Visiones alrededor de Shakespeare

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Una canción de Shakespeare o Verlaine, que parecen tan libres y vivas cuanto remotas de todo consciente propósito, cual la lluvia que cae en el jardín o la luz del atardecer, resulta ser a fin de cuentas el rítmico discurso de una emoción, por otros medios incomunicable, o por lo menos no con tanta justeza. Pero asediar el humor que ha hecho arte es un acto de reverencia, y por ello es preciso prescindir de muchas convenciones, ya que, sin la menor duda, las más interiores regiones jamás se mostrarán a quien esté subordinado a lo profano.

James Joyce en Gajes del oficio (selección y edición de Delia Juárez González).

 

Existe un proceso continuo de simplificación en las obras de Shakespeare. ¿Qué hace? Sostiene un espejo frente a la naturaleza. En sus primeros sonetos menores habla de sus obras sobreviviendo en el tiempo sobreviviendo. Pero cada vez más sugiere, como Teseo hace en El sueño de una noche de verano, que "Las obras mejores en este género no son más que sombras" (V.i.214), que el arte es más bien un aburrimiento. Pasa la vida en ello, pero no cree que sea muy importante. Sus personajes de acción se comportan como hombres de acción, pero hablan como el propio Shakespeare, tan sutil y sensible, que si fueran reales, no serían capaces de actuar, estarían agotados. Me parece especialmente atractiva la actitud de Shakespeare hacia su propio trabajo.

W. H. Auden, Lectures on Shakespeare (reconstruídas y editadas por Arthur Kirsch).

 

El hombre está por encima del ciudadano. No hay Estado que valga lo que Shakespeare.

Fernando Pessoa, Aforismos y afines (traducción de Leopoldo Cervantes-Ortiz a partir de la edición de Richard Zenith, revisión deAntelma Cisneros).

 

Como todas las pasiones, la ira abunda en la literatura. Es un tema, un objeto de la representación literaria, y sobre todo una manera de vivir y representar el mundo por parte de los escritores, una manera de ser. Resulta imposible armar un catálogo de las descripciones poéticas de la cólera: el furor de Aquiles, la explosión salvaje de dolor y enojo del rey Lear, el estallido incontenible del apacible Pierre Bezuchov y muchas otras páginas inmortales de la literatura, radiografía y electrocardiograma de todas las afecciones de la mortalidad humana. Para muchos escritores la cólera no es simplemente un tema, como los celos de Otelo o la pereza de Oblomov no necesariamente significan que Shakespeare fuera celoso o Goncharov amargado.

Claudio Magris, El tallo entre las piedras (traducción de María Teresa Meneses).

 

Todo cuanto significa la vida se encuentra en Shakespeare. En él se manifiesta esa expresión, culminante en la facultad superior más elevada del hombre, de llevar sus propias aventuras, sus instintos, sus deseos, a la brillante claridad del entendimiento, de dar realidad a lo que nunca existió. El don que hace a Shakespeare único entre los poetas de la tierra, y que explica la amplitud, la vivacidad y la coherencia sin par del vasto mundo de su imaginación es la cualidad que Coleridge denominó "su omnipresente potencia creadora", su aptitud para observarlo todo, para no olvidar nada, para combinar impresiones de una variedad complega y definida y para saver darlas forma y expresión.

Edmund Gosse. A short history of modern English literature.

 

Los únicos que en los dramas de Shakespeare invocan la moral son los criminales.

Borís Pasternak citado por Hans Magnus Enzensberger en Tumulto (traducción de Richard Gross).

 

"Abran Shakespeare," solía decir a sus admiradores, "donde gusten o donde quiera que se encuentren al azar, verán que nunca encontrarán diez líneas consecutivas que sean comprensibles, no artificiales, naturales al personaje que las dice y que produzcan una impresión artística ". (Este experimento puede ser hecho por cualquiera, ya sea al azar o de acuerdo a su propia elección.) Los admiradores de Shakespeare abrían páginas en los dramas y sin prestar ninguna atención a mis críticas en cuanto a porqué las diez líneas seleccionadas no cumplían las más básicas exigencias elementales de estética y sentido común, estaban encantados con lo mismo que yo encontraba absurdo, incomprensible y poco artístico. Así que, en general, cuando traté de obtener de los fieles de Shakespeare una explicación de su grandeza, encontré en ellos exactamente la misma actitud que he conocido, y que por lo general se encuentra, en la defensa de los dogmas aceptados no a través de la razón, sino por la fe. Es esta actitud de los admiradores de Shakespeare hacia su objeto, una actitud que se pueden ver también en todos los ensayos y conversaciones sobre Shakespeare, que me dio la clave para la comprensión de la causa de la fama de Shakespeare.

Leo Tolstoi, A critical Essay on Shakespeare (traducción al inglés I. F.M. y V. Tchertkoff).

 

Muchas veces he pensado [en] esos procedimientos de literatura fantástica que Borges utilizaba con tanta habilidad y que resuelven rápido el paso a lo fantástico (desciendo las escaleras de un sótano y encuentro el Aleph; alguien me ofrece la memoria de Shakespeare y para recibirla solo tengo que decir que la acepto) […].

Ricardo Piglia, La forma inicial. Conversaciones en Princeton (edición a cargo de Arcadio Díaz Quiñones y Paul Firbas).

