Ver televisión ¿danesa?

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A riesgo de abusar del elogio al estilo Álvaro Cueva, es necesario decir que la mejor televisión de los últimos años, en cuanto a series se refiere, es producida en Dinamarca.

Forbrydelsen, Broen/Bron y Borgen, las cuales se traducen en títulos tan abstractos como Crimen, Puente y Castillo, son tres series por las que vale la pena hurgar en los rincones no tan iluminados de internet. (Una de las temporadas de Borgen fue recuperada por el Canal 22, y algunos sistemas de cable están transmitiendo la primera temporada de Forbrydelsen. Broen/Bron no parece estar disponible en televisión nacional).

Forbrydelsen fue la pionera. Inició en 2007, y consiste de tres temporadas. La primera, de 20 episodios, se dedica a seguir, día por día, la investigación del homicidio de Nanna Birk Larsen, una joven de 19 años que aparece encajuelada –por usar argot mexicano. A diferencia de nuestro país (y capital), Copenhague se paraliza con el homicidio de la chica (aquí llevamos 50+ días sin saber qué destino le depara a los desaparecidos del Heaven; aunque claro, Forbrydelsen es ficción). El homicidio toca fibras sensibles al involucrar, entre otros, a los candidatos a la alcaldía de la ciudad.

La serie toma su tiempo en desenvolverse, y a veces el paso puede sentirse lento: se desarrollan personajes que después resultan ser incidentales, hay teorías que no llevan a nada y eventos que sólo despistan. Pero la construcción metódica del caso, los descartes de testigos y sospechosos, así como la interpretación de la evidencia son algo que no se ve muy seguido en televisión, porque pocos, salvo la cadena DR, cuyo presupuesto proviene del gobierno danés, tienen el interés en tomar estos riesgos. El hecho de que en 20 episodios se siga un solo caso permite que el desarrollo sea amplio, no como en CSI, cuando uno ya sabe que el sospechoso no es culpable si lo detienen antes del minuto 40.

Después de Forbrydelsen vino Borgen, descrita por varios como la adaptación danesa de The West Wing. Empezó en 2010 y terminó a principios de este año. También es de tres temporadas, cada una de diez episodios. La escribió uno de los chefs –sí- más famosos de Dinamarca, Adam Price. Como si Oropeza produjera thrillers en su tiempo libre (con el respectivo nivel de calidad en cuanto a chef y serie).

De los tres programas aquí mencionados, tal vez Borgen sea el mejor.

Esta serie sigue la carrera política de Birgitte Nyborg, la líder del Partido Moderado danés, los representantes de la corriente centrista del país. Al inicio de la primera temporada, en el debate previo a la elección parlamentaria, Nyborg está casi contra las cuerdas. Su partido figura en popularidad al nivel de Movimiento Ciudadano. Pero a diferencia de México, un discurso –el suyo- y no una edecán se roba la noche. Nyborg, estilo Obama, habla de regresar a la Dinamarca que se les ha olvidado a los políticos, una especie de “Hope”, pero en danés (un idioma que Sidse Babett Knudsen, quien interpreta a Nyborg, dice que en vez de seducción suena a vómito).
Spoiler: Nyborg gana suficientes escaños como para negociar un nuevo gobierno y los nueve episodios restantes se enfocan en su formación e inicio trastabillado.

Algo tan soso como el detrás de las cámaras de las negociaciones entre partidos –imaginemos lo divertido (not) que sería ver una comida entre Zambrano y Madero, por ejemplo- es tratado de una forma inteligente y a la vez interesante. A riesgo de sonar a Rod o Todd Flanders, aprendes y te diviertes. Nyborg empieza siendo una política ingenua; conforme le ponen el pie y tiene que mantener un gobierno –de minoría- a flote, debe ir llegando a arreglos que incluso chocan con sus propios principios políticos (que sí tiene). Al igual que Forbrydelsen, cuenta con muchas sutilezas: una insinuación de la vida privada de un personaje reaparece a lo largo de dos de las temporadas en distintos contextos, por ejemplo.

Tal vez se pueda acusar que Borgen sigue una fórmula rígida, pues cada episodio lidia con un problema particular del país. Prostitución, integración racial, extremismo político, ecología, por nombrar algunos. (Mi favorito es el que explica la relación con Groenlandia. No sólo por las vistas, sino porque en verdad no tenía ni la más mínima idea de que Groenlandia contara con una tasa altísima de alcoholismo y suicidio de jóvenes).

Merece mención especial el dibujo que se realiza de la prensa a lo largo de la serie. En experiencia personal, puedo decir que tanto las decisiones editoriales cuestionables que uno ve, así como los no tan frecuentes momentos de orgullo que tiene uno al trabajar en un diario de gran circulación son retratados casi al punto.

La más reciente es Broen/Bron, de 2011, una coproducción danesa/sueca en la que un cuerpo partido en dos es dejado en la línea fronteriza del puente que separa a ambos países (por eso el título en dos idiomas). El primer problema es la jurisdicción policiaca: a quién le toca el cuerpo. El siguiente es la cooperación: cómo llevar la relación entre países a nivel agencia. El tercero es el mejor: las diferencias entre suecos y daneses. Tal vez nosotros las veamos como muy sutiles pero para ellos son muy marcadas (los daneses se burlan de que los suecos “esquían demasiado”, por dar un ejemplo).

Las series también sirven como una especie de turismo televisivo: vemos cómo funcionan las entrañas una cultura distinta a la nuestra, a la cual siempre hemos percibido como un modelo social. (¿Alguien de aquí piensa más lejos que Abba y vikingos cuando escucha la palabra “Escandinavia”? ¿No es siempre la comparación “si estuviéramos en Suecia esto no pasaría”?)

No en balde Hollywood, en la cultura del remake absoluto, ha tomado dos de las tres series (HBO está “desarrollando” un Borgen estadounidense) y las ha vuelto a grabar casi toma por toma. The Killing (Forbrydelsen) ocurre en Seattle, que bien podría ser una provincia perdida de Dinamarca. Llueve todo el tiempo, y salvo tomas de la Space Needle –la torre icónica de la ciudad-, es otra Jutlandia. Los nombres cambian un poco: Sarah Lund se convierte en Sarah Linden, Birk Larsen en Mitch Larsen, por ejemplo.
The Bridge, tal vez con mayor resonancia en nuestro país, fue adaptada para la frontera de Ciudad Juárez y El Paso (y por supuesto que sale un Bichir). Los diálogos son traducción literal de la versión escandinava, al grado de que hay ciertas escenas en las que las líneas en español suenan artificiales.
La serie, al ser calca fiel, promete tener buen nivel. El problema tal vez sea la tropicalización estereotípica: todos en Juárez son corruptos, salvo Bichir, quien a pesar del bigote de judicial/narco todavía tiene buen corazón y una pequeña brújula moral no del todo atrofiada.
El Borgen trasplantado, por su parte, será inferior casi con toda certeza: o se convierte en una mezcla de The West Wing con House of Cards (para ello mejor ver las originales, Borgen incluido), o la reharán en su totalidad. El problema está en que el sistema presidencialista de Estados Unidos le quitaría toda la gracia a los matices del programa.

Lo cual, en mi opinión, abona más a favor de voltear a Dinamarca para buscar nuevos contenidos televisivos.

Esteban Illades es periodista y editor.