco continentes figuran los mexicanos Silvia Moreno-García, Bernardo Fernández y Nelly Geraldine García.

Cine, televisión

• Aniara (Pella Kagerman, Hugo Lilja, 2018). Filme basado en el poema de 103 cantos Aniara (1957) del novelista y poeta sueco Harry Martinson (1904-1978), premio Nobel de Literatura 1974. La materia poética de Aniara es un trágico vuelo interestelar desviado de su ruta original; narra la desesperación ante la indiferencia cósmica y los extremos, al límite, de nobleza y bajeza del ser humano.

Theodore Sturgeon escribiría en 1964: “El logro de Martinson es de una tristeza inexpresable, inconmensurable”.

• A Quiet Place (John Krasinski, 2018). Ejercicio de terror postapocalíptico, con el ya común tropo inverso al de Annihilation: los alienígenas parecen triunfar, pero la especie humana, en la persona de Emily Blunt, encontrará exactamente de qué pie cojean los extraterrestres y, escopeta de retrocarga en mano, procederá a iniciar su destrucción.

Cygnus (Hugo Félix Mercado, 2018). Película mexicana recién estrenada. El tráiler parece revelar ecos de Contacto de Carl Sagan.

• Doctor Who (Varios directores, BBC, 2018). Para esta exitosa onceava serie, Doctor Who —entidad extraterrestre del planeta Gallifrey— es una mujer, interpretada por Jodie Whittaker.

• Algunas otras películas o series notables de 2018:
Ready Player One
Annihilation
Black Panther
Altered Carbon

Videojuegos

Algún día, no muy lejano quizás, este evento será igual de importante, o más aún, que la entrega de los premios Oscar:

Este año, México no tuvo presencia en el magno evento, aunque ha figurado en otras ocasiones.

Existiendo a plena luz del día, la sociedad hermética más grande de la Tierra, la de los gamers, cuenta hoy con cerca de 2 mil millones de usuarios. Curiosamente, en cuanto al resto de la población mundial, no todos entienden que el hecho mismo de jugar un videojuego equivale, en sí, a un acto, en vivo, de ciencia ficción. (Ver, por ejemplo, Ready Player One y el reino de los gamers que ya está aquí”.)

Los juegos más populares de 2018 no trataban (estrictamente) temas de CF, pero éste (Detroit: Become Human), por ejemplo, sí:

Revistas

• México

Penumbria. Revista fantástica para leer en el ocaso. Más fantasía que ciencia ficción. Bien editada, modelo de posibilidades para creativos nacionales.

—La Revista de la Universidad de México dedicó su Núm. 842, de noviembre, a Utopías y Distopías. Las “paradisiacas” utopías, que no parecen darse realmente en ninguna parte, y las “infernales” distopías, que parecen darse por doquier en nuestro convulso mundo, han sido temas señeros de la CF desde que Platón describió la primera del canon en La República. Este número es una excelente introducción a un tema apasionante, con artículos sobre autores utópicos y distópicos de la CF como Aldous Huxley, J. G. Ballard, Margaret Atwood y otros, así como una utopía feminista del siglo XV de Christine de Pisan, y un destacado texto de Roger Bartra sobre Sinapia, utopía del Siglo de Oro español.

• España

Windumanoth: terror, fantasía y CF.

• Inglaterra

Interzone, longeva y prestigiada revista dedicada a la CF.

•EE. UU

Locus. The Magazine of the Science Fiction and Fantasy Field; también existe Locus Online.

The New York Review of Science Fiction, fundada por el semiólogo Samuel R. Delany (su novela Dhalgren, de 1975, vendió un asombroso millón de ejemplares). Publica cuanto atañe a la CF: arte, narrativa LGBT+, filosofía, historia, etc. Aquí publicó Delany su famoso ensayo “Racism and Science Fiction”.

La CF en México

Para un atisbo a la historia de la ciencia ficción en México, un buen punto de partida es la entrada de la Encyclopedia of Science Fiction. En México, CF, fantasía científica y fantasía a secas parecerían esperar hoy no un verano, sino una primavera.

Las asociaciones del género no duran, hay dispersión entre los aficionados (aunque su número crece día con día, a no dudarlo), los tirajes de publicaciones en papel son bajos y difíciles de encontrar, las publicaciones electrónicas son escasas; contados y doctos cursos universitarios sobre CF y géneros afines no trascienden sus entornos.

Parecería que actualmente buena parte de lo que se crea y publica depende de patrocinios gubernamentales; esto, desde luego, no es negativo per se, pero indicaría la falta de un mercado, de un negocio saludable, de un público proactivo. Un proverbial enanito verde que aterrizara en CDMX y acudiera a librerías preguntando por CF mexicana posiblemente regresaría a su platillo volador con las manos vacías, retomaría su vuelo con rumbo a algún país del G9 o a otros, como Croacia, Nigeria o Nueva Zelanda, donde probablemente correría con mejor suerte al solicitar CF local.

Lo desconcertante es que, aunque tradicionalmente en México se han trabajado los géneros de realismo fantástico, fantasía, y otros afines, a veces, el género, en general, parece un ente fantasmal. Y esa función social de la CF, histórica, esa poderosa influencia positiva, educativa, orientadora de niñez y adolescencia hacia las ciencias, parece haber pasado de noche en nuestro país. (Ver: Electrizante: breve historia de la ciencia ficción rusa y soviética”).

E pur si muove: esta excelente antología representativa, publicada en 2012 en Estados Unidos, Three Messages and a Warning, curiosamente, no ha sido editada en español.

Por otro lado, en 2015, el gobierno de Colima publicó una antología de siete escritoras mexicanas. También, aunque difícil de encontrar en librerías (el tiraje fue de apenas 3 mil ejemplares), está Los viajeros. 25 años de ciencia ficción mexicana (2010), compilación de Bernardo Fernández.

México tiene grandes científicos: Gerardo Herrera Corral y Luis Javier Plata Rosas escriben maravillosamente sobre ciencias, mas no sobre CF. Toca ahora turno, e intentar cambiar esta situación, a una nueva generación de creativos, de la que la autora y crítica Gabriela Damián Miravete parece ser vocera. Una larga aunque esporádica tradición que se remonta al siglo XVII espera los pasos siguientes en este siglo XXI, esa tradición que ubica Primero Sueño de Sor Juana Inés de la Cruz como proto-CF mexicana.

Algo que parecería necesario sería la publicación de un libro equivalente a Historia y antología de la Ciencia Ficción Española (Edición de Julián Diez y Fernando Ángel Moreno, Letras Populares Cátedra, Madrid, 2014). La CF mexicana daría para una paginación similar, poco más de 500 pp., o más. Comentamos, por último, un rescate bibliográfico y un videojuego.

Un cómic mexicano pionero de CF

Mauricio Matamoros Durán ha rescatado las seis historietas de Aníbal 5, escritas por Alejandro Jodorowsky y dibujadas por Manuel Moro, en 1966-67.

Considerando que Aníbal 5 —su modelo fue el actor Jorge Rivero— es un cyborg, realmente fue una producción adelantada a su tiempo. El término cyborg data de 1960, se atribuye a Manfred Clines, y se refiere a un organismo humano con capacidades incrementadas mediante tecnología.

CF en cómic, hecha en México ¡hace 52 años!

Videojuego mexicano del año

Entre otros videojuegos producidos en México, destaca sobre todo Mulaka, una notable fantasía científica basada en mitos tarahumaras, ya disponible para varias consolas. Quizá parte del futuro de la CF mexicana estará en los videojuegos.

En un ambiente enrarecido, esta creación y sus jóvenes creativos representan una bienvenida ráfaga de aire fresco.

Para cerrar

Concluimos esta visita veloz a la punta del iceberg de la CF mundial3 con otra definición: experimentos mentales. En recuerdo de los que hacía Albert Einstein, quien una vez, en Princeton, ante periodistas ansiosos por conocer su laboratorio, sacó su pluma, diciendo que ése era su “laboratorio”, pues lo que realizaba eran thought experiments.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor.


1 Ciencia ficción “dura”: aquella cuyo impulso básico proviene de ciencias “duras”: física, química, biología, geología, astronomía, etc. A su vez podría subdividirse en historias de gadgets (máquinas y su funcionamiento); de extrapolación (proyecciones hacia el futuro con base en conocimientos científicos actuales), y especulativas (en futuros más lejanos, incluyendo universos alternos y ciencias “imaginarias”). CF “blanda o suave”: historias que abordan temas de antropología, sociología, psicología, ciencias políticas, lingüística, teología, etc.

2 Fantasía, incluyendo science fantasy (fantasía científica): narraciones de espada y hechicería, que presuponen la existencia de dragones, de hechos “sobrenaturales”, brujería, mundos feéricos y basados en mitologías, etc.

3 La imparable y comercial necedad y necesidad de etiquetarlo todo en la industria editorial ha llevado a que cuanto hoy cabe bajo el más amplio paraguas de “ciencia ficción” tenga una profusión insana de subcategorías. Para aturdirse a gusto, basta consultar lo que ofrece amazon.

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“I was just doing my job,
 you know.”

La siguiente crónica relata el primer viaje de Stan Lee a México. Su autor sería el Virgilio del genio de Marvel, y en el periplo, salpicado de anécdotas, descubrirá que el creador de algunos de los superhéroes más famosos de todos los tiempos es, en realidad, dos personas.

Stan Lee (1922-2018), en la Phoenix Comicon, 2014. Bajo licencia de Creative Commons.

Corre el año 1996. Stan Lee tiene 73 primaveras. Él está en Los Ángeles, promoviendo el ascenso de sus personajes de historieta a la pantalla chica y grande; yo estoy en el otrora D.F., recién despedido de Editorial Televisa tras el “error de diciembre”, trabajando de free lance. Marvel está editando en Estados Unidos, en inglés y en español, The X-Men Adventures (versión “infantil”), y el programa correspondiente de dibujos animados se transmite aquí en Canal 13. En México, estoy con James Galton (“call me Jim”), presidente de Marvel de 1975 a 1990 —una gestión fenomenalmente exitosa— quien ahora es “embajador” plenipotenciario y supervisor trotamundos de las producciones de Marvel.

Editorial Televisa le da vueltas interminables a la idea de contratar y publicar los títulos de Marvel, algo que podría considerarse inconcebible, ya que son una garantía. Jim me pregunta que si yo puedo encargarme de la producción editorial íntegra de los cómics. Le digo que sí; él sabe que lo hice durante diez años en Novedades Editores. Y lo hacemos de nuevo, en tiempo récord, supervisados administrativamente por James Jacovides (otro “Jim”), egresado de Columbia, con la participación de la distribuidora Intermex (parte del consorcio Televisa pero independiente en tanto distribuidora), y los hoy extintos talleres Procoelsa. Para comenzar, me encargan X-Men Adventures, que ahora ya se imprimirá en México, y preparamos la reaparición del cómic Spider-Man.

Mientras tanto Luis Gantús y Martín Arceo, dos soñadores mexicanos amantes de la historieta, han concebido una pionera Convención de Cómics que, en su tercera edición, CONQUE 96, cambiará para siempre el panorama de los “eventos de cómics” en el país.

Estamos Jim Galton y yo rumiando el panorama general en un hotel de la avenida Campos Elíseos, y de pronto me dice Jim: “¿Qué tal si traigo a Stan Lee a promover las revistas y a la CONQUE?”. Me quedo pasmado, pero debí sonreír. Sin más, Jim levanta el teléfono (línea terrestre) y marca a California. Una secretaria le pasa a Stan. En cuestión de minutos todo queda arreglado. Jim me pasa a Stan. Le pregunto sobre el tipo de hotel en el que le gustaría hospedarse. Stan solo me exige —ya que piensa venir con su esposa Joan— que la habitación tenga dos baños (si no, no viene). Entendido. Over and out. Cada quien regresa a lo suyo.

Jim Galton sigue de trotamundos; andará en Oriente, pero semanas después Jacovides, procedente de NY, y yo, vamos al aeropuerto por Stan, quien finalmente llegará solo. Imposible no reconocerlo en cuanto aparece. Jim no lo conoce en persona, yo tampoco. Nos presentamos. Poco después, en el tráfico capitalino aún razonable de hace 22 años, llegamos al hotel Nikko.

Me toca llevar a Stan a Televisa, al programa matutino de Rebeca de Alba y César Costa. En cuanto llegamos a los estudios de Avenida Chapultepec, César le comenta a Stan algo que me sorprende: como las caricaturas de X-Men Adventures pasan por Canal 13, competencia (encarnizada) de Televisa, quien por su parte trasmite a Spider-Man, le piden a Stan que no mencione ni hable de X-Men Adventures, por favor; (yo no doy crédito ni cobranza, como dice un conocido periodista), y Stan, pues, sonríe.

Llega el momento. A unos metros de distancia, veo a Stan instalarse, como en su casa, con Rebeca y César. En sus manos tiene un fajo de cómics que le di. Lo presentan, en exclusiva: primera visita del genio de Marvel a México, etcétera. A la amable pregunta, “¿What brings you to Mexico, Stan?”, el cataclísmico campeón de creativos del cómic sonríe de oreja a oreja, y alzando y mostrando hacia la cámara ejemplares de la supuestamente proscrita X-Men Adventures, exclama: “¡Vengo a promover X-Men Adventures y Spider-Man!”. Debo reconocer que ni César ni Rebeca parecen pestañear siquiera, aunque Stan hizo exactamente lo que le pidieron que no hiciera, por favor. Yo sonrío. Stan, lobo de mar mediático, está feliz, en su elemento. Nos esperan otras entrevistas, eventos de prensa. Stan parece incansable.

Video de la conferencia íntegra de Stan Lee en la Conque 96. En el podio, de izq. a der: Luis Gantús, Stan Lee y el autor de este artículo.

Al día siguiente inaugurará la CONQUE en las instalaciones del Centro Médico de avenida Cuauhtémoc. En la gran escalinata, Stan va a “detonar” el evento, sumiendo la palanca de un simulado detonador de TNT, al estilo película de vaqueros. Cuando salgo del centro y contemplo la increíble multitud de fans esperando a Stan, se me hiela la sangre, de verdad. Pienso: si este mundo de fanáticos se abalanza hacia nosotros, buscando “un pedazo de Stan Lee”, todos moriremos hoy. Pero viene la “explosión”, la multitud ruge de gusto, la CONQUE queda inaugurada, nada desagradable ocurre, la fiesta inicia.

Otro evento: Stan firma autógrafos. La cola es interminable. Los fans están iluminados. No es para menos. Le conseguí a Stan una docena de plumones especiales, gruesos, los que prefiere para firmar; estoy atento, traduciendo preguntas de los fans y las siempre amables respuestas de Stan The Man. De pronto, los organizadores suspenden la ronda de firmas. Nos retacan a Stan y a mí en un pasillo sin ventilación, con algunas otras personas. Me parece incorrecto, y Stan está visiblemente molesto. Me va a aclarar por qué está molesto, y yo voy a entender algo crucial: comenzaré a entender que Stan es realmente dos personas.

Palabras más, palabras menos, dice Stan: ¿por qué interrumpieron la ronda de firmas? No lo entiendo. Nos encierran aquí, cuando yo podría estar dando tres firmas por minuto. Esos chicos vinieron por mi firma, para ellos es importante, mi firma es algo que van a atesorar. Yo quizás nunca vuelva a México. (Volvería una vez más, hace poco, a la CONQUE resucitada, en Querétaro.)

Pero el detalle es que esto lo ha dicho Stan sin pedantería, sin darse ínfulas; se lamenta porque piensa en los fans, y a mí, “me cae el veinte”: ¡Stanley Lieber ha estado representando a un personaje que se llama Stan Lee! Se preocupa genuinamente por todos los marvelitas de México que se quedarán sin autógrafo, ya que Stan puede extender hasta 150 por hora. (Creo que nunca se explicó aquella misteriosa interrupción). Pero por fin salimos del encierro y viene una conferencia en un auditorio standing room only.

