La semana pasada tuve la oportunidad de asistir a la proyección de Which Way Home? (EU, 2009), documental dirigido por Rebecca Cammisa que se adentra en la problemática de los migrantes centroamericanos y mexicanos menores de edad que hacen el viaje hacia Estados Unidos. A pesar de que no se trata de una situación nueva, ni mucho menos, la migración de menores de edad sólo recientemente ha llamado la atención de la política norteamericana, de ahí que la proyección se llevara a cabo en el contexto de una discusión política más amplia sobre el tema.
El hilo principal del documental sigue el recorrido de dos niños hondureños, Fito y Kevin, a bordo de “La Bestia”, el tren de carga que muchos migrantes toman en México camino al norte. Su travesía a través de la frontera México-Guatemala, en el tren, en los albergues de paso, en la estación de Lechería y en sus distintos devenires alumbra los enormes obstáculos a los que los migrantes –y en especial los niños– se enfrentan en su intento por atravesar México: robos, asaltos, violaciones, extorsión de parte de los oficiales de inmigración, entre otras muchas cosas. Pero, más allá de esto, la cercanía con los niños aporta un ángulo muy especial a este documental, al mismo tiempo ingenuo y sincero, que nos permite observar a flor de piel muchos de los temores, alegrías o esperanzas de aquellos –niños o no– que emprenden el viaje. En cierto momento, por mencionar un caso, el tren da un paso en falso a media entrevista con Fito y su rostro inmediatamente se transforma en una mueca de terror, una mueca que un adulto quizá haya reprimido. Una sinceridad similar ocurre al escuchar las razones por las que viajan (no sólo ellos dos). En primera instancia, casi todas suenan como sueños infantiles –ser adoptado, volverse millonario, reencontrar al padre, ver lo visto en televisión–, pero es justamente lo ingenuo de sus razones lo que nos permite observar –en estos niños– una fuerza que no se reduce a ellos: la de la enorme esperanza que lleva a tantas personas a arriesgarlo todo en un camino tan duro con tal de tener una oportunidad.
Por otra parte, en ciertos momentos de la travesía de Fito y Kevin, el documental se desvía hacia otros niños para explorar más a fondo ciertos aspectos específicos del recorrido. De esta forma, siguen a Olga y a Freddy en su paso por los albergues, a Yurico en su recaída en las drogas tras ser detenido por migración y a Juan Carlos en todo el proceso de deportación a Guatemala. Lo que llama la atención de Which Way Home? es que la mayor parte del documental está basado en los testimonios de los propios niños y sus familiares. Se dialoga muy poco con las figuras de autoridad, no hay ninguna voz de los “expertos” en el tema y la numeralia (cifras, estadísticas, etc.) es bastante austera. A la problemática más general, así, solamente accedemos a partir de los casos particulares de un pequeño grupo de niños en concreto, con una historia, una experiencia y un nombre propio.
Esto, a su vez, me recordó a otro documental que tuve la oportunidad de ver este año: ¿Quién es Dayani Cristal? (UK/México, 2013) de Marc Silver y Gael García. Este documental se centra en un solo caso: el cuerpo de un hombre desconocido es hallado en el desierto de Arizona; la única pista para su identificación es un tatuaje en el pecho que dice Dayani Cristal. Así, una parte de este documental sostiene una trama casi detectivesca que narra el complejo proceso a través del cual los médicos forenses y los burócratas hondureños logran encontrar el nombre del cuerpo. La historia de este caso en particular –de un único hombre– y los esfuerzos por hallar su nombre y darle descanso a él y a su familia son la forma como el documental nos adentra tanto el la desgarradora labor a la que los forenses de este lugar se enfrentan cada día como, por supuesto, a la terrible situación de los miles de hombres, mujeres y niños que cada día intentan atravesar ese enorme desierto.
Simultáneamente, el documental se dedica a entrevistar a los familiares y amigos de Yohan –el hombre del tatuaje–, para así reconstruir su historia, mientras que Gael García recrea una posible travesía de este hombre hacia Estados Unidos. A partir de estos testimonios, escuchamos las razones por las que Yohan se fue, sus esperanzas, su forma de ser e incluso el testimonio de sus últimos días en el desierto y de su muerte (de parte de otro migrante que lo acompañaba en el viaje). Hacia el final y a pesar de que en el documental escuchamos todas las voces salvo la suya, somos capaces de comprender al hombre que, en un inicio, no era sino un cadáver no identificado entre otros muchos.
Me parece que ¿Quién es Dayani Cristal? es una buena contraparte de Which Way Home? Si en el primer documental que discutimos se trabaja con varias historias y se procura tener el testimonio directo de los protagonistas de las mismas, ¿Quién es…? se limita a un solo caso, construido a partir de todas las voces que, indirectamente, nos cuentan la historia de un hombre. Y, sin embargo, al distanciarse de las estadísticas y de una visión panorámica del problema y bajar a las historias particulares de Fito, Yohan, Olga y Freddy, entre otros, ambos documentales comparten una premisa similar. Cuando el cuerpo tiene un nombre, parecen decir, tiene también historia una historia que contar y tiene una voz que merece ser oída. Tanto Which Way Home? como ¿Quién es Dayani Cristal? triunfan en tanto se colocan en el lado opuesto al discurso político dominante en los Estados Unidos, para el cual el migrante puede serlo todo –un problema, una cifra, incluso una causa–, todo excepto un nombre.
Muy buen artículo poncho.
Gracias mi querido Javi. Te mando un abrazo.