La vista desde el aire o desde la tierra de uno de esos kilométricos y homogéneos desarrollos inmobiliarios suele derivar en pensamientos de incomodidad, claustrofobia y -si uno se pone muy dramático- de inhumanidad, deshumanización o cualquier otro calificativo supremacista, uno que diferencie la vida en un panal de interés social de una vida supuestamente más «digna y humana». Supongo que ese imaginario digno e idílico corresponde a una casa en el campo con vacas, caballos, una hilera de magueyes que se dirige a un bosquecito ralo de pirules y sabinos, acumulados junto al jagüey, y súmele un sombrero de charro colgando en el percehero de la casa por si el padre de familia tiene que salir a cabalgar («!Jorge! ¿Por que será que Pedrito se la pasa jugando a escondidas en el corral de los borregos?»).
Es absurdo pensar que la vida en sus formas más creativas, agudas y generosas no acaba triunfando en un desarrollo inmobiliario de interés social. Siempre lo hace. Pero lo cierto es que estos mega desarrollos inmobiliarios dirigidos a aquellos que quieren dejar de rentar o de vivir con los parientes y poseer una casa por primera vez, son a veces ciegos a las necesidades, hábitos y pulsiones estéticas de los que ahí habrán de habitar. Que le entreguen a alguien las llaves de su casa nueva, completita, con todo y acabados, puede ser muy emocionante. Los olores a nuevo – sea coche, zapatos, libros, cuadernos o casas- causan un extraño y reconfortante placer. Pero supongo, y lamento mucho tener que sonar de lo peor, imagino que en cuanto se diluyen los primeros olores, la esterilidad de la estandarización y el aislamiento se revelan en toda su mezquina y opresiva presencia.
Ah pero qué tal si el problema de construir viviendas baratas se soluciona de otra manera. A veces las ideas sencillas son las mejores. Qué tal si para evitar la opresiva estandarización y dar espacio a que cada dueño personalice su espacio se les entrega su casa a medias. Digo, es natural que primero se construye la mitad de la casa para las primeras necesidades de la familia, y se dejan las varillas listas para rediseñar la casa para una segunda era. ¿Qué tal hacer de eso el objetivo arquitectónico de todo un mega desarrollo?
La compañía chilena Elemental está comenzando un proyecto de 70 casas en Sta. Catarina, Monterrey justo con esa idea. Hace unos días una reportera del Atlantic llamada Alisson Arrief reportó que
Su ‘Complejo Habitacional Incremental’ consiste de un continuo de edificaciones de tres pisos con la casa habitación (en el primer piso) y un apartamento de dos pisos en la parte superior. Las unidades están diseñadas, explican los arquitectos, «para facilitar técnica y económicamente el estándar final de la clase media entregándoles la primera mitad». Con esta estrategia, Elemental invertió creativamente los recursos del gobierno en construir las partes difíciles de la casa (baños, cocina, escaleras y paredes); este sistema abierto le permitirá a la familia expandirse según lo necesite dentro de una estructura. […] Al darle una mano a los residentes en lo que toca al diseño y la construcción, al permitirle crear una casa que se ajuste a sus necesidades, el proyecto de Elemental les da una auténtica participación, una auténtica razón de estar orgullosos de su lugar.
Pero quizá lo más importante de vender casas que se quedan a medias no sea que cada quien le puede dar su personalidad. Lo más importante es que, comparadas con las casas completas en desarrollos alejados, el mismo presupuesto gasta menos en construcción y más en locación. Para las clases bajas y medias bajas que desean combatir la desigualdad en las urbes, la ventaja comparativa no lo da (necesariamente) vivir en una casa de 80 mts cuadrados. En cambio, vivir en una zona conectada al resto de la gran ciudad (aunque sólo tenga 36) en una ventaja comparativa mucho más importante. En el caso de la vivienda y el desarrollo social, estar bien localizado es clave para el auténtico combate a la desigualdad. El tamaño no importa… el lugar sí… elemental.
Por su proyecto en Sta. Catarina Nuevo León, Elemental ganó el Index Award 2011, uno de los premios más prestigiados del mundo del diseño.Vale la pena verlos más de cerca.
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