Walter Benjamin en Palestina

… los muertos son los que
Se renovarán y nacerán cada día
Y cuando intenten dormir, los conducirá la matanza
De su letargo hacia un sueño sin sueños. No importa
El número. Nadie pide ayuda a nadie. Las voces buscan
Palabras en el desierto y responde el eco
Claro, herido: No hay nadie. Pero alguien dice:
"El asesino tiene derecho a defender la intuición
del muerto". Los muertos exclaman:
"La víctima tiene derecho a defender su derecho
a gritar"…
Mahmoud Darwish, “Moscas verdes” [fragmento], 2006

Donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado. Pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas. Este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro, al cual le da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante él hasta el cielo. Ese huracán es lo que nosotros llamamos progreso.
Walter Benjamin, “Tesis IX”, Tesis de filosofía de la historia

Haciendo cola en la fila de control de pasaporte en el aeropuerto Ben Gurion, repaso mentalmente lo que estoy a punto de afirmar: que he sido invitada por el departamento de diseño de la Universidad en Tel Aviv, a dar una conferencia sobre arte contemporáneo y globalización. En mi bolsa, en un folder, llevo una carta de invitación que sustenta dicha afirmación. Especulo que pasaría si llevara impresa la carta que nos proporcionaron los organizadores de la conferencia de Walter Benjamin en Palestina, de parte del Goethe Institut de Ramallah –esta segunda carta no garantizaba el acceso a Israel, más bien, lo ponía en jaque. Al final, le negaron la entrada a Israel (el único punto de acceso posible a los Territorios Ocupados) a 7 de los 128 participantes de la conferencia (la mayoría palestinos o de origen árabe). A mi salida, temía otra vez un largo interrogatorio que incluye normalmente búsqueda corporal, además de mi laptop, medios sociales, correo electrónico y pertenencias. Había cerrado temporalmente mi cuenta de Facebook y limpiado mis correos como medidas precautorias, pero llevaba en la maleta una kufiya, cuentos para niños en árabe, y un sobre lleno de dibujos de niños de cinco años con banderas palestinas, lo cual me aseguraba un largo interrogatorio e inspección. Preparada para lo peor (acabar en una lista negra y no gozar del derecho de acceso a Palestina, como muchos), casi me sorprendo con la baja intensidad de los controles de seguridad aeropuertuarios –un sistema complejísimo de perfilamiento racial con chequeos desde el primer punto de acceso a Ben Gurion y la asignación de grados de ‘amenaza’ de los pasajeros.

Pero mientras que los extranjeros de origen no árabe ingresamos sin problemas, por esta vez, a Israel, la violencia sigue escalando tanto en Cisjordania como en la Franja de Gaza. El cerco en Gaza desde 2008 y los ataques de los israelíes (2008-2009, 2012, 2014) sigue empeorando las posibilidades de vivir vidas dignas allí, mientras que las secuelas de la ocupación y los ataques de los israelíes (ejército y colonos radicalizados) se sienten en la infraestructura, casas y psiques de todos.

En Cisjordania, además de sufrir las diversas formas bajo las cuales se manifiesta la ocupación, desde mediados de Septiembre y con una débil apelación de Tercera Intifada, los palestinos han matado a 21 israelíes a puñaladas, a tiros o con el coche; el lunes 15, un chofer palestino se estrelló con una parada de camión en Jerusalén hiriendo a 12 personas. Estas formas de violencia aisladas –lo que se conoce como acciones de “lobos solitarios”–, son iniciativas individuales sin apoyo colectivo, organización o proyecto político, a diferencia de los ataques perpetrados por palestinos en Israel y a israelíes las otras dos Intifadas. Y en tanto que son actos de desesperación, son apolíticos y pueden ser considerados como parte de la epidemia global de asesinos suicidas –en masa–, y síntoma de las patologías sociales globales de ansiedad, pánico y depresión.1

El asesinato suicida (los perpetradores palestinos saben que al atacar a un israelí tendrán una muerte segura) puede ser percibido en general como la única acción efectiva actual de los oprimidos, en tanto a que puede disipar la ansiedad, la depresión e impotencia de los que viven en un ambiente cultural destruido o en vías de destrucción. Por su parte, los israelíes han matado a 117 palestinos desde septiembre, justificando los asesinatos argumentando que 76 fueron asaltantes potenciales. Y la violencia continúa: el jueves 17, al tomar una foto de un vehículo militar estacionado en la ciudad, una artista en la ciudad de Belén recibió un balazo en la pierna, poco después de que cinco niños entre 5-12 años fueron arrestados en una escuela en Betunya (en las afueras de Ramallah). Hay incidentes y confrontaciones entre el ejército o los colonos y los palestinos casi a diario y cada vez con más violencia e impunidad.

