Para el turismo de masas: la tumba de Cervantes

La noticia de que es probable que se hayan encontrado los restos de Miguel Cervantes inundó los medios hace un par de semanas. Los resultados de un proyecto de búsqueda que arrancó en 2011 liderado por el historiador Fernando de Prado en colaboración con el forense Francisco Etxeberria, parecen indicar que es posible que los restos del autor de Don Quijote estén entre los encontrados en la Iglesia de las Trinitarias en Madrid. La investigación y sus resultados han despertado mucho interés, pero no sólo histórico. Poco a poco también toma forma un debate alrededor de ese cierto fetichismo que parecemos tener por los muertos y sus restos.

Monumento a Miguel de Cervantes en la Plaza de España, Madrid

Monumento a Miguel de Cervantes en la Plaza de España, Madrid
Fotografía de Kadellar bajo licencia de Creative Commons, CC BY-SA 3.0

Frente a las preguntas de por qué buscar los restos de Cervantes, el director del proyecto escribió a mediados de marzo que a sus ojos las motiavciones para hacerlo son evidentes: se trata del escritor más aclamado de la lengua española. Pero reconoce que hay una motivación económica que tal vez sea más importante. Como es el caso del pueblo de Stratford-upon-Avon en el Reino Unido, “centro de peregrinación” de todos aquellos que admiran la obra de Shakespeare, Madrid esperaría hacer lo mismo con Cervantes. De Prado hace los cálculos: si los 8 millones de turistas que recibe la ciudad cada año dedican una hora de su estancia para visitar la tumba de Cervantes, se podrían recaudar 160 millones de euros más. Aunque en última instancia, su intención personal sea “humildemente” poner una “lápida con el nombre de un soldado sin ventura”.

Miguel-Anxo Murado se preguntó en The Guardian cómo es que una mera suposición –es decir, que los huesos de Cervantes tal vez estén entre los encontrados en las Trinitarias­– se haya convertido en el titular: “Los restos de Cervantes encontrados”. Dice que la razón está en el involucramiento de la alcaldía de Madrid, que espera que los huesos de Cervantes hagan por el turismo de la capital lo que los de Shakespeare han hecho por el pequeño poblado inglés. Sin embargo, la inminente decepción que prevee Murado, según él, se podría haber ahorrado. Dice que los turistas en realidad no necesitan las certezas que el gobierno de Madrid está procurando construir con la serie de investigaciones científicas: felizmente visitan las casas de personajes de ficción como lo son la de Julieta en Verona o la de Sherlock Holmes en Londres.

Pero las críticas al proyecto pueden tomar otro tenor, como es el caso de lo que escribió César Casal. En su columna en La voz de Galicia dijo que “sólo quizá se han encontrado los restos” de Cervantes, pues ya se sabía que éstos podían estar en la Trinitarias. Para lo único que serviría el asunto, a sus ojos, es para que con todo esto alguien leyera al autor de Don Quijote de verdad, nada de “quizá lo leo”. Juan Goytisolo ha dicho que a Cervantes deberían  dejarlo en paz, pues tanto escándalo en realidad “sólo sirve para enriquecer a la burocracia”. En unos días este escritor recojerá el premio que lleva el nombre de Cervantes y dedicará su discurso al tema.

Vale la pena seguir atentos a la discusión alrededor de los hallazgos. Más allá de si los huesos son o no los del manco de Lepanto, la vuelta al relicario, la comercialización de la historia y la disneyficación de la literatura son, esos sí, dignos de estudio.

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Publicado en: Ensayo literario