
En el bicentenario del nacimiento de Charles Dickens, entre las diversas cosas que se han escrito sobre él, recordé no haber encontrado algo tan novedoso como lo que escribió hace muchos años, en un ensayo, Colin White, un legendario maestro durante varias generaciones en la carrera de letras inglesas en la UNAM. Viene en un libro que aún conservo y que armó esa misma carrera cuando el centenario de la muerte de Dickens: Charles Dickens. 1812-1870 (UNAM, Facultad de Filosofía y Letras, Departamento de Letras Inglesas, México, 1971). Escribió White en ese ensayo:
“Charles Dickens es el primer novelista que nos brinda una visión de un mundo urbanizado. En su obra, la ciudad, la metrópoli, no es sólo escena sino presencia viva. La urbanización a partir de los comienzos del siglo XIX implica la anonimidad y por lo tanto, el individuo cobra significado en la imaginación social. El hombre recorre las calles sin ser reconocido, uno entre muchos, llevando consigo la convicción de que su mundo es único mientras se pierde en la muchedumbre. Quizá un lapso de más de un siglo fue necesario para que nos diéramos cuenta de la calidad de la imaginación de Dickens, para que reconociéramos lo que intentaba crear y lo que logró. El mundo de Dickens es nuestro mundo. Es el mismo mundo que los primeros románticos ingleses repudiaban, pero Dickens no lo repudiaba. No buscaba valores en una naturaleza alejada del mundo urbanizado, no huía del ruido, del movimiento de la ciudad, sino la dotaba de una organización imaginativa, creando así una imagen humana, comprensible, de un fenómeno amenazador. Hoy (1970) empezamos a definir el fenómeno, su análisis es provincia tanto de sociólogos como de arquitectos y su estudio es materia académica; pero la exploración original fue obra de Dickens”.
Gracias Luis Miguel, por acompañar con tu memoria y tu inteligencia, la memoria del nacimiento de Dickens. Uno de nuestros bien amados. Los pródigos escritores del siglo dicinueve.