Más tarde, los organizadores quieren llevar a Stan a cenar. Yo sugiero un restaurante al que he llevado a otros ejecutivos extranjeros, y del que nadie se ha quejado. Ellos quieren ir a otro, que yo considero pasado de moda, además lejano, de calidad dudosa. La necedad impera. Ahí vamos, en varios autos, por Insurgentes; a todo mundo le gruñen las tripas.

El joven Jacovides comienza a inquietarse por el viejo Stan: “Me preocupa que Stan esté tanto tiempo ‘on’” (“encendido”). Más claro ni el agua. Stanley sigue jugando el papel de Stan Lee. Como un artista “en el escenario”, está “actuando”, es el centro de todo. Stan me pregunta sobre el menú, comida mexicana, picosa. Finalmente, pedimos tacos de pollo, pero poniendo el ejemplo, le quito la lechuga. Stan igual. Jacovides, aunque más templado a los posibles peligros de la cocina mexicana, hace lo propio.

Al día siguiente, era de esperarse, al creador de Iron Man y Hulk lo fulminó “la venganza de Moctezuma”, estilo hechizo de Doctor Strange. Stan pasará el día y los eventos de la convención a botellitas de agua. Es el último día, y por fin regresamos a cenar al Nikko. Stan pide hablar con el chef. El hombre llega, de blanco, atento. Stan pide espagueti, sencillo, y por favor, hervido con agua purificada. El chef pregunta que si por lo menos espolvorea la pasta con perejil y parmesano. Traduzco: parsley and parmesan cheese. Stan arquea la ceja, reitera: espagueti sin nada, y hervido con agua purificada.

Jacovides y yo cenamos opíparamente, Stan disfruta su espartano espagueti. El creador de The Fantastic Four se relaja, ya no está “on”. Entre bocados, firma una montaña de ashcans de la CONQUE y —ya no recuerdo por qué exactamente— la plática aborda obras musicales de Broadway, de las que Stan es fan. Comento que años atrás tuve que fingir ser “mayor de edad” (me pinté bigotes) para poder entrar a ver West Side Story, y de pronto, Stan y yo estamos cantando “When You’re a Jet”, “I Like to Live in America”, y rememorando otras piezas. Le comento que me encanta My Fair Lady. Cantamos partes de “The Rain in Spain” y de “Get me to the Church on Time”. Confirmado, ya no estoy con Stan Lee, sino con Stanley Lieber. Jacovides sonríe. Comensales cercanos nos miran con discreta reserva. Deben ser un trío de loquitos.

Amanece el último día de la visita. Stan ya no asistirá a la CONQUE, yo organizo el viaje al aeropuerto. Parece que a buen fin no habrá mal principio. Para esto, en México, prácticamente nadie, y menos los fans, están conscientes de que Marvel está a punto de quebrar (por espejismos y errores financieros y editoriales de aquella década). En el taxi, Jacovides y Stan, atrás, chismean sobre cosas que ocurren en Nueva York y Los Ángeles; Stan parece optimista, Jacovides se escucha más preocupado.

Pero entonces, all business, Stan me pregunta cuáles son los personajes de cómic más famosos y amados de México. Ya no es Stanley Lieber: estoy hablando con Stan Lee, editor de editores de cómics. Girando sobre el asiento voy platicando y enumerando algunos éxitos históricos y joyas del cómic nacional, y Stan me pide pequeñas descripciones de los personajes, del tipo de tramas. Recuerdo haber mencionado El Charrito de Oro (aventuras de charros, no cowboys); Los Supersabios (aventuras de tres amigos, de corte “científico”, algo parecido quizá a Metal Men, pero en modo cómico, sin olvidar a Panza, y a su mamá, con el garrote con clavo). Chanoc, “aventuras de mar y selva”; Alma Grande, “el yaqui justiciero” (cowboys); Tawa, versión extrasurrealista de Tarzán, impreso en tinta verde, y también, no podía faltar, El Santo, el enmascarado de Plata, luchador y estrella de incontables cómics y películas. Por último, Kalimán (con la observación de que no es realmente mexicano, sino de origen cubano). No menciono La Familia Burrón, porque ahí no hay nada que Marvel o Dios Padre puedan hacer para mejorarla.

Vamos llegando al aeropuerto. Stan sigue feliz, y me encarga una misión que Jacovides supervisará desde el ángulo administrativo: me pide, ordena o invita a ser cómplice, en lo que sería una aventura editorial de fábula: consigue a la brevedad toda la información necesaria sobre esos títulos que mencionaste, ya sabes, para que Marvel los compre, y luego les damos el “tratamiento Marvel”, para después darles reboot. ¿Estamos? Stan, claro que sí. Faltaba más…

Stan tomará un vuelo a Los Ángeles, Jacovides a New York. Apretón de manos, abrazo. Quedo solo, un poco melancólico, pero sonriendo. En esos tres días conocí a dos personas singulares, cada uno ejemplar en su sencillez y en su calor humano: las dos se llaman Stan, pero uno se apellida Lee y el otro, Lieber.

Aquella fábula editorial nunca se dio. Nunca sabremos qué habrían hecho Stan Lee y Marvel con Chanoc, los Supersabios, El Charrito de Oro o El Santo. En 1998, Marvel entraría en bancarrota; como a todos los editores extranjeros de Marvel, me llegaría la gruesa copia del oficio Chapter 11 Bankruptcy. Marvel va a venderse en pedazos, pero finalmente financieros previsores la rescatan. Son estertores del siglo XX. Todo cambia en Nueva York, pero Stan sigue en LA. Con ejemplar tenacidad, Marvel acabará resucitándose a sí misma, y hoy, adquirida por Disney en miles de millones de dólares, pinta como la franquicia de entretenimiento más exitosa de la historia. Si a una sola persona se debiera este éxito, es a Stan Lee. Si en música, en la década de los 60, un cuarteto de Liverpool insertó al rock y al pop en la mainstream culture, Stan lo hizo para el cómic.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor.

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El domingo 4 de noviembre de 2018 se cumplieron cien años de la muerte de Wilfred Owen, el arquetípico poeta inglés de la Gran Guerra. En una ironía devastadora, Owen murió en combate a los 25 años de edad, exactamente una semana antes del día del armisticio. Para recordarlo, ofrecemos una nueva traducción de “Dulce et Decorum Est”, su poema mayor, que retrata como ningún otro la brutalidad de esa guerra, de todas las guerras.

Sobre todo, este libro no se ocupa de Poesía. El tema es la Guerra, y la
compasión de la Guerra. La Poesía está en la compasión.
—Wilfred Owen, prefacio de un libro póstumo de poemas

Es inmensamente triste contemplar lo que Owen hubiera escrito si no
hubiera muerto sobre el campo de batalla.
— Harold Bloom

Wilfred Owen (1893-1918), impresión que acompañaba su libro de poemas de 1920.

 

En 1914, mientras en México la Revolución que había estallado en 1910 entraba en una nueva fase con la renuncia de Victoriano Huerta el 15 de julio, en Europa, el día 28 del mismo mes, comenzaba la “guerra para acabar con todas las guerras”. Se calcula que en la Revolución mexicana, entre 1910 y 1920, perecieron un millón de personas. Se estima que en el conflicto de 1914-1918 murieron 37 millones de seres humanos, entre combatientes y civiles. Para bien, para mal, rituales de sangre, horrores de la Historia, marcarían el inicio del siglo XX.

Pero, hablando de poetas, en 1913, en México, Ramón López Velarde comenzaba a publicar poemas que pronto integrarían La sangre devota (1916), alentado por José Juan Tablada. En Europa, Wilfred Owen —inspirado en Keats— escribía sus primeros versos, Minor Poems-in Minor Keys-by a Minor, mientras trabajaba como maestro cerca de Burdeos.

En 1915, habiendo estallado la guerra, Owen se alistó en el regimiento Artists Rifles —creado para escritores, pintores y creativos en general— y conoció ese mismo año la infernal degradación humana de la guerra de trincheras. Herido en una caída cuando buscaba a un compañero perdido, y luego afectado por neurosis de guerra, Owen acabó en un hospital en Escocia, donde trabó amistad con otro poeta, ya reconocido, también convaleciente, Siegfried Sassoon. Alentado por éste, Owen revolucionaría su estilo y su concepción de la poesía. Regresó a filas en agosto de 1918 como comandante de una compañía. Sería condecorado en octubre con la Cruz Militar, por actos de valentía, aunque la poesía que publicaba para entonces era antibélica: una denuncia compasiva de la crueldad de la guerra y del desperdicio sin sentido de tantas vidas. Owen creía, no equivocadamente, que el conflicto estaba por terminar. Pero fue herido mortalmente por una ráfaga de ametralladora alemana mientras encabezaba una incursión para cruzar un canal en el norte de Francia. Una semana después, en Shrewsbury, sus padres, Susan y Tom Owen, recibieron el telegrama de oficio informando de la muerte de su hijo, precisamente mientras tocaban las campanas del pueblo, festejando la firma del armisticio.

Su poema más famoso, “Dulce et Decorum Est”, toma su título de versos del poeta latino Horacio: Dulce et decorum est por patria mori: Dulce y decoroso es morir por la patria.

Hoy, quienes se acerquen a este poema quizás ignoren que tuvo varias versiones, y que, originalmente iba dirigido a una persona en particular: la periodista y versificadora inglesa Jessie Pope, muy popular durante la Gran Guerra por sus aleluyas belicistas. Pope alentaba a los jóvenes a alistarse, chantajeaba sus ánimos con consignas patrioteras, les ofrecía a los pacifistas la pluma blanca —símbolo de cobardía—, pero nunca mencionaba los horrores, ni la carnicería insensata de la guerra.

Jessie Pope y la portada de uno de sus libros.

Owen conocía de sobra las pesadillas del frente; por eso, en su primera versión, “Dulce et Decorum Est” iba dedicado a Jessie Pope. Posteriormente se publicó, dedicado “A cierta poetisa”, y a la postre, sería publicado sin dedicatoria alguna.

Soldados ingleses con varias máscaras de gas utilizadas en el Western Front. El episodio que narra el poema de Owen—un bombardeo con mortífero gas de cloro que cayó detrás de las líneas inglesas— ocurrió el 12 de enero de 1917.

Ofrecemos a continuación dos poemas de Jessie Pope, contrastando con la célebre réplica de Gilbert Owen.1

Poemas de ambos pueden leerse en inglés en Poem Hunter y Poetry Foundation.

§

JESSIE POPE

¿Quién le entra al juego?

¿Quién le entra al juego, el más grande que se juega,
El tremendo juego rojo de una pelea?
¿Quién enfrentará y cumplirá la faena sin miedo?
¿Y quién piensa que sería mejor quedarse sentadito?
¿Quién obedecerá las reglas esperando la señal de ‘¡Adelante!’?
¿Quién le tenderá una mano a su país?
¿Quién quiere asegurar su turno en el espectáculo?
¿Y quién quiere un asiento en las gradas?
¿Quién sabe que no será un picnic —no mucho—
Pero con entusiasmo carga rifle en bandolera?
¿Quién preferiría mucho más regresar con una muleta
Que mantener perfil bajo y perderse la diversión?
Vengan ya, muchachos —
Ya saldrán bien de ésta —
Porque sólo hay un camino a seguir,
Su país está hasta el cuello en una pelea,
Y los busca y los llama a ustedes.

 

El llamado

¿Quién se apunta para la trinchera-
Tú, mi chamaco?
¿Quién seguirá al francés-
Lo harás tú, mi chamaco?
¿Quién se impacienta por comenzar,
Quién va a salir a ganar?
¿Y quién quiere salvar su pellejo-
Tú, mi chamaco?

¿Quién se apunta para el traje caqui-
Tú, mi chamaco?
¿Quién ansía ir al ataque y disparar-
Tú, mi chamaco?
¿Quién quiere estar en buena condición,
Quién se propone mostrar su temple,
Y quién más bien preferiría esperar un poco-
Tú, mi chamaco?

¿Quién se ganará el agradecimiento del Imperio-
Lo harás tú, mi chamaco?
¿Quién engrosará las filas del vencedor-
Lo harás tú, mi chamaco?
Cuando venga esa procesión,
Estandartes y tambores redoblando-
¿Quién de pie se morderá los pulgares-
Serás tú, mi chamaco?

§

WILFRED OWEN

Dulce et Decorum Est

Encorvados, como viejos mendigos bajo costales,
Patizambos, tosiendo como arpías, maldiciendo cruzamos lodo,
Hasta que a las bengalas perseguidoras les dimos las espaldas,
Y hacia nuestro lejano descanso nos fuimos arrastrando.
Hombres marchaban dormidos. Muchos habían perdido sus botas,
Pero cojeaban, calzados con sangre. Todos iban rengos, todos ciegos;
Borrachos de fatiga; sordos incluso a los silbidos
De obuses de gas cayendo suavemente atrás.

¡Gas! ¡GAS! ¡Rápido, chicos!—Un éxtasis de torpeza
Poniéndose las toscas máscaras justo a tiempo;
Pero alguien seguía gritando a voz en cuello y tropezando,
Y debatiéndose como un hombre entre fuego o lejía.—
Borroso a través de los vidrios nublados y gruesa luz verde,
Como bajo un mar verde, lo vi ahogándose.

En todos mis sueños sin remedio ante mi vista,
Se hunde hacia mí, escupiendo, asfixiándose, ahogándose.

Si en algunos sueños sofocantes, tú también pudieras caminar
Detrás de la carreta donde lo echamos,
Y vieras los ojos blancos retorciéndose en su cara,
Su cara colgante, como la de un diablo enfermo de pecar;
Si pudieras escuchar, con cada sacudida, la sangre
Brotar gargajeando de los pulmones corrompidos por espuma,
Obscena como cáncer, amarga como el bolo
De viles, incurables pústulas sobre lenguas inocentes,—
Amiga mía, no les contarías con tan alto gusto
A niños ardiendo por alguna gloria desesperada,
La vieja Mentira: Dulce et decorum est
Pro patria mori.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor.


1 Owen, con Sassoon, su mentor, fueron solo dos de muchos poetas de la Gran Guerra. Entre ellos, Rupert Brooke (llamado años después por W.B. Yeats “el joven más apuesto de Inglaterra”) destacó en operaciones militares en Amberes, y murió a los 27 años, en 1915, rumbo a Gallipolli, por una sepsis derivada de un piquete de mosquito infectado. Isaac Rosenberg, pintor y poeta, murió a los 27 años durante un patrullaje nocturno, el 1º de abril de 1918. Edward Thomas pereció en combate, a los 39 años, en la Batalla de Arras, Francia, en 1917. Siegfred Sassoon fallecería a los 80 años, en 1967. Jessie Pope dejó este mundo en 1941, con 73 años. Hoy se le recuerda preferentemente por el apoyo innegable y combativo que le brindó a las sufragistas de su país (la mujer inglesa ganó el derecho a votar en 1928), pero es repudiada por sus malos —aunque muy populares— versos belicistas.

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Desde tiempos bíblicos, las inundaciones y las sequías han sido materia de la fábula. Por supuesto, la ciencia ficción ha encontrado en estos (y otros) desastres un pretexto para crear obras tan perturbadoras como proféticas. A propósito del megacorte de agua que secará la capital durante los siguientes días, compartimos este repaso de tintes apocalípticos.

 

Miles de personas han sobrevivido sin amor; ninguna sin agua.
W.H. Auden

Si hay magia en este planeta, está contenida en el agua.
Loren Eiseley

No les mandé la lluvia cuando faltaban tres meses para la cosecha, o 
bien hice llover sobre una ciudad y mantuve en la otra la sequía;
unos campos se regaron con la lluvia, pero otros, faltos de agua, se secaron.

