Me estás matando Susana (México, 2016)
Director: Roberto Sneider
Género: Drama
Guionistas: José Agustín y Luis Cámara
Actores: Gael García Bernal, Verónica Echegui y Ashley Hinshaw

Hay una canción que habla del retorno. Y entonces Eligio y Susana se miran con intensidad. No saben qué hacer en esta situación incomoda. “Y volver, volver, volver, a tus brazos otra vez, llegaré hasta donde estés”. Sonríen. Beben una cerveza. Y es que en Me estás matando Susana (2015), de Roberto Sneider, el regreso es fundamental, primordial. El retorno en sus diversos matices e implicaciones. Como la letra de una canción vieja, necia.
Basada en el libro Ciudades desiertas, de José Agustín, la tercera película de Sneider habla desde dos: Susana, cansada de la vida que lleva junto a Eligio, decide irse, alejarse, refugiarse en su escritura y en un programa para escritores talento en Estados Unidos; formado por su excesiva confianza y su insolencia, Eligio emprende la búsqueda de su esposa, sin importar si tiene que ir al culo del mundo porque sabe que en esta vida, lo que hay entre los dos es amor.
Y es desde esta concepción de amor que la película transforma el texto literario a un producto audiovisual amigable, pero también del texto a su interpretación en la pantalla grande. Es imposible no notar que prevalecen esas características que abren preguntas como, ¿por qué sólo vemos el desnudo femenino?, ¿por qué el castigo físico –broma o no- tiene que ser de Eligio a Susana? Cuestiones en apariencia irrelevantes pero que dejen ver cómo Sneider hace que el estereotipo del hombre rudo mexicano sea camuflajeado en la comicidad.
Contrario al libro de José Agustín, en donde conocemos a un ser que cae en el patetismo, el Eligio cinematográfico se presenta como el hombre que, a pesar de sus errores, sus engaños y su cinismo, tiene encanto, galanura. Una figura irresistible que hace flaquear hasta a la mujer más lista, decidida, otro estereotipo femenino en donde la creación, la sensibilidad, el arrebato y la venganza son la descripción para Susana.
En Me estás matando Susana, Sneider transforma los pasajes de una sociedad que interactúa entre una multitud de tensiones a través de temas como la relación México-Estados Unidos, la decadencia de la esfera intelectual mexicana y las relaciones amorosas y se inclina por explorar aquellos roles de género que sin importar estar contextualizados en la actualidad, permanecen en los estira y afloja entre Eligio y Susana: las peleas, los gritos y los reproches son el escenario que hace de la caricatura literaria, una historia de amor.
Sin embargo, es inútil reprochar algo a Sneider. Si volvemos a sus obras como Dos crímenes (1995) o Arráncame la vida (2008), e incluso su papel como productor en Las horas contigo (2015) podremos saber que su especialidad es entregar producciones que preponderan las historias “bellas”, que sin dificultad se instalan en el gusto de un gran sector. No hay desatinos pero tampoco hay riesgos, una cualidad que el cine mexicano expulsa casi por inercia, pero que el director mexicano ha probado con resultados correctos.
Aciertos que se notan en los diálogos que evitan los clichés, en la puesta en escena, en el desempeño actoral, y en ese sentido, García Bernal ofrece una de sus mejores actuaciones, una faceta en la comedia que se ve por primera vez en la serie de Amazon Studios, Mozart in the jungle, y que termina de moldearse en la película de Sneider. Al parecer, no hay elección más adecuada que un Eligio de facciones finas y sonrisa fulminante. Por su lado, el papel de Susana, interpretado por la española Verónica Echegui, no termina de convencer por completo: escenas en donde era indispensable combinar el drama y la comicidad, no son resueltos con la suficiente habilidad. Hay algo que no convence, y que inevitablemente queda desfavorecido al lado de García Bernal.
Me estás matando Susana es regresar, acercarse nuevamente a la figura del hombre mexicano en el cine, una postura que si bien fue eliminada en la película, en el libro queda del todo claro cuando Eligio hace referencia a figuras como Jorge Negrete y Pedro Infante. El homme fatale del pégame pero no me dejes.
Al final, agradeciendo las risas y esas chispas de originalidad, Sneider logra otra vez un cine que se sitúa entre las producciones palomeras y las de festival. Un respaldo literario evidente, bien aprovechado para esas situaciones en las que reímos, aplaudimos el ingenio pero que muy en el fondo, sabemos que no son las mejores y mucho menos las ideales para construir un mundo compartido. Lo sabemos nosotros porque Susana y Eligio se describen en el “Y volver, volver, volver a tus brazos otra vez, llegaré hasta donde estés”. Esa vieja y necia canción.