¿Qué es la edición comunitaria?
La propuesta de XospaTronik

Algunos sellos editoriales se definen como independientes y además comunitarios. ¿Qué quiere decir esto? El siguiente texto nos explica la propuesta de una casa editorial reciente y novedosa.

Los primeros libros en náhuatl de la editorial XospaTronik se imprimieron en 2014 en Nueva York, cuando Isela Xospa, ilustradora y directora del proyecto, comenzó a plasmar en ilustraciones y dibujos sus recuerdos de infancia junto al volcán Teuhtli, en Milpa Alta. Esa colección de historias e imágenes ofrece ahora a niños y niñas un espejo para abrazar su cultura con dignidad.

Con títulos como El muerto vivo, Un lugar llamado Momoxco y Bebé tamal, Isela Xospa defiende la posibilidad de crear libros que cuenten historias desde y para Milpa Alta. En un contexto en el que la industria editorial busca ventas masivas a toda costa, Xospa explora el diseño de un modelo editorial dedicado a la memoria viva de uno de los pueblos originarios que habitan, entre largas extensiones de milpas y sembradíos de nopales, el sur de la Ciudad de México.

Teuhtli. El gran príncipe de Momoxco, Xospatronik, 2015. Detrás de la creación de varios de los personajes de la editorial, como Cabeza Momoxca o Nopalli Tronik —un joven nopal, vestido con gorra y con sueños de ser DJ— se asoma la historia de Isela, su infancia a la escucha de los diálogos en náhuatl de sus abuelos, la experiencia de la siembra que aún practica su familia y sus trayectos cotidianos a la Ciudad de México en busca de profesionalizarse.

Milpa Alta —Malcachtepec Momoxco, en náhuatl— es la alcaldía con mayor número de hablantes de lengua indígena en la capital del país, con un 4.1% de sus 140 mil habitantes. “Cuando sales de Milpa Alta a la ciudad te das cuenta que no eres de la ciudad pero tampoco de Milpa Alta. Sí eres, pero no vas al campo, no sabes sembrar y no hablas náhuatl.  Hoy sé que si yo hubiera aprendido a sembrar mi comida y a hablar mi lengua, sería una mejor persona. ¿Qué fue lo que generó todo eso? Un sistema de homogeneizar y acabar con la identidad indígena”, explica Isela.

El proyecto editorial surge, además, de la experiencia de vivir 12 años fuera del país y entender a la distancia la discriminación con la que se percibe la diversidad lingüística en México. Al terminar la Licenciatura en Diseño Gráfico en la UAM, tuvo la oportunidad de vivir en Gales, donde encontró que la nomenclatura urbana es bilingüe, con los nombres de las calles en inglés y en galés, como un mapa territorial de dos culturas compartidas. Ser bilingüe se reconoce como una ventaja y un derecho a recibir un mejor sueldo. “¿Por qué no es así en Milpa Alta? ¿Por qué hablar una lengua indígena, además del español resulta una desventaja?”.

En una siguiente estancia, esta vez en Nueva York, una conversación con un cliente de la cafetería donde trabajaba se convirtió en una oferta para trabajar en el archivo de David Bowie durante ocho años. Lo recuerda como “la oportunidad para aprender de personajes con el maestro de los personajes, y analizar indirectamente miles de sus fotos en todos sus periodos artísticos, la construcción de imaginarios y propuestas políticas; de cómo una persona puede lograr eso si se lo imagina con inteligencia y sin complejos”. Entrar de lleno en la memoria audiovisual de Bowie, la condujo a comenzar a ilustrar a partir de sus propios recuerdos, recreando historias que había escuchado desde niña. Pronto las editó e imprimió de manera independiente, con el sueño de devolverlos a los niños y niñas de su comunidad.