Amós 4:7

 

Parafraseando la célebre frase de Hamlet en la brillante traducción de Tomás Segovia: “Ser o no ser, de eso se trata”,los habitantes de la Ciudad de México podrán experimentar lo que es Tener o no tener… ¡agua!, y acaso entender la importancia de que de eso se trata —el agua es vida— en una probadita de un auténtico evento distópico, una suerte de escenario de ciencia ficción inédito en la otrora región más transparente del aire que, irónicamente, hace apenas 500 años fue una zona de lagos que abarcaba más de dos mil kilómetros cuadrados.

Desecación de la tierra en Sonora.
© Tomas Castelazo, www.tomascastelazo.com / Wikimedia Commons.

Quizás ahora más que nunca, en este puente tradicional —y árido— de Día de Muertos, haremos conciencia cabal de la triste contradicción entre el habitante de una colonia popular que camina kilómetros con un recipiente para conseguir unos litros de agua para beber, y aquel otro que desperdicia cientos (o miles) de litros lavando su auto cuando podría hacerlo con unas pocas cubetas.

¿Será en estos días sequerosos cuando recordaremos que, aunque el agua cubre tres cuartas partes de la superficie del planeta, realmente el agua potable representa solo el 3% de la totalidad del líquido planetario, y que de ese porcentaje, dos terceras partes se encuentran congeladas en los polos?

Apocalipsis (cuadro de Albert Goodwin, 1903); en la ciencia ficción, un apocalipsis puede resultar de causas naturales terrestres, por acciones de alienígenas o, sobre todo de 1980-90 a la fecha, por causas o errores de la especie humana.

Aparece la ficción climática

A propósito del cambio climático, cabe mencionar que hace algunas décadas, imitando la abreviación Sci-Fi (por science fiction) se acuñó el término Cli-Fi, abreviación de climate fiction (ficción climática). Adoptado pronto por exitosos especialistas en distopías literarias como Margaret Atwood, el novel género de ficción especulativa ya es objeto de una controversia que busca separarla de la ciencia ficción propiamente dicha, clasificándola como ficción literaria a secas.

Sea como sea, desde su nacimiento oficial en el siglo XIX —con Frankenstein, de Mary Shelley, según Isaac Asimov—, y hasta la fecha, la ciencia ficción se ha ocupado de la relación entre la especie humana y la naturaleza, sin que falten historias sobre la abundancia o la escasez de agua, aunque al parecer con preferencia por las primeras. De hecho, desde hace milenios, los textos más antiguos de la humanidad se han ocupado de las mismas historias. En La Biblia, poco después de la creación del mundo, llegó el diluvio al que sobrevive Noé con su arca; y más de mil años antes, en Mesopotamia, el sabio Utnapishtim enfrentó en la Epopeya de Gilgamesh otra inundación global provocada por el elemento que ahora faltará en la capital mexicana, donde el gobierno citadino confirmó en estos días que el 40% del agua se pierde en fugas, sin hablar del desperdicio ciudadano.

Si en La Biblia hay un solo diluvio y muchas sequías posteriores, hoy en día, cada año, tenemos diluvios más catastróficos en temporadas de huracanes, y terribles sequías se pronostican en el futuro inmediato del planeta.

Catástrofes, calamidades, cataclismos: todas son devastaciones, aunque el DLE, en su segunda y tercera acepción de “cataclismo”, informa que el término alude a un gran “trastorno en el orden social o político”, o bien a un “disgusto, contratiempo, suceso que altera gravemente la vida cotidiana”. Algo que en la Ciudad de México tendremos más o menos entre cinco y ocho días para meditar.

Tres tipos de catástrofes

En el desarrollo histórico de la ciencia ficción se narran básicamente tres tipos de catástrofes. Aquellas producidas por fenómenos naturales de la Tierra, planetarios o cósmicos. Le siguen las causadas por intervenciones —hasta ahora imaginarias— de seres alienígenas. Por último, tenemos las que resultan de la actividad humana. En años recientes, ya en pleno Antropoceno,1 estas catástrofes han sido tema importante en la ficción especulativa, más que las primeras dos.

Un ejemplo clásico de la catástrofe natural es el cuento “La estrella” (1897), de H.G. Wells, en el que el paso de una estrella vagabunda, aunque a enorme distancia de la Tierra, altera la vida humana en el planeta, casi destruyendo a la humanidad y obliterando la civilización. Otro ejemplo, pero de una alteración irreversible creada por el ser humano —que finalmente no se da— sería El secreto de Maston o Sin arriba ni abajo (1899), novela de Julio Verne en la que los personajes buscan enderezar el eje del planeta —motivados por intereses de lucro— disparando un monstruoso cañón hacia la luna.

Ilustración original de la novela: el interior del inmenso cañón construido en la montaña Kilimanjaro.

Y ya que estamos con Julio Verne, hablemos sobre algunas abundancias de agua primero, y sobre varias sequías apocalípticas después, siguiendo este breve recorrido temático.2

Abundancias de agua

La invasión del mar (1905), último de los Voyages Extraordinaires publicados en vida de Verne, habla de un magno proyecto para crear un mar tierra adentro en el Sahara. Basada en hechos reales y en un personaje histórico, François Élie Roudaire (amigo de Ferdinand de Lesseps, quien concibió el Canal de Suez), en la novela el portentoso proyecto de ingeniería —considerado con toda seriedad en su momento— se ve frustrado cuando la naturaleza misma se le adelanta a los humanos vía un terremoto titánico que le abre el paso a las aguas mediterráneas, creando así el mar en el Sahara.

The Kraken Wakes (1953), de John Wyndham —el más popular autor inglés de ciencia ficción de la posguerra—, relata la aparición de colonias de alienígenas en el fondo del mar, seres que con tecnología superior derriten los casquetes polares e inundan al mundo, buscando librarse de la molesta y engorrosa especie humana para poder utilizar el planeta a sus anchas. En esta novela del también autor de El día de los trífidos (1951), la humanidad vence a duras penas al enemigo extraterrestre y sobrevive.

Muy diferente es The Drowned World (El mundo sumergido), de 1962, de otro autor inglés, J. G. Ballard, obra en la que el calentamiento global derrite los hielos polares provocando inundaciones fatales. En una Nueva York sumergida, los protagonistas entienden que no habrá solución en el corto plazo —es decir, miles de años—, y se pierden en demencias, belicismo o resignaciones existenciales que equivalen a acciones suicidas. Cuando la humanidad desaparezca, tocará turno al imperio de otras especies.

Escaseces de agua, catástrofes ecológicas

En Interestelar (2014), de Christopher Nolan, una sequía devastadora obliga a la humanidad a buscar nuevos mundos entre las estrellas.

Además de algunas obras clásicas sobre sequías, incluimos aquí algunas que, sin tener que ver estrictamente con la falta de agua, resultan pertinentes por hablar de otros tipos de desastres naturales que afectan irremediablemente a la especie humana.

J. J. Connington, seudónimo del químico inglés Alfred Walter Stewart, nos legó Nordenholt’s Million (1923), novela sobre una bacteria que elimina el nitrógeno, causando así una eco-catástrofe que acaba con la agricultura mundial. The Death of Grass (1956) de John Christopher, recorre un tema parecido, cuando un virus mata todo el pasto y las plantas gramíneas del planeta.

Charles Eric Maine ofreció en 1958 The Tide Went Out (Se fue la marea), mejor conocida como Thirst! (¡Sed!), novela en la que cambios geológicos crean fisuras abismales en la corteza terrestre por las que toda el agua de la superficie comienza a escurrirse hacia las entrañas del planeta. Obviamente, lo que se desata es un sálvese quien pueda global en el que impera la ley del más astuto, voraz, y despiadado.

Más recientemente, Dust (1998) de Charles Pellegrino, narra otra eco-catástrofe, cuando los insectos de la tierra, en especial las polinizadoras abejas, comienzan a desaparecer misteriosamente, con aterradoras consecuencias alimentarias a nivel mundial.

George R. Stewart, historiador y especialista en toponimia, —a él le debemos el uso de nombres propios para designar huracanes— nos dejó Earth Abides (La Tierra permanece), de 1949, cuyo título proviene de Eclesiastés 1:4, “Se va una generación y viene otra, pero la tierra permanece siempre”. Es una de las más perdurables novelas de fantasía y ciencia ficción postapocalíptica, pionera de la denuncia ecológica, que hace hincapié en el hecho de que el hombre no tiene un lugar privilegiado sobre el planeta: cuando una epidemia viral casi extingue a la humanidad, Isherwood William, estudiante de geografía, se da cuenta de que no solo hay que reconstruir desde cero la sociedad, sino al mismo ser humano, desde su ética y su moral, hasta su tecnología; oscilando entre salvajismo y superstición, el hombre revierte el uso del arco y la flecha, y el martillo se convierte en un portento de prodigio tecnológico. Supuestamente este es el libro favorito de Jimi Hendrix, en el que el legendario guitarrista se habría inspirado para componer “Third Stone from the Sun”.

The Sheep Look Up (1972), de John Brunner, borda sobre polución y destrucción del equilibrio ecológico, con el siniestro agregado de que la malevolencia es perpetrada intencionalmente por consorcios internacionales para proteger sus ganancias y desestabilizar gobiernos. Se dice que la novela ha inspirado acciones del ELF (Frente de Liberación de la Tierra, por sus siglas en inglés), organización supuestamente defensora de la ecología. En noviembre de 2008, y después en 2009, una asociación similar, o derivada, se atribuyó algunos actos considerados vandálicos en el extinto D.F., contra el Metro, en la UNAM y también en Guadalajara, usando bombas molotov. En Estados Unidos, el FBI los considera eco-terroristas.

Sobre este tema, Michael Crichton ya había publicado State of Fear (Estado de miedo, 2004), una polémica novela que pone en duda algunas nociones sobre el cambio climático, y que centra su mecanismo de suspenso en un grupo de eco-terroristas que persiguen fines de lucro, y en el también multimillonario negocio de la ecología militante.

La obra más significativa sobre la escasez de agua es probablemente The Drought (La sequía), también conocida como The Burning World (El mundo ardiente), de 1964, del ya mencionado autor inglés J. G. Ballard, figura señera y controversial de la New Wave, que comenzando en Inglaterra, renovó en los años 60 y 70 la ciencia ficción en el mundo de habla inglesa.

Fue la novela que cimentó la fama de J. G. Ballard, autor que muchos consideran detestable, repulsivo, delirante o… demasiado perspicaz; un escritor que nunca olvida la subconsciencia de sus personajes.

En The Drought, una de cuatro novelas apocalípticas escritas en sucesión por Ballard, obra cada vez más inquietantemente premonitora, la polución industrial radioactiva de los océanos interrumpe el ciclo de evaporación-precipitación del agua —en otras palabras, simplemente ya no llueve— lo que resulta en una sequía mundial progresivamente devastadora.

J. G. Ballard —quien como Kafka ya tiene un adjetivo derivado de su apellido: ballardiano— es específico: la capa contaminante es una vastísima barrera de “átomos de espesor” sobre la superficie de los mares, compuesta por polímeros saturados de cadena larga que impiden la evaporación de las aguas oceánicas. Lo que viven los protagonistas de la novela, durante un lento éxodo hacia el mar “bloqueado” —la única agua que pronto quedará sobre la Tierra, y que tendrá que destilarse— es la destrucción de la civilización en cámara lenta en una espiral descendiente e imparable hacia la locura, el canibalismo, las masacres masivas y los delirios supersticiosos y religiosos.

En La sequía, el cuadro “Jours de Lenteurs” (Días de lentitud) del pintor surrealista francés Yves Tanguy representa para el médico que narra la historia el mundo infernal del que ha desaparecido el agua potable.

Al día de hoy

La sequía nos recuerda que en este año 2018 se detectaron masas flotantes de desechos plásticos, con dos veces la superficie de Francia, recorriendo el Océano Pacífico, con similares acumulaciones en el Atlántico, Centroamérica, África, etcétera.

Probablemente el cambio climático es el problema más acuciante que enfrenta la especie humana. De ahí el creciente número de autores de ciencia ficción que hoy escriben directa o tangencialmente sobre el tema, como el estadounidense Kim Stanley Robinson, la inglesa Jeanette Winterson, la finlandesa Emmi Itäranta o el notable escritor chino Cixin Liu, ingeniero experto en hidroelectricidad y autor de la trilogía Remembranza del pasado de la Tierra, que inicia con El problema de los tres cuerpos (2008). Punto de partida de este gran trío de novelas son las catástrofes ecológicas —y las hambrunas genocidas— de la Revolución Cultural china, y el recordatorio del libro pionero de denuncia ecológica Silent Spring (1962), de Rachel Carson. Por otra parte, de manera inédita en la historia de la ciencia ficción, Cixin Liu, en un deslumbrante ejercicio de “astro-sociología”, aplica el materialismo histórico marxista a la posibilidad del desarrollo de vida en otros planetas, y a preocupaciones ecológicas terrestres y extraterrestres. Un tour de force que ha colocado a China a la vanguardia de la ciencia ficción mundial.

Atisbos del apocalipsis

Muchos científicos consideran que nuestro planeta solo puede soportar razonablemente una población de dos mil millones de seres humanos; ya somos más de siete mil millones (y contando). Las soterradas y no tan soterradas guerras por el agua comenzaron hace tiempo, y las sequías y devastaciones forestales irrefrenables, resultado de la contumaz imbecilidad y codicia humanas —diría el profético Aldous Huxley— avanzan cada día a saltos kilométricos en distintos puntos de los cinco continentes.

Quizás, como ha dicho algún bromista cósmicamente escéptico, lo que sucede es que, salvo las proverbiales excepciones que podrían confirmar la regla, en realidad no hay vida inteligente sobre la Tierra. O como comenta en una tira cómica el célebre personaje Pogo de Walt Kelly: “Hemos topado con el enemigo, y es nosotros”.

La coyuntura en que nos encontramos fue tema de un laureado documental-ficción de 2009, The Age of Stupid (La era de la estupidez). Fue estrenado con bombo y platillo en buena parte del mundo, y sigue exhibiéndose a través del sistema Indie Screenings, pero hoy, a juzgar por los escasos views que tiene en YouTube, parecería que el mundo ha decidido ignorarlo, quizás por la inquietante y científicamente explicada realidad que presenta.

En este laureado filme, el narrador Peter Postlethwaite no deja de preguntarse, retrospectivamente, desde el año 2055: “No lo entiendo. ¿Por qué no nos salvamos cuando pudimos hacerlo?”

Cada día, la realidad nos advierte que aquello que imagina la ciencia ficción está cada vez más cerca de materializarse. Ante esta perspectiva cabe preguntarse: ¿Servirá de algo el histórico megacorte de agua en la capital mexicana? ¿Hará sonar alarmas en la conciencia de sus ciudadanos? ¿O seguiremos desperdiciando el vital líquido con singular alegría y despreocupación?

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor.


1 Nuestra propia era geológica, término acuñado por Eugene F. Stoermer en los años 80 y popularizado a partir del 2000 por el Premio Nobel de Química Paul Crutzen.

2 De cientos de obras que directa o indirectamente tratan estos temas, comentamos aquí solo un puñado de ellas, sobre todo de la ciencia ficción europeo-estadounidense. Pero, obviamente, conforme otras naciones y culturas han ido llegando a sus propias revoluciones industriales —condición para el nacimiento del género literario de la ficción científica—, en ellas se han dado incontables historias sobre Homo sapiens, sus ciencias y la estrecha relación entre humanos y su entorno terrestre, planetario y cósmico.

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La única novela de Carl Sagan, Contacto, planteó desde 1985 no solamente el problema de nuestra recurrente necesidad de buscar más allá de la Vía Láctea; también abrió paso a un firme personaje que encarna la igualdad de género en las ciencias, inspirado, en parte, nada menos que en Sor Juana Inés de la Cruz.

