Esta es la historia de un nuevo mundo, donde las fronteras se rompen una a una; donde es posible convertirse en alguien más o ser quien eres–un mundo en el que podemos amar a quien queramos y ser quienes somos. Abran sus ojos y corazón: un nuevo capítulo está por escribirse. Esta es la historia de la Queer Palm
Carole Milleliri
Editora en jefe, revista Clap!
El Festival de Cannes es el evento cinematográfico más importante del año. Quizá parezca un enunciado demasiado definitivo, pero lo cierto es que las películas más esperadas, por lo menos para quienes participan en la industria, encuentran su estreno en alguna de sus secciones. Cada año, la gente de cine viaja a la costa francesa para cerrar acuerdos, conseguir apoyos y tener un primer vistazo de las películas y realizadores que le darán la vuelta al mundo los meses siguientes. La inclusión de alguna película en las secciones del festival implica, de manera casi automática, la validación de la misma. Y, aunque la crítica se levante a abuchear alguna cinta, su mera participación en el festival le da una visibilidad que pocas obtienen fuera de este tipo de plataformas.
Precisamente a la luz de la influencia del Festival de Cannes en la cinematografía mundial, Franck Finance-Madureira, periodista y crítico cinematográfico, creó en 2010 la Queer Palm tras una larga reflexión. Este premio resulta particularmente interesante por su estructura paralela e independiente al festival. Este año, Franck Finance-Madureira fue miembro del jurado del Premio Maguey en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, en donde pude platicar con él sobre el cine queer actual, la relevancia del premio que fundó desde su visión como público y periodista, y la evolución del quehacer cinematográfico en el marco del festival más importante del mundo.1 Pero antes de entrar de lleno en la entrevista, es necesario repasar algunos antecedentes y entender los conceptos detrás de un premio de esta naturaleza.
El concepto de cine queer no podría ser entendido, como se entiende el día de hoy, sin el trabajo de la académica y crítica cinematográfica B. Ruby Rich, quien en 1992 identificó y bautizó la creciente aparición de propuestas cinematográficas alejadas de las normas y convenciones del momento como el Nuevo Cine Queer (New Queer Cinema): “De pronto llegó una oleada de películas que hacían algo nuevo, renegociaban subjetividades, se apropiaban de géneros cinematográficos, y repasaban la historia a través de su imagen”. (NQC, p. 16-7) No obstante, la urgencia que provocó el auge de disidencia cinematográfica y sexual a principios de una década vertiginosa –donde el VIH-SIDA, la discriminación y la violencia contra una comunidad marginada requería una respuesta igualmente urgente desde el arte– ya no parece influir de la misma manera en la creación de películas como parte de un todo más grande, un movimiento o una insurrección política y estética conjunta. Como bien dice Rich: “Desde el principio, el Nuevo Cine Queer era un término más adecuado para describir un momento que un movimiento. Su propósito era capturar el ritmo de un nuevo tipo de quehacer en cine y video: fresco, provocador, de bajo presupuesto, inventivo, libre de remordimientos, sexy y estilísticamente atrevido”. Como todos los momentos, el del NCQ vino y se fue. ¿Pero qué nos dejó? (Un repaso sobre qué es el Cine Queer aquí).
Uno de los legados más importantes de este momento es la enorme oferta actual de festivales LGBT o queer, o bien, plataformas dentro de festivales internacionales como el Teddy en la Berlinale o el Maguey del FICG, los cuales ofrecen una selección especial en competencia con lo mejor de la cinematografía LGBT/queer de todo el mundo. Tras la primera pregunta, ¿por qué fundar un premio queer en Cannes?, Franck Finance-Madureira de inmediato refiere, precisamente, al Premio Teddy de la Berlinale: “Deseaba hacer en Cannes lo que desde 1987 ha hecho el Teddy en Berlín, es decir, crear un premio para honrar una película queer o de temática LGBT, no a través de una selección especial realizada por fuera, sino con los materiales que los mismos programadores seleccionan para las distintas secciones”, explica.
