En tiempos de la sociedad hypermediatizada, en que la imagen recobra un poder cercano a la divinidad, los usos del meme o del momo necesitan una crítica atenta y urgente. Esconden un vehículo ideológico cuyo poder de comunicación apenas empezamos a entender.

Ante la diversidad de pantallas que nos rodean, Lipovetsky se atrevió a categorizar la época actual como la era de la pantalla globalizada. Brea, en su lugar, llama a este fenómeno el universo de las mil pantallas. Es innegable el rol central que las pantallas juegan en las sociedades actuales. Estamos rodeados de esos espejos que lucen negros cuando están apagados o en stand by y que van en creciente aparición. Antes sólo eran los televisores, ahora tenemos cientos de dispositivos a nuestro alrededor que nos afrontan, queramos o no, con otro mundo donde la imagen es el centro de todo lo que ahí acontece. La realidad virtual, ese despliegue del mundo, es el reino de la imagen y hoy en día se le rinde pleitesía.

La devoción de la imagen no es nueva. En el Barroco la iglesia católica la usó para aleccionar a los feligreses analfabetos. Las imágenes servían en ese entonces para adoctrinar, brindar sujeción y educar: “[para] el católico barroco, las imágenes religiosas cumplen una función pedagógica fundamental”.1 Así, Dios no sólo se expresaba mediante las escrituras sino mediante las imágenes que ayudaban a comprender la narración, al tiempo de promover virtudes. Y para esto, el barroco se sirvió de la serialidad. No hay que olvidar que el catolicismo apela a una lógica de la afección, por eso importan las representaciones de Jesús en el viacrucis y por eso las imágenes de los santos estaban en todos los templos, para facilitar la devoción, así como, en la actualidad, las imágenes ¾ahora seculares¾ están por todos lados y además nos hemos vuelto productores masivos de éstas.

memes

Las imágenes nos rodean, y no podemos desvincularlas de la fantasía, de regímenes de visibilidad, ni de la relación aparente que tienen con el concepto de verdad. Después de todo, si la imagen importa más que otras representaciones, es porque vivimos bajo un régimen ocularcentrista. Desde tiempo atrás se ha privilegiado a la vista sobre otros sentidos, no sólo por ser el órgano que nos permite obtener mayor información del mundo de forma rápida, sino porque ésta se liga estrechamente con la verdad: lo verdadero es aquello que es visible (o en palabras del Divo de Juárez: lo que se ve no se juzga).

Estamos arrogados a la imagen, pero no todas las imágenes son iguales. En la era del autodiseño (prosumers), según indica Hito Steyerl en su libro Los condenados de la pantalla, el valor de la imagen gira en torno a: 1) la resolución y 2) la velocidad con que pueden difundirse, aceptando por consiguiente que las imágenes con baja resolución son las que generalmente consiguen viralizarse con mayor velocidad. Así, Steyerl introduce la categoría de la imagen pobre contra la imagen rica (la imagen que se presenta en alta resolución). Ahí en el mundo virtual, estos dos tipos de imágenes luchan a diario por llegar a la mayor cantidad de usuarios posibles, porque la imagen de hoy en día está hecha para mostrarse, está hecha para las masas, no para un individuo, y esto, claro, tiene que ver con las técnicas que permiten su creación y su reproductibilidad y que, al mismo tiempo, le sirven de alojo.

A pesar de que el capital mueve amplios sectores de la sociedad y que de ahí proviene generalmente la imagen en alta resolución ¾como el cine de Hollywood, los videos musicales, la publicidad¾ el espectro que interesa discutir cada vez más es el de la imagen pobre que poco a poco ha ido ganando terreno en las pantallas sin desplazar a las otras imágenes. Más bien cada una ha encontrado su lugar, sus vías de comunicación, pero sin duda, la imagen pobre habita el internet o por lo menos las redes sociales de una forma novedosa ya que ésta es producida principalmente por los usuarios y no por el capital. “La imagen pobre es RAG o RIP, AVI o JPEG, una lumpenproletariada en la sociedad de las apariencias, clasificada y valorada según su resolución. La imagen pobre ha sido subida, descargada, compartida, reformateada y reeditada”.2 La imagen pobre son los memes, los momos, los GIFs, las películas piratas, las imágenes con frases motivacionales y videos tomados con teléfonos celulares subidos en baja resolución (entre otras cosas). Son imágenes que nunca llegarán a tener un estatuto de calidad pero que están ahí en las redes sociales, en el internet, a la espera de visualizarse y viralizarse.

