Un minuto de sonido por El Artista

¿Qué habrían hecho Artaud, Cocteau y Buñuel con la 3D? ¿Qué harán Lynch o Reygadas con la tecnología que, más temprano que tarde, permitirá experimentar el cine con los cinco sentidos? ¿Retomarán algún día Malick, Von Trier o Cronenberg el “rasca-huele” que acompañaba alguna cinta de Waters?

Con todo y su candorosa sencillez, The Artist se ofrece como un coctel especulativo para el cinéfilo. ¿Cómo habrá vivido el simple espectador la histórica transición del cine mudo al sonoro? El Artista, escrita y dirigida por el galo Michel Hazavinicious, es tan divertidamente elemental que hasta me siento fuera de lugar al hablar de profundos cambios de sensibilidad y saltos cuánticos en la industria cultural. Es un filme tan endiabladamente simple en su narrativa y propuesta argumental que me pregunto cómo no se le ocurrió antes a alguien. Es homenaje al cine y a su magia, como Hugo (Scorsese, 2011); pero también registro de sus herramientas y recursos, y, además, ilustración de sus cambios de sensibilidad y de rumbo no sólo en el ámbito de las industrias culturales, sino, sobre todo, en el de la economía del entretenimiento.

No es una obra maestra; puede usted ahorrarse los aplausos al momento del “The End”. Es, sí, entretenimiento de primer nivel. Su primer gran logro es cautivar al espectador con distintos recursos a los que éste se ha habituado toda una vida. Es historia del cine sin pedantería: historia en un filme coleccionable. Es ritmo. Suave cortejo sentimental. Cosquilleo, más que en la axila o la planta del pie, en el ojo (es decir, en el cerebro). Es embeleso por el blanco y negro. Es gesto. Guiño. Arqueo de cejas. Y un poco de sonido justo cuando es necesario: unos minutos de él para insuflarle otra vida.

Este comentarista también elige ver la envolvente historia de la decadencia del imperio del actor silente George Valentin (Jean Dujardin) y el nacimiento de la estrella sonora Peppy (Bérénice Bejo) como una oportuna ilustración de por qué Europa es vital para el mundo entero. Fue necesario el cariño de un europeo (un francés) por el cine -el cine nuestro de todos los días, o de cada fin de semana- para que Hollywood se sumara a la materialización de un sueño posible, justo y necesario. Freedom fries con harta ketchup para Hazavinicious. O una estatuilla calva de nombre Óscar. –Jordi Torre. [Una nota de César Albarrán Torres sobre The Artist, aquí.]


Un comentario en “Un minuto de sonido por El Artista

  1. Luego de leer el comentario, me convencí que sería imperdonable dejar de ver esta película en una sala de cine. Gracias

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