¿Cuál es la verdad definitiva sobre nosotros mismos? Varias respuestas se sugieren por sí solas. Somos una pizca de materia estelar errada. Somos maquinaria física —títeres que se pavonean y hablan y ríen y mueren mientras la mano del tiempo jala los hilos por debajo. Pero hay una respuesta elemental, ineludible. Somos aquello que plantea la pregunta. Cualquier otra cosa que pudiera haber en nuestra naturaleza, responsabilidad hacia la verdad es uno de sus atributos.
—Sir Arthur Eddington

 

Ya sea por la aparición de bacterias detectadas en algún asteroide que cruza nuestro sistema solar, un mensaje de radio llegado de las estrellas, el arribo de una portentosa “nave madre” alienígena en plan de hermandad cósmica o con insaciable sed de conquista, rapiña y destrucción, seguimos esperando ese primer contacto con inteligencias extraterrestres.

Siempre nos quedarán los libros

Como consuelo, y mientras llega la prueba, acaso incontestable, de que no estamos solos en el cosmos, nos queda la ciencia ficción. Sobre todo, la llamada ciencia ficción “dura”, para muchos la única verdaderamente valiosa, casi siempre escrita por científicos. Dentro del subgénero “primer contacto”, que a estas alturas abarca miles de cuentos, novelas, películas, series, etcétera, destaca, más allá de su evidente título, la mítica novela Contacto (1985). Con una nueva edición en español publicada este año en México,1 Contacto es la única novela de Carl Sagan (1934-1996), el legendario astrónomo, astrofísico, director de Estudios Planetarios de la Universidad de Cornell y ganador del Premio Pulitzer; y quizás el más connotado divulgador científico estadounidense de fines del siglo pasado.

Edición de Nova (Random House México), publicada en México en marzo de 2018

Para 1985, Sagan había sido creativo partícipe, vocero y motor mediático de la inclusión de la placa pictórica e informativa en los vehículos espaciales Pioneer 10 (1972) y Pioneer 11 (1973), así como del Disco de Oro que llevan las dos sondas espaciales Voyager 1 y 2 (1977). Voyager 1 dejó atrás el sistema solar rumbo al espacio profundo en 2012, y viaja ahora a más de 18,600 millones de kilómetros de la Tierra. Placas y disco llevan información para ubicar nuestro planeta y muestras de nuestras ciencias, artes y lenguas; son cartas abiertas de la humanidad al cosmos, sin destinatario declarado. Otros intentos de contacto.

Ilustración de la placa Pioneer, fuente: Wikimedia

Un bestseller ochentero

Contacto ocupó el sitial siete de las novelas más vendidas de 1985 en Estados Unidos, desquitando con creces el adelanto de dos millones de dólares que recibió el autor. Concebida inicialmente como un guion cinematográfico en 1979, escrito por Sagan y por su tercera esposa, Ann Druyan, autora y productora especializada en comunicación científica, Contacto no prosperó bajo ese formato y Sagan decidió convertirlo en novela. Llegó finalmente al cine en 1997, dirigida por Robert Zemeckis, con Jodie Foster en el papel estelar.2

En minúscula nuez, la trama de la novela Contacto, ambientada en 1999, es la siguiente: Eleanor “Ellie” Arroway,3 doctora en radioastronomía especializada en SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence), detecta un mensaje real proveniente de la estrella Vega, a 25 años luz de nuestro planeta, que contiene un complejo instructivo para la construcción de una máquina. Se ignora para qué servirá “La Máquina”, pero obviamente es producto de una civilización tecnológica miles de años más adelantada que la nuestra. Tras inversiones estratosféricas, la máquina queda concluida. Servirá para que cinco pasajeros —científicos de élite, entre ellos Ellie— viajen a lo desconocido. La máquina los transportará a través de un agujero de gusano a la estrella Vega, a la simulación de una playa terrestre, donde cada viajero tendrá una experiencia trascendental, en la que se manifiesta una civilización con alcances extragalácticos y, más aún, la existencia de una “mente universal” —ecos de Olaf Stapledon y de Arthur C. Clarke, por mencionar solo a dos autores que han tratado temas similares.

Contacto aún tiene relevancia, no tanto por lo que ha ocurrido o no en el espacio exterior, sino por su clara visión de problemas que siguen aquejando a la humanidad —dolorosos, desalentadores, desesperantes y en crecimiento exponencial— aquí, en la Tierra. La mejor ciencia ficción, aunque esté ambientada en otro tiempo, otra dimensión, trata siempre del ahora y de la condición humana, de nuestras reacciones, reales o imaginarias, ante nuevos descubrimientos, tecnologías, situaciones sociales, cambios de paradigmas.

Una Sor Juana espacial

En este marco, Contacto sigue destacando por su explicación del desarrollo de la mente de un científico, o mejor dicho de una científica. El autor centra la mirada en Eleanor, su álter ego, protagonista que le sirve para plasmar su convicción en la igualdad de género en las ciencias: describe minuciosamente las dificultades que enfrenta una mujer que aspira a sobresalir, ya que, milenariamente, el quehacer científico ha sido un territorio casi exclusivo del género masculino. El primero de dos epígrafes del Capítulo 2 (“Luz coherente”) es de Sor Juana Inés de la Cruz, un extracto de su carta al obispo de Puebla. Rematando el epígrafe, el autor explica que el obispo “había atacado su trabajo erudito considerándolo inapropiado para su sexo”. Ésta es la traducción que ofrece Contacto:

Desde que tengo uso de razón, mi afición por el aprendizaje ha sido tan intensa y vehemente que ni siquiera las recriminaciones de otras personas —tampoco mis propios reproches— me impidieron seguir esta inclinación que Dios me dio. Solo Él conoce el porqué, y también sabe que le he implorado que me quite la luz del discernimiento, que me deje únicamente la necesaria para cumplir con su mandato ya que, según algunos, todo lo demás es excesivo para una mujer. Otros afirman que hasta es pernicioso.4

Carl Sagan no pudo encontrar un mejor ejemplo de la lucha histórica de la mujer por ejercer libremente la búsqueda del conocimiento. La cita de Sor Juana encabeza el capítulo que narra el despertar de Ellie a los misterios, fascinaciones y matemáticas del cosmos. Hay además un detalle sutil en la novela que probablemente escapa al lector: Sor Juana escribió que leía desde los tres años. Ellie también ya lee a esa edad. Sagan es “Ellie” y “Ellie” es una suerte de Sor Juana de la era espacial, imparable en su búsqueda del saber, librando una batalla continua contra la oposición masculina, desde la escuela primaria. Al final, emerge victoriosa. En el pasaje que describe su ingreso a Harvard, Ellie descubre que no existe una palabra equivalente a misógino para describir a una mujer a quien no le simpatizan los hombres.

La novela acertó en estas extrapolaciones políticas. Por mencionar algunos ejemplos: el Poder Ejecutivo en Estados Unidos es detentado por una mujer, situación que casi se dio hace dos años, y que para 1985 era prácticamente impensable. Y otro más: Carl Sagan, agnóstico declarado, creó como antagonistas de Ellie —quien no es realmente atea, sino más bien una ferviente científica— a un par de predicadores (el principal es Palmer Joss) asesores en materia de religión de la presidencia estadunidense. A través de Ellie, Sagan prosigue en la novela el diálogo que llevó siempre con la sociedad sobre religión y ciencia, y al que dedicó un libro en especial, The Demon-Haunted World, arremetiendo contra manifestaciones de pensamiento irracional.

Las ramificaciones que parten de la historia central de Contacto son múltiples: los arsenales nucleares, la devastación ecológica, la carrera espacial, las crisis políticas, la inestabilidad económica mundial, la inercia de los complejos militares-industriales, los choques de ideologías, el populismo y el racismo, la igualdad de género, el fundamentalismo religioso, la influencia y manipulación política de las instituciones religiosas, etcétera. Todo es abasto para el molino de Sagan, de manera que el libro está plagado de referencias a pensadores, filósofos, artistas y científicos (Rudolf Otto, Carl Jung, Sor Juana, Bertrand Russell, entre otros).

Un viaje de 24 pasos

Al igual que los 24 cantos de la Odisea, Contacto consta de 24 capítulos. Durante los álgidos debates en torno a la construcción de “La Máquina”, y a la posibilidad de que sea un Caballo de Troya extraterrestre, un político soviético afirma: “conocemos a nuestro Homero”.

La Odisea es un nostoi, una historia de regreso. Quizá podríamos ver en Contacto un aliento parecido. Pero si Odiseo regresa a Ítaca, ¿a dónde regresan Ellie o bien la totalidad de nosotros, Homo sapiens, ahora, al fin, representados por una científica? ¿Cuál sería la Ítaca de Carl Sagan? Quizás el autor invita a la humanidad a regresar del punto de crisis en el que estamos ahora —del tipping point de la teoría de las catástrofes—, a un imperio posible de razón y cordura, o a crear esa posibilidad, aunque nunca llegue “El Mensaje”, o esa visita de alguna civilización cósmica avanzada a nuestra insignificante tercera piedra girando, pálido punto azul en un extremo de la Vía Láctea, en torno a la estrella que llamamos “Sol”. Porque “si no nos destruimos”, como tantas veces dijo Carl Sagan, algún día, entonces, el Homo sapiens podría viajar a las estrellas sin exportar hacia ellas la irracionalidad de la especie humana, siguiendo, para bien o para mal, los pasos de la sonda Voyager, nuestro solitario heraldo.

Por ahora, sin abandonar la conquista y el necesario conocimiento del espacio, la prioridad para la humanidad es “no destruirnos”. En la novela Contacto, Miss Arroway encuentra la paz y entiende la razón de su existencia en una revelación final, matemática, de la suprema inteligencia cósmica. Entiende que si bien siempre será deseable, ya no es indispensable ir hacia las estrellas. Esta es, en parte, la frágil esperanza, la frágil felicidad que siempre deseó Carl Sagan para quienes habitamos este planeta.

Carl Sagan, en un video único en la historia de la humanidad.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor.

 

Bibliografía

—Carl Sagan, Contact, Pocket Books, Simon & Schuster, 1986.

Contacto, México, Penguin Random House, 2018.

The Cosmic Connection – An Extraterrestrial Perspective, Anchor Press, 1973.

Other Worlds, Bantam Books, 1975.

Broca’s Brain, Coronet, 1980.

The Dragons of Eden- Speculations on the Evolution of Human Intelligence, Ballantine Books, 1978.

Cosmos, Planeta, 1982.

The Demon-Haunted World – Science as a Candle in the Dark, Ballantine Books Edition, 1997.

Communication with Extraterrestrial Intelligence (CETI), edited by Carl Sagan, The Massachusetts Institute of Technology, 1973.

Filmografía:

—Contacto – Contact, DVD Video, 1993 Warner Home Video.
(La portada menciona equivocadamente: “el Autor Ganador del Premio Pulitzer por ‘Contact’”. Esta película ganó un Hugo Award; el Pulitzer lo ganó el libro Los dragones del Edén.)

—Cosmos: Un viaje personal, DVD Video, Zima Entertainment México.
(Sin fecha, edición que “Incluye el episodio 2, nunca antes disponible en español”.)

 


1 La traducción, en la edición de Random House México, firmada por Raquel Albornoz, resulta a veces desconcertante, aunque quizás esto sea resultado de la política de traducciones de la editorial. La traducción es eficiente, correcta, brillante por momentos, pero lo que resulta incomprensible es que desaparecen en español oraciones enteras, frases y palabras clave del original en inglés. Estos casos se dan por decenas. Damos un solo ejemplo, p. 421. En inglés: “Standing over humans, gods, and demons, subsuming Caretakers and Tunnel builders, there is an intelligence that antedates the universe”. En español: “Por encima del hombre, de los demonios, de los Guardianes y artífices de túneles, hay una inteligencia que precede al universo.” ¿Dónde quedaron los dioses (gods)? ¿Cuál es la intención de este tipo de traducción? ¿Simplificar el texto original para un público considerado mentalmente incapaz o minusválido? ¿Se aplicaría el mismo enfoque en traducciones de Faulkner, de Melville, de Shakespeare, de Angela Carter, Margaret Atwood o Ursula K. Le Guin? Recordamos la prescripción de Vladimir Nabokov —además de novelista, traductor—, quien escribió: “Tres son los grados de mal que se distinguen en el extraño mundo de la transmigración verbal […] El grado tercero, y peor, de vileza es el que se alcanza cuando se toma una obra maestra y se la lamina y amasa, se la hermosea vilmente para darle la forma y el aspecto más concordes con las ideas y prejuicios de un público determinado” (en el capítulo “El Arte de Traducir”, Curso de literatura rusa, Ediciones B, 2016, p. 543).

2 Las diferencias entre la novela Contacto y la película homónima son muchas: la principal radica en la inesperada vuelta de tuerca final. En el libro, el final sorpresa tiene lógica y un mensaje positivo, inteligente, pero en la película, ese giro final es una típica, trillada, irritante y contraproducente conclusión hollywoodense.

3 El nombre de la protagonista, Eleanor Arroway, resultó de elegir Eleanor, por Eleanor Roosevelt, admirada por Ann Druyan, y de convertir el apellido de Voltaire —autor que debió ser caro para Sagan—, Arouet, en “Arroway”.

4 En el epígrafe en inglés, que no menciona a “Sor Filotea” —en realidad, el obispo de Puebla—, la cita está truncada, abreviada y adaptada. Este es el texto original: “desde que me rayó la primera luz de la razón, fue tan vehemente y poderosa la inclinación a las letras, que ni ajenas reprensiones —que he tenido muchas—, ni propias reflejas —que he hecho no pocas—, han bastado a que deje este natural impulso que Dios puso en mí: Su Majestad sabe por qué y para qué; y sabe que le he pedido que apague la luz de mi entendimiento dejando sólo lo que baste para guardar su Ley, pues lo demás sobra, según algunos, en una mujer; y aun hay quien diga que daña”.

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Hace dos siglos, un 30 de julio como hoy, nació en el pueblo de Thornton, en la región de Yorkshire al norte de Inglaterra, Emily Jane Brontë, una gloria de las letras en lengua inglesa, en el seno de una familia literaria única en la historia universal de las artes. Ante las celebraciones de su bicentenario, es momento de repensar su legado, la historia de su familia y la forma en que las reivindaciones sociales de hoy actualizan su obra.

Emily Brontë. Todo lo que emana de Ella
tiene la particularidad de conmoverme.
Haworth es mi lugar de peregrinación.

—Emil Cioran

 

Acercarse a Emily en la actualidad

La pregunta surge inevitable: ¿cómo es que Emily Brontë, y sus dos hermanas, Charlotte y Anne, resultaron ser todas escritoras de gran renombre, muertas a los 30, 29 y 38 años, respectivamente? Para los lectores de hoy, cabría primero hacer cierto ejercicio de imaginación para visualizar la vida de la familia Brontë en la primera mitad del siglo XIX.

El único retrato realmente indiscutible de Emily Brontë, pintado por su hermano Branwell. A la izquierda, la hermana menor, Anne.

Los niños Brontë crecen rodeados de libros. Tienen acceso a los diarios importantes de Inglaterra y Escocia, a las obras de Shakespeare, a las novelas de Walter Scott y a la poesía de Lord Byron, el súper ventas de su época, por solo mencionar a tres autores. La literatura es pan de cada día, es motivo y aspiración, presencia del pasado y promesa de futuro, eje fundamental en torno al cual orbitaba la vida misma.

El apellido paterno además, como una premonición, aparece ya en lomos y portadas. Patrick Brontë, el padre de las tres escritoras y de Branwell, queda viudo en 1821. Desde esos años es clérigo protestante en la comunidad de Haworth en Yorkshire. Se había titulado en teología en Cambridge y era un autor reconocido, por lo que alentó siempre las inquietudes artísticas de su prole, abiertamente manifiestas desde las más tempranas edades.