Memes vs  momos

Dentro de todo el espectro de imágenes pobres que habitan el mundo del internet, ha sido el meme el que ha cobrado una importancia generacional abismal. No estaban ahí hace 10 años y ahora están en todas las redes sociales, y la gente los usa como forma de comunicación no verbal. Ahí donde hay un sentimiento o idea que necesita expresarse, aparece el meme. Su función es simple: desde la creación individual, apelar a lo colectivo, al otro. El meme crea comunidad, principalmente porque proviene de sujetos que forman parte de una cultura de masas y mediante estos restos de visualidad trastocan las imágenes para transformar la cultura pop.

El creador de los memes (que puede ser cualquiera) es un sujeto moderno producto del neoliberalismo, el cual ha formateado el concepto de individuo de la ilustración, con tal de convertir al sujeto en uno que se entienda como proyecto en continuo devenir. El sujeto moderno ya no trabaja bajo el yugo del jefe (ya no en sentido hegemónico) sino que está sometido a su mismo yugo. Es él el que se autoexplota porque se le ha dicho que todos estamos en potencia de ser algo mejor: es nuestro deber levantarnos temprano, aprender diferentes idiomas, trabajar en la oficina y en casa, ver las series del momento, el blockbuster en turno, viajar, y muchas cosas más. El poder inteligente, como lo nombra Byung-Chul Han, se ha encargado de controlar al sujeto ya no a través de la represión de su cuerpo, sino brindándole la falsa ilusión de libertad ligada a su forma de pensar y en una supuesta espiritualidad (no en vano la puesta en moda de cursos de metafísica y neurolingüística). Desde esta noción de sujeto moderno las imágenes, en particular los memes, se crean y se comparten. El poder inteligente “nos exige compartir, participar, comunicar nuestras opiniones, necesidades, deseos y preferencias; esto es, contar nuestra propia vida”.3 La positividad, el ser activo, es una característica de la modernidad. Los sujetos trabajan más y mejor cuando no son conscientes de que están siendo sometidos, apelando a una fórmula que propuso Oscar Wilde: los peores propietarios de esclavos eran aquellos que eran amables con estos, ya que, debido a la gentileza con que los trataban, no se percataban de la terrible situación que habitaban. El neoliberalismo se ha reinterpretado y no necesita obligar al obrero a trabajar, éste lo hará por sí solo y se esforzará por hacerlo de la mejor forma posible y abierta, porque en el mercado actual, es importante que nuestro valor como trabajadores, como consumidores y productores, sea visible. Hay pues, una dependencia al trabajo, el consumo, la producción y el goce.

Todo esto enmarca la propagación del meme e incluso la aparición del momo en manos de nuevas generaciones que han radaptado estas imágenes. Pero, ¿de qué hablamos cuando hablamos de memes? Se sabe que el nombre lo acuña Dawkins para referirse a una unidad mínima de información, que puede transferirse culturalmente de un individuo a otro. El meme, en términos evolutivos y de inteligencia artificial, tendría que ver con la relación entre una idea o construcción cultural y la capacidad de réplica que esta información puede generar. Por esto, la palabra “meme”, como concepto que se refiere a la memoria y al mímesis. La información se replica y llega a diferentes sujetos que la aprehenden. Para los estudiosos de la inteligencia colmena (swarm intelligence) lo digno de estudio en las redes sociales es cómo ciertas informaciones pueden ser replicadas y asimiladas por una colectividad sin un acuerdo previo: las ideas o imágenes (posts o tweets) soltadas por usuarios se viralizan al resultar empáticas de forma natural (a diferencia de la imagen rica, como la publicidad, que necesita pagar para que la gente la vea).

