Perdidos en la traducción, el arabesco de la FIL Guadalajara

La edición 2022 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara es sumamente extraña. Los emiratos despertarán todas las polémicas entre literatura y futbol. Toda una maniobra sinuosa para limpiar una mala imagen, como apunta esta crónica. Sin embargo, los libros siempre serán rescatables.

Hay aproximadamente 4 mil palabras del léxico árabe en la lengua española. De uso tan común, es un legado prácticamente invisible ya para los hispanohablantes. Usted, fulano, azul, sembrar, sed, albur y la onomatopeya toc, toc. Son sólo unos ejemplos de la vitalidad de la huella árabe, tema principal de este año de la Feria Internacional del Libro Guadalajara, que tiene como invitadas de honor a Sharjah, la tercera ciudad más grande de los Emiratos Árabes Unidos, y a la cultura árabe en general. Se trata de un país en el que, como se ha insistido, no hay garantía de los derechos humanos, y que en 2019 fue la Capital Mundial del Libro, decisión polémica porque uno de los criterios para tomarla es la conformidad con los principios de libertad de expresión.

© Cortesía FIL Guadalajara / Nabil Quintero
© Cortesía FIL Guadalajara / Nabil Quintero

En la radio del taxi que tomé en el aeropuerto de Guadalajara, el locutor insistía en el imponente amanecer que llenó el cielo y sus nubes de color naranja eléctrico. Un anuncio repetía varias veces el jingle que publicita la FIL: notas de un laúd misterioso que en un segundo pinta un paisaje naif con turbantes y camellos. Ya en Expo Guadalajara, sede principal de la feria, hay una pantalla gigante frente a la que está reunida una multitud que ve el Mundial de Futbol de Qatar, otro emirato que no respeta los derechos humanos. Parece que el mundo árabe está de moda porque ahora riman, aunque de manera forzada, el futbol y la literatura. The New York Times recoge las palabras de Youssef Cherif, director del Centro Global de la Universidad de Columbia en Túnez, quien destaca que los Emiratos crearon “una marca modernista, amable, orientalista”. Claro, hacen falta millones para lavar semejante imagen internacional.

Sharjah en el arte

Una visita al Museo de las Artes Universidad de Guadalajara (MUSA) va dando más contexto y textura al tema de la FIL. La muestra Sharjah. Arqueología, caligrafía y ornamentación hace un repaso por la historia geográfica y decorativa de la ciudad, situada en la península arábiga, ubicada en la confluencia de África y Asia, en asentamientos de más de 5000 años de antigüedad; Sharjah es uno de los siete emiratos (una especie de monarquía) que conforman los Emiratos Árabes Unidos, país conformado en 1971. A través de piezas de escritura árabe y ornamentación —por ejemplo paneles, figuras, reproducciones de vasijas y algunos ejemplares del Corán— la muestra da cuenta, entre otras cosas, de cómo la creación de arabescos, es decir de patrones compuestos por figuras geométricas y florales, es costumbre antiquísima de su cultura, donde no se representa la figura humana, cuya reiteración es una metáfora de la condición mutable del universo en la que no deben prevalecer los detalles sino el conjunto. Sobre todo destacan las piezas decorativas producidas en los años setenta con formas triangulares en las que el artista Mousab Aldori escribe el nombre de Alá. De manera breve, se esboza la tradición caligráfica, de filigrana exquisita y artesanal que resalta versos del Corán, y cómo estos valores se encuentran también en la decoración que tanto influyó en la cultura española y después en la mexicana donde aún abundan los arabescos: repeticiones de figuras y flores que reconocemos en objetos decorativos cotidianos como manteles, cortinas, tapices, pisos, etcétera.

Frida me fatiga

El enorme pabellón de Sharjah de la FIL, también decorado de arabescos, se inaugura con la conferencia “El léxico árabe y su impacto en la lengua española”. El inicio de la charla pone los nervios de punta a los organizadores. A pesar de los audífonos inalámbricos para el público, todos escuchan sólo la voz en árabe, ininteligible. Las caras de confusión abundan. Una vez resueltas las fallas técnicas, el intérprete oscurece la conversación, sus titubeos dan la impresión de que no alcanza a reproducir todo lo que se dice, imposible corroborar si nos estamos perdiendo de algo importante. Al terminar la accidentada charla —donde se esbozó que el árabe se estudia poco aquí, que hay pocas instituciones dedicadas a él y que hay una enorme exotización de los repertorios orientalistas— las miradas se dirigieron a una modelo vestida como Frida Kahlo. “¡Es Frida, es Frida!”, decían son sorpresa algunos. ¡Nuestra Frida con flores en la cabeza —embajadora global de una idea bastante manida de lo mexicano— entre chilabas y turbantes! Después otra mujer abandera el camino hacia el estrado del pabellón. Es la Jequesa Bodour Al Qasimi, presidenta de la Asociación Internacional de Editores de los Emiratos, fundadora y directora de la editorial Kalimat. Con una flor en el cabello, la hija del sultán bin Muhammad Al Qasimi, emir de Sharjah y miembro del Consejo Supremo de los Emiratos Árabes Unidos, presenta la traducción al árabe del libro infantil de Ricardo Sánchez Riancho, editor de Textofilia, sobre Frida Kahlo. La Jequesa y su modelo se toman fotos, el cuadro parece una escena digna del exotismo del cine de Bollywood. Hay tantos artistas mexicanos interesantes, pero, ¡ay!, parece que sin remedio el público internacional –y a veces el nacional– tiene que conformarse con la artista mexicana más importante y conocida en el mundo.

Además de las obras caligráficas y libros que sólo están en exhibición en el pabellón hay un isla donde se venden las novedades literarias traídas por el país invitado. Llama la atención el diseño uniformado tanto de novelas como libros de poesía y ensayo. Placas de color, más arabescos y motivos florales e incluso aves son elementos comunes en muchas portadas, entre ellas las de los libros de poesía Ven. 200 sonatas de amor, de Talal Sálem Alsábiri, y Al borde del día, de Abdul Hamid Ahmed, ambos traducidos al español por Nabil Mansour y el equipo de la Escuela de Traductores de Toledo. Quizá lo extraño es que en sus tapas predomina una línea gráfica austera, sobria y que evita el exceso figurativo. Todos los libros de la Bookstore, como se anuncia la isla, son ediciones de la Autoridad de los Emiratos Árabes Unidos.

Han pasado los primeros días de la FIL y aún falta mucho por descubrir sobre Sharjah y su literatura desconocida e intrigante. La fascinación está intacta, la gente no desaloja el pabellón. Al revés. Muchos preguntan por los libros y no dudan en comprarlos, aunque los nombres de los autores no les digan nada y no mucho más las portadas. Ahora sí se entremezclan en el panorama turbantes, velos, sombreros, gorras, melenas.

 

Carlos Rodríguez
Traductor y periodista cultural

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Publicado en: Ciudad de libros
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