Testimonios de discriminación racial enviados por los lectores

Sabe México que es racista

Tras la publicación del artículo «Quién no es quien» en el número de agosto, los lectores de la revista nexos han enviado mensajes o registrado comentarios que ya forman una pequeña colección testimonial de la discriminación racial en México. Aquí reproducimos algunos de ellos:

Claudia – 15/08/2013

Mmm. Con este artículo recordé una anécdota. Trabajaba yo como encargada de prensa en cierto museo del DF que queda sobre avenida Hidalgo en la plaza de la Santa Veracruz, para ser más precisos. Una noche hubo un evento al que acudieron muchas «socialites». Una jovencita que hacía su servicio social conmigo, me apoyó y salió a dar boletines a la prensa que cubre sociales. Grave error. La directora de comunicación me llamó indignada al ver que aquella muchachita morena y con rastas se estuviera mezclando en esa fiesta. Recuerdo que dijo: «No va con la imagen que queremos proyectar»… Exactamente lo mismo que dicen los editores de esas publicaciones. En fin. Esa mujer, una super wannabe, sigue cuidando que los morenitos no salgan en las fotos de su museo. Indignante.

Mario – 08/08/2013

Trabajé por años en un diario deportivo, donde el Director Editorial (aun en el puesto) dijo una vez en una junta de trabajo donde yo estaba presente que a él no le gustaba la gente negra, que él no permitiría que una de sus hijas se relacionara con un negro. Era una postura personal, pero cuando tienes poder, esos prejuicios prevalecen. Él mismo rechazó que en la sección de fotos de chicas sexies publicáramos a Rihanna porque en ese tiempo no era tan famosa y además es negra. Lo curioso es que hacíamos sondeos entre lectores para saber a qué famosas consideraban más bellas y constantemente salían Beyonce y Halle Berry; o sea, no podíamos escudarnos en «lo que vende».

Anónimo – 07/08/2013

Alguna vez fui a un evento en la torre mayor, acompañando a mi papá. Era un homenaje a un hombre de negocios recién fallecido. Yo soy de esos pocos que se fijan en el color de piel de la demás gente. Tal vez tenga una pequeña obsesión pero seguido me pasa que soy de los pocos de piel morena en los eventos. En este evento de la torre mayor, mi papá y yo éramos los únicos de piel morena, además de algunos meseros. Había también una persona de piel oscura, él era extranjero. Cabe mencionar que los meseros no nos atendieron tan bien como a los demás invitados, no creo que haya sido coincidencia. Tal vez, en su mente no éramos tan importantes como los demás. No lo sé. La verdad fue una situación incómoda.

Anónimo – 07/08/2013

Trabajé durante años en una de las revistas de estilo de vida más importantes del país, misma que es parte del conglomerado editorial más grande, y el director editorial de la empresa tenía una manda clara para todas las portadas, portadillas e imágenes de la publicación: «no quiero feos, ni morenos, ni gordos», a menos que fuera verdaderamente necesario.

En el contexto de este texto, es interesante notar cómo el caso del que yo hablo NO es el caso de una revista de sociales; al contrario, permanentemente hace el caso de dirigirse a toda la comunidad «chilanga».

Somos un país que rara vez acepta su patética condición de racismo y clasismo, incluso al nivel más elemental. Es tiempo de que veamos hacia adentro y entendamos que no hemos dado ni el primer paso para resolver estos problemas.

Y hace unos días, Tamara de Anda (@plaqueta) nos compartió una foto y la convocatoria completa a un casting para un anuncio del Club Premier de Aeroméxico, Tamara escribió

[…] también utilizan un bello eufemismo para la mayoría de sus solicitudes: «latino internacional». A veces también especifican cosas ridículas como «clase alta», «aspiracional» o «tipo Condesa» (jajaja). Pero ayer, por primera vez, me llegó uno que además de un muy bobo «look Polanco», decía con todas sus letras,»NO MORENOS». Y la marca era Aeroméxico. AeroM-É-X-I-C-O.

«Todos somos Aeroméxico»


4 comentarios en “Testimonios de discriminación racial enviados por los lectores

  1. Recién inaugurado un supermercado con nombre en inglés, le pedí al Sr. Que labora como jardinero en nuestro condominio que me acompañara y el insistía en esperarme afuera; el policía de la puerta de inmediato lo detuvo y le preguntó: a donde !!!, me dirigí a el y le aclaré que el Sr. Venía conmigo y visitaríamos el almacén o que llamara al gerente para saber cual era el problema. Se disculpó y nos permitió el paso.

  2. En una ocasión fui a comer a un restaurante mexicano de Av. de la Paz con mi mamá y mi esposo, quien es de tez morena. Al salir del lugar y esperar el auto, los del valet parking abrieron la puerta trasera para que subiéramos mi madre y yo, mientras a mi esposo le dieron las llaves del auto, como si fuera nuestro chofer.
    Mi marido quien tiene excelente humor, se limitó a reírse de la situación, pero a mi me dejó reflexionando que no era la primera vez que a él lo discriminaban en lugares al ir conmigo acompañado.

  3. EN LOS SALONES DE CLASE SIEMPRE DE QUE EMPIEZO MI TEMA DE CULTURAS INDÍGENAS EN MÉXICO Y UTILIZO PALABRAS COMO «INDIO»LA BURLA A OTRO ENTRA EN AUTOMÁTICO,,,

  4. Soy moreno (color tierra, como digo yo) y desde que recuerdo conocí la discriminación racial. Pero en México, considero, el racismo no siempre es tan directo, no es manifiesto como en otros países. Sé esconde en pequeñas frases, en expresiones ligeramente peyorativas y en acciones que pasan desapercibidas para quien no es moreno. Se oculta en chistes, se disfraza con retórica humanista y se asume como parte del folclor mexicano. No quiero cansar al lector narrando las innumerables anécdotas por muchos conocidas y ya relatadas en éste artículo. Solo haré referencia a un caso. Tengo 4 hijos, 2 de ellos son de piel blanca y pelo castaño como la mamá, una niña morena clara y otra niña morena (tierra) como yo. La más pequeña (7 años), es blanca y pelo castaño. Pues hace poco mi hija, la pequeña, nos sorprendió a su madre y a mí con una pregunta que soltó después de que a nuestro auto se acercara una niña morena a pedir dinero. «¿Por qué todos los niños pobres son morenos?». Por un instante no supimos qué responder, pues tal afirmación nos pareció desconcertante. Por supuesto, le explicamos que no todos los niños pobres son morenos. Pero desde entonces me parece que su afirmación está cercana a la realidad. Seguro que hay algunas pieles blanquecinas con rizos dorados sorteando peligrosamente los autos por unas monedas. Pero no en mi barrio. En mi barrio los pobres son morenos, y los dos adjetivos parecieran ser recíprocos: uno consecuencia del otro.

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