Madres paralelas: Pedro Almodóvar da a luz a la muerte

En esta reseña de la última película de Pedro Almodóvar, Ever Aceves nos invita a prestar atención al lenguaje cinematográfico del auteur español, quien conjuga una reflexión sobre la Guerra Civil Española con sus preocupaciones usuales con la maternidad, el diseño, y la disidencia sexual.

La polémica del cartel promocional de Madres paralelas

Antes de adentrarme en la discusión del último filme de Pedro Almodóvar, me gustaría hablar sobre el revuelo que causó a las buenas conciencias el cartel inicial de la película, realizado por el reconocido diseñador gráfico Javier Jaén, el cual consistía en mostrar la fotografía a blanco y negro de un pezón lactante que al mismo tiempo simulaba ser un ojo.

Tras ser censurado en Instagram por supuestamente violar sus políticas de contenido, el cartel se convirtió en el centro de una polémica. Tras la presión de usuarios en redes sociales alrededor del mundo, quienes criticaban la censura ejercida por esta red social, Meta —la compañía antes conocida como Facebook que es dueña de  Instagram— ofreció disculpas, pero sólo tras advertir reiteradamente a Jaén de que debería retirar las fotografías del cartel que había subido a su cuenta de Instagram.

Al final, la imágen más difundida fue aquella del abrazo de las protagonistas. Este segundo cartel, por cierto, cuenta con una versión en formato GIF —como se conoce a las animaciones breves que pululan por internet— que lo convierte en el primer cartel en movimiento de una película de Almodóvar.

La maternidad

No es novedad que el director y guionista español Pedro Almodóvar aborde la maternidad. Basta con mencionar a Tacones lejanos (1991), La flor de mi secreto (1995), Carne trémula (1997), Todo sobre mi madre (1999), La mala educación (2004), Julieta (2016) y su penúltimo largometraje, Dolor y gloria (2019).

Estas películas contemplan a la maternidad desde perspectivas inusuales, como también  es el caso del más reciente largometraje de Almodóvar: Madres paralelas (2021), protagonizada por Milena Smit en el papel de Ana (en lo que es probablemente la inauguración de una carrera como chica Almodóvar) y Penélope Cruz, recientemente nominada al Oscar por mejor actriz, en el papel de Janis.

Ambos personajes, Janis y Ana, son madres primerizas y monoparentales. La película abre con las dos mujeres compartiendo la misma habitación del hospital y a punto de parir, cada una con circunstancias de vida distintas y con expectativas diferentes sobre el significado de ser madre. Mientras Janis, una fotógrafa adulta, anhelaba ser madre, Ana, una adolescente de diecisiete años, quedó embarazada a raíz de la violación múltiple por parte de varios de sus compañeros del colegio. No deseaba a su hijo, pero decidió tenerlo.

En el transcurso de la película las historias de las dos mujeres se entretejen, de manera que el espectador se adentra en las vidas de ambas. Aparece también la madre de Ana, Teresa —interpretada por Aitana Sánchez-Gijón—, una actriz quien ha enfrentado dificultades en su carrera. Teresa admite que no deseaba ser madre, pues sólo buscaba su éxito profesional. Sin embargo, las circunstancias la llevaron a dar a luz a Ana, aunque al final fue el padre quien ganó la custodia legal de su hija. Este padre, a su vez, decide “regresarle” su hija a su antigua pareja cuando la primera se embaraza. Ana y Teresa, madre e hija, son dos desconocidas unidas por lazos sanguíneos, pero quienes sin embargo sienten afecto la una por la otra. Vemos entonces que el tema fundamental de la última película de Almodóvar son maternidades que no se ajustan a la concepción hegemónica, pero que sin embargo existen en el mundo real.

