Trainspotting 2: La vida en el abismo (Reino Unido, 2017)
(T2 Trainspotting)
Director: Danny Boyle
Género: Drama
Guionistas: John Hodge e Irvine Welsh
Elenco: Ewan McGregor, Ewen Bremner y Jonny Lee Miller
https://www.youtube.com/watch?v=489U-S66P3o
Después de 20 años de la primera cinta llegó Trainspotting 2. Quizá una de las secuelas que más ha generado expectativa con el regreso del elenco original y una historia cuyo tiempo diegético empalma con el real. La fórmula generó un público deseoso de consumirla.
Trainspotting no es solo una película clave para una generación en particular, sino que se ha convertido en un estandarte de cierto tipo de cine vinculado al punk y a las drogas, una referencia para dibujar jóvenes que se sienten excluidos del sistema que poco los ha favorecido.
En esta nueva entrega, Renton regresa a Edimburgo. No había puesto un pie en la ciudad desde que se había fugado con el dinero. Vuelve por la muerte de su madre y, en una suerte de culpa mezclada con nostalgia, decide buscar a Spud y a Sick Boy para saber qué fue de ellos después de su traición.
Por supuesto la bienvenida no es cálida, pero al final la camaradería sigue estando ahí: el pasado, las historias, las fechorías. Después de todo, como ya varios teóricos han afirmado, pareciera que la traición es el acto último de aquel que ama. Sólo donde hay amor puede existir ésta.
Sin embargo, la historia no es de mera reconciliación, sino más bien de melancolía. El regreso a casa es funesto. Begbie está en prisión, Spud sigue siendo un adicto a punto del suicidio y Sick Boy es un don nadie que chantajea a personas con videos sexuales. Pero tampoco a Renton le ha ido bien. Aunque se alejó de la vida delictiva, después de todos los caminos y elecciones, también fracasó.

T2 es una historia que recupera las consecuencias de un neoliberalismo mutado. Todos han fracasado ante la apuesta new age de construirse a sí mismos. Entre las opciones del mercado, que nos demandan constantemente el goce, el único goce que han podido elegir es el de las drogas químicas. Tampoco ellos están exentos de esa ideología que atraviesa a diferentes sociedades actuales.
La saga de Trainspotting es un documento que evidencia el cambio de las sociedades modernas. Si bien hace 20 años la primera cinta sirvió para presagiar toda la oleada new age, esta nueva entrega reafirma su pronóstico. Hace 20 años las opciones (ya establecidas de antemano por el mercado) para tener una vida óptima no eran tantas como las de hoy en día. El proyecto que entonces parecía prometedor ha fracasado en diferentes lugares con diferentes personas. No es casual ese regreso a diferentes nacionalismos alrededor del mundo. Hay una itinerancia global que fantasea con retornos a esencialismos. Hay una franca crisis en el neoliberalismo que es necesario repensar y, atinadamente, Danny Boyle ejecuta una crítica a partir de estas dos cintas: el sujeto moderno (Renton y sus amigos) habita la sociedad del cansancio. Como indica Byung-Chul Han: “La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad de rendimiento”.1 Toda aquella primera lista de elecciones que Renton hizo hace años, hoy es una lista más extensa que se suma a aquella. Ya no sólo tenemos que elegir cosas para la vida real sino también para ese despliegue de vida que habita lo virtual.
Si la cinta es melancólica es porque asistimos al fracaso del progreso. Todos han fracasado a pesar de intentar elegir. Todos están cansados de tanto intentarlo y no encontrar una vía que los saque de ser parias. No han sido lo suficientemente competentes, no se han autoexplotado lo necesario para poder estar a la par de las demandas del mercado. Según Han, hay una diferencia con las sociedades del siglo pasado: “a la sociedad disciplinaria todavía le rige el no. Su negatividad genera locos y criminales. La sociedad del rendimiento, por el contrario, produce depresivos y fracasados”.2 El sistema actual ha reemplazado al loco por el depresivo, al criminal por el fracasado. T2 instaura al sujeto que sufre bajo un exceso de positividad: puedes ser todo lo que quieras, nada es imposible, hasta que, por supuesto, lo que deviene imposible es la felicidad, el paseo, el juego como acto revolucionario. No es casual que en el nuevo discurso de Renton se reafirme la idea que ya había intentado implantar en Spud: “Eres un adicto, sé un adicto, sólo sé un adicto a otra cosa”. El sujeto de la sociedad del cansancio siempre está en guerra consigo mismo, tiene que rendirse a como dé lugar.
Aquí no es sólo Renton el que se vuelve turista de su pasado al regresar al terruño y recordar una y otra vez las hazañas pueriles en una especie de nostalgia que, aunque va para atrás, se interroga por todo aquello que pudo haber sido diferente, sino que también el espectador es víctima de la misma nostalgia. Todos nos volvemos turistas de nuestro pasado frente a esta secuela. Todos estamos ahí frente a la pantalla porque queremos saber qué fue de aquel adicto con jeans ajustados que decidió irse sin mirar atrás, como si esto nos informara también de nuestra vida presente.
(Para una crítica de la primera, se puede leer este otro texto.)
1 Han Byung-Chul, La sociedad del cansancio, Herder, 2012, Pág. 25
2 Ibíd., pág. 27