En su indispensable The Life of Charlotte Brontë (1857), la novelista y biógrafa Elizabeth Gaskell  —autora célebre por derecho propio y amiga íntima de la mayor de las Brontë— consigna un hecho que revela iluminadoramente la relación entre el clérigo irlandés y sus descendientes. En su afán por mantener comunicación con hijas e hijo, el señor Brontë recurrió a una estratagema curiosa: para que los menores pudieran sincerarse con mayor libertad, se le ocurrió utilizar una máscara, que los pequeños se ponían por turnos, para responder a las preguntas del papá.

Comencé con la más joven (Anne, después Acton Bell), y le pregunté qué era lo que una criatura como ella más deseaba; ella respondió, “Edad y experiencia”. Le pregunté a la siguiente (Emily, después Ellis Bell), qué sería lo mejor que pudiera yo hacer con su hermano Branwell, quien en ocasiones resultaba ser un niño mal portado; ella contestó, “Razona con él, y cuando no escuche razones, azótalo”. Le pregunté a Branwell cuál era la mejor manera de conocer la diferencia entre los intelectos del hombre y de la mujer; él repuso, “Considerando la diferencia entre ellos en cuanto a sus cuerpos”. Entonces le pregunté a Charlotte cuál era el mejor libro en el mundo; ella contestó, La Biblia. Y cuál era el siguiente mejor; ella respondió, El Libro de la Naturaleza.

Por la vida atareada del clérigo y en ausencia de la madre, el trato era algo distante. La mayor socialización de los niños se daba entonces entre ellos mismos, vigilados por su tía y un ama de llaves cariñosa, acompañados de mascotas y rodeados por los vastos páramos solitarios característicos de Yorkshire, donde solían pasear y en los que un día Emily situaría la acción apasionada, de tintes góticos y demoníacos, de Cumbres borrascosas (1847). Además de esta novela ya clásica, en años recientes han despertado renovado interés los universos literarios —Glass Town (Pueblo de vidrio), Angria y Gondal— que Emily creó en su infancia y temprana adolescencia junto con sus hermanas.

Los mundos imaginarios

El nacimiento de los paracosmos Brontë se da en 1826. Los niños tienen de seis a diez años. Con enorme entusiasmo, los cuatro se ven poseídos por la scribblomania —neologismo de Charlotte (garabatomanía)— y escriben relatos sobre Glass Town. El escenario era África, cada Brontë gobernaba un reino, y los cuatro dominios integraban la Federación de Glass Town, cuya capital era Verreopolis (“ciudad de vidrio” en latín). Posteriormente, las historias se mudaron a un nuevo reino, Angria. La ambientación debía mucho a cuentos de hadas y a Las mil y una noches, con elementos prestados de obras de Coleridge, Milton y Swift, descripciones de paisajes, palacios y escenarios inspirados en los grandes cuadros fantásticos del pintor romántico John Martin, de los que había reproducciones en los muros de la casa parroquial de Haworth.

El festín de Baltasar, de John Martin (1789-1854).

Las complejidades de los relatos reflejan la precoz formación intelectual de los niños —sus conocimientos de geografía, historia y política— y los cimientos de sus posteriores creaciones artísticas. Redactaron cientos de páginas en pequeños libritos, escritos en letra minúscula para simular letra impresa y, a la vez, dificultarle traviesamente la lectura al padre o a la tía. Los niños no solo escribían ficciones: crearon todo un universo editorial adicional a sus relatos, con editores y casas editoriales inventadas, periódicos literarios, críticos y controversias autorales, sin contar mapas detallados, bocetos y dibujos, árboles genealógicos, símbolos heráldicos, relatos de batallas terrestres y navales, información militar y política, y lances amorosos e intrigas románticas dignas de las dinastías reales británicas y continentales.

Unos años después Emily y Anne se rebelarían, y escindiéndose de Charlotte y Branwell, crearían un nuevo mundo propio, que bautizaron Gondal, una isla ficticia en el Pacífico austral. La primera noticia de Gondal aparece en el diario de Emily, en 1834. La mayoría de los textos de este paracosmos se han perdido, y solo quedan referencias sueltas así como poemas de Emily y Anne, intercalados en los pasajes en prosa.

Uno de los cuadernillos con poesías del ciclo Gondal muestra la minúscula letra de Emily. Fuente: Wikipedia

Hoy estos paracosmos se consideran como precursores de la ficción especulativa, cuando no de la ciencia ficción. Queda claro, especialmente en el caso de Emily, que rebasan el concepto tradicional de juvenilia, pues ella siguió escribiendo sobre Gondal, su universo literario particular, hasta poco antes de su muerte por tuberculosis, el 19 de diciembre de 1848, el año en que se publicó el Manifiesto del Partido Comunista en la cambiante Inglaterra en la que le tocó vivir.

El varón fracasa, las hermanas batallan

Los jóvenes Brontë llegaron a la mayoría de edad en una Inglaterra que concluía su transición de sociedad agrícola a sociedad industrial, en el comienzo de la era victoriana (1837-1901), en años en los que seguía consolidándose el Imperio Británico.

Branwell, el que más “prometía”, no prosperó como pintor, novelista o poeta. Se volvió alcohólico y adicto al opio. Acusado de impropiedades con la esposa de un reverendo que lo había contratado como tutor de su hijo, pasó los últimos años de su vida recluido en casa, hostigando a todos y afectando los planes de sus hermanas.

Por su parte, las tres Brontë tenían pocas opciones de vida: aventurarse a la incertidumbre de algún matrimonio, o bien ser sirvientas, institutrices o maestras. Su sueño de fundar una escuela en Yorkshire nunca se materializó a pesar de que la clase obrera, la nueva clase media, en plena movilidad social ascendente, buscaba mejor educación para sus hijos y de que en Yorkshire, como en el resto de Inglaterra, las condiciones eran propicias. Anne tuvo cierto éxito como institutriz, Charlotte también; y Emily trabajó como tutora de niños un año. En 1842 Charlotte y Emily radicaron en Bruselas un tiempo, en la famosa academia para señoritas de Constantin Héger. Bajo su tutela, Emily aprendió francés, mejoró sus conocimientos autodidactas de alemán, y quedó preparada para ser maestra de piano, con predilección por la música de Beethoven. La muerte de su tía Elizabeth, a fines de aquel año, llevó a que las hermanas regresaran a Haworth.

En 1845, ya en casa y desempleadas, Charlotte descubrió accidentalmente los poemas de Emily, quien se enfureció por la invasión de su privacidad. Pero la convenció finalmente de que incluyeran a Anne y publicaran juntas, usando seudónimos masculinos, para facilitar su ingreso al difícil y machista mundillo literario de su tiempo. Charlotte se llamó Currer; Emily, Ellis; y Anne, Acton. Su libro, Poems by Currer, Ellis and Acton Bell (1846), impreso con fondos de la herencia de una tía, vendió solo dos ejemplares en su primer año, pero pronto les abrió el camino para que publicaran novelas, comenzando con Agnes Grey de Anne, Cumbres borrascosass de Emily y Jane Eyre de Charlotte. En las primeras ediciones de las novelas, todas las autoras conservaban sus seudónimos masculinos, hasta que fueron reconocidas con sus nombres reales, y desde entonces la fama de las tres solo crecería.

Cabe mencionar que, en la eterna “Guerra de las Brontës”, aunque se reconoce que tanto Emily como Charlotte escribían con perspectiva de género, hoy Anne es considerada la mayor proto-feminista de las tres, por la feroz y cáustica denuncia de la misoginia, alcoholismo y brutal opresión machista que surge en La inquilina de Wildfell Hall (1848). Cuando apareció esta novela, escandalizó a los lectores victorianos —varones, por supuesto— mucho más que Cumbres borrascosas.

El microcosmos de la cumbre azotada por los vientos

Cumbres borrascosas bien pudo haber sido escrita por un águila.
—G. K. Chesterton

En los albores del siglo XXI, la única novela de Emily sigue siendo controvertida. A la luz de la llamada Cuarta Ola Feminista actual, en la era de #MeToo y de Time’s Up, sus atormentados, violentos y antitéticos protagonistas, Catherine y Heathcliff1 son objeto de reconsideraciones, cambios de perspectiva, nuevas borrascas.

Cumbres borrascosas no deriva de los mundos imaginarios de su autora. Es incluso mucho más que un anverso cruel, realista, de las ensoñaciones literarias de su infancia y adolescencia. Es un clásico, y a la vez un testamento.

Probablemente, es más ilustrativo leer Cumbres borrascosas que atarearse en los estudios críticos sobre la novela, que hoy llenan bibliotecas. Fue Charlotte la que abrió fuego a este respecto, en su prefacio a la segunda edición (1850), hablando de la autora como si aún fuera varón (“Ellis Bell”): “Cumbres borrascosas fue labrada en un taller rústico, con herramientas sencillas, de materiales caseros”. Este comentario de hermana mayor sobreprotectora podría crear una impresión equivocada: que Emily llegó tropezando a la creación de una obra maestra. En su breve y genial prólogo de la edición de “Sepan Cuantos…”, Sergio Pitol aclara mucho sobre “una de las más extraordinarias y revolucionarias novelas del siglo”:

La perfecta construcción de la novela, su corte trazado según los modelos del teatro isabelino (un prólogo, cinco actos, cada uno con un ritmo creciente en intensidad, y un epílogo final en que se ofrecen las soluciones), la precisión con que están trazadas las simetrías de la novela nos dan la idea de que la forma fue cuidadosamente pensada, que nada quedó a riesgo del azar. El contraste entre la exactitud de líneas y la precisión clásica de la forma con el contenido desorbitadamente romántico de la obra, constituyen por sí un excepcional logro estético.

Una reciente encuesta del diario inglés The Guardian coloca la novela como la mejor historia de amor de todos los tiempos. Pero esta apreciación de la obra es un lugar común, una percepción popular, porque Cumbres borrascosas es realmente mucho más que una “historia de amor”.

Virginia Woolf, sobre este particular, es clarividente y tajante: “No hay ningún ‘Yo’ en Cumbres borrascosas” —escribe en su ensayo Jane Eyre and Wuthering Heights (1904) —. “Hay amor, pero no es el amor entre hombres y mujeres. Emily se inspiraba en una concepción mucho más amplia. El impulso que la urgía a crear no nacía de sus propios sufrimientos ni de sus propias heridas. Ella contempló un mundo quebrado, sumido en un desorden gigantesco y sintió en ella el poder para unificarlo en un libro”, agrega.

Lord David Cecil, docto especialista del universo Brontë, redondea: “El mundo de Emily Brontë es un microcosmos; en él nos presenta la destrucción y el restablecimiento de la energía cósmica.” El “infierno triangular” de los protagonistas de la primera parte de la novela, Heathcliff, Catherine Earnshaw y Edgar Linton, con quien ella se casa, aunque ama a Heathcliff, representaría esta “destrucción”. El “restablecimiento de la energía cósmica” se da más bien en la segunda parte, en los personajes de la siguiente generación, el matrimonio de Cathy —hija de Catherine y de Edgar— con Hareton Earnshaw, el hijo de Hindley Earnshaw (hermano de la primera Catherine).

El cumpleaños 200 de Emily

Emily Brontë es parte integral de la cultura británica y Cumbres borrascosas jamás ha sido descatalogada. Al cierre de 2016 había sido traducida a 61 lenguas. Las referencias culturales sobre la novela y su autora no cesan: películas, óperas, canciones en todos los géneros, ballets, dramas radiofónicos, cómics, etc. Ha sido adaptada para la pantalla grande2 y la televisión en múltiples ocasiones, incluyendo la versión de Luis Buñuel, Abismos de pasión (1954), filmada en México. Cumbres borrascosas fue el título de la composición que en 1978 lanzó a un estrellato insólito a la cantante de 19 años Kate Bush (nacida también un 30 de julio).

Kate Bush, soprano dramática, le dio voz al fantasma de Catherine Earnshaw, que suplica resguardarse del frío invernal en la mansión de Cumbres borrascosas, dando pie a la locura final del atormentado Heathcliff.

 

Los festejos están en marcha desde hace algún tiempo en puntos varios de la Commonwealth. Para celebrar este 30 de julio, Kate Bush escribió un poema grabado en cuatro grandes lápidas de mármol repartidas entre Thornton, donde nacieron Emily, Charlotte y Ann, y Haworth, donde fallecieron.

En junio se publicó una nueva biografía, Emily Brontë Reappraised de la académica Claire O’Callaghan, que rebate que Emily fuera antisocial, excéntrica y depresiva. Abundarán las lecturas de la poesía de Emily y de Cumbres borrascosas, conferencias, espectáculos y más peregrinaciones que nunca a Haworth, al Museo Brontë y a la cripta familiar Brontë en la iglesia de San Miguel y Todos los Ángeles. Detractores de la autora y de las festividades se quejan de la pleitesía que se le rinde a “Santa Emily de Haworth”; y se renueva la discusión de quién es mejor escritora, Jane Austen o Emily Brontë.

Emily Brontë y Cumbres borrascosas seguirán provocando fascinación, perplejidad o rechazo: Emily, un intrigante misterio sin resolver, ubicua en su circunstancia histórica, personalidad compleja, acaso indescifrable, y meticulosa artífice literaria. Su novela, intensa exploración del bien, del mal y del amor, sin moraleja evidente pero con revelaciones muy precisas, amerita la definición de Calvino: “Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad”.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).


1 Una conclusión actual sobre Heathcliff, por ejemplo, es que su antes mítica condición de antihéroe byroniano queda ahora rebajada a la de un tipo simplemente vil y despreciable, aunque en cuanto a inestabilidad emocional, histeria y crueldad hacia el prójimo prácticamente ningún personaje principal de Cumbres borrascosas se salva de no cantar mal las rancheras.

2 La Brontë Society ha encargado, por ejemplo, un filme corto —motivo de escándalo y controversia para no pocos puristas de la mitología Brontë— dirigido por la joven súper modelo Lily Cole, titulado Balls, en el que se le da a Heathcliff ya no un origen gitano sino africano. Balls (Pelotas, o Bolas), se refiere a las bolas rojas, azules y blancas, utilizadas en la época victoriana en sorteos en instituciones de beneficencia para madres solteras. En el cortometraje, acude a una de ellas, en Liverpool, una imaginaria ex esclava africana que lleva a su bebé —que un día será bautizado Heathcliff— para darlo en adopción (aunque en la novela, el Sr. Earnshaw explica que encontró al niño gitano en la calle, miserable, famélico y abandonado).

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“Últimas líneas” es el poema de Emily Brontë que ha sido entendido como su despedida y testamento. La siguiente disección ofrece una aguda comprensión del texto, así como una nueva traducción comentada y justificada, para volver a Emily con una mirada fresca hoy, a doscientos años de su nacimiento.

Criada protestante, y tory, Emily escribió poesía desde la infancia, comenzando con los poemas que intercalaba en los relatos de mundos imaginarios que durante años fueron el pasatiempo —y la escuela literaria— de las tres hijas y del hijo del vicario Patrick Brontë. En 1846, dos años antes de su muerte, Emily separó sus poesías en dos cuadernos. En uno quedaron los poemas de Glass Town, Angria y Gondal, y en otro sus poemas más personales, ajenos a los mundos imaginarios, como “Last Lines”.

De niña, Emily imitaba en sus poemas las cuartetas de los himnos metodistas cantados en la parroquia de Haworth, administrada por su padre. Al desarrollar su vena poética, en realidad no imitó, por ejemplo, las baladas líricas de Wordsworth, Coleridge o Byron, o de otros poetas románticos, aunque en su versificación a veces se acerca a Byron y en su poesy suenan ecos del misticismo de Keats. Emily escribía para ella misma,1 su relación con la poesía y con la religión fue personal y heterodoxa, profunda, privada e intensa, como su visión.

