Estimado doctor Garciadiego:
Su respuesta al texto que escribí sobre la ausencia de mujeres en un ciclo de conferencias de la Academia Mexicana de la Historia (AMH) tiene alegatos preocupantes e interpretaciones a modo que es importante aclarar.
Me preocupa mucho su acusación de que mi texto, que es un repaso fundamentado sobre los problemas que supone hablar del campo intelectual del siglo XX sin la voz de historiadoras calificadas para ello, tiene “otras motivaciones, pues critica al organizador [Carlos] Illades”.
Mi artículo no tiene ninguna alusión personal y es imposible que tuviera un único destinatario porque la información sobre quién organiza los ciclos de la AMH no es pública. Ni el cartel con el que se publicita el evento, ni la descripción en la página de internet, dice quién organiza el ciclo, es por eso que hablo de la institución que avala las conferencias, diplomados y demás actividades que promueve a su nombre. Quizás la AMH tendría que hacer pública la información de los organizadores para que el crédito sea claro y no se “acusara a la institución en su conjunto”.
Usted señala bien que he colaborado con el doctor Illades y estoy segura de que él está al tanto de que respeto su trabajo (como me imagino que lo estarán otros dos participantes del ciclo con los que también trabajé en el pasado). Sin embargo, el hecho de que saque a colación que el doctor Illades me invitó a participar en un libro para cuestionar la legitimidad de mi crítica me parece fuera de lugar. ¿No se puede ser crítico con las actividades en las que participan nuestros colegas por el hecho de colaborar o haber colaborado con ellos en el pasado?
Su comentario apunta a un lugar muy peligroso, en el que las relaciones académicas e intelectuales se rigen por lealtad y subordinación, y no según la honestidad y el criterio propio.
Estoy al tanto de que tres de las historiadoras de la lista de 14 mujeres que trabajan el campo intelectual del siglo XX, que recupero en mi texto, han participado alguna vez en la AMH. Y aunque me parece un marcador de reconocimiento bastante mediocre, me da gusto que “dos varones de la AMH” hayan apoyado el ingreso de Liliana Weinberg a la Academia Mexicana de la Lengua.
En ningún momento dije que la AMH “obstaculiza la participación” de las mujeres, ni sugerí que los hombres que la componen sean misóginos. Me pregunté por las prácticas que podrían explicar la omisión de mujeres en un evento como éste; mismas que no hice exclusivas de esta institución. Los señalamientos a la subrepresentación de las mujeres en el campo intelectual en general son de conocimiento de todos. Dado que la AMH se ha comprometido a cambiar esto creí legítimo explicar por qué sus esfuerzos hasta el momento son insuficientes.
Usted desmiente abiertamente la subrepresentación de mujeres en la AMH diciendo que un 52 % de los participantes en los cinco ciclos que lleva la institución este año, son mujeres. Esto es engañoso porque en realidad son seis si contamos, precisamente, el ciclo sobre el campo intelectual de puros hombres que lleva ya dos emisiones. Y porque el ciclo sobre feminismo inmediatamente anterior es el único que pude encontrar compuesto por puras mujeres —del cual también hablo en el texto diciendo que es muestra de que a la institución le interesan estos temas. Si descontamos estos dos últimos, sólo el 29 % de las participantes de las actividades de este año han sido mujeres.
Pero sería yo pésima historiadora, además de “joven”, si me basara nada más en esta muestra. Por eso, revisé 32 eventos de la AMH que tuvieron lugar entre el 2015 y el 2020, y el porcentaje de mujeres es del 38 %, con más de un ciclo en donde no hay ninguna mujer. Hice esta lista a partir de la información de la página de Facebook de la AMH porque en el sitio oficial no encontré los eventos pasados, así que cuando se pueda acceder a éstos la completamos.
Su segundo argumento para hablar de las mujeres en la AMH es que entre los “miembros corresponsales” éstas representan el 45 %. Yo hablé sólo de los de número que son el 24 %, pero en cualquier caso, si sumamos a todos, las mujeres siguen siendo minoría: 35 % del total.
Como bien sabe, la historia se construye reconociendo lo investigado y abriendo nuevas vetas de análisis mediante la lectura crítica. No veo por qué sería contradictorio de mi parte reconocer el trabajo de la Academia Mexicana de la Historia y al mismo tiempo señalar que uno de sus ciclos de conferencias simplemente no es representativo del campo que pretende abordar —y reflexionar al respecto a la luz de la evidencia histórica sobre la poca participación femenina en el gremio. Una crítica puntual no desacredita al conjunto y me parece una pena que el director de ese conjunto se empeñe en verlo así.
No cité a Clara Lida antes porque no entiendo la lógica que hace mérito de la Academia Mexicana de la Historia (y no de Lida) haberle dirigido la tesis a uno de los miembros de la Academia. Pero el reconocimiento me parece muy pertinente. ¡Propongo a Clara Lida para ocupar el asiento núm. 6 que está vacante!
Ana Sofía Rodríguez Everaert
Editora. Actualmente estudia el doctorado en Historia.