Marcelo Tobar acapara la atención de la cinematografía nacional gracias a Oso polar, filmada en su totalidad con dispositivos móviles.
Con tres largometrajes en su filmografía, Marcelo Tobar acapara la atención de la cinematografía nacional gracias a Oso polar, su más reciente producción. Filmada en su totalidad con dispositivos móviles, fue galardonada con el premio Largometraje Mexicano en el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM). Fenómeno o no, este reconocimiento es sin duda el síntoma de una producción nacional que día a día debe pelear con los contados apoyos de producción.
Arantxa Luna: ¿Cuál es la anécdota detrás de Oso polar?
Marcelo Tobar: Fui a una reunión de generación de la primaria y me di cuenta de que todo el mundo llevaba la fachada “adultos” pero poco a poco, ya en la noche, la gente comenzó a regresar a lo que era la escuela. La dinámica del grupo se transformó como si tuviéramos ocho años y todos ya estábamos en los 40. Después, la reunión se comenzó a degenerar en los grupitos de “los populares”, “los bulleados” y me pareció impactante cómo bloqueas lo que viviste en el pasado, y creemos que ese niño que fuimos ya no lo somos, que lo hemos superado, pero realmente no, y cuando te encuentras con estos festejos y compartes con las personas con las que forjaste tu identidad pues no tienes escapatoria.
AL: Después de esta experiencia, ¿cuánto tiempo tardaste en darle forma como una ficción?
MT: Como escritor tengo muchas ideas en la cabeza, pero luego me llegó la idea de hacer una película con celulares que surgió a raíz de un accidente en el que grabé unas imágenes que luego fueron exhibidas en un cine (sin saberlo). Cuando vi la reacción de las personas ante esas imágenes de inmediato le dije a mi productora “aquí hay algo”: si logramos que unas imágenes grabadas con un celular emocionen a la gente esto podría cambiar el paradigma de la producción de cine en cuanto a costos, a libertad en el set. En el momento en que sí decidimos hacer la película con celular pensé que ésta (la anécdota) era la mejor historia para traducirse en ese formato. La película tiene que ver mucho con la nostalgia y, para mí, los teléfonos, los contenidos de los teléfonos, son como bitácoras personales. Si analizamos los videos que guardamos desde hace dos años encontramos cosas que en ese momento no vimos. Todo esto quería incorporar en la narrativa emocional de Oso polar.
AL: ¿Cómo consideras que una filmación con dispositivos móviles influya en la cinematografía nacional? ¿Crees que haya un cambio si consideramos que un festival con tradición como el FICM galardone a una película que se sale de los cánones clásicos de lo que significa “hacer cine”?
MT: Creo que es al contrario. Morelia es un festival muy vanguardista, su primer premio se lo dieron a Nicolás Pereda, un director bastante sui generis que incorpora docuficción en sus obras. Más bien que creo que es el festival más prestigioso de México y que hayan escogido a Oso polar para estar entre las siete participantes, y luego que fuéramos premiados por un jurado presidido por Bela Tarr y por los programadores de Berlín y Cannes es un statement. El FICM nos abrió la puerta para que sucediera todo lo que la película aporta por su contenido, no por su forma. Creo que los jurados dijeron “aquí hay algo nuevo”. Béla Tarr me lo dijo: “Esta película no podrías haberla hecho con otra cámara porque hay un ímpetu en la película que refleja mucho la manera que implica hacer algo con el arrojo de agarrar los celulares, contar una historia, salir a las calles e interactuar con la realidad, repasar México”. También creo que Oso polar es sobre las zonas que no vemos de la ciudad, incluso toda esta estética de lo feo como la calzada de Tlalpan. Quería un poco rendirle un homenaje a la Ciudad de México para bien y para mal.
AL: ¿Hay un antes y un después para la cinematografía nacional con Oso polar?
MT: Yo espero que sí. No sé si lo será. Mi responsabilidad ahora mismo es inspirar a nuevas voces en el cine mexicano, que son las voces que vienen desde abajo: hablo específicamente de la gente que no tiene dinero, que piensa que el cine es una élite, que el cine es caro, que el cine es imposible de hacer. Siempre se ha segmentado a los creadores de cine, si te das cuenta la mayoría de los cineastas latinoamericanos provienen de un estrato social y que no es precisamente ni clase media y baja. Para mí es fundamental que exista el punto de vista de otros puntos de vista. Contar la historia de Neza desde Neza, y no solamente desde arriba hacia abajo. Mi responsabilidad es que se sepa cómo se hizo la película, por eso no tengo reparo en dar cifras de dinero, de rodaje. La idea es que estas voces digan “claro, esto lo puedo hacer yo también”. Si me esfuerzo, si tengo una voz, si tengo rigor, si tengo algo potente que decir la película se va a sostener, independientemente de que si se hizo con tu teléfono.
