Para celebrar, aunque sea tarde, el día internacional de Star Wars, celebrado el 4 de mayo por motivos evidentes para un fan May The 4th (be with you), les dejamos una reflexión personal sobre el significado de la evolución de la saga cinematográfica más famosa de todos los tiempos.

El cast de Star Wars Episodio VII en la primera lectura de mesa del guión con el director JJ Abrams y el guionista Lawrence Kasdan.
Fuente: Variety http://variety.com/2014/film/news/star-wars-5-1200596276/
1977. George Lucas está en plena posproducción de su nueva película: Star Wars (La Guerra de Las Galaxias). Todo es un desastre. Casi nada de lo que ha rodado se acerca a la visión que tenía de la película y, peor aún, la casa de efectos especiales Industrial Light & Magic que él mismo creó para hacer realidad su visión, se ha gastado prácticamente todo su presupuesto y apenas ha completado un par de segundos de metraje. A Lucas le empieza a doler el pecho, y es ingresado en el hospital con un amago de infarto. Tras mucho sufrimiento, logra completar su ambiciosa película.
Nací a principios de los 80, y como muchos cinéfilos de mi generación, no recuerdo una vida antes de Star Wars. Las tres películas originales fueron parte de mi infancia, y aunque llegué a este mundo demasiado tarde como para descubrirlas en el cine, crecí viéndolas una y otra vez de manera obsesiva en VHS. Podía recitar todos su diálogos y explicar cada cualidad del Halcón Milenario, mítica nave de Han Solo. Recuerdo tardes de verano en mi casa de infancia en las que iba directo de la piscina al cuarto de la televisión a ver por enésima vez La Sagrada Trilogía que mi madre nunca dejó de llamar “esa… La Batalla de Los Planetas”.
1995. George Lucas anuncia que prepara una nueva trilogía de Star Wars que se estrenará 16 años después de la última entrega, El Retorno del Jedi. Estas nuevas cintas transcurrirán aproximadamente 30 años antes de la trilogía original. Por lo tanto, no serán secuelas, sino precuelas.
Cuando Lucas anunció la nueva trilogía, yo no podía de la ilusión. Aunque ya no era un crío, y empezaba a tener preocupaciones transcendentales – ¿me aceptarán en una buena universidad? ¿En qué me voy a especializar? Ya tocaba decidir que quería ser de mayor, pero aun estaba en plena adolescencia y sería la primera vez que podría disfrutar de una nueva entrega de Star Wars en el cine, lo cual era un muy buen motivo de celebración.
Por desgracia, las precuelas de Star Wars fueron una profunda decepción para mí y muchos otros fans de mi edad. Si bien es cierto que la trilogía original se caracterizó por ofrecer unos efectos especiales revolucionarios para su época, las verdaderas razones por la que causaron tal furor y perduraron décadas después eran su grandiosa historia y maravillosos personajes. ¿Qué escritor, independientemente del medio en el que escriba, no mataría por tener un panteón de personajes tan memorables y llenos de vida como Luke Skywalker, Han Solo, la Princesa Leia, Obi-Wan Kenobi, Darth Vader, Yoda, R2D2, C-3PO y Chewbacca?
A pesar de tener el trasfondo de una historia interesante, similar a esa de El Padrino –la de un joven bueno que es seducido por la maldad – las precuelas estaban mal concebidas desde sus guiones. No había personajes memorables. La historia no enganchaba – en parte debido al problema inevitable de toda precuela: ya sabemos lo que va a pasar. Mi teoría es que Lucas, el creador, se desencantó con su propia creación e hizo una nueva saga sin mucho interés en lo que contaba. Cuando creó las películas originales, era una historia que tenía que contar fuera como fuese; aun si le costaba su salud, reputación, carrera, todo su dinero e incluso su matrimonio. Con las precuelas nos dejó claro que al George Lucas actual le interesaba explorar nuevas tecnologías dentro del mundo del cine, pero más bien poco los personajes y sus interacciones. Hay quien dice que Lucas no podía competir con la imaginación de su público, que pasó 16 años rodando estas películas en sus cabezas, pero yo no estoy de acuerdo. Siento que los verdaderos genios pueden mostrarnos cosas que nuestra imaginación jamás podría concebir.
Quizá ya había llegado la hora de crecer y abandonar la obsesión por unas películas de infancia: la última de las precuelas, La Venganza de los Sith, fue estrenada el mismo año en que me gradué de la universidad y entré al mundo laboral. Ya no había marcha atrás. La infancia y esas largas tardes de verano eran oficialmente parte del pasado.
Nueve años después, ya soy un adulto en toda regla; hace mucho que no vivo con mis padres, vivo con una chica a la que le dicen señora en el supermercado, trabajo de 9 a 6 todos los días, hago ejercicio para mantenerme sano y no por diversión, tengo cuidado con lo que como, me preocupo del colesterol, del dinero, de las hipotecas, la política, de asegurar un futuro a los hijos que un día llegarán. Muy lejos queda aquel niño que se sentaba a ver la trilogía original de Star Wars una y otra vez en aquellas largas y calurosas tardes de verano.
