Pascual Espinosa, el centinela de nuestra memoria fílmica

El pasado 13 de febrero, tres años después de su retiro involuntario, murió quien fuera testigo insustituible del nacimiento de nuestra industria fílmica, de su “época de oro” y de su internacionalización; pero también de sus recurrentes crisis y resurgimientos. Gracias a su trabajo, que se extendió a lo largo de siete décadas, Pascual Espinosa devino pieza clave de nuestra memoria cinematográfica. Ofrecemos aquí un breve homenaje.

La fábrica de sueños (como se le conoció al cine antes de ser desplazado por la televisión en las ensoñaciones del espectador mexicano) ha requerido, durante sus más de 120 años de historia, del trabajo y el talento de un ejército de profesionales que hacen posible esa fantasía espectral que enriquece nuestras vidas. Durante 70 años de esa historia, el fotógrafo Pascual Espinosa produjo y reprodujo miles de imágenes que sirvieron para  la promoción de las películas y de las estrellas que en ellas participaban, algunas de incipiente o efímero fulgor.

Dueño de un estudio que tenía por clientela a buena parte de la farándula nacional, don Pascual se desempeñó también como fotógrafo del Departamento de Publicidad de PELMEX (Películas Mexicanas),1 como responsable de los retratos de filiación para la recién creada ANDA (Asociación Nacional de Actores), como documentalista de la industria fonográfica, y como ocasional stillman y cinefotógrafo al margen de los sindicatos.2 No obstante, su principal desempeño consistió en imprimir miles de copias de imágenes que sirvieron para promocionar nuestras películas dentro y fuera del país.

Fanny Cano fotografiada por Pascual Espinosa, ca. 1965. Archivo Documental Héctor Orozco

Esas fotos fijas, o stills, eran el principal “gancho” para la venta de una película. A diferencia de otras prácticas fotográficas, su producción estaba inmersa en el vértigo de una industria que vivió sus mejores años como una de las tres más importantes de nuestro país. Los fotógrafos de fijas eran los responsables de registrar todas las escenas, retratar a los personajes principales y documentar el proceso de filmación. Los negativos llegaban al laboratorio de don Pascual, quien imprimía hojas de contactos y hacía las copias seleccionadas. “A veces no servía nada de lo que me entregaban y yo tenía que hacer milagros […] si no me daban buenas fotos iba a los laboratorios por tiras de fotogramas para extraer de ellos alguna imagen que me sirviera”.

Por sus manos pasó, en imágenes fijas, la historia del cine nacional —y de alguna manera, también de la fotografía, ya que Manuel Álvarez Bravo, Luis Márquez, Agustín Jiménez y Leo Matiz, entre otros, formaban parte de la planilla de fotógrafos de cine—. “Siempre me quedaba de ver con los fotógrafos en el set para recoger los chasis, me gustaba mucho escaparme [del laboratorio] para ver las filmaciones”. Su extraordinaria memoria y su inagotable cinefilia, nacida en el cine Briseño cuando era apenas un niño, hicieron de su persona una enciclopedia rebosante de anécdotas, de esas que no consigna ningún documento.

Mauricio Garcés posa en su casa junto al retrato que le hizo el artista Lamadrid en 1968. Archivo Pascual Espinosa

A finales de los años treinta, “los productores Luis y Guillermo Calderón me apoyaron para que pusiera un estudio de foto, querían que yo realizara retratos de las artistas que querían contratar. […] Un día, llegó a retratarse Andrés García, era muy galán, pero no era actor, yo se los recomendé a los Calderón para que hiciera la película Chanoc”. Los hermanos Calderón, quienes tenían participación en los Estudios Azteca, le instalaron un laboratorio “arriba del cuarto de edición donde trabajaba Emilio Gómez Muriel, con su asistente Gloria Schoemann”. En ese lugar comenzó a revelar y a imprimir las imágenes que le entregaban los fotógrafos de esos estudios.

