Pensamos en el textil como algo tejido, suave, de colores y con figuras. El trabajo de Trine Ellitsgaard, sin embargo, es mucho más que eso. La Galería Myl Arte Contemporáneo presenta una muestra de aproximadamente veinte obras para acercarse a la singular propuesta de esta artista danesa que desde su primera obra cuestiona el arte del textil, su capacidad artística y, sobre todo, su producción.

Residente de Oaxaca desde hace 30 años, la obra de Ellitsgaard definitivamente dialoga con lo mexicano. En una de sus piezas nos cuenta la relación “anudada” que ha significado su vida en este estado, retrata la Guelaguetza con lo que pareciera ser un collar de bailarinas hecho de escobillas, pero también recuerda a Chiapas con una falda de lana chamula que representa de manera abstracta a la Virgen de Guadalupe. La influencia mexicana trasciende los temas para encontrarse también entre los materiales que usa la artista: vemos la lana, pero también estropajos y henequén que forman figuras abstractas y de sobrios colores.
El enfrentamiento entre las dos culturas –mexicana y danesa– es sin duda interesante, pero probablemente sólo sea lo que da pie a una reflexión mucho más profunda y provocativa sobre este conjunto de piezas que ha llamado simplemente Textil. La artista juega con los conceptos y los materiales que les dan vida, sin embargo, son los últimos los que determinan esta relación para acabar imponiéndose. Toda la exposición puede leerse justamente como un pensar acerca –y con– el textil. Cuándo es que se trata de los hilos que pensábamos que componían este arte, y cuándo dejan de serlo para volverse pelo de caballo, semillas y tripas de cerdo.
En un espacio que se presta para explorar tanto lo monumental como los rincones, Ellitsgaard aprovecha la oportunidad para poner en cuestión aquello que pensábamos simplemente tejido de fibras. El fieltro y la tela bordada son sólo una pequeña parte de toda la muestra. Teje y diseña, con una variedad inusitada de materiales que van desde lo natural del cerdo a la fibra óptica.
La muestra es entonces prueba de que la dimensión del textil es infinita cuándo admite la posibilidad de cualquier material que puede entrelazarse para permanecer unido. Pero esto tiene además una segunda consecuencia, que aunque posiblemente resulta evidente para otras actividades artísticas, en el caso del textil aparenta importar menos. Para cada una de sus obras, la artista ha de pensar también acerca del procesamiento y duración de los materiales. Más allá del concepto y su diseño, la eficacia de muchas de sus obras radica en su posibilidad física. Es el caso de la delicadeza de los capullos de gusanos de seda que usa para crear una escultura en Capullos de oro, por ejemplo.
En el heterogéneo conjunto de las piezas es clara la investigación de la danesa alrededor de los temas y su creación estética. Su propuesta sobre la convergencia de dos experiencias culturales es original y vale la pena recorrerla. Sin embargo, la reflexión de Ellitsgaard que regresa a pensar en las materias primas del arte sin duda se impone, no sólo por las consecuencias que tiene, sino porque cuestiona los fundamentos mismos de su actividad. El hilo (o la fibra) que conduce la muestra es indudablemente la artista, pero más allá de su propia vida, cuenta y literalmente construye la vida de una infinidad de elementos.