Fundado hace 30 años, el Premio Teddy fue una respuesta directa a la oleada de New Queer Cinema y que comenzaba a circular con mayor visibilidad y con el momentum de la urgencia estético-social de mediados de los ochenta. En este sentido, es importante recalcar que el Nuevo Cine Queer era, precisamente eso, nuevo como impulso y manifestación, pero no algo sin precedentes. Es decir, el cine queer siempre ha estado presente aunque no siempre se ha visto como un conjunto, un género o un estilo específico –o la ruptura de estas mismas nociones. Prueba de esto es el ciclo Teddy Retro, proyectado este año de manera paralela a las películas en competencia del Premio Teddy en la Berlinale, que incluyó películas de distintas épocas, empezando por Anders als die Andern (Richard Oswald) de 1919. En sus inicios, las películas que influyeron profundamente al Nuevo Cine Queer y el cine queer moderno, no gozaban de la libertad visual, formal y temática que podemos identificar hoy. En su libro, Rich apunta que “si lo sugerido y vislumbrado era la única vía en su momento, las audiencias gay y lesbianas se acostumbraron a leer entre cuadros” (5). En los ochenta, esto comenzó a cambiar y el cine LGBT y queer se volvió cada vez más visible.
La teorización del cine queer, así como el nombre que B. Ruby Rich le otorgó para fines de análisis, ayudó a pensar estas manifestaciones cinematográficas como parte de una tendencia a romper las convenciones, no sólo temáticas, sino también narrativas, de producción, de reapropiación y posicionamiento, tanto político como estético. El Premio Teddy de la Berlinale y demás plataformas enfocadas a la difusión y exhibición de estas películas en un marco de reflexión politizada del arte cinematográfico, sirvió para visibilizar este quehacer fuera de la norma de las estructuras formuláicas del cine comercial. Sin embargo, uno de los problemas que esta visión de nicho ha presentado casi desde sus inicios –y pensado no nada más desde el público, sino también desde quienes realizan las cintas–, es que genera un encasillamiento al interpretarse como cine dirigido exclusivamente a una comunidad o audiencia limitada. Estas plataformas han permitido que películas transgresoras en sus formas, contenidos y medios narrativos alcancen nuevos públicos (y muchas veces un estatus de culto), pero también conllevaron desventajas. Como explica Rich: “[p]ara finales de los noventa, había más de cien festivales considerados LGBT o queer; por lo cual, en lugar de integrar los trabajos más exitosos a los circuitos de exhibición, la explosión de producciones queer en cine y video se proyectaba principalmente en un enclave [–los festivales–] sin más alternativas para su distribución” (132), con excepciones, por supuesto. En este sentido, los festivales temáticos proporcionaron, por un lado, un espacio de exhibición para trabajos que, por su naturaleza, quizás no hubieran conseguido mayor distribución, y por el otro, plataformas concentradas que no propiciaron la distribución en salas por parecer suficientes.
Lo interesante de la Queer Palm es que, a diferencia de otras secciones y premios en torno a la cinematografía queer en festivales nacionales y especializados, las películas seleccionadas para competir provienen de las distintas secciones (y no de una selección específica como en el caso del Teddy o Maguey): la Selección Oficial, Una cierta mirada, La semana de la crítica, La quincena de los realizadores y ACID. Esto, menciona su fundador Franck Finance-Madureira en una entrevista para la revista Clap! en la cual se desempeña como director editorial. Lo pensó al salir de la proyección de Shortbus de John Cameron Mitchell estrenada en Cannes en 2006, una cinta queer no sólo por la inclusión de personajes LGBT, sino por su narrativa coral fragmentada, su presentación humorística y honesta del sexo, y la ruptura de tabús alrededor de la sexualidad femenina y el cuestionamiento de las relaciones monogámicas. El hecho de que una película con estas características haya encontrado salida en el festival más prestigioso del mundo, es muestra de que la calidad e innovación fílmica es la principal razón para incluir una cinta en su programación.