 

Tres cuartos de lo que leemos, es traducción. Leemos la Biblia en una traducción, los poetas chinos, los poetas japoneses, los poetas hindúes. Shakespeare cuando no se sabe inglés.

Marguerite Yourcenar en Gajes del oficio (selección y edición de Delia Juárez González).

 

Tenemos entendido que después de la creación de Dios está la creación de Shakespeare.

Rubén Darío. "Shakespeare en la política hispanoamericana (Bernardo Reyes)", en Siempre! 521.

 

Edward Gibbon es el Shakespeare de las notas al pie.

Luis Miguel Aguilar, “De la Biblia al Diablo: La nota al pie”, Nexos.

 

Los libros que leo son los que conocí y amé cuando era joven y a los que vuelvo como se vuelve a los viejos amigos, son: el Antiguo Testamento, Dickens, Conrad, Cervantes…, leo el Quijote todos los años, como algunas personas leen la Biblia. Flaubert, Balzac —este último creó un mundo propio intacto, una corriente sanguínea que fluye a lo largo de veinte libros—, Dostoievski, Tolstoi, Shakespeare.

William Faulkner en Gajes del oficio (selección y edición de Delia Juárez González).

 

Las improntas de Eurípides, Ovidio, Shakespeare, Cer­vantes, Goethe y Dante se encuentran disueltas en multitud de libros y películas que tal vez nadie se tome la molestia de señalar, pero al menos deberíamos erradicar la creencia de que los libros se escriben de manera oportunista, para beneficiar­se del tirón de las películas. Como ese tal Homero, que ha escrito La Ilíada para aprovecharse de la fama de Brad Pitt. ¡Hay que fastidiarse!

Fernando Iwasaki, El laberinto de los cincuenta.

 

Shakespeare fue, ante todo, un artista de las letras. Estaba grandemente dotado de sentido del humor, elocuencia, seráfico instinto musical y sentido teatral. El género al que dio tan formidable impulso era de naturaleza superior a aquél en que se había inspirado. Era algo más que simple drama, era literatura en diálogo.

James Joyce en Gajes del oficio (selección y edición de Delia Juárez González).

 

Shakespeare está tan por encima de la categoría de los autores eminentes como lo está por encima del vulgo. Es inconcebiblemente sabio; los demás lo son concebiblemente. Un buen lector puede, en cierto modo, situarse en la mente de Platón y pensar desde ahí; pero no en la de Shakespeare. Sigue estando fuera de nuestro alcance. Por facilidad compositiva, por creación, Shakespeare es único.

Ralph Waldo Emerson, Hombres representativos (edición y traducción de Javier Alcoriza y Antonio Lastra).

 

Shakespeare, en Cimbelino, escribe: “Acojamos el tiempo tal como él nos quiere”. Sabiduría y paz son necesarias para cumplir esa máxima. Acogerse al tiempo, a los sucesos incómodos e injustos de la vida, es difícil. Mis padres, en muchos aspectos, fueron Cimbelinos: aunque mi padre recordaba con frecuencia la destrucción de su pueblo y de su hogar, la mayor parte del tiempo los dos aparcaban el dolor y convivían adecuadamente con la familia y con su nuevo entorno. Ambos se encarrilaron con entusiasmo y gratitud a su nuevo tiempo y apreciaban la fortuna por haber construido una casa, una casa México.

Arnoldo Kraus, Recordar a los difuntos.

 

Esos “seres fantásticos que nacen en las cámaras secretas de nuestro corazón y de nuestro cerebro” son creaciones o fantasmas. Veo que la espantosa perversidad de Shakespeare engendró en su cabeza a Lear, Ricardo III, Antonio, Calibán, Falstaff, Miranda y tantos otros tan distintos como él los quiso y cuya extremada diferenciación en las pasiones le permitió proyectarlos a todos, después de haber luchado contra ellos.

Marcel Schwob en Gajes del oficio (selección y edición de Delia Juárez González).

 

En un ensayo sobre Shakespeare, Adam Gopnik recordaba que Bertrand Russell dijo que “el misterio de Shakespeare radica en entender por qué unas líneas que son todo alusión y encantamiento —como ‘Acércate a estas arenas amarillas’ o ‘Hace mucho, mucho, que el mundo empezó’ o ‘También por el espino sopla el viento frío’— tienen lo que él llamó ‘contenido mental’”.

Pedro Serrano, DefenßaS.

 

Queda entonces por saber si somos capaces de imaginarnos cómo han nacido las grandes obras de arte que conmueven a nuestra alma. ¿Podemos imaginarnos lo que ha acontecido en el alma de un Shakespeare, de un Cervantes, de un Rembrandt, mientras creaban sus obras imperecederas?

Stefan Zweig en Gajes del oficio (selección y edición de Delia Juárez González).

 

Si yo pudiera interrogar a un autor ya muerto escogería a Shakespeare y no perdería ni un segundo preguntándole la identidad de la Dama oscura ni los elementos delicadamente precisados de homoerotismo en la relación con Southampton (o con cualquier otro). Ingenua y abruptamente le preguntaría si lo confortaba el hecho de haber modelado hombres y mujeres más reales que los hombres y mujeres de carne y hueso.

Harold Bloom, Genios. Un mosaico de cien mentes creativas y ejemplares (traducción de Margarita Valencia Vargas).

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Publicado en: Ciudad de libros