Textos sobre la obra de Abraham Cruzvillegas:
múltiples (e inacabadas) lecturas

Acaba de aparecer el libro Textos sobre la obra de Abraham Cruzvillegas (Secretaría de Cultura), editado por Jaime Soler Frost. En él se reúnen cuarenta y tres textos (ensayos, conversaciones, reseñas, artículos académicos) acerca de la obra del artista mexicano escritos por críticos, curadores y algunos artistas, a lo largo de más de veinticinco años. Los escritos de Abraham Cruzvillegas, sobre su obra y otros muchos temas, han sido compilados en varios libros de reciente (y no tan reciente) aparición: Round de Sombra (Conculta, 2006), La voluntad de los objetos (Sexto Piso, 2014) y, en inglés, The logic of disorder: the art and writing of Abraham Cruzvillegas (Harvard University Press, 2015; editado por Robin Adèle Greeley). En esta ocasión, toca leer a los “otros”.

Es evidente que las lecturas posibles de un libro de esta naturaleza sean múltiples y es inútil querer delimitarlas o fijarlas. Yo entreveo, al menos, cuatro básicas que, a su vez,  abren la posibilidad de otras más:

I.
Existe un vínculo significativo entre Textos sobre la obra de Abraham Cruzvillegas y el resto de la obra del artista . Es decir: este libro es un ladrillo más de esa ya imponente —aunque siempre inestable— construcción que es la obra de Abraham Cruzvillegas.

Se sabe bien: uno de los conceptos claves —probablemente él concepto clave— alrededor del cual se ha articulado el lenguaje de Cruzvillegas es el de autoconstrucción. El concepto tiene origen en su experiencia y la de su familia en la colonia Ajusco, un barrio marginado de la Ciudad de México. Esto ha sido repetido una y otra vez por los interpretes de la obra de Abraham Cruzvillegas —e incluso él lo ha explorado en varias piezas. Sin embargo, resulta arriesgado caer en una visión esencialista que reduzca todo a la experiencia personal del Artista —con mayúscula— porque significaría atentar contra los principios básicos de la propia autoconstrucción.

¿Por qué? Porque la autoconstrucción es, ante todo, una construcción colaborativa que crea comunidad. Es una forma de vida común: no solo un crear juntos, sino un estar-juntos. (Recordemos que, como dice el Comité invisible, “la comuna es lo que ocurre cuando unos seres se encuentran, se entienden y deciden caminar juntos. La comuna es quizás lo que se decide en el momento en que sería usual separarse. Es la alegría del encuentro que sobrevive a la extinción del rigor. Es lo que hace que se diga “nosotros” y que sea todo un acontecimiento”).

Abraham Cruzvillegas tiene claro lo anterior. En uno de los textos incluidos en Textos sobre la obra de Abraham Cruzvillegas, Verónica Gerber Biecci cuenta que, para poder escribirlo, regresó a sus apuntes de la clase que Abraham Cruzvillegas le había dado años atrás, a finales de los noventa en La Esmeralda. Su letra era casi ilegible porque tomaba notas con la luz apagada, mientras se pasaban diapositivas. Entre estas notas dispersas encontró una frase, marcada con un asterisco, que había dicho Abraham Cruzvillegas en alguna clase: “* El artista se construye”.

No hay duda de que ésta sea una de las enseñanzas fundamentales de Abraham: la identidad —la substancia, hubieran dicho los metafísicos del pasado— de los sujetos y de los objetos es algo que se auto-construye (y se auto-destruye) colectivamente, colaborativamente. En comunidad.  En una conversación con David Miranda, también incluida en este libro, el mismo Abraham Cruzvillegas plantea: “La autoconstrucción, para mí, es más una alegoría de la identidad en el sentido en que uno está definiendo y construyendo su identidad, y cambiándola de manera cotidiana, y no hay nada fijo. La identidad cambia constantemente, como las casas que nunca están terminadas en la autoconstrucción”.

Textos sobre la obra de Abraham Cruzvillegases emana de (léase: se entremezcla con) estas ideas en tanto es una autoconstrucción colectiva del propio Abraham Cruzvillegas y de su obra. ¿El resultado? Una identidad polifónica, inestable, contradictoria, en constante mutación, desfigurada, sudorosa, medio cachonda.