El primer resquicio del meme se encuentra en los emoticones, símbolos primarios que buscaban remplazar sentimientos o expresiones, que luego mutaron en imágenes acompañadas por algún texto, y que al interior de los chats se propagaron hasta hacerse del dominio de las masas, para luego replicarse y compartirse en otras plataformas. La aplicación del concepto de Dawkins sobre estas imágenes se dio de forma natural, pues esa información configurada en imagen compartía características de aquella unidad que definió el biólogo sólo que al interior de artefactos tecnológicos (temes según Susan Blackmore). Si en la vida real las ideas se propagan de boca en boca, en el internet es mediante shares y likes, y esto mide la capacidad de réplica y propagación.

Los memes que en un primer momento eran sólo imágenes acompañadas de cualquier texto (y creadas por un usuario cualquiera) fueron mutando a medida que la gente se fue apropiando de esta vía de comunicación. Son la más clara representación de aquella definición que Steyerl diera sobre la imagen pobre. Aquello que empezara como una mera apropiación de imágenes, hoy en día se ha vuelto difícil de categorizar, pues el meme se presenta en diferentes facetas: una imagen, un dibujo, una imagen con texto, alguna frase escrita, una captura de pantalla de conversación de Whatsapp (que puede ser editada), una captura de pantalla de algún post o tweet, un GIF, etc. Pero a pesar de la dificultad para poderlo categorizar, los usuarios saben reconocer lo que es meme, más que por el formato de presentación porque son imágenes que expresan ideas o sentimientos de forma sintética y cómica. No hay meme que no intente ser cómico aún cuando se cruce con algún otro sentimiento o idea.

A partir de la comicidad y la llegada de nuevas generaciones a la red surge la reapropiación del meme bajo el concepto de momo. Los momos son memes que se presentan generalmente con mala ortografía, que usan imágenes de películas o videojuegos para comunicar, y que al final del texto utilizan los signos “xDxdxdxd” o “:v”. Son memes fabricados por personas nacidas cerca del 2000 que buscan reapropiarse de ciertos términos al interior de esta subcultura. Utilizan el término “pack” para referirse a una carpeta de “nudes”, “Zelda” en vez de la palabra “link”, “elfa” en vez de “mujer” o “novia”, “papu” en lugar de “amigo”, y al ser en ocasiones situacionales, algunos empiezan con la palabra “when” (hay más terminología). Hay que matizar que fueron propagados por ciertos grupos en Facebook como Legion Holk, Secta Mantequilla, Momos Corp, etc., y en foros como Taringay4chan. Las nuevas generaciones se han reapropiado del meme para llevarlo a un punto donde la imagen es aún más pobre de lo que Steyerl proponía, pues ya no sólo es pobre en cuanto a formato y resolución, sino que ya no hace uso de la ortografía, ni tiene algún filtro moral. El momo (que parece exclusivo de países de habla hispana) es el lugar de la comicidad sin restricción alguna. Su única finalidad es viralizarse y quedarse en el colectivo sin importar si el contenido puede ser incorrecto o no, racista o incitar a ciertas prácticas violentas.

Lejos de ser un tema menor, el meme y el momo son un asunto complejo que se vuelve necesario discutir, no sólo por su omnipresencia sino por la fácil reproducción de éstos a causa de la gran capacidad de síntesis con que tocan temas de actualidad combinándolos con lo cómico. Es decir, lo cómico parece ser el elemento detonante que hace al meme crear masa y colectividad. Pero si es ésta una de sus principales características, nos encontramos ante el peligro de que mediante el uso de memes se pueden minimizar, ridiculizar e incluso normalizar ciertos temas e ideas.