2012. Han pasado 35 años del estreno de la película original. 6 películas, (9 si se incluyen la película de animación The Clone Wars y los spin-offs de los Ewoks), varias series animadas y $4 billones después, Lucas decide retirarse y vende los derechos de Star Wars a Disney. La primera orden del día de los nuevos dueños de una de las sagas cinematográficas más exitosas de todos los tiempos: dar luz verde a la trilogía de episodios VII-IX, que transcurren aproximadamente 30 años después del Episodio VI: El Retorno del Jedi.
Y de pronto, como si apareciese tu mejor amigo de infancia con el fuiste perdiendo contacto al hacerte mayor, se nos comunica que Star Wars volverá a la pantalla grande. A priori ilusiona el reencuentro, pero también se siente raro: desgraciadamente, después de tanto tiempo, ni tú ni tu amigo sois los mismos que erais, y esa conexión tan fuerte que compartisteis hace muchos años ya no existe.
Pero poco a poco, Disney va anunciando con cuentagotas información sobre esta nueva trilogía. Y, poco apoco, voy recuperando la ilusión: desde la gran productora que es Kathleen Kennedy (responsable de todos los éxitos de Steven Spielberg), pasando por el guionista (Lawrence Kasdan, quien también escribió El Imperio Contraataca, El Retorno del Jedi y mi otra obsesión de infancia: Indiana Jones: En Busca del Arca Perdida), el mayor genio compositor de bandas sonoras de la historia del cine John Williams, un director interesante (J.J. Abrams) que muestra destellos de brillantez, y culminando con un cast que intriga, compuesto por novedades que prometen como John Boyega, Andy Serkis o Daisy Ridley y viejas glorias como Mark Hamill, Harrison Ford y Carrie Fisher. También me parece clave el hecho de que su creador, George Lucas, persona a la que le estaré eternamente agradecido, ya no está involucrado y deja así la vía libre para que otros cineastas, con la misma hambre de contar historias que tenia él hace 30 años y luego fue perdiendo con la edad, tomen las riendas de su creación.
Poco a poco, como si fuese lo que los americanos llaman un relapsed catholic, voy recuperando la fe…
Mis amigos cercanos me dicen que no me haga ilusiones. Que estoy loco de volver a emocionarme con esto. Que una vez más es inevitable la decepción y el chasco que ya nos llevamos con las precuelas. Que todo es una trampa de Hollywood para atacar nuestros bolsillos. Que otra vez me sentiré engañado de ser un fan de Star Wars. Que ya es imposible recuperar la ilusión que el Sr. Lucas nos quitó con las precuelas. Que ya hemos crecido y estas películas serán para un público más joven, como fuimos nosotros en su día.
Pero no puedo evitarlo. Lo más difícil de crecer es no entregarse por completo al cinismo. No perder esa esperanza, ilusión y sensación de infinitas posibilidades que muchas veces, como una vela, se va consumiendo poco a poco dentro de nosotros.
Cierro los ojos, pienso que voy a ver la continuación de las aventuras de Luke Skywalker y sus fieles amigos, y casi puedo sentir una brisa de verano como la que entraba por la pequeña ventana del cuarto de la televisión en la casa de mi infancia. Ese olor a verano que tanto asocio con Star Wars.
2015. Con un cubo gigante de palomitas a un lado y un refresco al otro, me siento en una butaca perfectamente centrada delante de la pantalla más grande de cine que he podido encontrar. Mi corazón late a ciento cincuenta pulsaciones por minuto. Las luces se apagan y sobre la pantalla aparecen nueve palabras azules sobre un fondo negro, preámbulo de las explosión sinfónica del genio John Williams, y vuelvo a sentir que soy un crío:
Hace mucho tiempo en una galaxia muy, muy lejana…
Daniel Feito. Cinéfilo de toda la vida, nació en Madrid, vive y trabaja en Warner Bros. En Los Ángeles.
jajajajaja me encanto leer esto y saber que hay mas gente igual de apasionada por sus trilogías como mi hija por Harry Potter, un servidor por la Matrix, pero lo que realmente me emociono fue estar leyendo el articulo y transportarme hasta llegar a pensar que era un texto escrito por un buen amigo, el cual también es fanático de esta super historia, un saludo a todos los amigos de la Galaxia.
Gracias, Dani, por acercarme a las pasiones de su edad. Recuerdo a Catalina una tarde diciendo que estaba viendo “La guerra de las galaxias ” muchas veces hasta aprenderse los diálogos de memoria. Se ha de saber varios.
Es muy grato leer este art me recordo ese maravilloso tiempo sin embargo no estoy tan ilusionada han pasado tantas cosas
Que es dificil creer como nino gracias.
Me ha emocionado la ternura de este artículo y los buenos recuerdos de la infancia. Creo que hay que luchar por mantener vivo ese “niño” que llevamos dentro hasta la más avanzada ancianidad…