De la prohibición de drogas no encontramos su principio mucho antes que su final. ¿Por qué algunas yerbas, como la marihuana, están prohibidas en la mayoría de los países mientras que otras, como el tabaco, no lo están? ¿Por qué puedes comprar una botella de alcohol para beber un sábado por la noche en cualquier supermercado y no un poco de heroína? ¿Prohibir o regular? El debate prescriptivo sobre el consumo de drogas parece ya trillado y aburrido; sin embargo, aún es relevante. Lo que planeo (tal vez con sobrada ambición) es comentar aquí sobre un conflicto que sigue presente y uno que comienza a ser cada vez más importante en el espacio de la discusión con el aumento de políticas que despenalizan el consumo y venta de algunos narcóticos, como la marihuana.
Por lo general, cuando hablamos de drogas o narcóticos, nos referimos a sustancias que tienen un efecto en el pensamiento, emociones, humor o percepción de los seres humanos. ¿Qué puede hacer una persona consigo misma? Con frecuencia las personas se ven de una u otra forma obligadas a acatar un cuaderno de reglas sobre cómo tratar a su mente, a su cuerpo y a la relación entre éstos, ya sea para evitar rasgarse las muñecas o para salir a correr 45 minutos en lugar de comerse una Big Mac con papas y refresco. Algunos opinan que una persona es absolutamente dueña de sí misma y que por lo tanto, ésta puede incluso, si así lo desea, venderse en esclavitud o autodestruirse; sin embargo, éstos son una excepción. La mayoría considera que las personas no deberían de poder autodestruirse y que incluso el Estado puede llevar a cabo medidas para evitarlo. Las políticas que prohíben el suicidio asistido y las campañas que pretenden dimitir el suicido por medio de tratamiento médico son sólo un ejemplo. “Soy yo, porque tú eres”. ¿Y el consumo de drogas?
En una defensa de la legalización del uso recreativo de algunas drogas, Cristian Puga (partiendo de la postura de que las personas no deben de poder autodestruirse) arguye que la única razón válida para prohibir un narcótico es si éste roba a la persona de su autonomía. La autonomía a la que Puga se refiere consiste en la “capacidad que tiene un individuo de dirigir su vida de acuerdo con las creencias, valores, consideraciones y deseos que ha decidido adoptar”. Como Puga lo presenta, nadie es completamente autónomo, pero hay formas en las que las personas son más o menos autónomas, y si una droga disminuye de manera significativa la autonomía de una persona, entonces podría mantenerse la proscripción para prohibir. Después de un profundo análisis sobre el concepto de autonomía, la adicción y los casos específicos de los efectos de ciertas drogas en la autonomía de sus consumidores, el autor concluye que no existe un motivo intrínseco por el cual debería de mantenerse la prohibición de la marihuana, la cocaína y la heroína.
La prohibición de ciertas drogas quizá está injustificada, pero ¿eso significa que su libre consumo, dada la violencia, explotación laboral y demás condiciones de su producción, está bien? Ya sea que el narcótico sea legal o no, existe hoy una consideración más para decidir consumirlo. El consumidor no es culpable por secuestrar y extorsionar a los trabajadores, pero aún así, por medio de las relaciones de mercado éste se encuentra involucrado de cierto modo con aquéllos. Mientras tanto, el argumento en favor de la despenalización de las drogas se postra en una defensa de la autonomía como un modo de elegir cómo es que cada quien quiere vivir su vida. ¿Es hipócrita protestar en contra del abuso del poder, buscar mejorar las condiciones de los trabajadores y fumarse un porro de marihuana producida por mano esclava en el proceso? Quizá sí lo es. ¿Acaso lo peor que puede ser una persona es ser hipócrita? No lo creo. Yo por lo menos prefiero un mundo en el que las personas protesten en contra del abuso del poder y busquen mejorar las condiciones de todos los trabajadores.
Entendamos una cosa: considerar a la hipocresía como el peor de los vicios es una necesidad estética, una búsqueda de congruencia interna absoluta, con el simple fin de lograr una congruencia absoluta; sin embargo, dejar de ser hipócritas no es la única razón para reevaluar el consumo de drogas producidas en un contexto de trabajo forzado y violencia extrema. El consumo responsable de cualquier producto, ya sea una sudadera, un collar de brillantes o un porro de marihuana no parte de una necesidad de evitar ser hipócrita, sino de la preocupación por las condiciones que evitan que otras personas, con el fin de satisfacer las preferencias autónomas de otros cuantos, vean su propia autonomía vulnerada. Con la creciente ola de despenalización de la marihuana, es momento de ampliar el debate y hablar, no de culpa, sino de responsabilidad.