Memes y momos en la Alt-Right

Uno de los mejores ejemplos de lo anterior lo encontramos en el grupo de extrema derecha Alt-Right, cuyo vocero es Richard Spencer. Saltó al ojo público luego de que, en una reunión con Trump, lo saludaran al grito de “Heil Trump” al tiempo que en su discurso culpan, utilizando el término alemán nazi ‘Lügenpresse’ (prensa vendida), a la prensa internacional de construir una imagen peyorativa del presidente.

El grupo, que nació en 2010, se volvió famoso por haberse apropiado del meme de Pepe la rana y hacerlo aparecer en diferentes sitios durante la campaña de Trump. Lo siniestro aquí fue la deformación que hicieron del personaje, pues los integrantes de Alt-Right lo convirtieron, de un día para otro, en un representante del racismo y la discriminación. La rana comenzó a dibujarse en situaciones que promovían el racismo en escenarios risibles, comenzó a aparecer vestida con uniforme nazi, con capuchas del Ku Klux Klan, hasta que, de pronto, apareció la rana con peluquín amarillo emulando a Trump.

Los simpatizantes de Trump y de este grupo de extrema derecha en seguida entendieron el propósito del meme y lo usaron en foros donde se discutían temas electorales, sitios de noticias y en redes sociales en general. El meme ganó simpatizantes, y muchos usuarios lo compartían aun cuando no apoyaban al candidato ni al movimiento. Alt-Right creó un meme con misión. En tiempos en que el sujeto se presenta como espectador distraído, el meme atrae toda la atención y promueve, mediante la risa, imágenes que traen una agenda de por medio, sin que los usuarios se percaten de ello. A partir de la risa, el meme (en este caso particular) funciona como una herramienta que ayuda a borronear al otro. Esas imágenes, al ser viralizadas, ayudan a normalizar situaciones preocupantes.

Lo anterior, aunque ridículo, recreó un escenario digno de la serie británica Black Mirror. Los memes brincaron a la realidad y en las campañas de Trump no era inusual observar pancartas de Pepe la rana como símbolo de apoyo. Eso que a juicio de varios podía ser poca cosa trascendió y ganó poder en las masas, tanto que el equipo de Hillary le aconsejó tocar el tema durante uno de sus eventos4 pues el uso del meme por parte de Alt-Right era cada vez más violento a la vez que generaba adeptos. Si bien una virtud del meme es la simplicidad con que se pueden compartir banalidades, en esta ocasión el uso era completamente ideológico.

El meme ha dejado de ser sólo un habitáculo de ideas risibles y es ahora lenguaje, concepto, ideología capaz de generar identidad y políticas de exclusión. Tanto así, que hoy en día el meme de Pepe la rana se ha vuelto políticamente incorrecto aún cuando no se haga alusión a Alt-Right. Por ejemplo, Zara (la marca de ropa de Grupo Inditex) tuvo que retirar del mercado un vestido que tenía impresa a Pepe la rana. Los grupos de extrema derecha supieron apropiarse tanto del meme que ahora esa rana es símbolo de racismo a nivel internacional. Su creador Matt Furie tuvo que matar a su personaje en el cómic.

En la era de las mil pantallas, el meme ya no es solamente un pasatiempo y tiene la ventaja de conectar con todas esas nuevas generaciones que generalmente buscan información rápida y digerible y que pueden estar contribuyendo a normalizar temas de exclusión o de racismo. El internet también es un campo de batalla político, y el meme una de las mejores herramientas para reclutar a la ciudadanía.

 

Fernando Bustos Gorozpe
Profesor en la Universidad Anáhuac Norte y candidato a Doctor en Filosofía por la Universidad Iberoamericana.
@ferbustos


1 Han Byung-Chul, Psicopolítica, Herder, España, 2014, p. 29.

2 Álvarez Solís Octavio, La república de la melancolía. Política y subjetividad en el barroco, 2015, p. 132.

3 Steyerl Hito, Los condenados de la pantalla, Caja Negra, Buenos Aires, 2016, p. 34.

4 Dowd Maureen, “The Alt-Right is All Wrong”, The New York Times.

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Publicado en: Ensayo literario