Vicente Leñero escribió en 1978 el libro Los Periodistas: una novela-testimonio sobre el grupo que fue expulsado del periódico Excelsior por ejercer la crítica autónoma. La cuarta de forros del libro dice que la expulsión “puede considerarse ‘el más duro golpe a la historia del periodismo nacional’, organizado desde el poder presidencial”. En aquella escuela del Excelsior se formaron muchos de los periodistas que hicieron y siguen haciendo de su vocación una profesión.
Leñero reportó en su libro un coctel navideño para los colaboradores de Excelsior ocurrido en el salón privado del restaurant Ambassadeurs de Reforma el 27 de diciembre de 1975. Además de Vicente Leñero, en la reunión estaban Julio Scherer, Salomón Leiter, Raúl Cremoux, Froylan López Narváez, Carlos Monsiváis, Samuel del Villar, Luis de Llano, Hero Rodríguez Toro, Miguel López Azuara y muchos más. Leñero glosa una conversación donde Monsiváis se refiere a uno de los dos subdirectores editoriales: Miguel Ángel Granados Chapa.
[…] confiesa el enorme esfuerzo que le significa escribir. Soy lentísimo. Qué envidia verte escribir con tanta gente entrando y saliendo. Yo no puedo. Pero Miguel Ángel Granados sí. A veces, a las once de la noche , con el cierre encima, Miguel Ángel se atornilla frente a la máquina y en un ratito dale y dale se avienta los cuatro editoriales apenas con dos o tres tachaduras. Y buenos editoriales, además objetivos, sin comprometer con opiniones personales la línea del periódico. Tú lee un buen editorial sin firma y apuesta sobre seguro: lo escribió Granados Chapa. De cada diez ganarás ocho, pero en los dos que pierdas da por seguro la intervención de Miguel Ángel orientando a don Abraham López Lara, a Guillermo Jordán, al mismo Carlos Alvear Acevedo. Y si no fue Miguel Ángel fue Miguel López Azuara. Son uña y carne los dos subdirectores editoriales. Han hecho de las páginas siguiendo la escuela de Julio Scherer quien también fue subdirector editorial antes de llegar a Director General, el cerebro de Excelsior. Un centro de poder. Una muralla porque ahí no hay tranzas que valgan. El embute institucionalizado podrá forrar de billetes a los reporteros o alguno que otro colaborador y conseguir la infiltración de notas y artículos pagados, pero jamás corromperá a los Migueles.
Décadas más tarde, cuando Granados Chapa recibió la medalla Belisario Domínguez en 2008, Carlos Monsivais volvió a hablar del periodista:
Granados, el irrebatible. Si sus opiniones se discuten, algo necesario, en todos los casos, sus argumentaciones jurídicas y políticas están siempre bien estructuradas. A diferencia de una de las tradiciones más arraigadas en el medio periodístico, Granados no improvisa y lo que escribe viene de su práctica de investigación permanente. […] Granados, que sí toma partido y cuya objetividad nunca se exime de promover y defender causas, se concentra crecientemente en el examen de la impunidad, lo que a los ojos de los cínicos es tiempo perdido pero lo que acentúa su condición de referente indispensable. Si antes se creía inútil examinar y documentar las interminables violaciones de la ley y los premios cuantiosos a los culpables, Granados, un adelantado del periodismo de investigación, entrega su propuesta: si los gobiernos se fundamentan en la impunidad, su organigrama de dispensaciones, a los ciudadanos les toca inconformarse con energía, y el primer paso es la información fundamentada. […] En 2008 Granados es una figura primordial del periodismo. En su caso, además de lo que cada lector y cada lectora le atribuyan, esto remite a su amor cotidiano por la responsabilidad.
