“No voy a escribir un libro donde Milei sea un monstruo”: Mariana Enríquez

La autora argentina comenta en esta conversación qué espera del giro político en su país.


Llama la atención en los libros de Mariana Enríquez que la violencia y el mal se parecen mucho, demasiado, a los de la vida real. Enríquez es tanto una fabuladora que le brinda múltiples dimensiones a los miedos y terrores que nos acechan, como una escritora social que hace del horror su materia prima y desborda los géneros narrativos.

Se define a sí misma como una autora realista con toques góticos, surrealistas y de humor negro, pero su inclinación temática a los crímenes, abusos, desaparición de personas, fosas comunes, los males atávicos de la sociedad y a las brumas del thriller psicológico, la ponen, especialmente, del lado de la escritura de la violencia. Por la ansiedad y tensión que segregan sus textos, por el retrato social, por el lirismo que aplica al horror y por la presencia de asesinos, dementes o villanos, Enríquez se ha convertido en la pintora de una Argentina feroz marcada por la dictadura militar.

Ilustración: Víctor Solís

La autora de Las cosas que perdimos en el fuego comenta ahora el contexto político que vive su país.

Carlos Priego: Nadie pudo frenar a Javier Milei, pese a los llamados de diversos grupos sociales. Escritores como Agustina Bazterrica, Samanta Schweblin, Andrés Neuman y Martín Caparrós llamaron a no votarlo advirtiendo que su candidatura presidencial era “un peligro real, no abstracto”. Y, aun así, obtuvo el 56% de los votos, ¿era el resultado que esperabas?

Mariana Enríquez: Claramente no. Debo anotar que tampoco me parecían ideales los otros resultados. Creo que esta polarización es consecuencia de muchos años de crisis económicas de no resolución y también de la nueva generación que no tiene el mismo carácter que teníamos nosotros. Voy a cumplir 50 años y tengo cuatro crisis encima, pero yo no puedo pedirle a una persona de 30 años, que tiene dos o tres hijos, que no trate desesperadamente de elegir otra cosa.

CP: ¿Qué esperas del nuevo gobierno?

ME: Milei es un candidato que tiene muchos límites que son impasables. Tiene un historial con temas de seguridad, es negacionista, súmale las cuestiones que tienen que ver con los derechos civiles, incluso su punto de vista sobre la privatización de la salud y de la educación que son temas con los que yo no estoy de acuerdo. Me resultaba imposible votarlo. Tiene un carácter volátil y es una persona muy extravagante, pero eso no es la primera vez en Argentina. Lo que decidí hoy con muchísimo más filosofía que ayer, y que hace varios días, es decir: “casi el 60% de mis compatriotas se presentó a elecciones y lo votó. Es un candidato democrático en Argentina, es lo que la gente quiere y es quien va a gobernar los próximos años. Por el bien de todos, ojalá que sea un gobierno lo menos doloroso para la mayor cantidad de gente”.

CP: ¿Qué diagnóstico haces hoy de Argentina?

ME: Hay una contradicción que no es en sí reaccionaria, para nada. Pero cuando algo no se resuelve, termina en actitudes que son muy reaccionarias, y ahí comienza el resentimiento. Es complejo hablar de estas cuestiones, de ver todo el proceso. Yo no creo que la gente sea reaccionaria, creo que la pusieron contra la espada y la pared. Trato de entenderlo, trato de no enojarme y de decir: “si hay más de la mitad del país que está en esto, no está la mitad del país loca, sino está la mitad del país agotada”.

CP: ¿Lo que sucede en este momento en Argentina se puede comparar con algún otro caso latinoamericano?

ME: No. Para nada. Lo que está pasando en Argentina es único. Muchos dicen que se parece a lo que sucedió con Jair Bolsonaro, pero él venía del sistema político y tenía relaciones con los militares de Brasil y otras cuestiones. Milei es un economista, es un civil, digamos, no tiene nada que ver con la política y aparte es un anarcocapitalista; o sea, es un señor que realmente cree que todo tiene que estar en manos del mercado. Lo llamativo en general, y muchas veces de Argentina, es que tiene procesos históricos que terminan en grandes explosiones y esta es otra gran explosión, yo no creo que sea muy comparable a nadie.

Muchos amigos de Estados Unidos me preguntaron si es comparable a Trump. Mi respuesta es no. Trump llegó con el partido republicano a pesar de que era una estrella de televisión. En este sentido Milei llega solo, aunque luego obtuvo el apoyo de partido de centro derecha de Macri. Antes se venían peleando muy mal. Entonces es realmente un lobo solitario, y en ese sentido me parece que no es comparable a ninguno de los otros.

No quiero vaticinar absolutamente nada, pero sí quiero dejar en claro que yo no estoy de acuerdo con él y para nada lo hubiese votado y lo dije públicamente. Ahora que tomó posesión hay que pensar otras estrategias, hay que ser autocrítico también con lo que pasó para llegar a este nivel de radicalización, porque es un nivel muy extremo. Entonces hay algo que claramente desde el poder no se leyó bien, no se tomó el pulso de lo que le pasaba a la gente.