 

II.
Textos sobre la obra de Abraham Cruzvillegas está dividido en dos grandes bloques. El primero de ellos está compuesto por textos que fueron escritos en la década de los noventa, cuando Abraham Cruzvillegas estaba en sus veintes. Los autores de estos textos son artistas, colegas, amigos: Gabriel Orozco, Luis Felipe Ortega, Eduardo Abaroa, Mónica Mayer. Todos ellos mexicanos. Esta sección ocupa, más o menos, cinco por ciento del libro.

El segundo, que constituye aproximadamente el noventa y cinco por ciento del libro, está compuesto por texto escritos a partir de finales de los dosmil hasta el presente. Estos textos, en su gran mayoría, fueron escritos por extranjeros. Y, si bien hay algunos artistas, son casi todos de curadores y críticos: Doryun Chong, Mark Godfrey, Clara Kim, Hans Ulrich Orbist y demás.

Esta lectura esquemática, de inspiración cuantitativa, se vuelve una prueba de un problema bien conocido: la crítica situación de la crítica del arte en México. Evidencia que la reflexión y crítica sobre la obra de algunos de los artistas mexicanos más influyentes de los últimos años —como en el caso de Abraham Cruzvillegas— no se ha dado en México, sino el exterior.

III.
El que cualquier texto u obra de arte está abierta a una infinidad de interpretaciones (o mejor: su significado esté permanentemente diferido) ya es una especie de consenso. No obstante, hay artistas que se niegan a este hecho y otros que prefieren abrazarlo y potenciarlizarlo. Abraham Cruzvillegas pertenece a los segundos: una y otra vez, ha insistido duchampianamente que su obra está “definitivamente inacabada”. Hay una declaración suya que se cita con frecuencia: “Después de transformar algo, quiero que esté listo para ser transformado de nuevo, sea por la interpretación, por el deterioro físico, por su propio peso, por el tiempo. De todos modos, sucede. Es por eso que no me gusta la idea de la producción, porque significa que llega al final, no es un principio”.  Textos sobre la obra de Abraham Cruzvillegas es una comprobación de estas palabras. Si se prefiere: una muestra de la plasticidad absoluta de su obra. De su polisemia.

En los sesenta, los estudiosos de Milton se dividían en dos bandos: aquellos que creían que Milton estaba del lado del diablo y aquellos que creían que estaba del lado de Dios y los ángeles. En 1967 Stanley Fish publicó un libro titulado Surprised by Sin que terminó con esta absurda polémica. En él, argumentó que el sentido del Paraíso Perdido no estaba dado, sino que dependía de la lectura que se hiciera. Para decirlo de otra manera: fundó la teoría de la recepción, para la cual el sentido de toda obra es construido  por la comunidad interpretativa que lo lee. Textos sobre la obra de Abraham Cruzvillegas puede ser entendido como una historia de la recepción de la obra de Abraham —y, si se lleva esta idea al extremo, del arte contemporáneo mexicano en su conjunto.

IV.
Una obviedad: Textos sobre la obra de Abraham Cruzvillegas es un libro valioso para aquellos interesados en la obra del artista mexicano. Funciona, en cierto sentido, como una introducción. Sin embargo, pienso que para quienes es realmente fundamental este libro es para todos aquellos que creemos que la situación de México y el mundo es crítica (catastrófica, Apocalíptica, desoladora). La razón es simple: es un libro esperanzador —de esos que hoy cuesta tanto trabajo encontrar.

Pero no hay que irse con la finta: la esperanza que en él encontramos no es una esperanza burda, fantasiosa, quimérica —como la de los liberales, que se niegan a aceptar que la crisis en la cual vivimos es una crisis civilizatoria y no simplemente de gestión o política. La esperanza que surge de Textos sobre la obra de Abraham Cruzvillegas es, por el contrario, una esperanza que conoce y reconoce el sufrimiento, el despojo, el hambre.  Es una resistencia frente a la precariedad. Que nace desde lo marginado. Es la resistencia de la autoconstrucción: una resistencia alegre, cumbiera, etílica, amistosa. Repleta de imaginación e improvisación. De azar. En equilibrio precario: apenas sostenida. Es la resistencia de los muchos frente a los pocos. Es la resistencia comunitaria. Es, por decirlo claramente, la resistencia que nos deja entrever cualquier obra de Abraham Cruzvillegas.

cruzvillegas

self portrait giving a generous tip forgetting about the oil crisis, 2012
pintura acrílica en burro de planchar de madera, cobre, destapados de acero inoxidable, acero, bolsa de compras y pelota terapéutica de cuero.
178 x 278 x 92 centímetros

 

[Nota: una versión de este texto fue leída en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara]

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Publicado en: Curadero