Una huella y el espacio que dejó:
Gabriel Kuri en el Jumex

Llega al Museo Jumex Gabriel Kuri: Pronóstico, la primera exposición a gran escala del artista mexicano que indaga en el registro que construyen las huellas materiales, económicas o contables en la vida individual y colectiva de nuestro tiempo; acciones, transacciones o consumos cotidianos que dejan huella de nuestros hábitos, deseos y rutinas, voluntarias o involuntarias, conscientes o inconscientes. Pronóstico se puede visitar hasta el 15 de octubre.

En Desayuno con diamantes (1961), la película de Blake Edwards, hay una escena en la que se asoma el trasfondo de la historia original de Truman Capote. Holly Golightly y su nuevo y definitivo amigo Paul Varjak, que aspira a ser escritor, van a la prisión de Sing Sing a visitar a un mafioso que cada semana da el reporte del clima, un mensaje secreto que ella debe memorizar. Durante el breve encuentro, Holly le entrega al tío Sally (como llama al hombre que le ayuda con el control de sus finanzas) una relación de ingresos y egresos. La lista es curiosa: contabiliza la entrada de dinero por concepto de un servicio de tocador —estiloso eufemismo de su trabajo como prostituta— a nombre de un tal Fitzsimmonds, y los gastos de la reparación de un vestido negro de cóctel y de la compra de comida para gato. En las entradas y salidas de dinero, que desnudan e indican la intimidad y los hábitos de Holly, están las claves para que Paul escriba una novela, según Sally. Con los registros y las huellas materiales y económicas o contables se puede crear una narrativa, como ocurre en Gabriel Kuri: Pronóstico en el Museo Jumex, la primera exposición a gran escala del artista mexicano.

Vista de la exposición Gabriel Kuri: Pronóstico. Museo Jumex, 2023. Foto: Abigail Enzaldoy Emilio García.
Vista de la exposición Gabriel Kuri: Pronóstico. Museo Jumex, 2023. Foto: Abigail Enzaldoy Emilio García.

Para Kuri, que pertenece a la generación de artistas contemporáneos como Gabriel Orozco y Abraham Cruzvillegas, las apariencias engañan. La primera obra de Pronóstico es una visión: una roca con un halo rosa que cuelga en lo alto de un muro, un gesto humorístico sobre la estabilidad de la materia; aunque ahora sea una curiosa pieza en un museo, la piedra, que evoca un vestigio natural, mantiene sus propiedades físicas.No deja de ser una roca, vaya. El gesto se confirma unos minutos más tarde cuando se escucha un estruendo en la sala —inevitable no pensar en ti, Avelina dear, y la hipotética característica voluble, movediza e insegura del arte contemporáneo—; los guardias de seguridad corren para averiguar qué pasó, si algo se resbaló o alguien tiró o rompió una obra —como Lésper en Zona Maco. Al parecer algo se cayó encima de la plancha de acero inoxidable de una pieza, material industrial que curiosamente, como se apunta en uno de los textos de sala, es antimicrobial; su función como soporte de la huella es la de eliminar la memoria. En el lenguaje escultórico de Kuri, que retoma elementos de Richard Serra, esas placas, a veces, representan lenguas. Falsa alarma. Nadie salió herido.

La primera parte de Pronóstico la conforman una serie de gobelinos de gran formato que reproducen comprobantes de pago, los latosos tickets que algunos recolectan de forma obsesiva para llevar una contabilidad menos seductora que la de Holly Golightly. Esos nimios, en apariencia insignificantes, papelitos cuya tinta se va borrando con el tiempo, tal como refieren algunas de sus representaciones, tienen mensajes ignorados de alcance económico y jurídico: “el cliente manifiesta bajo protesta de decir la verdad que los recursos monetarios que maneja son de procedencia lícita”. Tickets a nombre de Gabriel Kuri de aquí y de allá, recibos de casas de cambio de moneda y otros servicios que registran la vida de manera puntual y seca, con fecha y hora: secuencias numéricas, huellas imperceptibles que al acumularse crean un patrón de hábitos y costumbres.

Vista de la exposición Gabriel Kuri: Pronóstico. Museo Jumex, 2023. Foto: Abigail Enzaldoy Emilio García.
Vista de la exposición Gabriel Kuri: Pronóstico. Museo Jumex, 2023. Foto: Abigail Enzaldoy Emilio García.

