Taxi Teherán (Irán, 2015)
(Taxi)
Director:Jafar Panahi
Género: Drama
Guionista:Jafar Panahi
Actor:Jafar Panahi

Taxi Teherán es la nueva película del laureado cineasta iraní Jafar Panahi, quien ha ganado reconocimiento internacional a razón de su labor fílmica censurada por el gobierno iraní al considerarla propaganda contra el gobierno. Panahi pertenece a un movimiento cinematográfico conocido como la segunda ola del cine iraní (o bien, Iranian New Wave) que emerge luego de la revolución de este país en 1979, cuando el gobierno comenzó a limitar la creación de películas y restringir temáticas relacionadas al amor o que mostraran la cruda realidad en contraposición con la positividad social narrada por el discurso oficialista.
Con una postura que esencialmente emana del neorrealismo italiano, donde el director adopta un posicionamiento ético frente a lo social, la segunda ola de cine iraní se preocupa por exponer en la pantalla las dificultades que vive su pueblo para presentarlas al mundo. El régimen de represión que ahí se vive debe ser puesto en tela de juicio. Es en este panorama que aparece el cine de Panahi. Un cine contestatario, revolucionario y de denuncia, que desde 2010 ocasionó que el cineasta fuera condenado a arresto domiciliario y se le prohibiera filmar películas por 20 años. No obstante, ese mismo año filmó This is not a Film, que hizo llegar al Festival de Cannes 2011 a través de una memoria USB escondida en un pastel. Toda una historia de película para una cinta que afirma no serlo.
Así, pese a la restricción que censura narrar la realidad desde su arista más agreste, y que atenta contra la libertad de pensamiento (como si fuera posible censurar la imaginación), Panahi encuentra una invitación a seguir filmando. Su cine se ha convertido en un ensayo subversivo que pese a la imposibilidad está decidido a afirmar que la situación puede cambiar. Y es que aunque el material que produce no lo puede observar la gente de su país, él considera primaria la labor de resistencia, posicionarse contra el régimen y exponer las problemáticas con tal de repensarlas.
Taxi Teherán (ganadora del Oso de Oro en el Festival Internacional de Cine de Berlín) es una radiografía de Irán. Un recorrido en taxi donde el conductor es el mismo Panahi, que con pequeñas cámaras a bordo, va charlando con personajes que abordan su unidad: un ladrón, un vendedor de películas piratas que se afirma como un promotor de la cultura, unas señoras que se dirigen a un manantial, su sobrina que debe filmar una película para una clase y una defensora de los derechos humanos. Todos una interpretación –quizá– de ellos mismos o de alguien cercano. Un falso documental que bajo la prohibición del “realismo sórdido” (“se puede mostrar lo real, pero no lo real real”, dice la sobrina recordando los lineamientos que le dieron en clase) se distancia del documental clásico y entonces expone desde la ficción.
La cinta se desenvuelve casi en un estatuto simbólico. En una meta realidad que sólo encuentra cabida en la ficción. El mundo que Panahi observa desde la condena en su hogar, queda ejemplificado con el acontecer diario del taxista que personifica en la cinta. Al prohibirle el gobierno realizar películas, el cineasta ha sido condenado a sólo ser un mero espectador de la realidad y de las muchas injusticias que atraviesan a su país sin poder hacer algo más que filmar desde la clandestinidad. Lo grave aquí es que, incluso estando en libertad, el director tampoco podría hacerlo con honestidad. Su país es una gran prisión.
Pero lejos del contexto que rodea la película, que es vital, es difícil hallar más elementos. Curioso, pues casi resulta imposible encontrar una opinión severa con relación a Taxi Teherán. La crítica generalmente ha destacado la historia del cineasta haciendo a un lado la trama y lo que en la pantalla se expone. Es claro que el valor de la película va más allá de las cualidades cinematográficas que ésta dispone, y que es justo desde su valor simbólico donde se pueden elaborar metalecturas e interpretaciones que colocan el material en punto alto. Pero si dejamos el contexto a un lado, si prescindimos de él y nos acercáramos a la obra sin resaltarlo y elogiarlo, sin conocerlo de antemano, el resultado es mediano. La valía de Taxi Teherán –que es enorme– es meramente desde el acto revolucionario y de protesta. Para alguien ajeno al detrás será difícil conectar lo que el director muestra y seguramente sentirá las actuaciones fingidas, pues aunque es un experimento cinematográfico que se vale de pocos elementos para hacer de éste un falso documental, la parodia representada que se usa para distanciarse del realismo sórdido puede cansar al espectador.
No confundamos. Taxi Teherán es una cinta importantísima por la denuncia que hace, por cómo se logra, por el arrojo del director, por el simbolismo y, además de esto, por la reafirmación –a veces olvidada– de que el cine tiene diversas funciones sociales que pueden pasar por lo ideológico y ético al tiempo que, si bien puede mostrar terribles situaciones, también puede invitar a pensar otros mundos posibles. En la era de la psicopolítica (apelando a Byung-Chul Han), los afectos vinculados a la imagen son de suma importancia y la labor del cine (o del autor) imprescindible. Empero, decir que categóricamente se trata de una gran película a un público en general apelando sólo a la historia política del director, parece falta de honestidad. No todos disponemos de la competencia semántica adecuada que permita acceder al meollo del asunto, así como tampoco hay una red léxica cotidiana que asemeje este tipo de adjetivos positivos con que se la ha calificado un significado político. En efecto Taxi Teherán es una película que debe verse. Sin duda. Pero no buscando una gran narrativa o un lenguaje cinematográfico atractivo, sino un discurso de resistencia a la vez que de reconocimiento. También ahí hay posibilidad de construcción de identidad, de reconocimiento del otro como un igual a mí. Después de todo, las historias ahí expuestas no parecen lejanas de las nacionales.
El cine de Jafar Panahi es ensayo de protesta, reflexión social, repensamiento ontológico del séptimo arte. Amor por el pueblo iraní, por un futuro mejor, por la libertad, por el cine. Material de aprendizaje valiosísimo para la actualidad tan parca y funesta que a veces nos sacude con el horror.