Dos de la tarde: ya no hay boletos para ninguna función en Cinépolis Morelia Centro. Por la mañana, antes de las 7:30, la fila para adquirir boletos era considerable. Los visitantes y habitantes de Morelia ya conocen los alcances de este monstruo y saben que es mejor tener su planificación antes de las 12 del día.
La primera en agotarse: Loveless, de Andrey Zvyagintsev, uno de los highliners del festival al ser una de las grandes favoritas a la Palma de Oro en Cannes de este año. En su lugar, Rostros y lugares, la más reciente película de Agnes Varda, reclamó un buen número de espectadores. El FICM iniciaba sus actividades con la presentación del primer largometraje de ficción en competencia: Casa Caracol de Jean-Marc Rousseau, que dejó un agridulce sabor de boca.
“Ya no hay boletos, ¿a qué vienen?”, un comentario común entre las personas, curiosos y espectadores, que rodeaban la alfombra roja montada frente al complejo de cine. Adentro, alejados de todo el glamur, Ernesto Contreras presentaba su película Sueño en otro idioma, ganadora del Premio del Público en el Festival de Cine de Sundance y que presenta con nostalgia la imposibilidad del amor en una sociedad opresiva.
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Al salir de la función especial, el glamur ya había invadido la sala y, atrapados entre el gentío, Ernesto ofreció algunas entrevistas mientras evitaba el sonido de los radios del equipo de seguridad que, nervioso, impedía el paso de la gente: “No pueden pasar, son ordenes, nadie puede invadir la alfombra roja…”. Las medidas eran lógicas: en unos minutos llegaría Al Gore, el exvicepresidente de Estados Unidos a presentar An inconvenient sequel: truth the power, secuela del documental ganador del Oscar en 2007.

Discreta, la seguridad alrededor de Gore pareció intimidar el espíritu festivo de las personas reunidas que, en una atmósfera solemne poco común en estos eventos, miraba y tomaban fotos a lo lejos de la llegada de Al Gore. “¿Quién es ése? ¿En dónde sale?” Las preguntas eran casi un murmullo mientras la comitiva llegaba a la sala para la presentación y enloquecía a la prensa cuando, entre los invitados de esa noche, sonó el nombre de otro expresidente y su esposa: Felipe Calderón y Margarita Zavala.
Por unos instantes, Al Gore dejó de ser el centro de atención y, con cámara en mano, nadie dejaba pasar la oportunidad de tomar una imagen del momento en que los expresidentes estrechaban sus manos. Rostros conocidos en lugares inesperados.
La prensa salió, se apagaron las luces y comenzó la función: “¿de qué hablarán esos dos?”. Y el FICM cerraba con sus actividades de gala su primer día.
Arantxa Luna
Twitter: @_loquefuimos.