Fui a verla con ganas de salir transformado y solo me entretuvo. Me sucedió con ella lo que a otros con Medianoche en París, de Woody Allen (que me gustó por ligera, por elemental): decepción frente al cineasta entrañable, ése ante el que ya casi hemos bajado la guardia, deseosos por abandonarnos a su mundo con o sin palomitas y refresco en la mano.