Óleo de Branwell Brontë, realizado alrededor de 1833

Carlos García Gual lo dice inmejorablemente: “El traductor de poemas está condenado a la traición y al fracaso”. Pero reconoce, “en el tortuoso empeño de verter a otra lengua unos poemas”, que “tal vez se rescate en nuevas palabras el dolorido sentir, las imágenes esenciales, la personalidad individual del poeta originario”.2

En la traicionera traducción que ofrecemos, de inicio, se pierden la métrica, y la rima de la forma ABAB de las estrofas. Pero intentamos sobre todo rescatar el sentido del poema, la claridad, sencillez y la desafiante tensión entre lo terrenal y lo sublime de las cuartetas de Emily. Respetamos mayúsculas del original en algunos sustantivos y pronombres, así como la puntuación.

En vez de la abstracción “en uno” (que también podría ser “en una”) en la última palabra del primer verso de la cuarta estrofa, optamos por personalizar en Emily la voz que declama el poema, con “en mí”.

A diferencia de otras versiones en español que traducen la última palabra de la quinta estrofa como “levanta”, le damos lo que juzgamos es la traslación correcta: “cría”. Esto amplía el poema, en el sentido de brindarle ambigüedad de género a la divinidad; puede ser “él”, o “ella” (o ambos), la deidad puede ser paternal, o maternal. Nótese, también, que la poetisa habla de universos, en plural.

 

Últimas líneas

No, mi alma no es cobarde,
No tiembla en las tormentas de la esfera de este mundo,
Veo brillar las glorias del Cielo,
Y la fe brilla igual, dándome armas contra el temor.

Oh Dios que habitas dentro de mi pecho,
¡Todopoderosa, Deidad siempre presente!
Vida —que en mí guarda reposo,
Como yo —imperecedera Vida— ¡tenemos poder en Ti!

Vanos son los mil credos
Que mueven los corazones de los hombres —inexpresablemente vanos;
Tan sin valía como marchitas hierbas
O la más quieta espuma entre la mar sin fin,

No despiertan duda en mí
Tan bien aferrada a Tu infinitud;
Tan seguramente anclada sobre
La inamovible roca de la inmortalidad.

Con el amor que lo envuelve todo
Tu espíritu anima años eternos,
Penetra y pondera en lo alto,
Transforma, sustenta, disuelve, crea, y cría.

Aunque tierra y humanidad desaparecieran,
Y soles y universos dejaran de existir,
Y Tú quedaras solo,
Cada existencia existiría en Ti.

No hay lugar para la Muerte,
Ni átomo que su fuerza podría anular;
Tú —Tú eres Ser y Aliento,
Y eso que Tú eres no podría ser destruido jamás.

§

Last Lines

   No coward soul is mine,
No trembler in the world’s storm-troubled sphere;
   I see Heaven’s glories shine,
And faith shines equal, arming me from fear.

   O God within my breast,
Almighty, ever-present Deity!
   Life—that in me has rest,
As I—undying Life—have power in Thee!

   Vain are the thousand creeds
That move men’s hearts—unutterably vain;
   Worthless as withered weeds,
Or idlest froth amid the boundless main,

   To waken doubt in one
Holding so fast by Thine infinity;
   So surely anchored on
The steadfast rock of immortality.

   With wide-embracing love
Thy spirit animates eternal years,
   Pervades and broods above,
Changes, sustains, dissolves, creates, and rears.

   Though earth and man were gone,
And suns and universes ceased to be,
   And Thou were left alone,
Every existence would exist in Thee.

   There is not room for Death,
Nor atom that his might could render void;
   Thou—Thou art Being and Breath,
And what that Thou art may never be destroyed.3

 

En su libro sobre los mejores poemas en lengua inglesa, Harold Bloom ofrece como “Last Lines” (“Últimas líneas”) el poema de Emily Brontë, también conocido como “No Coward Soul Is Mine” (“Mi alma no es cobarde”). Fue leído en el sepelio de otra poetisa inimitable, Emily Dickinson, pues era uno de sus preferidos. Para Bloom, el “Dios dentro de mi pecho” del poema exalta “la chispa que es el más antiguo y mejor elemento del ser”. De modo que Emily sería una gnóstica natural (y afirma el crítico: “Estoy consciente de que esto es un oxímoron”). Según Bloom, Emily niega, en “Últimas líneas”, todos los credos como enfermedades del intelecto, y evita la oración, sabiendo que es una enfermedad de la voluntad.4

Si vemos “Últimas líneas” como una afirmación de principios ante el cosmos, como una declaración existencial final, se entiende mejor por qué un amigo de la otra Emily leyó el poema en su sepelio.

 

Rémy Bastien van der Meer
Traductor.


1 Hasta 1846, Emily (1818-1848) no había publicado poesía. Fue Charlotte quien la convenció, y a Anne, de que, como necesitaban ingresos adicionales, publicaran juntas —con seudónimos masculinos identificables por la primera letra de sus nombres— el libro Poems by Currer, Ellis and Acton Bell. Irónicamente, los poemas no vendieron, pero un editor se interesó en otras producciones de “Currer, Ellis y Acton”, y poco después, tres novelas de las tres hermanas ingresaban para siempre a la historia de las letras inglesas.

2 Antología de la poesía lírica griega (siglos VII-IV a.C.), Selección, prólogo y traducción de Carlos García Gual, Alianza Editorial, 2013, pp. 9-10.

3 Nos basamos —estrictamente— en la versión publicada en el libro de Harold Bloom (The Best Poems of the English Language, Selected and with Commentary by Harold Bloom, Harper Perennial, 2007, pp. 722-725). En varias otras versiones publicadas hay pequeños pero significativos detalles y variaciones —en la cantidad de palabras, en el orden de las mismas, incluso en la puntuación— que, en último análisis, alteran, o cambian, así sea sutilmente, el sentido y el significado últimos del poema. Esto ocurre, por ejemplo, en la versión de Poetry Foundation. No disponemos de un facsímil del poema como fue publicado por vez primera —en 1850—; por ello, por ahora, depositamos nuestra confianza en la versión en inglés del libro de Bloom.

4 El planteamiento original es de Ralph Waldo Emerson, de su ensayo Self-Reliance  (Independencia o Auto-confianza, 1841 y 1844): “Así como las oraciones de los hombres son una enfermedad de la voluntad, igualmente sus credos son una enfermedad del intelecto”, también citado por Bloom en op cit., p. 504.

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Robert A. Heinlein es uno de los autores más prolíficos de ciencia-ficción y posiblemente uno de los más desconocidos en nuestro país, a pesar de ser parte de la triada estelar de escritores de su género. Junto con Isaac Asimov y Arthur C. Clarke, Heinlein se caracteriza por la activa politización que enriqueció su pensamiento y sus escritos. Su vigencia es incuestionable y por eso vale la pena acercarse a su obra en una fecha como hoy, 8 de mayo, en que se cumplen 30 años de su muerte.

Se requiere de muy poca fuerza para controlar a un hombre cuya mente ha sido engatusada; por el contrario, ninguna cantidad de fuerza puede controlar a un hombre libre, a un hombre cuya mente está realmente libre de ataduras. No, ni el potro, ni bombas de fisión, ni nada—no se puede conquistar a un hombre libre; lo más que puedes hacer es matarlo.
—Robert A. Heinlein

…críticos modernos que intentan lidiar con la influencia de Heinlein se percatan de que tratan con un objeto más bien como el cielo o un océano.
—Samuel R. Delany

 

Para muchos lectores, autores y críticos del género, Heinlein fue el más importante e influyente de “los Tres Grandes” (comparado con Asimov y Arthur C. Clarke). Heinlein se distingue claramente de Asimov y de Clarke porque fue el más activamente político, tanto en su vida como en su pensamiento y obra. Como afirma Ken MacLeod, el crítico y autor de ciencia ficción técnico-utópica socialista escocés: “La sociología ha sido descrita como un diálogo con Marx; la faceta política en la science fiction puede describirse como un diálogo con Heinlein”.1

Vale la pena entonces recordar cuáles fueron sus contribuciones a la literatura y a la sociedad de su tiempo. El corpus de ciencia-ficción (o ficción especulativa) de Heinlein incluye 32 novelas, 59 cuentos y 16 antologías, además de su actividad en otros medios como cine, televisión, radio y compilaciones de otros autores.2 Sus obras siguen editándose, en papel y en ediciones electrónicas, generando polémica y controversia, admiración y respeto, o irritación y furia.

De Missouri a alta mar

Robert Anson Heinlein nació en Butler, Missouri, en el “cinturón bíblico” del sur de EE. UU., el 7 de julio de 1907. Fue estadunidense-alemán de sexta generación, y era tradición familiar haber combatido en todas las guerras de su país, empezando por la Guerra de Independencia.

Como cuenta su tercera esposa, Virginia Heinlein (1916-2003), cuando Heinlein tenía tres años, su hermano mayor lo llevó al patio trasero de la casa a ver pasar el cometa de Halley. Ahí nació su interés por la astronomía. En cuanto aprendió a leer, se volvió asiduo visitante a la biblioteca pública, donde devoró novelas de Verne y de Wells, así como las aventuras de Tom Swift,3 y también la revista The Electrical Experimenter, de Hugo Gernsback.

Estudiante de ciencias en la Universidad de Missouri, Heinlein se convertiría en alumno de la Academia Naval de Annapolis, animado quizá porque en la marina se habían llevado a cabo los experimentos de Michelson y Morley para definir la velocidad de la luz.

De socialista a libertario

Al egresar de Annapolis en 1929, pensando que dedicaría su vida a la marina y ya no a la astronomía, Robert sirvió como oficial a bordo del Lexington, el primer portaaviones de la marina estadunidense. Pidió después su traslado al destructor Rover, donde contraería tuberculosis. Fue dado de baja por motivos médicos en 1934, pero sus años de marino en activo influirían profundamente en él, hasta el día de su muerte.

Tras tomar cursos de matemáticas y física en la Universidad de California, se unió en ese mismo año a la campaña de Upton Sinclair, famoso por su novela de denuncia sobre la industria cárnica de Chicago —The Jungle (La jungla, 1906)—, y socialista declarado que aspiraba a la gubernatura de California por el partido demócrata. Heinlein, por su parte, buscó un cargo en la Asamblea Estatal pero sin mayor éxito. En palabras de Isaac Asimov, en aquellos años Heinlein era un flaming liberal, un liberal “en llamas”, de tiempo completo. Fracasaría en política, pero aquella inmersión en competidísimas bregas electorales también influiría marcadamente en su pensamiento y su obra posteriores.4 De liberal y socialista Heinlein pasó a ser demócrata anti-comunista, conservador, y finalmente, a partir de los años 40-50, se consideró libertario, “anarquista filosófico”, patriota siempre, mas no imperialista.

Guerra Mundial

Durante la II Guerra Mundial, trabajó como ingeniero aeronáutico en los astilleros de la marina de guerra en Filadelfia. Ahí también cumplieron servicio militar Isaac Asimov y L. Sprague de Camp, otro autor de ciencia ficción de la Era Dorada. Durante este período de su vida conoció a Virginia Doris Gerstenfeld, su verdadera musa, primera lectora de sus obras, compañera de viajes alrededor del mundo, una ingeniera química que, durante la guerra, detentó un grado militar superior al suyo. Cabe mencionar que para Robert —feminista desde siempre— este detalle siempre fue un motivo de orgullo.


Robert y Virginia Heinlein en el set de Destino: la Luna. Fuente: Tvtropes.

Al concluir el conflicto mundial, Heinlein quedó severamente endeudado, a pesar de que recibía una pequeña pensión de la marina. Vio un anuncio que ofrecía 50 dólares a escritores noveles a cambio de un cuento de ciencia ficción. Escribió uno, pero al releerlo le pareció demasiado bueno para aquel concurso, y lo sometió a consideración a la revista Astounding. El cuento era Life-Line (1939) y asombró al editor John W. Campbell, quien lo compró, sin más, en 70 dólares. El que un día aún lejano sería nombrado el primer Gran Maestro de la ciencia ficción,5 acababa de encontrar gracias a un simple anuncio la vocación que le daría fama, dinero y un lugar en la historia de la ciencia-ficción. En sólo dos años, escribió más de 20 cuentos, muchos de ellos de ciencia ficción social, considerados clásicos en su mayoría, recopilados en la serie Historia Futura y El pasado a través del mañana, cuyas historias abarcan hasta el año 2100.

La ciencia ficción escapa del gueto, y triunfa

Después de la guerra, el inevitable, exponencial desarrollo de tecnología en radares, electrónica, armamento, aviación, submarinos, y las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, crearon conciencia en la sociedad estadunidense de que las ideas y conceptos de la ciencia ficción habían pasado del “gueto de los pulps” —las revistas baratas de ciencia ficción impresas sobre papel de pulpa— a la normalidad del día a día. Consciente de esta nueva realidad, Heinlein fue el primero en buscar mejores mercados para sus ficciones.

Fue así como —para asombro y posterior beneficio de todos sus pares— publicó The Green Hills of Earth en The Saturday Evening Post, la revista familiar y conservadora por excelencia, rompiendo para siempre el tabú de que la ciencia ficción era un intrascendente subgénero literario para adolescentes despistados. Las verdes colinas de la Tierra es todo un clásico: la historia de Rhysling,6 piloto espacial experto que sufre un accidente casi fatal y al quedar ciego, se vuelve trovador, invidente, cantor de las bellezas, peligros y misterios del sistema solar y el universo. Es en voz de Rhysling que aparece uno de los poemas de ciencia-ficción más memorables de la literatura.

Heinlein, lector enciclopédico, supo depurar temáticas y mecánicas de la ciencia ficción, eliminando inteligentemente las densas páginas de exposición que lastraban comúnmente a la ciencia. Utilizó los diálogos, como nadie, para agilizar la engorrosa construcción de los marcos conceptuales, las escenografías y las descripciones. Además, pronosticó el uso de armas nucleares que pondría fin a la guerra, el descontrolado crecimiento urbano y suburbano de la década de los años 50, y los viajes espaciales. Aunque llegó a ser atinado en estas extrapolaciones, nunca fueron la intención central de su obra.

Los viajes espaciales, irónicamente, fueron “hijos” de la II Guerra Mundial.

Heinlein buscaba más bien mostrar el mundo como podría llegar a ser. Siempre inquieto como creativo, quiso transmitir ideas progresistas en una sociedad conservadora. Así lo hizo en sus famosas Heinlein juveniles, unas 12 novelas que publicaba, año con año, para las épocas navideñas y que muchos consideran lo mejor de su producción, leídas además por no pocos adultos y repartidas en la inmensa red de bibliotecas públicas del país. Con tacto e inteligencia, Heinlein lograría evitar la censura de los bibliotecarios, difundiendo ideas libertarias, antirracistas y de igualdad de género.

Breve recorrido por su obra

Ya que la ficción especulativa de Heinlein abarca de 1939 a 2006, incluyendo obras publicadas póstumamente, ofrecemos a continuación nuestra recomendación de tres cuentos y tres novelas imprescindibles.

Tres cuentos

• Su primer cuento publicado, Life-Line, trata de un doctor llamado Pinero, que desarrolla una máquina que puede trazar la existencia completa de cualquier persona, y predecir el momento en que morirá, aplicando el concepto de línea de vida o línea de universo, es decir, el tránsito de un objeto, o de un ser viviente, concebido como movimiento en cuatro dimensiones: altura, anchura, profundidad y, tiempo. Lo primero que pondrá de cabeza Pinero, quien también sabe cuándo morirá, son las compañías aseguradoras.

• Su cuento más corto, Searchlight (Reflector) narra en sólo cuatro páginas la frenética búsqueda en la Luna de una niña ciega, pianista prodigio, de gira artística entre colonias lunares, a quien le quedan seis horas de aire tras el choque de la nave que la transportaba. La solución estará en una conversión de rayos laser a rayos sonoros, que duplicarán las 88 teclas de un piano bien temperado, que ella, invidente, podrá escuchar.