Desde entonces Isela crea libros con este fin. Su inquietud la llevó a la Maestría en Diseño y Producción Editorial en la UAM Xochimilco para construir una editorial propia, “no como algo romántico ni bondadoso —aclara—, sino como una oposición al sistema corporativo de la distribución del saber, el que dice que el camino ascendente a la cultura está basado en libros inaccesibles. Es cambiar radicalmente las ideas sobre el acceso a la cultura, marcados por la exclusión, el privilegio, la inequidad, el racismo y el papel del Estado en la producción de un canon literario de productores y consumidores de libros”.1

Para Isela la edición comunitaria es un proceso, una idea en construcción que no está resuelta ni es definitiva; es más bien una propuesta para compartirse y reinventarse en función del contexto. La discusión sobre “lo comunitario” que ha encontrado en talleres y foros,2 revela una diversidad enriquecedora. La edición comunitaria, explica, requiere un trabajo permanente en el territorio y se centra en contar historias, temáticas y personajes con las que el lector pueda tener un vínculo identitario. El editor busca a sus lectores y facilita espacios de encuentro y de lectura; no busca llegar a los medios de distribución ya asentados, ni hacer libros que se conviertan en objetos exóticos o de colección. La oralidad, la confección manual o artesanal y las herramientas digitales se conjugan para explorar nuevas materialidades. Algo de este trabajo aparece en su canal de YouTube y en materiales descargables en su página web.

Las impresiones de pequeños tirajes de los libros de Xospatronik han sido posibles a través de subsidios públicos, como los que se destinan específicamente para proyectos de los Pueblos Originarios de la Ciudad de México. El proyecto editorial aun así mantiene su independencia y libertad creativa. Los subsidios, sin embargo, le permiten imprimir pequeños tirajes de cada libro que entrega de manera gratuita en su comunidad, así como contar con un pequeño equipo para la corrección de estilo, traducción y diseño editorial. Gratuito, en este proceso, significa devolver, no regalar. “Devolvemos porque [los libros] contienen los saberes heredados de nuestros antepasados y los saberes nos pertenecen a todos. No se registran y no son propiedad de un solo individuo. Porque devolvemos y compartimos, porque esa es la enseñanza que obtuvimos de nuestra comunidad, no es extraño para nosotros pensar en devolver a la comunidad. También me interesa compartir el saber, el conocimiento, que los jóvenes que quieran hacerlo sepan que se puede hacer, que haya un acompañamiento y eso tiene que ver con procesos comunitarios”, aclara.

Además de reinventar el proceso editorial desde lo local, surge la necesidad para Isela de no aspirar a la legitimación institucional, sino crear y recrear los medios de validación propios. La validez de un libro, por ejemplo, reposa en la curiosidad de los pequeños lectores por la siguiente publicación, en la creación de un nuevo público en la comunidad o en la apropiación directa del texto mediante obras de teatro que representan los niños y niñas en la primaria. Asimismo, busca seguir consolidando medios de validación propios de los pueblos indígenas, como el Premio de Creación Literaria Gusanos de la memoria,3 organizado por el colectivo de jóvenes escritores de la Montaña de Guerrero.

Isela busca construir una narrativa visual que rompa con los estereotipos indígenas que han habitado por tanto tiempo los libros en manos de la industria y el Estado. “Visualmente las culturas indígenas siempre hemos escrito códigos y mensajes. En los textiles de Milpa Alta siempre ha habido iconografía, pero se perdió y ahora nadie sabe bien qué dice. Me interesa volver a esos códigos de escritura con imagen, a dibujar paisajes y personajes con los que nos reconocemos. Yo perdí el lenguaje y lo estoy recuperando, pero pienso en esta otra escritura visual que sí tengo y la estoy desarrollando.”

El acervo es simplemente la vida cotidiana. El recuerdo de un entierro, el aroma del incienso,  el sacrificio de las gallinas; ventajas culturales, explica Isela, que se tienen desde que te recibió una partera al nacer para después meterte a un temazcal, o de haber ido a una mayordomía donde la comunidad se juntó para hacer 2 mil tamales. También reconoce la necesidad de recuperar el náhuatl en la vida comunitaria, para recuperar la relación de respeto y cuidado con el entorno: “sin esa forma de ver el mundo, resulta difícil explicarle a un niño que no patee un árbol o que no tire basura: antes se enseñaba desde la lengua y la sabiduría que vive en las metáforas del náhuatl”.

