Todos tenemos una región salvaje. Entrevista con Amat Escalante

El pasado 1 de febrero se estrenó en México La región salvaje, el último largometraje del director y guionista mexicano Amat Escalante (Barcelona, 1979), premiado con el León de Plata en el Festival Internacional de Cine de Venecia. Presa de controversias por un conflicto de intereses entre Cinemex y Cinépolis, finalmente la cinta ha tenido la distribución esperada. En la siguiente ronda de preguntas, el director ahonda en su concepción del cine, lejos de la industria, sus principales influencias y su relación con el realismo, la violencia y la ciencia-ficción.


Nacido en Barcelona por mera coincidencia, Amat Escalante ha vivido la mayor parte de su vida entre el bajío mexicano y los Estados Unidos. De su juventud, recuerda la segregación cultural que presenció en la preparatoria norteamericana donde hizo sus estudios, y las hermosas callejuelas coloniales que recorría con fascinación en la ciudad de Guanajuato. De espíritu autodidacta y anárquico, Escalante dejó la preparatoria y si bien trató de realizar estudios especializados de cine en Barcelona, se dio cuenta de que la academia lo sofocaba y desistió a los pocos días. Confiesa ser un cinéfilo apasionado —durante varios meses de su juventud estuvo viendo todos los días La naranja mecánica de Stanley Kubrick—, y un militante de la creación cinematográfica.

El cine de Amat Escalante tiene un tinte provocador y requiere una mirada no convencional. Sus películas encarnan una visión compleja, crítica y libre de la realidad humana, lo cual no se reduce a la denuncia social o al hiperrealismo, como se ha dicho en otras ocasiones. Sus personajes, muchas veces representados por actores no profesionales, se definen prácticamente durante el rodaje y suelen desmarcarse del maniqueísmo ético que solo incluye categorías como buenos y malos, o protagonistas y antagonistas. La independencia creativa y el poder expresivo de la imagen cinematográfica son las directrices de su producción. Suele comparársele con Werner Herzog, Lars Von Trier y Bruno Dumont, pero su estilo, de corte claramente documental, incluso cuando la ciencia ficción forma parte esencial de sus películas, es indisociable de la obra de su maestro y amigo: Carlos Reygadas.

Merecedor de reconocimientos como mejor director en el Festival de Cannes por su película Heli (2013) y en el Festival de Bratislava por Sangre (2006), Escalante nos enseña a desarrollar una apreciación más profunda del hecho cinematográfico y con apenas 38 años se perfila como uno de los nuevos referentes del cine latinoamericano contemporáneo. 

Camilo Rodríguez: Has vivido bastante tiempo en Estados Unidos y México. Tu madre es norteamericana y tu padre, mexicano. ¿Cómo crees que este factor te otorga una mirada privilegiada para tus creaciones?

Amat Escalante: No estoy completamente seguro de eso, pero cuando era joven, antes de decidir mi vocación, el hecho de estar entre los dos países me provocó una nostalgia hacia el lugar donde no estaba. Sin embargo, no me siento ni de acá ni de allá. Haber conocido ambas formas de vida me hizo adoptar una mirada crítica hacia las cosas que no funcionan bien en México y en Estados Unidos. Recuerdo la división que había en la escuela pública donde estudié, una división racial  y cultural. En cambio en México la división, que también existe, es racial y de clase económica, pero ocurre básicamente entre blancos y morenos. Supongo que advertir ambas situaciones causó una impresión particular en mí.

CR: Entiendo que tienes una visión negativa de Hollywood. ¿Qué me puedes decir al respecto?

AE: En realidad no es que tenga una visión negativa, sino que me gusta probar cosas que en el cine de Hollywood no se pueden probar. Una película de Hollywood nunca podría hacerse como se hicieron Heli o La región salvaje. Aprecio mucho el hecho de no pertenecer a la maquinaria de Hollywood y ser libre tanto económica como creativamente. En La región salvaje nunca tuve nadie que me haya dicho qué podía o qué no podía hacer, qué se vende y qué no, qué halaga a ciertas minorías o no. Encuentro que todos esos parámetros son limitantes y nefastos para el cine. De todas formas, tampoco me considero “antihollywood” porque también me ha inspirado mucho el cine de Hollywood.

CR: En tus largometrajes hay una ambigüedad ética en los personajes. Se asemejan mucho al modelo de realizadores como David Lynch, que producen películas en donde el público debe salir de esos típicos esquemas morales donde se siente cómodo.

AE: Pues sí. Admiro mucho a David Lynch. Blue Velvet y Eraserhead son películas que disfruto mucho y una gran influencia para mí. Respecto a los personajes, a mí me gusta que el público decida, así como en la vida real. Tú decides quién es el bueno y quién es el malo. Cada quien decide cuál es el partido político “bueno” y rechaza al “malo”. En la vida diaria estamos rodeados de anuncios, mensajes y ficciones que te apelan para que elijas de qué lado estás, por quién vas a votar, etc. Yo quiero simplemente traer esta sensación realista de la vida a mis películas.

