En la segunda mitad de la película –una vez más hay un avión que tomar– existe otro juego con el espacio: la postergación. Jesse debe subirse al avión, pero insiste en que siempre hay tiempo para algo más, un recorrido por el Sena, una canción, un té en casa de ella, hasta que la pantalla en negro nos vuelve a dejar en la ambigüedad. La cápsula vuelve a quedar sellada, tal vez para siempre […]