La iniciativa de fundar la Queer Palm, me explica, surgió desde fuera, es decir, desde su experiencia como periodista y asistente asiduo del festival de manera completamente independiente a la organización oficial: “El primer año solo les avisé de mi iniciativa. Comenzamos a planearlo en marzo y el evento se llevaría a cabo en mayo, por lo cual recurrimos a nuestros contactos, invitamos un jurado y lo hicimos todo muy rápido. Ese primer año ganó Kaboom de Gregg Araki”, termina. Le pregunto sobre la selección de películas. “Como se trata de estrenos mundiales”, explica, “es imposible verlas antes de su proyección durante el festival”. Por supuesto, un evento del calibre de Cannes tiene especial cuidado en su programación, pero también con los materiales que recibe. Parte de lo que hace a Cannes un evento tan mediatizado son las expectativas alrededor de los estrenos. “Ahora estoy en contacto constante con la organización oficial de la Selección oficial, la Semana de la crítica, la Quincena. Muchas veces me llaman con sugerencias para hacer nuestra selección final”. En la misma entrevista publicada en Clap!, Franck Finance-Madureira ahondó en este tema: “Estamos en los márgenes. No pretendemos hacer un festival paralelo. En el festival más grande del mundo, intentar organizar nuestra propia selección no sería bien recibido. Además, no tendríamos la manera de sostenerlo, ¡estaría fuera de nuestro alcance! A nosotros nos interesa generar conciencia. Nuestro propósito es poner énfasis en los temas queer de las selecciones existentes, ya sea en Una cierta mirada o la Selección oficial. Es un efecto dominó”. Lo cierto es que, a través de la Queer Palm, un hecho innegable queda muy claro: los temas y perspectivas queer atraviesan el cine de manera constante; las manifestaciones cinematográficas que abordan problemas de género, representación, identidad, entre otros temas, siempre figuran en la programación del festival más importante del mundo. La existencia de este premio implica que este tipo de cine y las visiones que trascienden y transgreden las normas y convenciones antes mencionadas, son esenciales en lo mejor de la cinematografía mundial. En este sentido, la labor de la Queer Palm es complementaria, pero tan importante como las secciones de los festivales que sí tienen su propia selección y programación. Este proceso retroactivo (seleccionar películas ya seleccionadas) es un ejercicio de interpretación y reconocimiento al mismo tiempo.
La imposibilidad de ver las películas antes de seleccionarlas crea un efecto interesante. Le pregunto cómo influye esto en el tipo de cintas que han competido por la Queer Palm. Él me regresa la pregunta: ¿Qué es el cine queer? Porque es un término que ha cambiado, mutable, según los contextos sociales y políticos desde donde surge. “Para mí”, dice, “el cine queer es mucho más que películas sobre personas homosexuales o trans. Toda película que aborda las nociones de género, las películas sobre mujeres, los roles que desempeñamos, la sexualidad, de manera que no se adhiera a la norma, eso es queer. Es salirse del discurso binario de género, cuestionar las convenciones alrededor de todo eso”. En este sentido, filmes que no incluyen personajes LGBT, pero sí hacen reflexiones interesantes en torno al cuerpo, a la vida dentro de un sistema que rige nuestra relación con dichos cuerpos –incluyendo el propio–, o critique la noción de “normalidad”, pueden entrar perfectamente en una selección de cine queer. Como ejemplo mencioné Buey Neón, de Gabriel Mascaro, que en ese momento competía por el Premio Maguey (desafortunadamente no pudimos hablar del tema por su estatus de jurado, pero esa misma noche ganó la mención honorífica). Sin embargo, el ejemplo me parece perfecto. La cinta no presenta personajes LGBT, pero tampoco heteronormados. Las mujeres y hombres que la protagonizan no se adhieren a las convenciones sociales impuestas (las mujeres no pueden hacer trabajo mecánico, a los hombres no les interesa la moda), revirtiendo estas nociones caducas de manera humorística y congruente, sin llevar a los personajes al extremo del absurdo, ni hacerlos perder sus cualidades personales (como el tropo de la mujer fuerte en la televisión y cine comercial gringo donde parece que quienes las escribieron concibieron a un hombre y contrataron a una mujer para interpretar el papel o que terminan siendo objetivaciones vacías porque, al final del día, lo que importa es que la “mujer fuerte” se vea bien mientras pelea). Buey Neon me parece un ensayo extraordinario sobre el cuerpo, cómo lo vivimos, cómo lo ven otros. Con una fotografía invasiva, casi incómoda, Buey Neon desnuda a sus personajes y muestra la vulnerabilidad de su carne, pero también su fuerza, el deseo en un ambiente abrasador, el agotamiento del trabajo físico. Las nociones de belleza y cuidado son desenmarcadas y llevadas a un plano distinto, uno en el que los límites se desmenuzan y lo que queda es el placer y el dolor de tener cuerpo. Por su parte, Franck Finance-Madureira menciona On Tour de Mathieu Amalric, que también compitió por la Queer Palm en 2010, y en la cual tampoco hay personajes LGBT, pero sí una perspectiva queer.