Las huellas son indicios. Monedas, colillas de cigarros, envolturas de condones. Conforme se avanza, el discurso de la muestra toma cuerpo. En los muros hay réplicas gigantes de charolas para dejar propina con la leyenda “Thank You”, tableros de gráficas hechas con cigarrillos y tableros con clips para hacer anotaciones cuyas pinzas sostienen la envoltura rasgada de los preservativos. Todo alude al registro de lo efímero, del consumo alimenticio, ocioso y sexual. Viene a la mente la frase de una canción de Cerati: “habla el humo, nada el humo”. Una bocanada se asimila a un chispazo en su fugacidad. Se hallan en la muestra representaciones de cerillos, esculturas para imaginar el consumo de la materia y la marca que deja su desgaste. La erosión es cuantificable. Quizá por eso hay bastones con marcas de medición. Varias piezas representan chips de celulares, tarjetas bancarias y terminales de pago; las pequeñas plaquitas parecen haber sido arrancadas de la tierra, como si se tratara de fósiles, marcas que son rastro y vestigio. Uno de estos chips está montado sobre una placa de acero que engulle una tarjeta bancaria. Lo que se puede cuantificar o expresar numéricamente se puede predecir. Otras piezas aluden a contenedores de basura y refrigeradores que pueden almacenar datos o cosas.

Gabriel Kuri, preemptive forms [formas anticipativas], 2023. Cortesía del artista y kurimanzutto, Ciudad de México y Nueva York. Foto: Ramiro Chaves
Gabriel Kuri, preemptive forms [formas anticipativas], 2023. Cortesía del artista y kurimanzutto, Ciudad de México y Nueva York. Foto: Ramiro Chaves

Cómplice privilegiado de la actividad comercial y económica, así como de la mercadotecnia, el diseño engatusa. En la muestra, Kuri presenta esculturas o displays que retoman la identidad gráfica de, entre otras marcas e instituciones, Visa, Mastercard y Banorte, y también el símbolo de los cajeros de red y el de pago sin contacto; es decir,, otra forma de eludir la huella humana. Las piezas están dentro de una gran vitrina que las separa y protege de los visitantes e ironiza sobre su estatus de obras de arte pop; mientras éstas cuelgan de los muros, del techo pende una bolsa de agua como las que se ponen en negocios comerciales para ahuyentar a las moscas y la mala suerte. Frente al enorme escaparate de cristal hay un muro con una pequeña cortina que nadie o casi nadie se atreve a abrir. La cortina resguarda un dibujo del Dr. Atl, que nadie se atrevería a negar que es una obra de arte. La curaduría de Kit Hammonds va sembrando contradicciones jocosas como esta. Fuera del aparador, un bloque de concreto encapsula el logotipo de Mastercard como si fuera un valioso testimonio rescatado de unas ruinas imaginarias.

Gabriel Kuri, 1/1 Exponential Growth [1/1 Crecimiento exponencial], 2014. Cortesía del artista y Esther Schipper, Berlín/París/Seúl. Foto: Brian Forrest
Gabriel Kuri, 1/1 Exponential Growth [1/1 Crecimiento exponencial], 2014. Cortesía del artista y Esther Schipper, Berlín/París/Seúl. Foto: Brian Forrest

La última parte de la exposición se enfoca en obras anteriores de Kuri, por ejemplo Crecimiento exponencial (2014), que engloba varias de las ideas que prevalecen en Pronóstico: un disco de piedra representa una moneda, y encima hay una figura de acrílico en forma de semilla que lleva a pensar en la evolución de las transacciones económicas. La muestra, que redondea bien los motivos e ideas que animan al creador, cierra con una pieza tan ocurrente como emblemática de su producción: Taxonomía del azar (2019), una vitrina magnética de acero inoxidable en la que están dispuestos billetes de Cash —juego de azar en el que hay que rascar la lámina para ganar dinero en caso de correr con suerte— usados, y por lo tanto inválidos: basura testimonial. Es una obra que bien puede englobar la muestra en su conjunto y que invita a meditar en los surcos, las pistas y las huellas que deja la experiencia ya sea individual, grupal, colectiva, económica, política, alimentaria, íntima, sexual, voluntaria o involuntaria. Gabriel Kuri juega con la ironía de nuestra época donde todo tiende a desmaterializarse. Aunque ahora las huellas de nuestra existencia son tan endebles como tickets y comprobantes —y a veces ni eso cuando se trata de recibos digitales—, su acumulación y sobre todo su registro son absurdamente abundantes y, lo queramos o no, dicen tantas cosas de nosotros como la lista mordaz y reveladora de Holly Golightly.

 

Carlos Rodríguez
Traductor y periodista cultural

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Publicado en: Curadero