AL: Oso polar nació desde un fondeo, una red de apoyo alejado de los apoyos gubernamentales. Estas características, ¿en dónde colocan a la película?
MT: Yo tengo tres películas y las tres han sido independientes. Tengo 12 años haciendo cine independiente con las cámaras que he podido tener. Esto es cine de resistencia, y lo digo así tal cual: entrar a Morelia tiene un significado especial porque vieron a una película de resistencia, a un cineasta que nunca ha sido apoyado por el IMCINE, que tiene una manera de hacer cine poco ortodoxo pero rodeado de profesionales, de actores que están ahí por amor al cine, que quieren tener catarsis con el público. El tiempo dirá en dónde colocar a Oso polar, pero creo que es importante que este cine de resistencia tengo un momento en la luminaria. Más que un premio para mí es un reconocimiento al cine independiente al que nadie hace caso. Se abrió una puerta, no sé si toda, pero al menos un poco.
AL: ¿Crees en la democratización del cine?
MT: Sí, por supuesto. Creo que en la democratización del cine a través de las nuevas tecnologías porque ahora una persona puede hacer una película con su teléfono, editarla en su casa, en su computadora, hacer la mezcla de audio y mandarla a un festival por Internet —sin tener que hacer una copia física— y comenzar a abrir las puertas. A mí no me gusta ser el cineasta independiente que se queja, que no le dan oportunidades, víctima de la opresión. Todo está ahí, sólo hay que saber entrar. Cuando no tienes un apoyo institucional tienes que ser más riguroso, tienes que hacer las cosas mejor para que te tomen en cuenta. Quizá no te va bien en el año de estreno, pero ¿quién puede saberlo en dos o tres años más? Al final lo importante es hacer obras poderosas y que comuniquen algo.
AL: Pensando en el acoso como un fenómeno universal y como el tema más evidente en la película, ¿crees que de alguna manera el personaje de Humberto somos todos como nación?
MT: Totalmente. La historia que cuento sí tiene que ver con sus personajes, la infancia de cada uno de ellos. Por eso me interesaba que no sólo llegaran a la fiesta, pude haber hecho una película sólo sobre ese momento y listo. Para mí era importante el trayecto por la ciudad, que se encuentren con todos los estratos sociales, con todas las interacciones que tenemos día a día. La idea de Oso polar es ver cómo la violencia está todo el tiempo en todos lados y todos somos partícipes: somos cómplices pasivos o somos los generadores de esto. Durante la película están en diferentes lugares y en todos hay violencia: “divide y vencerás”. Y la gran tristeza de este país es esa separación con el racismo, el clasismo, y que a pesar de todo es tabú hablar de ello. Me parece que éste es un debate que a la gente le da miedo tener porque somos conscientes de que todos participamos en esa dinámica. Oso polar está ahí, se cuenta la historia de estos tres personajes, pero el contexto es poderoso.
AL: La película tiene un eco muy interesante sobre las imágenes y el uso que les damos.
MT: La idea era integrar los diferentes formatos de celular como un motor emocional. Quería explorar la manera en cómo nos relacionamos con la realidad a través de las imágenes. Hay mucho talento en potencia: de repente te sorprendes con lo que graba tu mamá en el celular.
AL: ¿Cómo fue a nivel actoral? ¿Cómo se creó esta atmosfera tan natural de una road movie por la ciudad?
MT: Con los actores nada cambia. Trabajo con una técnica que es no tener casting porque creo que es la peor manera de elegir a una persona. Prefiero conocerlos en persona, hablar. Lo que busco es que el actor tenga una energía básica que no tiene que ver con caracterizarse. Eso hace que ellos se sientan más libres para experimentar con los diálogos y llegar a este tema donde los actores no actúan, sólo tratan de ser.
AL: ¿En tu siguiente proyecto seguirás interesado en los dispositivos móviles?
MT: Ha sido muy curioso porque dos días de Morelia nos otorgaron por primera vez un apoyo para hacer una película con presupuesto. Todo es muy irónico. Siento que se cerró un ciclo, hice tres películas independientes que probablemente juntas tengan un sentido. Con el apoyo quiero hacer una comedia y entregarme un poco a la risa. A pesar de todo esto me gusta decir que cineasta independiente nací y cineasta independiente moriré. Seguiré haciendo cosas desde esta trinchera porque creo que es el caldo de cultivo para la experimentación.
Arantxa Luna
Crítica de cine y televisión.