Entonces pregunto qué implica para una película formar parte de la selección de la Queer Palm. “Creo, honestamente, que lo más importante es que, gracias al premio, las diez o quince películas seleccionadas tienen un poco más de visibilidad. No pretendemos hacer más que eso. No hacemos que una película sea exitosa, pero sí arrojamos un poco más de luz sobre ellas”, responde. Pero, más allá de esta visibilidad, la Queer Palm posibilita una lectura conjunta de las películas, una revisión de la evolución en el tratamiento, géneros, y temas explorados en el cine queer de cada año. En este sentido pregunto si ha notado esta evolución, si el cine queer ha cambiado en los años que ha trabajado en esta industria como periodista: “Creo que cada vez hay más diversidad en cuanto a temáticas y géneros cinematográficos. Durante muchos años se hicieron principalmente coming out films (películas sobre salir del clóset), pero quizá ahora estamos un paso más allá. Ahora tenemos grandes producciones de estudio como Carol (Todd Haynes 2015), la cual ganó la Queer Palm el año pasado”. Pride (Matthew Warchus), ganadora en 2014, también es una película coral grande, añado. “Sí. Creo que el cine queer se está expandiendo hacia todos los tipos de cine que conocemos. Eso es muy nuevo, quizá ha sucedido en los últimos diez años. Muchos directores underground como Bruce LaBruce y Gregg Araki son cada vez más populares y en muchas películas se sienten las huellas de sus creaciones, o de Derek Jarman, director inglés, quien hizo muchas películas underground durante la ola del Nuevo Cine Queer. Creo que estos cineastas underground han inspirado a directores en todo el mundo, pues ahora tienen acceso a ellas en sus países. Creo que el cine queer ha evolucionado y cada vez hay mejores cosas”, dice.
Como menciona Franck Finance-Madureira, el cine LGBT (después de la explosión y fin del Nuevo Cine Queer) por mucho tiempo se limitó a narrar historias de amor e identidad sin el impulso transgresor de la generación anterior. Esto, dice a su vez Rich, fue consecuencia del boom del NCQ: “Primero, el mero volumen de producción diluyó la calidad. Para la crítica, las consecuencias serían desalentadoras mientras las audiencias llenaban proyecciones tan mediocres como las películas que atraen dólares heterosexuales a las salas multiplex” (132). Sin embargo, como apunta el fundador de la Queer Palm, la diversidad creativa y temática ha comenzado a resurgir, lo cual puede verse en las películas y realizadores de cine queer actual. En su libro, Rich ofrece la siguiente explicación: “Las políticas de la identidad no van muy bien con las exigencias del mercado, así que el nuevo cine [post NCQ] tiró su visión política por la borda. Las historias de amor, coming out, o romances imposibles, proliferaron dulcemente; todas ejecutadas con un estilo dramático normativo y profundamente tranquilizante para una audiencia que había pasado mucho tiempo privada de este tipo de narrativas” (132). El cambio de estas narrativas homonormativas que poco a poco se colaron en los medios masivos, al cine que critica las políticas de género actuales, ha sido gradual pero definitivo. Dos de las cintas ganadoras de la Queer Palm son buenos ejemplos de esto: Laurence Anyways de Xavier Dolan, quien en ese entonces aún no gozaba su estatus de favorito de la Cineteca, y El extraño del lago de Alain Guiraudie, ambas películas que no están hechas para complacer a una audiencia general o a su supuesto público nicho, pero que sin duda aportan mucho a la cinematografía mundial.