En El contrato social de la fotografía, Ariella Azoulay arguye convincentemente que los palestinos son co-gobernados junto con los israelíes bajo un estado de excepción teniendo el estatus de no-ciudadanos, sin derechos o con derechos distintos a los israelíes. Azoulay explica también cómo las formas del conflicto son la ocupación y el apartheid por medio del urbicidio, la aniquilación por medio del “lawfare” (la ley como instrumento de guerra), 2 el estado de sitio, la ley marcial y la tortura psicológica colectiva.3 Después de la ocupación de 1967, se estableció progresivamente un apartheid en los territorios palestinos. Con los asentamientos de colonos israelíes en Cisjordania (los asentamientos de la Franja de Gaza fueron evacuados en 2005 por Ariel Sharon), la red de infraestructura y caminos que los conectan, ha surgido un estado Israelí contiguo desde el río Jordán hasta el Mediterráneo, en el que se les niega o concede diferentes derechos a los palestinos, a partir de un complejo sistema de control y de exclusión. Es así que la situación en Cisjordania puede pensarse como apartheid similar a los bantustanes sudafricanos: áreas marginalizadas sin continuidad territorial, soberanía o viabilidad económica.

La forma de expresión del conflicto es una forma de nacionalismo xenofóbico que enmascara el nuevo paradigma de colonialismo neoliberal. Es por eso que la vida actual los palestinos implica sobrevivir el fin del (su) mundo, una condición de falta de significado y de soledad, ya que la devastación de sus vidas ha llegado a un nivel que parece irreversible: el significado o los significados de la colectividad están siendo constantemente re-codificados por la colonización israelí. Este genocidio implica obliterar a las herramientas colectivas para darle significado a un mundo a partir de los signos culturales y naturales que les rodean.

El conflicto Israelí-Palestino se presenta generalmente bajo la máscara de una guerra étnica, de “judíos contra árabes” o “israelíes contra musulmanes” –el bien sonado “choque de civilizaciones”. Sin embargo, lo que en realidad está en juego es modelo capitalista de desarrollo, que tiene como consecuencia formas injuriosas de interdependencia. Por un lado están las regiones que absorben los comunes y por otro las zonas de sacrificio. Es decir, las vidas y comunes de unos son sacrificadas para que otros puedan vivir vidas “desarrolladas” y “modernas”. En otras palabras, los privilegios de los habitantes de enclaves de sofisticación y riqueza son a costa de las vidas de otros. Por eso, la situación en Palestina puede considerarse como el modelo de apartheid que empieza a expandirse por el mundo y está caracterizado por regiones con recursos abundantes que están separadas de regiones viviendo en hambruna, destrucción y guerra permanente, y co-gobernados diferencialmente. En estos casos, lo que está en juego es tanto la gestión del territorio (aquí: a través de las diversas formas que toman la ocupación de Cisjordania y el cerco de Gaza) como la precarización de la vida de la gente. Por otro lado, las formas de violencia ejercidas contra los palestinos son la vanguardia de la opresión y represión global: Israel es el principal exportador de tecnología de guerra y seguridad global, y sus herramientas y discursos han sido utilizados en otras partes del mundo. Por ejemplo, al justificar el asesinato con balas de goma (de tecnología israelí) de la policía al niño en Chalchihuapan, Puebla en 2014, el gobernador, Rafael Moreno Valle, argumentó que el niño estaba de “escudo humano” en la protesta. De la misma manera, Benjamín Netanyahu, el primer ministro israelí, justificó en 2014 la muerte de 500 civiles durante la ofensiva en la franja de Gaza argumentando que Hamas los había usado como escudo humanos violando las leyes humanitarias internacionales.

En el contexto de las formas de control y represión vanguardistas que representa la ocupación israelí, ¿qué relevancia tiene una conferencia internacional de Walter Benjamin en Palestina? Y, ¿qué importancia cobra el pensamiento del filósofo judío ante la situación actual de los palestinos? Para empezar, la conferencia fue un gesto de solidaridad sin precedentes en el ámbito cultural y académico con los palestinos dentro del marco de la campaña de “Boicot, Desinversión y Sanciones” (BDS) contra Israel. La Sociedad Internacional de Walter Benjamin decidió celebrar su congreso anual en Israel; se organizó una conferencia masiva con sedes en Tel Aviv y Jerusalén, a la cual atendieron académicos de todas partes del mundo y se incluyó una exposición basada en el archivo de Walter Benjamin en el Museo de Tel Aviv. Sin embargo, en solidaridad con la campaña de BDS, una facción disidente organizó una conferencia paralela en los Territorios Ocupados. La esquizofrenia posmoderna no impidió que un pequeño grupo de personas asistiera a ambas conferencias (según se rumoró durante los descansos de la conferencia). Y es aquí que se hace importante elaborar sobre las implicaciones de la campaña de BDS.