Al comienzo de la vida independiente de este país, aclara la lingüista ayuujk Yasnaya Aguilar, aproximadamente 65% de la población mexicana hablaba alguna lengua indígena; hoy sólo el 6.5%. En un contexto así, explica, todo acto lingüístico es político “cada vez que establecemos un acto de habla en alguna de las lenguas decimos con cada oración que resistimos, que aún estamos, que aún hablamos y que nuestra voz toma forma en estructuras sintácticas y en sistemas semánticos que ponen nerviosos a los defensores del Estado”.4 El proyecto de Isela va en ese sentido: “estos libros no rescatan lenguas. No estamos rescatando ni salvando, estamos resistiendo”.

Así como la radio y el cine comunitarios5 han demostrado otras formas de crear desde procesos locales y colectivos, Xospatronik reinventa desde lo local y no está aislado: existen proyectos afines, como Calpulli Tacalco A.C y Contraviento Atoltecayotl A.C en Milpa Alta, Gusanos de la Memoria en la Montaña de Guerrero, y el Colmix y Kumoontun A.C en la región mixe de Oaxaca, con los que crea puentes constantes. Así, entrevemos un florecimiento de casas editoriales comunitarias que encuentran en los libros un camino para recircular y devolver el conocimiento vivo que resiste en sus territorios.

 

María Álvarez Malvido
Antropóloga Social por la UAM-Iztapalapa. Estudia la Maestría en Comunicación y Tecnología en la Universidad de Alberta, Canadá.


1 Conversatorio con Isela Xospa, Cátedra Toledo, en línea.

2 Este tipo de foros se multiplican en México. En julio se llevó a cabo, por ejemplo, el Taller de Editores Comunitarios que impartió Isela en colaboración con la Biblioteca Juan Córdoba de Oaxaca y Endless Oaxaca Multilingüe. Durante cuatro sesiones en línea, se reunieron diversos colectivos de comunidades zapotecas, mixes, chatinos y triquis, para desarrollar propuestas de diseño editorial desde sus territorios.

3 La primera edición se celebró en febrero de 2020, en la que participaron niños, niñas y jóvenes de comunidades indígenas de Campeche, Chiapas, Estado de México, Guerrero, Puebla, Oaxaca y Yucatán. No es un premio al que convoque una institución, sino el colectivo que desde 2010 imparte talleres de creación literaria en comunidades mè’phàà, náhuatl y na savi. Gusanos de la Memoria busca ser un sello editorial que materialice el trabajo de los talleres, y su título hace referencia a un poema del poeta mè’phàà Hubert Matiúwàa que lleva el mismo nombre: “Hace tiempo le encargaron al gusano medidor recorrer todos los caminos de la tierra / midió cada historia a su paso / conoció el dolor y la esperanza de cada pueblo /  aprendió a caminar lento pero seguro / nunca cae, aunque esté en la hoja más alta / siempre encuentra el camino de regreso o seguir avanzando / por eso es el gusano del conocimiento / el de la justa medida / el de la memoria de nuestros pueblos”.

4 Yásnaya Aguilar, “Hablar como acto de resistencia” en Lo lingüístico es político, México, Ediciones OnA, 2019.

5 Como afirma la cineasta zapoteca Luna Marán, cuando las comunidades se encuentran representadas en la pantalla, el cine comunitario “es entonces una herramienta para resignificar el presente y reimaginar nuestro futuro”, ver Luna Marán, “Campamento Audiovisual Itinerante (CAI) Siete años de aprender a contar historias desde lo comunitario”, enLa Otra Cosecha, Vol 1, 2018.

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Publicado en: Con guante blanco