CR: En cuanto a tu película más reciente, La región salvaje. ¿Cómo surgió el título? ¿Qué evoca?

AE: De hecho, el título no fue muy planificado. Enviamos la propuesta de la película a un fondo de apoyo económico y nos pidieron un título. Entonces tuve que pensar y, en unos segundos, se me ocurrió ese título pensando, básicamente, en los títulos de las telenovelas y creyendo que iba a ser provisional. Lo interesante es que empezó a cobrar más sentido y sobre todo después, cuando la película se empezó a aproximar más al tema de la ciencia ficción. Pensamos en el título como una zona geográfica, una región salvaje del mundo, pero también un lugar de irracionalidad en el inconsciente humano.

CR: Uno de los temas en La región salvaje es la ausencia de libertad como motivo de violencia, particularmente con un personaje que debe reprimir su homosexualidad y al mismo tiempo es un gran agente de violencia.

AE: Buscar la raíz de la violencia en mis películas es algo que siempre me ha interesado. Las afectaciones. Por ejemplo, en Heli trato de analizar por qué un adulto, varón, de cierta edad, puede llegar a cortar cabezas. Seguramente quienes vivieron eso tuvieron una infancia triste, olvidada o violenta. Aunque esas no son las únicas posibilidades, me gusta bastante explorar ese proceso. En La región salvaje es el personaje de Jesús, quien desea estar con un hombre pero la sociedad donde se encuentra no se lo permite. Entonces él tiene que vivir una farsa y eso crea mucho rencor y violencia de su parte.

CR: En La región salvaje hay una criatura ficcional, una especie de pulpo que brinda placer y muerte a hombres y mujeres. ¿Cómo surgió la idea de integrar a este ser a la película? ¿A qué responde su presencia?

AE: Muchas cosas de la película no estaban intelectualizadas antes del rodaje. Esta era una de ellas. De hecho, recuerdo cuando estábamos en el proceso de edición en París, yo iba saliendo del metro y vi un pequeño perro chihuahua, luego alzé la mirada y descubrí la cara de Gaspar Noé, a quien conozco de varios encuentros y festivales en donde hemos interactuado. Nos reconocimos y comenzamos a hablar. En ese momento le hablé de La región salvaje y desde entonces mantuvimos comunicación constante. Yo creo que en ese proceso fue muy importante. Según él, la criatura era una versión del “Ello” en la teoría psicoanalítica de Freud, esa facción en la consciencia humana que se rige por el instinto. Después de documentarme un poco me di cuenta de que Gaspar tenía toda la razón y pude articular la idea para concretar este ser.

CR: ¿Qué te parece el género de la ciencia ficción? Muchos han hablado de Amat Escalante como un director realista.

AE: Bueno, a mí siempre me ha gustado considerar mi cine desde otro género, el género del terror. Soy un gran admirador de Bruno Dumont y en siempre he querido filmar como si la cotidianidad fuera una película de terror. La región salvaje pidió un diseño particular y una banda sonora que se mueven entre la ciencia ficción y el terror.

CR: Otro de los temas que surgen al ver tu cine es el de los actores. Has trabajado con actores naturales en tus anteriores películas pero esta vez no fue así. ¿Cuál fue tu experiencia?

AE: Como ya hice otras veces, abrí el casting para captar actores de formación pero también aficionados. Para mí, desde el casting hay un proceso creativo en donde voy encontrando voces y caras que me inspiran. Por eso nunca soy muy preciso en mis guiones con relación a los personajes. En La región salvaje hay tres actores que nunca habían actuado en cine. Uno de ellos, Verónica (Simone Bucio) lo encontré en Facebook y, de hecho, no tenía interés en actuar. Por eso también tuve un proceso particular con todos ellos. Los veía aparte y trabajábamos sobre el guión, repasábamos unas líneas y cambiábamos los diálogos para adaptarnos a sus personalidades. Eso fue algo que me pidió la película, por su estructura.

CR: Volviendo a tu percepción como mexicano, no puedo evitar cerrar con el tema de la violencia. ¿Cuál es la función, más allá de esta película, de la violencia en tu cine?

AE: Siempre me ha inspirado mucho la injusticia. El sufrimiento de alguien frente a la felicidad de otra persona. En un país de tantos y tan dramáticos contrastes no es difícil encontrar historias o fuentes de inspiración. Cuando encuentro mi historia, trato de rascar, de informarme con notas de periódico y noticias para explorar e ir más adentro. Sin embargo, antes de cualquier denuncia social lo que me mueve más es el interés cinematográfico y el hecho de contar algo por medio de la imagen. Desde luego, eso no me hace insensible a la situación actual en México y es algo que me apena mucho y comento con mi familia con frecuencia.

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Publicado en: Director's Cut