¿Hubiera sido lo mismo que Oso polar fuera filmada con una cámara profesional? Por supuesto que no. El dolor de Heriberto y el resentimiento de Flor y Trujillo son efectivos porque quedan registrados en una forma de interacción cercana a nosotros.
Oso polar, 2017
Director: Marcelo Tobar.
Guionista: Marcelo Tobar.
Actores: Humberto Busto, Verónica Toussaint, Cristian Magaloni.
Dicen que los niños son más crueles que los adultos. Con una sonrisa serena, Heriberto (Humberto Busto) mira por el retrovisor de su auto viejo y observa a sus copilotos, Flor (Verónica Toussaint) y Trujillo (Cristian Magaloni), amigos de la infancia que a sus casi 40 años son las mismas personas, las mismas soledades, los mismos terribles bullies.
Con el pretexto de un reencuentro generacional, Heriberto, Flor y Trujillo se embarcan en un viaje que atraviesa la Ciudad de México: desde la Narvarte hasta Tlalpan, pasando por Tecamachalco, una experiencia agridulce que Marcelo Tobar, el director, construye con frescura y determinación en su tercer largometraje, Oso polar.
Como la piel de una cebolla, el tercer largometraje de Tobar explora distintas temáticas. La primera y la más evidente es el acoso escolar que desde la anécdota infantil y las frustraciones adultas, la primera clave son ellos, la historia de los tres amigos que se fusiona en una horrenda comedia humana. Flor con su prepotencia y su racismo, Trujillo con su clasismo, Heriberto con sus miedos. Como una bomba de tiempo, las tensiones pasarán de la nostalgia a los insultos, de la calma a la pasivoagresividad.
El dinamismo en Oso polar transita de los asientos del auto de Heriberto a las calles polvosas y destartaladas de la Ciudad de México. El paisaje y el humor de la película es uno mismo: al tiempo que los comentarios se vuelven más violentos, la ciudad comienza a atraerlos a parajes más oscuros. La fusión entre el espacio físico y la narrativa emocional adquieren mayor fuerza cuando el registro de la película es, al mismo tiempo, la forma en cómo quedan registradas estas tensiones. Oso polar es la primera película mexicana realizada con teléfonos móviles, y que obtiene el reconocimiento en un festival de cine y una distribución en salas del país.
Sin afán de convertir a la película en un thriller, Tobar también sabe cómo usar estos recursos técnicos para “aligerar” la narrativa. En la dinámica de lo pasivoagresivo, las risas y las bromas pasan por el filtro de la familiaridad de la cámara, un objeto al que todos tenemos acceso y que es usado todos los días para captar la vorágine de imágenes que nos rodean.
¿Hubiera sido lo mismo que Oso polar fuera filmada con una cámara profesional? Por supuesto que no. El dolor de Heriberto y el resentimiento de Flor y Trujillo son efectivos porque quedan registrados en una forma de interacción cercana a nosotros. Los minutos de cada toma parecen que son un ejercicio de tiempo real que ahonda sobre el clasismo y el racismo que el México moderno alimenta y promueve día a día.
Lo fundamental en Oso polar son las partes de su todo, elementos como la naturalidad de las actuaciones, el manejo de los diálogos, la cotidianeidad y su conexión con el espectador que posibilita apropiarse hasta de las bromas y los chistes más crueles. A través de esas formas de enunciar al otro, Tobar comprueba que la violencia está en todas partes: no importa la colonia, no importa la hora del día, y mucho menos su carácter ficcional. Al final del día, todos somos cómplices y todo nace desde la más tierna infancia.
Tobar abarca un amplio espectro generacional del sufrimiento. Usa a estos tres protagonistas cuarentones y los recuerdos de la primaria con su incipiente crueldad por medio un juego, un lenguaje encriptado llamado “Cenit Polar” que denostaba la homosexualidad de Heriberto. Ya adultos, la ferocidad es por medio de la cámara, de los filtros, de YouTube. Si algo evoluciona con la tecnología es el espíritu más oscuro del ser humano (algo que ya se han encargado de demostrar otras producciones como Westworld y Black Mirror).
Propositiva, dinámica y atemporal, Oso polar le pregunta al espectador: ¿qué sucederá cuando el viaje de Heriberto, Flor y Trujillo termine? ¿Qué pasará cuando lleguen a su destino? Los viajes terminan, tienen un inicio y un final, un destino que Tobar prepara sutilmente con pequeños flashbacks de la vida de Heriberto: la violencia puede acabar cuando se decide hablar. El asunto es que hablar tampoco está exento de furia y venganza. Dicen que los humanos somos más crueles que cualquier otra existencia. Heriberto lo sabe.
Arantxa Luna
Crítica de cine y televisión.