Nueva respuesta del director, no presidente, de la Academia Mexicana de la Historia

Estimada Ana Sofía: dice usted que mi réplica tiene “alegatos preocupantes e interpretaciones a modo”. Pues yo pienso que esto es lo que caracteriza a su contrarréplica. Para comenzar, el título de su respuesta. Ambos habíamos puesto a las mujeres como el punto central de nuestros argumentos, pero ahora parece ser que lo que le importa es que sea el “presidente” de la Academia Mexicana de la Historia con quien debata. Para comenzar, en la Academia no hay presidentes sino directores (o directoras, que las ha habido). Extraño gusto por el presidencialismo el que ahora impera en México…*

Además de este protagonismo que no avalo, me preocupa su intento de exculparse, asegurando que su crítica no podría referirse al organizador del ciclo de conferencias motivo de este debate, pues ignoraba quién había sido, ya que “no es pública” dicha información. Falso: desde un principio estaba en Facebook el nombre del organizador, que es con quien usted colaboró en un libro hace un par de años.

Me resulta también muy cuestionable el modo en el que conforma sus estadísticas. Como bien sabe, México está padeciendo enormemente ahora debido al mal uso de las estadísticas, por incluir sólo los factores y elementos convenientes, y excluir los que no favorecen el mensaje emitido. Así procedió usted. Para llegar a la conclusión de que hasta la fecha 52 % de las conferencias del año han sido impartidas por mujeres, me basé en ese hecho, en las conferencias impartidas. Pero usted, para beneficio de su versión, elimina un ciclo completo. ¿Con qué argumento decidió usted no considerar todo un ciclo ya impartido —de 8 sesiones— y, en cambio, sí calcular conferencias aún no impartidas? ¿Sólo para llegar al porcentaje que le conviene a su conclusión? Omito el calificativo que suele dársele a este tipo de estrategias.

Permítaseme insistir en otro punto. Usted dice que recupera los perfiles de 14 historiadoras que trabajan el tema del ciclo en cuestión: 9 que trabajan en la Ciudad de México, 2 en el extranjero y 3 en lo que antes llamábamos cariñosamente “provincia”. Insisto: la misoginia no es el único vicio en la academia; también lo son el centralismo y el elitismo. Para ratificar esta actitud, le recuerdo que cuando usted habla de las colegas que trabajan en las instituciones estatales, no hace referencia alguna a sus sitios de adscripción, aunque sí lo hace para las extranjeras, como si fuera más importante citar las universidades de Duke o de Irvine que las universidades de Colima y Morelia, o El Colegio de Michoacán. Inaceptable ninguneo malinchista. Para colmo, cuando pondera las excelencias de estas colegas que trabajan en “el interior” del país, usted destaca sus vínculos con… ¡El Colegio de México!, por cierto, la institución en la que usted estudia.

Me llama la atención su actitud: no mencionar que el año pasado ingresaron como “corresponsales” el mismo porcentaje de mujeres que de hombres: 50 % cada uno, pero sí insistir en dividir la disciplina en este tipo de estancos. Asimismo, me llama la atención que a usted le preocupa que un ciclo no tuviera participación de mujeres, pero no menciona que 11 de 12 sí la tienen: aquí no aplica el refrán del vaso medio lleno o medio vacío, aquí hablamos de 92 %.

Cuando me esforzaba por atender sus argumentos, y sobre todo en suponer la motivación de su atención a la Academia Mexicana de la Historia, usted misma me lo vino a aclarar. En mi réplica había citado a Plutarco, sobre lo virtuoso de las críticas, pues ayuda a no repetir errores. Le agradezco su observación: la atenderemos cabalmente. Pero ahora quiero citar a Quintiliano, quien recomienda poner al final, y resaltar, el punto central que se alegue. Usted lo hace de manera clarísima: lo que en verdad le interesa, por la forma en que termina su contrarréplica —“ya salió el peine”— es incidir en el proceso de elección del sillón que tenemos vacante. Uno de los cambios recientes de la Academia Mexicana de la Historia fue “abrir” al gremio los procesos de elección de sus miembros, pero de ninguna manera acepto que el asunto del sillón vacante se dirima de esta forma, con una polémica injusta y artificial. Por lo tanto, hasta aquí llegué.

 

Javier Garciadiego
Director (no presidente) de la Academia Mexicana de la Historia.

PD: Reconozco su interés en la Academia Mexicana de la Historia. Para que amplíe y profundice sus conocimientos al respecto, al término de la ‘cuarentena’ le haremos llegar, como obsequio, el libro Academia Mexicana de la Historia: 100 años, en el que se describen los grandes esfuerzos de nuestra institución para superar sus limitaciones y para estar siempre ‘al día’ en lo que se refiere a los problemas de la disciplina. Por cierto, publicado el año pasado, el libro fue coordinado por Elisa Speckman, Gisela von Wobeser y por mí, en este orden; o sea, 66.66 % de mujeres.

 

* Nota de la redacción: los títulos de los artículos y de las cartas que se publican en nexos son de la redacción, no de los autores. Nuestro error: tomamos nota de que Javier Garciadiego es director, no presidente, de la Academia Mexicana de la Historia.