
Youth (Italia/Francia/Reino Unido/ Suiza, 2015)
Director: Paolo Sorrentino
Género: Drama
Guionista: Paolo Sorrentino
Actores: Michael Caine, Harvey Keitel y Rachel Weisz
La sola imagen de Fred Ballinger caminando en una Plaza de San Marcos que se inunda, mientras una Reina de belleza usa esta misma plataforma como pasarela, es ya una poderosa razón para ver el más reciente trabajo del cineasta italiano Paolo Sorrentino: Youth.
Su anterior filme, La grande bellezza, obtuvo importantes reconocimientos: el Óscar, el BAFTA y el Globo de oro como Mejor película extranjera, además de haber contendido por la Palma de oro en Cannes.
Youth, al igual que su predecesora, logra que las imágenes parezcan emergidas de un sueño: son poéticas, oníricas. Caras, rostros, acciones sencillas o hermosos paisajes son enmarcados con la precisa música de David Lang, quien además de sus composiciones, incluye en la banda sonora a artistas como Sun Kil Moon, Mark Kozelek y The Retrosettes Sister Band (que también participan en la cinta como una banda de swing).
En La grande bellezza, Jep Gambardella tomaba su cumpleaños 65 como un momento de reflexión para decidir el rumbo de su vida. Sorrentino hacía ahí un ensayo sobre el hedonismo y la alta sociedad italiana; en contraste, el protagonista de Youth, el director de orquesta Fred Ballinger (Michael Caine) está apartado en un hotel de Suiza en donde parece ya no tener razones para vivir luego de haberse retirado de dirigir la Orquesta de Venecia por 24 años.
En el lujoso hotel, Ballinger es visitado por un emisario del palacio de Buckingham, quien le anuncia que la Reina desea otorgarle el título de Caballero en una ceremonia en la que espera que dirija a la Orquesta Filarmónica de Londres con una de sus composiciones más famosas: “Simple Songs”. Para sorpresa del encomendado, Ballinger se niega “por razones personales”.
A partir de ese momento, Sorrentino se dedica a mostrarnos pinceladas de los diferentes huéspedes del hotel: el famoso actor de Hollywood Jimmy Tree (Paul Dano), un símil del futbolista Diego Maradona (Roly Serrano) y una dulce masajista que practica pasos de baile por las noches.
También hay otro huésped, el director de cine Mick Boyle (Harvey Keitel), antiguo y entrañable amigo de Ballinger, y también padre del esposo de su hija, Lena (Rachel Weisz).
La tranquila vida de este resort, que inevitablemente recuerda a El Gran Hotel Budapest de Wes Anderson, es interrumpida por la noticia de que la recién elegida Miss Universo (Madalina Diana Ghenea) llegará a hospedarse unos días.

La película continúa entre conversaciones de Fred y Mick; en las comidas, los pasillos y especialmente en caminatas por los hermosos Alpes suizos. El trabajo en la fotografía de Luca Bigazzi resulta preciso.
Las conversaciones de estos personajes nos invitan, como espectadores, a pensar en la vida; en la enfermedad, la mortalidad, la belleza o la juventud. Cómo se ven estos conceptos en el mundo y qué lugar les damos nosotros. Sorrentino nos comparte su postura, pero sobre todo, nos invita a indagar en la propia.
Durante su estancia en el hotel, Mick intenta levantar una película que describe como su “testamento”, y es que parecería que cada uno de los personajes de este lugar busca la manera de dejar un legado. Dicho filme será protagonizada por una importante actriz: Brenda Morel (Jane Fonda), a quien Boyle impulsó desde su juventud, pero ella aparece para decirle que no hará la película porque prefiere hacer una serie. “La televisión es el futuro”, advierte. Una interesante analogía luego de que Sorrentino decidiera ahora dedicarse a The Young Pope, serie en la que comandará a actores como Jude Law, Diane Keaton, Javier Cámara y Ludivine Sagnier.
Como si se tratara de un cuadro, o de una sinfonía, Youth es una película para contemplar, para sumergirse, para, como si fuéramos un huésped más de este resort, sólo relajarnos. Pero el planteamiento nos recuerda también que la vida está allá afuera, afuera de una casa, de una oficina, de un hotel. Y que para sentirse joven, tener verdadera juventud de alma, hay que salir, hacer, vivir, aún cuando el resultado no sea tan placentero, o cinematográfico, como un paseo por los Alpes Suizos.