Iniciada por la sociedad civil palestina en 2005 y coordinada por el Comité  Nacional Palestino del BDS en 2007, la campaña es un llamado a los ciudadanos del mundo a jugar un papel efectivo en la lucha palestina por la justicia. Ante la limpieza étnica, colonización, discriminación racial, ocupación militar, violación de leyes internacionales e impunidad de crímenes por parte de Israel, la sociedad civil palestina –a través de la BDS– llama a los ciudadanos del mundo a boicotear e implementar iniciativas de desinversión y sanciones a Israel, hasta que los derechos de los palestinos sean reconocidos de acuerdo con las leyes internacionales. La campaña tiene como blanco productos y compañías que generan ganancias con la violación de los derechos de los palestinos, entre ellos, instituciones deportivas, culturales y académicas, ya que se considera que éstas contribuyen directamente a mantener, defender o blanquear la opresión de los palestinos. El boicot implica la suspensión o ruptura de relaciones con instituciones culturales y académicas en Israel (por ejemplo: no aceptar invitaciones a exponer o a presentar en instituciones israelíes) aunque los que se oponen al boicot argumentan que éste busca en realidad la destrucción de Israel, ahora constituido como un estado étnico-racial.

Desafortunadamente, los debates sobre la campaña de boicot académico y cultural contra Israel tienden a enfocarse en la legitimidad de los boicots, y no en las condiciones bajo las cuales se vive y se ejerce la vida cultural y académica en Palestina, ni se diga de los estragos de la ocupación. O de plano se ha ignorado este llamado, por ejemplo, durante la Feria Internacional del Libro en Guadalajara 2013 que estuvo dedicada a Israel y que fue precedida por un “Foro de Comercio y Negocios” para el que vinieron a México 80 empresarios israelíes (algunos de tecnología de guerra). Entonces, una minoría de académicos pidió abandonar la ideología sionista y abogó por  “equilibrio” en la feria solicitando representación literaria palestina y que se dialogara sobre el conflicto. A pesar de encontrarse en un escollo por estar casi ausente en Latinoamérica, la BDS va cobrando fuerza en el mundo anglosajón ya que asociaciones como la Modern Language Association (MLA), la Association for Asian American Studies (AAAS), la American Studies Association (ASA) en Estados Unidos y la Association of University Teachers de Inglaterra se han alineado con el llamado de los palestinos. También, muchos artistas han rechazado exponer o tocar en Israel (entre ellos, Pink Floyd y Brian Eno, Tommy Sands, Carlos Santana, Elvis Costello, Massive Attack, Pixies, Vanessa Paradis, los Yes Men, los escritores Henning Mankel, Alice Walker, Eduardo Galeano y Arundhati Roy, los cineastas Ken Loach y Jean-Luc Godard).

Como toda crítica a la actual constitución del Estado de Israel y a sus defensores, la campaña BDS se ha considerado como un acto de anti-semitismo y de llamado a la destrucción del Estado de Israel. Sin embargo, la lógica de la campaña, en tanto que implica la estrangulación de relaciones, es análoga a la de una huelga, ya que funciona como medio para un fin que necesita de establecer un nuevo contrato. En este caso, el de reconocer y restituir los derechos de los palestinos. Por ello la campaña BDS busca la transformación radical de la ley Israelí: no sólo que se modifiquen ciertas prácticas del Estado sino que se derroque al Estado exclusivista y teócrata. Las demandas de la BDS son las siguientes:

1. Fin de la ocupación y colonización de la tierra árabe ocupada en junio de 1967 y desmantelamiento del muro de separación racista

2. Reconocimiento de los derechos fundamentales de los ciudadanos árabes-palestinos de Israel e igualdad absoluta.

3. Respetar, promover y proteger los derechos de los refugiados palestinos para regresar a sus casas a su hogar y propiedades como lo estipula la resolución 194 de la ONU.

De este modo, la realización de los derechos humanos de los palestinos implicaría el desmantelamiento del Estado de Israel como étnico-racial, por eso Israel considera a la campaña como un acto de destrucción. En ese sentido, la BDS sí es una instancia de fuerza coercitiva: un ejercicio para lograr ciertos fines a través de la “extorsión”. Como la huelga (que es un derecho concedido por el Estado), la BDS representa el uso de extorsión o de fuerza coercitiva por medio de una demanda no-violenta. Sin embargo, el ejercicio de un derecho bajo ciertas condiciones se puede convertir en un acto de violencia desde la perspectiva del Estado, como en el caso de la huelga general revolucionaria, que se comprende como un abuso del derecho a la huelga, porque se vuelve en un estado de excepción, y se hace necesario llamar al ejército a intervenir. Es de este modo que un movimiento no-violento se puede llegar a comprender como un acto de violencia por parte del Estado. Sin embargo, a diferencia de la huelga y de la huelga general revolucionaria, más allá de un programa o una utopía, la campaña BDS implica suspender la ley en vez de abolirla al ponerla en jaque, ya que revela la exclusividad inherente a “democracia” bajo la cual se basa el estado Israelí, misma que describí como la forma diferenciada del co-gobierno israelí a los palestinos. La BDS revela la violencia que lleva a cabo el estado israelí en contra los palestinos.4