Los socios de CLASA Films Mundiales, nada menos que Emilio el Indio Fernández, Pedro Armendáriz y Gabriel Figueroa, convencieron y apoyaron al joven fotógrafo para que montara su propio laboratorio. Esto le permitió trabajar también para los otros estudios; para las distribuidoras Películas Mexicanas y Películas Nacionales; y para las compañías norteamericanas como RKO, Columbia, Paramount, Universal o Dream Works. “Todavía hice todas las fotos del monstruo verde… Shrek se llamaba. Creo que esa fue la última película que me pidieron”. El intempestivo surgimiento de lo digital frenó casi por completo la demanda de trabajo para el veterano impresor.

Sin embargo, con el gran amor que siempre profesó a su trabajo, don Pascual conformó un enorme archivo fotográfico; “cuando les llevaba de regreso sus negativos, la mayoría de los publicistas me decían: ‘ya tíralos yo aquí no tengo dónde guardarlos’”. Durante años almacenó y documentó este material en la medida de sus posibilidades ya que, por su origen, calidad y volumen, resultaba imposible para una sola persona. De hecho, importantes instituciones se han enriquecido con imágenes provenientes de él: Filmoteca de la UNAM, Cineteca Nacional y Fundación Televisa, en cuya colección existe un fondo que lleva su nombre.



Las actrices: Fanny Cano, Hilda Aguirre y Verónica Castro en montajes realizados por Pascual Espinosa para los calendarios de la distribuidora Pelmex —1967, 1968 y 1973 respectivamente—. Archivo Pascual Espinosa

Del mismo modo, revistas especializadas como las emblemáticas Somos y Luna Córnea, libros y exposiciones sobre cine y las películas editadas en formato DVD —principalmente en sus portadas y en el “material extra” ofrecido en su contenido— mantuvieron vivo el archivo y muy activo a su centinela, hasta la edad de 91 años, cuando se vio forzado a retirarse por motivos de salud.

 

El pasado 13 de febrero, tres años después de su retiro involuntario, murió quien fuera un testigo insustituible del nacimiento de nuestra industria fílmica, de su “época de oro” y de su internacionalización; pero también de sus recurrentes crisis y resurgimientos. Los estudiosos y amantes del cine mexicano perdimos a un informante clave del quehacer fílmico nacional  y, personalmente, a un entrañable amigo, gran conversador, respetuoso y paciente, que me hizo apreciar los archivos como algo vivo y no solo como vestigios históricos; y a las imágenes como algo más que ilustraciones, como detonadoras y constructoras de memoria.

Selección fotográfica y montaje realizados por Pascual Espinosa para la publicidad de la película Barridos y regados (Jaime Salvador, 1963). Archivo Pascual Espinosa

Don Pascual tuvo una larga vida dedicada al cine, quienes tuvimos la fortuna de consumir largos momentos junto a él, compartiendo su archivo y sus recuerdos, fuimos testigos de lo que tantas veces dijo el crítico Emilio García Riera: que “el cine es mejor que la vida”.

Foto de filiación de Germán Valdés Tin Tan tomada por Pascual Espinosa para la ANDA, ca. 1950. Colección y Archivo de Fundación Televisa / Fondo Pascual Espinosa


Marcelo Chávez y Germán Valdés Tin Tan fotografiados por Pascual Espinosa, ca. 1965. Archivo Documental Héctor Orozco

 

Héctor Orozco
Curador e investigador de diversos proyectos en torno al arte, la fotografía y el cine. Desde hace una década trabaja en las Colecciones Fotográficas de Fundación Televisa.


1 El equipo de fotógrafos de PELMEX lo completaban Jesús Magaña y Alfonso Vallejo.

2 Realizó las fotos fijas de Así amaron nuestros padres (1964) y Los valses venían de Viena y los niños de París (1965), ambas dirigidas por Juan Bustillo Oro. También ayudó a su amigo Germán Valdés a terminar su película Tintansón Crusoe (1964) cuando se le agotó el presupuesto. “El gerente de producción me llamó y me dijo ‘¿Usted sabe usar la [cámara] Mitchell? Necesitamos que venga a Acapulco y nos ayude a terminar la película’. Filmamos unas escenas detrás del faro […] y otras submarinas, en las que utilizamos un tiburón muerto […]. Dos amigos de Tin Tan aventaban el tiburón hacia la cámara. Hicimos muchas tomas para que no dijeran que no había quedado bien por mi culpa”.

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Publicado en: Noticias de Cipango