• Todos ustedes, zombies, (All You Zombies, 1951, escrita en un día). Viajar en el tiempo es un concepto filosófico, no es una posibilidad científica. Para este cuento vale, especialmente, el oxímoron ciencia ficción, ya que, si es ciencia, no puede ser ficción. Pero, como relato especulativo y de terror, es quizá la narración definitiva sobre viajes en el tiempo. El protagonista, hermafrodita, en una cadena insólita de solipsismo y paradójica circularidad de eventos en el tiempo, resulta ser a la vez su propia madre y su propio padre. Fue llevado al cine en 2014, como Predestinación.

Una película de ciencia ficción original y sorprendente. Destaca su apego al espíritu del complejo cuento original. El actor Ethan Hawke tardó tiempo en entender exactamente qué se estaba filmando.

Tres novelas

• Las brigadas del espacio (Starship Troopers, 1959), estableció el subgénero de ciencia ficción militar y de mecha (robots, exoesqueletos). Es un bildungsroman, novela de formación y aprendizaje. A cinco mil años en el futuro, narra la conversión de Juan Rico, un joven pacifista filipino, en oficial combatiente de infantería móvil espacial. Destaca el muy controversial planteamiento de que sólo el soldado combatiente —de cualquier sexo, ya que las mujeres son las mejores pilotos de transportes militares en misiones de guerra interestelar— tiene derecho a votar, puesto que así ha demostrado su voluntad de morir por su patria y los ideales que la sustentan. Ya es algo trillado que gente que no ha leído esta novela acuse a Heinlein de “fascista”, probablemente basándose en la malograda película homónima de Paul Verhoeven, rechazada casi unánimemente por conocedores de la obra original.

• Forastero en tierra extraña (Stranger in a Strange Land, 1961) es una novela sui generis en la bibliografía de Heinlein. Fue Virginia quien le sugirió tomar como referencia El libro de la selva, de Rudyard Kipling, sustituyendo a Mowgli por un hombre criado en Marte por seres de otra especie. Michael Valentine Smith, el primer hombre nacido en Marte, hijo bastardo de astronautas, criado por la misteriosa, incomprensible raza marciana, llega a la Tierra, donde acabará estableciendo la religión e “Iglesia de Todos los Mundos”. El paralelo con Jesús de Nazaret es intencional, incluyendo su muerte, elevación a mártir y transubstanciación. La novela, que colocó a nivel de escándalo religión, amor libre, homosexualidad, asesinatos políticos, teocracia, control psicológico de masas, estulticia y voracidad capitalistas, se volvió estandarte literario de la generación hippie y de la contracultura de fines de los años 60. Dos lemas de esa época, “Paz y Amor” y “Haz el amor, no la guerra”, derivan en no poca medida de ella, así como el término multiusos —sustantivo, verbo, adjetivo y adverbio, proteica creación idiomática— grok, hoy incluido en el Oxford English Dictionary. Groquear significa captar, sobre todo intuitiva y empáticamente, la esencia de algo: un suceso, una intención, un libro, el amor o el odio, la idea o la realidad de lo divino.

• La luna es una cruel amante (The Moon is a Harsh Mistress, 1966). En un futuro no muy lejano, en la Tierra viven 11 mil millones de habitantes; en la Luna, tres millones. Los lunáticos se rebelan, buscando su independencia, en una revolución con referencias a la de EE. UU. de 1775, y a la revolución rusa de 1917. Uno de los cuatro protagonistas es una computadora, MYCROFT, así llamada en honor al hermano de Sherlock Holmes, más inteligente que él. La computadora, kilométrica, al igual que HAL de 2001, Odisea del espacio, ha adquirido conciencia de sí misma, y se convierte, lógicamente, en factor indispensable para el triunfo de la revolución. Cabe mencionar que MYCROFT opera con dos “personalidades”: masculina cuando trata con varones, y femenina cuando interacciona con mujeres. Para muchos, es la mejor novela de Heinlein, altamente controversial, y la más lograda en cuanto a la construcción de una cultura imaginada en todos los aspectos materiales y humanos, incluyendo un idioma original.

Controversias al por mayor

Con una creatividad desbordante y posturas políticas tan variables, Heinlein fue víctima de todo tipo de acusaciones a lo largo de varias décadas. Una de ellas, por ejemplo, fue el rumor de que Charles Manson se había inspirado en la novela Forastero en tierra extraña, antes de ordenar los asesinatos de Sharon Tate y otras personas en Beverly Hills, en 1969. Heinlein recurrió a un abogado especialista, quien finalmente le informó que Manson, medio analfabeta, realmente no leía nada.

A Heinlein también se le acusó de fascista, macho chovinista, maricón de clóset, de derechas, autoritario, libertario, elitista, militarista, súper-patriota, ateo, agnóstico, paradigma de solipsismo, fundamentalista, calvinista hedonístico, tendencioso obstinado. En cuanto a sus pecados literarios, se le reprochó usar caló, no poder crear personajes femeninos creíbles y todos sus personajes masculinos son él mismo, no describir a sus personajes físicamente, no saber construir una trama, no saber escribir escenas de sexo, predicar, sermonear a expensas de su ficción. Ante estas sucesiones de malinterpretaciones y dislates, a nuestro parecer, para salir de tantas curiosas dudas, lo único que podría uno hacer es leer a Heinlein, claro está, en la inteligencia de que todo autor debe analizarse en función de su contexto.7

Regreso al mar

Robert Anson Heinlein murió, durante una siesta, el 8 de mayo de 1988. Fue cremado, y sus cenizas se esparcieron en alta mar desde un buque de guerra de la marina estadunidense. Su sepelio mereció todos los honores militares. Quizás alguien presente leyó entonces el epitafio que R. L. Stevenson escribió para para su propia tumba en Samoa, y con el que comienza la novela de Heinlein, El hombre que vendió la Luna (1949):

       A casa ha vuelto el marinero, a casa desde la mar,
       Y el cazador a su hogar desde la colina.

Antes de volver a la mar que es el morir, Heinlein ya le había dado al clavo, en El hombre que vendió la Luna, a la idea de privatizar satélites y planetas. Considerada una locura, esa privatización galáctica quedó descartada en los años 60, con el desarrollo de la carrera espacial, cuando creímos que sólo los gobiernos podrían solventar los gastos de semejantes exploraciones. Pero hoy, con variantes, “vender la Luna” vuelve a ser posible, en la medida en que multibillonarios de la era digital —con Elon Musk y Jeff Bezos a la cabeza—  se han apuntado para expandir los horizontes de la humanidad hacia la conquista de otros mundos (y de su potencial comercial). Como escritor, la intención primordial de Robert A. Heinlein fue entretenernos, sí, e invitarnos a pensar, siempre, no en lo que debería ser, sino en algo más alcanzable, lo que realmente podría llegar a ser.

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).

Bibliografía

• The Science Fiction Hall of Fame Volume I, Robert Silverberg, Editor, Avon, 1971.

• The Mirror of Infinity, A Critics’ Anthology of Science Fiction, Edited by Robert Silverberg, Harper & Row, 1973.

• The Road to Science Fiction #2, From Wells to Heinlein, Edited and with an Introduction and Notes by James Gunn, New American Library, 1979.

• Science Fiction Today and Tomorrow, Edited by Reginald Bretnor, Penguin Books Inc, 1974.

Isaac Asimov, Asimov on Science Fiction, Avon Discus, 1982.

• Tomorrow, the Stars, Edited and with an Introduction by Robert A. Heinlein, Berkeley Medallion Books, 1967.

• The Best of Robert A. Heinlein 1947-1959, Edited by Angus Wells, Sphere Books, Ltd., 1973.

Robert A. Heinlein, Requiem – New Collected Works by Robert A. Heinlein and Tributes to the Grand Master, Edited by Yoji Kondo, ebook, 2011.
Doctor en astrofísica y astronomía, promotor de que un cráter en Marte tuviera el nombre de Heinlein, Yoji Kondo editó esta antología de cuentos, algunos conocidos y otros inéditos, de discursos del Gran Maestro, y de textos de homenaje a Heinlein por un selecto grupo de algunos de los más grandes autores del género. Incluye un prefacio de su viuda, Virginia Heinlein. La edición forma parte de un homenaje especial a Heinlein, realizado el 6 de octubre de 1988 en el Museo Nacional del Aire y el Espacio, en el que recibió póstumamente la Medalla NASA por Servicio Público Distinguido, el honor más alto que concede dicha institución, en reconocimiento a sus contribuciones al programa espacial.

The Past Through Tomorrow, Future History Stories Complete in One Volume, Berkeley Medallion Books, 1975. Incluye la gráfica del grupo de historias que Campbell tituló Future History. Esta gráfica puede descargarse aquí: templetongate.net/graphics/literature/fhchartlarge.gif

Starship Troopers, Signet, The New American Library, 1961.

Stranger in a Strange Land, Penguin Books, Penguin Galaxy, Series Introduction by Neil Gaiman, 2016.

The Moon is a Harsh Mistress, A Tom Doherty Associates Book, 1997.

The Man Who Sold the Moon, Introduction by John W. Campbell, Jr., New English Library, 1981.


1 Ken MacLeod, Politics and science fiction, en The Cambridge Companion to Science Fiction, edited by Edward James and Farah Mendlesohn, Cambridge University Press, 2003, p. 231.

2 El crítico James Gifford compiló el opus hasta el año 2000, en el orden en el que aparecieron las obras. La bibliografía es parte de su libro Robert A. Heinlein: A Reader’s Companion, y el autor autoriza su uso para fines no comerciales. Puede leerse aquí.

3 Tom Swift, personaje de aventuras juveniles y de ciencia ficción, fue creación de Edward Stratemeyer (1862-1930). Sobre su inmenso legado, la revista Fortune comentó: “Así como el petróleo tuvo a su Rockefeller, la literatura tuvo a su Stratemeyer”. Él mismo firmó más de 1,300 novelas, de las que se han vendido más de 500 millones de ejemplares. Generaciones enteras de estadunidenses (y de ingleses) crecieron leyendo a Tom Swift, creado para niños, y las aventuras de Nancy Drew, para niñas, y muchos personajes más como The Hardy Boys o The Dana Girls. Pionero y visionario de la industria editorial, Stratemeyer llevó la pasión por novelas juveniles a alturas antes desconocidas.

4 Fueron los años del programa socialista EPIC (End Poverty in California: Eliminar la Pobreza en California) de Sinclair. Heinlein fue director adjunto de la publicación EPIC, que alcanzaría tirajes de un millón de ejemplares. La iniciativa EPIC buscaba paliar los efectos de la Gran Depresión iniciada con el crack bursátil de 1929. Aunque el Partido Socialista de América era antifascista y anti-estalinista, la teoría y la praxis socialistas de Sinclair no fueron funcionales en California. Sin embargo, algunas ideas de EPIC fructificaron en el New Deal de F. D. Roosevelt. En 1946 Heinlein escribió Take Back Your Government! A Practical Handbook for the Private Citizen Who Wants Democracy to WorkRetiren su gobierno!, o bien ¡Quédense con su gobierno! Un manual práctico para el ciudadano particular que quiere que la democracia funcione), relatando —ingenuamente, él mismo lo diría— los pormenores de la campaña de Sinclair y de la suya. El libro se publicó póstumamente hasta 1998.

5 Esta distinción existe y es The Science Fiction and Fantasy Writers of America, a partir de 1953, siendo Heinlein el primero en recibirla.

6 La Asociación de Poesía de Ciencia Ficción otorga, desde 1978, el Rhysling Award al mejor poema corto (49 líneas o menos) y mejor poema largo (50 líneas o más) del año anterior.

7 Tres botones de muestra de la generosidad de Heinlein y de su esposa para con sus pares: aunque Philip K. Dick se oponía abiertamente a todo lo que “fuera Heinlein”, en momentos de estrechez económica, recibió una máquina de escribir nueva, enviada a la puerta de su casa. Cuando Theodore Sturgeon pasaba por una período angustiante de bloqueo creativo, Robert le envió una lista de 50 temas de ciencia ficción que habrían de servirle para el resto de su vida. Aunque el mismo Spider Robinson se oponía a la presencia de EE. UU. en Vietnam, y Heinlein, al contrario, la apoyaba públicamente, le envió a Robinson varios cheques substanciales por correo —y por iniciativa propia— en momentos cruciales en que agobiaban a Robinson dificultades financieras.

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Para la ciencia ficción, abril resulta tres veces definitorio. Sendas publicaciones clave para el género vieron la luz en este mes. Fueron obra de Hugo Gernsback y John Wood Campbell, Jr., dos autores tan imprescindibles como su labor editorial, que catapultó a esta forma literaria en una de sus cunas primordiales: los Estados Unidos.

…aventura encantadora entretejida con hechos científicos y visión profética.
—Hugo Gernsback

…cuando escribo, escribo sólo mis propios cuentos. Como editor, escribo los cuentos que escriben cien personas.
—John W. Campbell (a Isaac Asimov)

 

Históricamente, el impulso más inmediatamente visible que ha recibido el proteico género literario hoy llamado “ciencia ficción”, se dio en EE. UU., a inicios del siglo XX, incluyendo la concepción del término science fiction.1 Si abril es el mes más cruel —como escribiera T. S. Eliot—, para la ficción especulativa, en cambio, será siempre un mes histórico, acaso irrepetible, y por partida triple. En abril de 1908 apareció Modern Electrics, la primera revista en el mundo que trataba de electrónica y radiofonía. En ella, a partir de abril de 1911 apareció en 12 entregas la pionera novela de anticipación Ralph 124C 41+. En otro abril más, pero de 1926, circuló el número uno de Amazing Stories, primera revista dedicada exclusivamente a la ciencia ficción, que establecería al género como una categoría fija del universo editorial.

El inventor que surgió de Luxemburgo

Las dos revistas y la novela fueron creaciones de Hugo Gernsbacher, nacido en Luxemburgo el 16 de agosto de 1884. A los 20 años, buscando hacer negocios, emigró a América, simplificó su apellido a Gernsback y se nacionalizó estadunidense. Llegaría el día en que sería pomposamente llamado “El Barnum de la Era Espacial” y, con mayor precisión, “El padre de la ciencia ficción”, aunque, como veremos más adelante, también sería bautizado con el apodo “Hugo the Rat” (“Hugo el transa”).


Hugo Gernsback, entrado en años. Fuente: Goodreads

 

El inventor, emprendedor, futuro escritor y editor de revistas se instaló en Nueva York en 1904, con un modesto negocio de importación de partes para radios. Impulsó la radiofonía inalámbrica para aficionados, y en 1909 fundó la Wireless Association of America, que para 1912 contaba con más de 400 mil miembros. Pionero de la radio comercial, fundó la WNRY en 1925, y en 1928 ya transmitía programas de televisión. Hoy, sin embargo, es más recordado por su trayectoria como editor de revistas. Las creó por docenas, y si quizá la más vendida fue la ligeramente escandalosa Sexology (Sexología), las que le darían merecida fama serían Modern Electrics y Amazing Stories.

La primera novela estadunidense de ciencia ficción

La novela pionera de Gernsback, Ralph 124C 41+, de 1911, cuyo título juega con palabras y números, es lectura obligada quizá solo para estudiosos de la historia de la ficción especulativa. Como literatura, Ralph… es considerada un total desastre —un “lamentable batiburrillo” según el autor británico Brian Aldiss— pero, con visionario tino editorial, Gernsback le había ofrecido al público algo que ansiaba y buscaba desesperadamente: una historia de aventura y romance, aderezada con una enorme cantidad de datos científicos y predicciones acertadas (por ej. el cine sonoro, la telefonía con video o el uso de energía solar).2


Paneles solares, concebidos en 1911. Portada interior de la novela Ralph 124C…

 

La primera revista de ciencia ficción

Para 1926, Gernsback lanzaría la revolucionaria revista Amazing Stories (Cuentos asombrosos). Registró legalmente el término scientifiction, y describió el cuento perfecto de ciencia ficción como “75 % literatura entretejida con 25 % de ciencia”. Las tres características básicas de la ficción científica debían ser: narrativa, información científica y predicción. Amazing Stories comenzó publicando a grandes pioneros del siglo anterior: E. A. Poe, Julio Verne o H. G. Wells y, a la par, estableció concursos para que público y escritores presentaran relatos. Poco a poco, apareció el grupo de autores, y de algunas autoras, que en el mundo anglosajón sentarían las bases de lo que hoy llamamos ciencia ficción.3

En 1973, Isaac Asimov escribiría:

Las historias, como siempre, eran a veces pesimistas y a veces optimistas. Pero, en general, a pesar de la experiencia de la Primera Guerra Mundial, la ciencia ficción en revistas dio inicio a una nueva era de optimismo. Esto tiene sus razones.