Al alinearse con la BDS, la conferencia de Benjamin en Palestina fue un acto de solidaridad consciente del gesto de colonialismo que pudiera implicar exportar ideas modernas y europeas de emancipación al contexto palestino. Asistimos académicos de varias ramas de las humanidades, escritores, artistas y curadores de varias partes del mundo, muchos estudiantes (escandinavos, alemanes, británicos, españoles, mexicanos), varios palestinos y de otros lugares del mundo árabe. La conferencia se estructuró a partir de un taller de lectura de textos clave de Walter Benjamin (La tarea del traductor, la Crítica de la violencia, Tesis de filosofía de la historia, Fragmento teológico político, entre otras) aunadas a presentaciones individuales y ponencias magistrales de Rana Barakat, Susan Buck Morss, Judity Butler (en skype), Rebecca Comay, Jamil Khader, Slavoj Zizek, etc. El cineasta israelí Udi Aloni y la artista palestina Emily Jacir también hicieron presentaciones de sus trabajos. En cada una de las animadas y productivas discusiones, se elucidó la relevancia del pensamiento de Benjamin en palestina al igual que el estatus de refugiado perseguido que tuvo el filósofo; una de las discusiones más ricas fue la de las nociones de violencia mítica y divina teorizadas por Benjamin y su traductibilidad a las formas de violencia que ejerce el Estado de Israel contra los palestinos. También salieron a la luz las contradicciones que implica dialogar con la concepción de la historia de Benjamin desde la ocupación israelí. Por ejemplo, para Benjamin, la historia se construye a partir de una constelación que conjuga al pasado con el presente. La constelación se forma con el paso del tiempo que trae ruinas pero que también cristaliza formas que permanecen escondidas. En ese sentido, el historiador es como un cazador de perlas que trae remanentes del pasado cargados de índices que resucitan al entrar en contacto con el mundo de los vivos para escribir una versión del pasado que ilumina al presente. Sin embargo, en el contexto de la nakba  (o catástrofe) palestina, que marca el momento histórico de 1948 cuando comienza el genocidio con la expulsión de 800 mil palestinos de sus tierras y la obliteración de su existencia e historia en lo que hoy es el Estado de Israel, ¿Cómo es posible resucitar al pasado si las huellas del pasado fueron precisamente obliteradas por la colonización y son por lo tanto irrecuperables? ¿Cómo narrar la nakba más allá de una historia nacional linear que comienza precisamente con la nakba?5

Finalmente, para los palestinos, la conferencia fue una forma de liberarse del gueto intelectual que les obliga a enfocarse en temas determinados por su estatus como sujetos de relaciones coloniales. Por ejemplo, a analizar las particulares formas de poder bajo las que están sujetos (Saree Makdisi); en la relación entre la ocupación israelí y la historia colonial europea (Edward Said), o en tener al olvido y la ausencia como temas principales en la poesía (Mahmoud Darwish). De este modo, Walter Benamin en Palestina fue una forma de trascender las limitaciones impuestas por la ocupación, convirtiéndose en un acto de resistencia y solidaridad.

 


1 Véase: Franco Berardi, Heroes: Mass Murder and Suicide (London: Verso, 2015)

2 Véase: Eyal Weizman, Hollow Land: Israel’s Architecture of Occupation (Londres: Verso, 2007) y “Lawfare in Gaza: Legislative Attack,” Monthly Review, 27 de marzo de 2009 Disponible en red: http://monthlyreview.org/mrzine/weizman270209.html. Ver también Stephen Graham, “Lessons in Urbicide,” New Left Review 19, (Enero-Febrero 2003), pp. 63-77.

3 Véase: Saree Makdisi, Palestine Inside Out: An Everyday Occupation (Nueva York: Norton & Company, 2008) y Ariela Azoulay, The Civil Contract of Photography (Nueva York: Zone Books, 2009).

4 De mis notas sobre la ponencia de David Lloyd en la Academia de Arte de Ramallah dentro del marco de la conferencia Walter Benjamin in Palestine.

5 De mis notas de la ponencia de Rana Barakat en la Universidad de Birzeit dentro del marco de la conferencia Walter Benjamin in Palestine.

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Publicado en: Crónica, Ensayo literario