X-Men: Apocalipsis (E.U.A., 2016)
(X-Men: Apocalypse)
Director: Bryan Singer
Género: Acción
Guionistas: Simon Kinberg y Bryan Singer
Actores: James McAvoy, Michael Fassbender y Jennifer Lawrence

El género de los súper héroes en el cine ha pasado por varias resurrecciones. En los noventa parecía que todo estaba perdido tras las últimas cintas de Batman que retomaban un enfoque más camp (clásico de la serie de 1966) y el hecho de que Marvel tenía repartidos los derechos de sus personajes más interesantes en el limbo de la preproducción. Fue entonces que Bryan Singer, un director independiente respetado pero no muy conocido, entraba al ruedo con su adaptación de los mutantes favoritos de todos: los Hombres X. Hoy llega dirigiendo su cuarta película en la franquicia (de seis que se han hecho sobre el equipo, o nueve si consideramos las cintas de personajes individuales) y trae consigo una obra que parece ilustrar el cansancio con los personajes, pero no sabemos si es por parte del público o del mismo creador.
X-Men: Apocalypse padece tres problemas fuertes: el primero es algo que se estableció desde Days of Future Past (2014) y es la falta de sensación de peligro. Parte del problema de establecer tu historia en el pasado es que tienes el referente de que los personajes principales siguen vivos en el presente, por lo cual, no importa que tan grande sea la amenaza, de antemano sabes que será superada. En línea similar, la violencia mostrada no tiene un efecto real. Podemos ver destrucción de ciudades enteras sin embargo no hay impacto. Son ciudades genéricas intercambiables y no hay algo que nos haga sentir que las muertes ocasionadas sean relevantes.
El segundo problema que tiene la cinta es que es aburrida. Técnicamente bien hecha, pero aburrida. Mientras que hay quienes pueden defenderla diciendo que “al final del día es solo una película, un simple entretenimiento”, no es entretenimiento algo que se presenta como una cinta de acción/aventura de temporada de verano y que pasa casi una cuarta parte de la trama en donde, a pesar de tener a gran cantidad de personajes con poderes increíbles (los cuales podrían resolver el conflicto en menos de un minuto), nadie se decide a hacer algo y todos parecen estar a cuadro esperando que alguien diga “acción”.
El tercer gran problema de la cinta es que sus personajes no han evolucionado. Han pasado 10 años desde Days of Future Past y el personaje de Quicksilver sigue viviendo en el sótano de la casa de su madre, sin salir a hacer algo de provecho por su vida. El mundo no ha avanzado nada en comparación con la cinta anterior. Hay una mención sobre la guerra fría pero solo sirve como elemento de lucimiento para el villano ya que fuera de esto no hay nada que refleje la época en la que se desarrolla la historia, excepto las hombreras y los peinados de Aquanet. ¿Nuestros personajes principales han crecido desde la última vez que los vimos? Si bien el profesor Xavier finalmente acepta su papel como maestro, es algo que ya tenía en First Class, sin importar si tiene cinco o 500 alumnos. Si bien Magneto se da tiempo para sí mismo y forma una familia, ésta es mostrada de manera genérica sólo para ser eliminada y justificar su vuelta a ser villano (por enésima ocasión). Sus perspectivas ideológicas quedan en un último plano y son simplificadas en pro de mostrar la motivación tan “sofisticada” del villano en turno (la cual jamás se explica), que a su vez hace de Magneto un pelele dentro de su plan maestro.
Hablando de los personajes, el único que muestra una especie de madurez es el interpretado por Jennifer Lawrence, quien se aleja cada vez más de la Mystique de los cómics o de la trilogía original, pero que desafortunadamente interpreta en automático su personaje, lejos de la fuerza que ella misma le imprimió en el relanzamiento que vino de la mano de Vaughn. Al parecer los Óscar y las cintas taquilleras la han desgastado o dejado sin interés para comprometerse plenamente con otros papeles. Y los personajes nuevos: fuera del Nightcrawler, interpretado por Kodi Smit-McPhee, todos son de adorno y no cuentan ni con arcos ni puntos de interés. Además del carisma de Smit-McPhee, lo que hace relevante a su Merodeador Nocturno es el hecho de ser el único actor al que se le permite recitar frases completas, aunque sea para hacer chistes.
Mientras que la saga de los X-Men ha sido la más prolífica y la primera que se atrevió a establecer ideas y cuestionamientos importantes, sin caer en la seriedad excesiva y matices oscuros, es a su vez la más desigual. En esta ocasión nos traen a un villano de caricatura (o de serie de los Power Rangers) para interactuar con un mundo que para tener a los personajes que son la epítome de la evolución, no han evolucionado como elementos narrativos. Quizás en cierta medida Singer y Kinberg lo sabían, por lo cual en una escena sus personajes comentan sobre lo terrible que son las terceras partes en una trilogía. Solo que en vez de buscar superar el estigma ajeno, terminan confirmándolo. Cosa terrible considerando que Singer no es mal director.