En este sentido, pregunto si cree en el poder del cine para cambiar nuestra realidad. “Creo que las películas tienen un gran poder para cambiar las cosas; el cine es una de las mejores armas contra la ignorancia. Hace un siglo eran los libros, ahora son las películas. La circulación del cine alrededor del mundo, amplificada gracias al internet, es una de las mejores vías para combatir la ignorancia. Es algo en lo que realmente creo”. Sin embargo, la relevancia de este tipo de iniciativas suele ser cuestionada. “A veces la gente pregunta si en verdad es necesario organizar otro premio queer ahora que te puedes casar con tu novio en Francia. ¿Cuál es el punto? Pero tenemos que pensar globalmente; pensar el mundo. No en todos lados se tienen las mismas oportunidades. Cada país tiene su propia política. Y aunque en Francia el matrimonio homosexual es posible, aún hay problemas en las calles. Entonces no, nuestro trabajo no ha terminado”.
Cannes es una plataforma ideal para este tipo de reflexiones, pues el prestigio que conlleva no se limita a la exhibición cinematográfica ante la industria especializada, sino que abarca, también, el reflector de la farándula. La importancia de la alfombra roja y sus desencantos puede apreciarse en la cobertura de periódicos, revistas, y demás medios especializados. Entre las muchas noticias sobre moda y demás aspectos de la industria paralelos a lo estrictamente cinematográfico, se asoman reflexiones sobre género y las diferencias que existen, no sólo a nivel temático y de representación en las películas, sino en la participación de cineastas y en la diversidad de la programación. Al evidenciar la presencia constante de materiales diversos en la programación de este festival, la Queer Palm cumple un propósito muy importante ante la prensa. Cuando pregunto sobre la participación de la prensa en la cobertura del evento, Franck responde: “Es necesario educar a la prensa sobre estos temas. Es parte del reto. Hay muy pocos medios alternativos en Francia, así que muchos de los periodistas que cubren la Queer Palm trabajan en medios masivos comerciales. Estos medios se involucran cada vez más, dándole mayor seguimiento a la selección de la Queer Palm. El año pasado se publicaron aproximadamente 800 artículos sobre el premio en todo el mundo. El interés está creciendo”.
Un aspecto de la Queer Palm que genera gran interés es su jurado. El jurado de este año fue presidido por los cineastas Olivier Ducastel y Jacques Martineau, quienes apoyaron la iniciativa desde su fundación y presentaron su más reciente filme Théo et Hugo dans le même bateau en el Premio Maguey, la cual resultó ganadora. Además de la pareja de directores, el jurado 2016 fue integrado por la directora Émilie Brisavoine, la periodista Marie Sauvion y el director del Festival Mix en Brasil, Joao Federici. Para Franck, la selección del jurado es de vital importancia. “No me importa la sexualidad de quienes realizan las películas seleccionadas; no me importa la sexualidad de los miembros del jurado. Lo que me importa es su trabajo y su visión sobre el cine. Para el jurado procuro invitar periodistas, cineastas, productores, organizadores de festivales queer”, explica.
Este año la selección de la Queer Palm incluye algunas de las películas más comentadas de la programación, entre ellas Agassi del director coreano Park Chan-wook y The Neon Demon de Nicolas Winding Refn. Asimismo, como cada año, se realizó el Mercado de Cine Queer. “Participamos activamente en el desarrollo del cine queer y sus redes. Cada año organizamos una reunión para distribuidoras, productoras, la organización de festivales y directores de todo el mundo”, comenta Franck Finance-Madureira, y añade: “creo que en nuestro medio, a partir de nuestro trabajo, podemos hacer pequeñas cosas para ayudar a otras personas a entenderse y a abrir mentes; al menos tenemos que intentarlo. Ese es mi deber”.
La Queer Palm, entonces, “se trata de mostrarle al mundo quiénes somos, cómo vivimos y qué problemas específicos enfrentamos. Porque si no lo vivimos no podemos conocerlo, pero si vemos películas, tal vez podamos entender”, concluye el fundador de este premio.
Para más información sobre la Queer Palm 2016, descargar la guía oficial en el siguiente enlace.
Bibliografía
Rich, B. Ruby, New Queer Cinema, The Director’s Cut. Duke University Press, 2013.
1 La entrevista original se realizó en inglés. La traducción, tanto de la entrevista como de las citas del texto de B. Ruby Rich son mías.