CP: Sin duda el trauma de la dictadura es un tema recurrente de tu literatura y es habitual que comentes la relación que estableces entre el horror —como género— y el horror político. ¿Cómo fue crecer en un país que creó fantasmas como política de Estado, con unas fuerzas opresoras que se especializaron en  desaparecer a 30 mil personas?

ME: Yo fui niña en la dictadura. Necesariamente eso me provocó tener una infancia de características determinadas junto con la generación de mis padres que es la generación que fue víctima de la dictadura. Los hijos fueron víctimas porque muchos fueron los secuestrados y muchos perdieron a sus padres.
 
CP: Hay una diferencia entre cómo se percibe la dictadura entre las distintas generaciones de argentinos, ¿no es verdad?

ME: Es cierto. La gente que tiene mi edad o que es mayor y que atravesó la dictadura tiene una visión muy diferente a la que tiene un joven de 18 años. Ellos dicen: “eso pasó hace muchos años”. Sí sirvieron los juicios, los genocidas están presos. Yo espero que Milei no decida… Vamos, no hay tantos genocidas detenidos, son todos muy ancianos, pero los que están detenidos todavía, que no son pocos, espero que no haya una amnistía o una cosa por el estilo, porque sería muy grave, no sólo para Argentina, sino como ejemplo mundial.

Argentina es uno de los pocos países que hizo ese trabajo finalmente con la justicia y que eso vaya para atrás, eso sí me parece muy triste y muy grave. Históricamente sería muy grave. Mucho más que otras cosas.
 
CP: ¿Crees que la gente se olvidó de la dictadura?

ME: Yo no creo que la gente se haya olvidado o que no le importe, no me parece que pase por ahí. Me parece que hay algo del hartazgo de la política tal y como está, que lamentablemente incluye también un discurso acerca de los derechos humanos.

Lo que quiero decir es que la dictadura se acabó hace cuarenta años. El Estado cometió crímenes gravísimos, pero ahora en Argentina hay un nivel de violencia urbana y pequeños bolsones de narcotráfico, muy pequeños en comparación con otros países, que a la gente le dan mucho miedo, a la gente la roban y la gente piensa “bueno, se está defendiendo permanentemente a un delito del Estado de hace cuarenta años y a nosotros qué nos dan, el Estado no nos da la seguridad que necesitamos”.

CP: ¿Te preocupa que con Milei se pierda la memoria histórica?

ME: No lo sé bien. Sí me preocupa que un montón de gente que está a su alrededor es negacionista, mucha gente que cuestiona el número de desaparecidos. Cosas que yo consideraba —con cierta miopía— que estaban saldadas y que el proceso de memoria histórica en Argentina era exitoso y me doy cuenta que, como cualquier otra cuestión política, puede ser cuestionada en un momento de mucha bronca.

Me preocupa que la gente terminó asociando al gobierno saliente que nos tenía con una inflación terrible, que no nos solucionaba la vida, con el hecho de que también apoyaba a las organizaciones de derechos humanos. Hay gente que en su bronca, en su hartazgo, mezcló todo y convirtió ese apoyo en una especie de delito. Para mí es lo más triste de todo esto, lo demás me parece incertidumbre, problemático, pero esto me parece más bien un fracaso histórico.

CP: El manejo del terror en tu literatura se nutre de estos temas sociales. ¿La llegada de Milei al poder anticipa que puedas escribir de él más adelante?

ME: Inconscientemente, posiblemente sí. A mí Milei no me gusta. Yo creo que hago terror político, con elementos políticos y sociales, y en muchos casos trato que sea algo que sea incorporado a la vida cotidiana, que no sea panfletario. No voy a escribir un libro donde Milei sea un monstruo, primero porque no creo que lo sea y, después, porque no es justo para la gente que lo votó. La gente que lo votó lo hizo de buena fe porque está cansada.

Trabajo mucho en general con la política, así que inevitablemente aparecerá en algunos de mis libros porque es un presidente más que entra a una situación compleja del país y compleja para él como personaje político porque realmente él vivía fuera del sistema; él construyó su imagen pública en los medios y en las redes. Milei tiene mucha presencia mediática, pero no tiene mucha presencia en la política tradicional. Creo que hay un cambio histórico y eso pasa en muchos lugares. Seguramente va a entrar de alguna manera, pero sobre todo en el sentido de la incertidumbre.

CP: ¿Seduce más la oscuridad en tiempos inciertos?

ME: Ningún gobierno argentino dejó de darme satisfacciones en cuanto al espanto. Todos fueron, de alguna manera u otra, un caldo para usar. No tengo por qué pensar que este no lo sea.

 

Carlos Priego
Periodista cultural

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Publicado en: Registro personal