Estados Unidos, en donde la nueva ciencia ficción en revistas alcanzó prominencia, era el país que menos había sufrido en la Primera Guerra Mundial, y había llevado la Revolución Industrial a su máxima potencia. En los prósperos años 20, no parecía haber nada que los estadunidenses no pudieran hacer y, en consecuencia, nació el “cuento de súper-ciencia”.

Pero, en 1929, tres años después de su aparición, Amazing Stories enfrentó complicados problemas financieros y quebró. El término scientifiction, cuyos derechos perdió Gernsback, renacería como science fiction, abreviado como sci-fi o SF, y, para retomar la estafeta y no perder a un público lector que crecía día tras día, el editor pronto puso en circulación Science Wonder Stories (Cuentos de asombro científico). Y cabe mencionar un hecho no menos importante: Gernsback sentaría las bases del antes inexistente fandom —la colectividad de los aficionados organizados— publicando direcciones de lectores, debatiendo con ellos, creando un sentido de comunidad, una conciencia de un movimiento, de una fuerza social, que concretó con la asociación The Science Fiction League, en 1934.

El “Premio Nobel” de la ciencia ficción

Hoy, el máximo laurel de la ciencia ficción lleva el nombre de pila de Gernsback. El Premio Hugo es entregado cada año, desde 1953, por la World Science Fiction Convention.4 Él mismo, en vida, recibió un Hugo en 1960, por su quehacer como “El Padre de la Ciencia Ficción en Revistas” (y eso sin que el premio valorara las 80 patentes que Gernsback tenía registradas al momento de su muerte, en 1967).

En cuanto a su apodo, Hugo the Rat —así lo llamaban H. P. Lovecraft y Clark Ashton Smith— también se lo ganó a pulso. Al paso de décadas, Gernsback adquirió negra fama por pagarle muy poco a sus autores (un centavo de dólar por palabra), por retrasar sus pagos —a veces durante años—, o bien, simplemente por no pagar, incluso cuando él se adjudicaba 100 mil dólares anuales como director de Publicaciones Gernsback. Muchos autores, como Jack Williamson, demandaron a Gernsback, para cobrar cantidades desde 25 dólares por un cuento, una suma que hoy correspondería a unos mil 100 billetes verdes.5

Cabe mencionar que hacia 1990, durante el auge del movimiento posmoderno cyberpunk, que combinaba tecnología de la información, estética retro, cultura popular y disidencia anti-establishment, un cuento de William Gibson —autor de la paradigmática novela Neuromancer (Neuromante, 1984)— titulado The Gernsback Continuum (El continuo Gernsback), denunció la tecno-latría de “la era Gernsback”, revalorizando a la vez sus “fantasmas semióticos” como inescapables antecedentes.6 Pero dejemos a Gernsback, con sus luces y sus sombras, para acercarnos al otro pilar fundacional de la ciencia ficción del siglo pasado, bajo cuya égida se daría La Edad Dorada de la Ciencia Ficción, que se extendió de Amazing Stories a la década de 1950.

El hombre que aterrizó el sueño de Gernsback

John Wood Campbell, Jr., nacido en Newark (New Jersey) el 10 de junio de 1910, tuvo tres carreras: como autor con su propio nombre, como autor con seudónimo, y como editor. En su honor también se ofrece anualmente un codiciado reconocimiento, otorgado solamente a novelas: el John W. Campbell Award, desde 1973.7


John Wood Campbell, Jr. Fuente: Wikipedia

 

Campbell estudió en el MIT, donde trabó amistad con Norbert Wiener (creador de la cibernética), pero se salió al año, y finalmente concluyó estudios de Licenciatura en Física en Duke University, en 1932. A los 18 años escribía ciencia ficción bajo su propio nombre, siguiendo el modelo popularizado por autores como E. E. Smith, para un público mayoritariamente juvenil: básicamente, space opera, “ópera espacial”, aventuras repletas de gadgets para lucimiento de esforzados héroes masculinos que deshacen entuertos galácticos y rescatan a hermosas damiselas escasamente vestidas de manos de villanos despiadados o de alienígenas horripilantes. (En cine, hoy, la “ópera espacial” por excelencia es La Guerra de las Galaxias).8

Posteriormente, bajo el seudónimo Don A. Stuart, Campbell daría un giro a su quehacer literario, entregando en la revista Astounding Science Fiction historias de otro corte, algo excéntricas y filosóficas, como Twilight —uno de los cuentos clásicos más antologados de la historia de la ciencia ficción—, Cloak of Aesir y Who Goes There?, llevada tres veces al cine como La cosa de otro mundo en 1951, 1982 y 2011.9

Tráiler de La cosa de otro mundo, dirigida por Howard Hawks

 

El editor que desencaja la ciencia ficción

A fines de 1937, en un cambio laboral inesperado, Campbell aceptaría el cargo de editor de Astounding Science Fiction, función que ejerció hasta su muerte, el 11 de julio de 1971. Dejó de escribir ficción, y apareció el editor estricto, controversial, visionario y obsesivo que definiría nuevos rumbos, vistas y mecánicas de creación para la ciencia ficción.

Un objetivo general del Campbell editor sería dejar atrás la ecuación “ciencia ficción = público juvenil”, y llegar a lectores más sofisticados, adultos pensantes, incluyendo a científicos, a través de ficción especulativa que fuera literatura, bien escrita. La meta era publicar “cuentos de gente viviendo en un mundo donde una Gran Idea, o una serie de ellas, y una Máquina, o máquinas, formen el marco de fondo. Pero es el hombre quien debe ser la esencia, no la idea ni la máquina”. Es decir, no solo analizar las nuevas tecnologías, sino las formas en las que podrían afectar a sociedades futuras, al utilizar “la comprensión de cómo reaccionan los esquemas políticos y sociales ante los cambios tecnológicos”. La ciencia ficción, entonces, debía funcionar como “una manera de considerar el pasado, presente y futuro desde un punto de vista diferente, para considerar cómo podríamos hacer las cosas… un sistema conveniente, analógico, para pensar en nuevas ideas científicas, sociales y económicas, y para examinar nuevamente ideas viejas”.

En resumen, Campbell visualizaba algo que Gernsback nunca contempló: ofrecer una agenda literaria que podrían admirar y apreciar los lectores más eruditos. Quizás el autor que mejor plasmaría esta visión particular, el que primero entendió cabalmente a Campbell y elevaría exponencialmente la calidad de la ciencia ficción, cambiándola para siempre, sería Robert A. Heinlein, cuyo primer cuento, Life–Line (Línea de universo o Línea de vida), sería publicado precisamente en Astounding Science Fiction.

Aparecen las sombras

Pero hacia 1950, las sombras de Campbell se manifestarían cuando —a pesar de su formación como físico— se entusiasmó y enarboló banderas de varias pseudociencias, como las teorías sobre Percepción Extrasensorial (ESP) de J. B. Rhine, o esa creación de un otrora prolífico escritor de ciencia ficción, Ron L. Hubbard, la Dianética, que acabaría convirtiéndose en la Cienciología de hoy, registrada como iglesia, uno de los muchos negocios multimillonarios, tipo cultos, al parecer inevitables en las sociedades actuales. Hoy, la anécdota ya es legendaria: un día, Hubbard, agotado, cansado de ganar un centavo por palabra produciendo a “velocidad del rayo” novelas y cuentos de CF y de muchos otros géneros, le habría comentado a su esposa: “Esto no es negocio. Voy a inventar una religión”.

El extrañamiento que generó Campbell, y el distanciamiento que provocó con las mentes más preclaras de la science fiction, que combatieron sus obsesiones pseudocientíficas en privado y en público, se resume en un botón de muestra, mesurado y lacónico, nuevamente de Asimov: “le causó dolor a muchos de los hombres a quienes había formado (incluyéndome a mí)”. Sin embargo, para no concluir en umbras, recordemos otras luces del personaje de John Wood Campbell, Jr., en palabras de Malcolm Edwards: “Más que cualquier otro individuo, él ayudó a darle forma a la ciencia ficción moderna”.10

 

Rémy Bastien van der Meer
Guionista y traductor. Sus traducciones recientes son: la saga The Sandman y La fotografía vernácula (Ediciones Ve).

Bibliografía

Hasta donde sabemos, las novelas y cuentos de Hugo Gernsback no tienen traducción formal al español. En internet se ofrecen algunas traducciones al español de Ralph 124C 41+. De John W. Campbell se encuentran compilaciones de su obra y de cuentos que encargó, como editor, publicadas en España y Argentina, y cuentos sueltos suyos en antologías de ciencia ficción publicadas por Editorial Bruguera. Quizá los cuentos producidos durante “la era Campbell”, en la llamada “Era Dorada de la Ciencia Ficción”, no resulten atractivos para los lectores de hoy. Sin embargo, buena parte de la ciencia ficción actual —incluso en el cine—, en realidad, no es más que “vino viejo en botellas nuevas”.

• Hugo Gernsback, Ralph 124C 41+. Descargable en inglés aquí.

• The Best of John W. Campbell, Edited by Lester del Rey, Nelson Doubleday, 1976.

• The Astounding Science Fiction Anthology, Edited by J. W. Campbell, Jr., Berkeley Medallion Books, 1967.

• The Science Fiction Hall of Fame, Volume I, Edited by Robert Silverberg, Avon, 1971, Twelfth Printing.

• The Encyclopedia of Science Fiction, Edited by Peter Nicholls, Granada Publishing, 1971.

• Science Fiction Today and Tomorrow, Edited by Reginald Bretnor, Penguin Books, 1975.

• Rewired, The Post-Cyberpunk Anthology, James Kelly & John Kessel, Editors, Tachyon Publications, 2007.

• Isaac Asimov, Asimov on Science Fiction, Avon, Discus, 1982.

• Isaac Asimov, Gold, The Final Science Fiction Collection, Harper Prism, 1995.

• Jean Gattégno, La ciencia ficción, México, FCE, 1985.

• James Gunn, The Road to Science Fiction #2 From Wells to Heinlein, New American Library, 1979.

• Franz Rottensteiner, The Science Fiction Book, An Illustrated History, Thames and Hudson, 1975.

• David Seed, Science Fiction, A Very Short Introduction, Oxford University Press, 2011.


1 Para efectos prácticos se considera a Frankenstein, novela de 1815 de la británica Mary Shelley, como la primera obra formal de ficción científica. Desde luego son precursores también los “viajes extraordinarios” de Julio Verne y los “romances científicos” de H. G. Wells, ambos considerados también “Padres de la ciencia ficción”. Y una correcta perspectiva histórica debe incluir asimismo las notables contribuciones de autores rusos y soviéticos. Ver: Electrizante: breve historia de la ciencia ficción rusa y soviética”.

2 El curioso título de la novela prima de Gernsback debe leerse así: Ralph 1 (Ralph, one), 2 (to), 4C (fore-see), 4 (for) 1+ (all), siendo que “1+” puede equivaler a “todos” o a “muchos”. Así, por ejemplo, el título puede traducirse como: Ralph, Uno que preverá por todos (Ralph One to Foresee for All). Su trama es sencilla: en el siglo XXVII, en 2660, Ralph, amo de los gadgets, rescata a una doncella prisionera de un “cerebro criminal”, en el espacio exterior. La obra, dispersa, sí contiene una cantidad notable de predicciones, correctas extrapolaciones científicas y técnicas (cine sonoro, telefonía con video, uso de energía solar, alimentos sintéticos, viajes aéreos transcontinentales, vuelos espaciales), así como algunas tonterías de antología. En otras novelas, Gernsback ubicó al fantástico y descocado personaje literario, Barón de Munchausen, creación de Rudolf Erich Raspe (1785), en varias aventuras espaciales.

3 Además del “trío dorado” integrado por Robert A. Heinlein, Isaac Asimov y Arthur C. Clarke, destacaron autores como A. E. Van Vogt, Fritz Leiber, Clifford D. Simak, y Lester del Rey, entre muchos otros. Y siguen leyéndose obras de creadoras como Leigh Brackett, Catherine L. Moore y Anne McCaffrey, primera autora que ganó el Hugo (y también el Nebula, otro premio anual importante de la CF).

Para más detalles, ver: “El mundo sin noche: el nacicmiento de Isaac Asimov”. Ver también: “Estelar entre las estrellas. El centenario de sir Arthur C. Clarke”.

4 El Hugo Award actualmente abarca 15 categorías, y la de novela es la más importante. La primera novela premiada, en 1953, fue The Demolished Man (El hombre demolido) de Alfred Bester. En 2016, recibió el Hugo la escritora N. K. Jemisin, primera afroamericana en ganarlo, por su novela The Fifth Season (La quinta estación). En 2017, espectacularmente, volvió a ganarlo con The Obelisk Gate (El portal de los obeliscos), segunda parte de su trilogía The Broken Earth (La tierra fragmentada). Todas estas novelas se han editado en español.

5 En 1974 Frederik Pohl escribió en Science Fiction Today and Tomorrow: “Mi primera venta, lo recuerdo, fue a Amazing Stories. Era un poema; lo escribí en 1935, fue aceptado en 1936, fue publicado en 1937—y fue pagado en 1938. Eso no fue un récord. Hay escritores a quienes les pagaron mucho más lentamente y todavía, hace algunos años, había algunos a quienes aún no les pagaban, más de treinta años después”.

6 El cuento de Gibson que alude a Gernsback haría par con otro, más célebre aún: Disneylandia con la pena de muerte, sobre Singapur, publicado en la revista Wired, y prohibido en el país asiático. Ya en el siglo XXI, el cyberpunk quedó relegado ante tendencias más recientes de la ciencia ficción —feministas, afro-futuristas y queer, por solo mencionar tres— y sus propios creadores señeros, como Gibson, Bruce Sterling y el matemático Rudy Rucker, lo reconocen.

7 En 1973, ganó el primer John W. Campbell, Jr. Award la novela Beyond Apollo, del estadunidense Barry N. Malzberg. En 2017, mereció el galardón Central Station, del escritor israelí Lavie Tidhar.

8 El término space opera fue acuñado en 1941 por un fan, Wilson Tucker (1914-2006), que posteriormente escribiría cuentos, novelas, y estudios críticos sobre CF.

9 Twilight (Crepúsculo, 1934), relata un encuentro casual con un viajero del tiempo, del año 3059, quien viajó siete millones de años al futuro, equivocando su regreso a 1932. Cloak of Aesir (Manto de Aesir, 1939), a través de un personaje alienígena femenino, describe una sociedad matriarcal cuatro mil años en el futuro, que esclaviza a la especie humana. Who goes there? (¿Quién anda ahí?, 1939) sigue siendo escalofriante, describiendo a un despiadado ser alienígena que puede adoptar la apariencia de cualquier ser viviente de la Tierra.

10 Malcolm J. Edwards, respetado crítico británico de ciencia ficción y egresado de Cambridge, ha dirigido prestigiadas colecciones del género (Gollancz, Orion), y ha sido editor de Philip K. Dick, J. G. Ballard, William Gibson y Terry Pratchett, entre muchos otros.

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