Al avanzar la trama, por otro lado, Janis comienza a sospechar que ella no es en realidad la madre de su hija, cuyos rasgos físicos —tez morena, ojos rasgados— son diferentes tanto de  los suyos como de los del padre. El padre, Arturo, un personaje incidental interpretado por Israel Elejalde, es un hombre casado que decidió separarse de Janis por la falta de conexión que sentía con la niña. De igual manera, la amiga de Janis, Elena —interpretada por Rossy de Palma, asidua actriz en películas de Almodóvar—, comparte con ella sus sospechas de que la niña no se parece en nada a su supuesta madre. A raíz de estas sospechas, Janis decide hacerse una prueba de maternidad. El resultado es que, en efecto, Janis no es la madre biológica de la niña.

Después de algún tiempo sin hablarse, Ana y Janis coinciden en una cafetería. A partir de este momento su relación se vuelve más estrecha. Janis invita a Ana a su departamento, donde intenta decirle que muy probablemente intercambiaron a sus bebés al momento de nacer, pero sus intenciones se ven frustradas cuando Ana le da a Janis una noticia aterradora: su bebé murió tiempo atrás por muerte de cuna. Esa misma noche, Janis le propone a Ana trabajar en su casa como empleada doméstica. Ana acepta. Al poco tiempo, Janis hace una segunda prueba de maternidad, esta vez a su supuesta hija y a Ana. Descubre entonces la adolescente es, en efecto, la madre biológica de la niña que hasta ese momento Janis suponía era su hija.

Vemos entonces que Madres paralelas deja ver, entre líneas, el amor que une a los padres de hijos adoptivos con sus vástagos. El amor, Almodóvar parece decirnos, no depende de la sangre, sino de los afectos que se van gestando.

Janis Joplin

Janis nos revela en un diálogo que su nombre es un homenaje a la célebre cantante de rock estadunidense Janis Joplin. Esta es, a mi ver, la escena más memorable del largometraje: Ana y Janis están sentadas juntas en la sala mientras en el fondo musical comienza a sonar la interpretación de Joplin del viejo standard de jazz, “Summertime”. En ese momento, Ana besa a Janis. Janis se siente desconcertada, pero recibe el beso y lo devuelve. Mientras que la misma canción suena en el fondo, las dos mujeres se van juntas a la cama. Tienen sexo bajo una iluminación oscura La cámara se acerca a sus siluetas para después elevarse de tal manera que se aprecia de un lado la cama y a un costado la cuna de la niña. La escena dura más de tres minutos y es francamente memorable: entre la música y la cinematografía de Almodóvar, el resultado es un momento de una precisión emocional impresionante. A partir de este momento surge un enamoramiento entre ambas mujeres, las madres paralelas.

Más allá de su importancia para la trama del filme, la escena es un homenaje a Joplin, quien en su corta vida —murió, como tantos héroes y tantas heroínas del rock, a los veintisiete años— logró algunos de los grandes triunfos de la música popular estadunidense. Almodóvar desempolva su música para iluminar melódicamente las salas de cine. El resultado es magistral.

Pequeños detalles

Quisiera tomarme un momento para discutir algunos de los recursos cinematográficos de los que Almodóvar echa mano a lo largo de la película. En primer lugar, las tomas más frecuentes son primeros planos: close-ups íntimos que invitan al espectador o espectadora a identificarse con las protagonistas.

En términos de la dirección de arte, resulta destacable la presencia constante de teléfonos, uno de los props favoritos de Almodóvar: en Madres paralelas vemosdesde casetas telefónicas hasta teléfonos de cableado interminable; desde teléfonos conectados a automóviles lujosos hasta teléfonos celulares con audífonos inalámbricos. Este recurso recuerda al monólogo de la protagonista, interpretada por la célebre Tilda Swinton, en la cinta anterior de Almodóvar: The human voice (2020), que como muchas de las películas del auteur es, antes que otra cosa, una oda cinematográfica al diseño de interiores, al vestuario y a la  fotografía. Esta atención al diseño está, también, claramente presente en Madres paralelas, donde Almodóvar logra de nuevo esa combinación perfecta, constante en él, entre elementos modernos y tradicionales.

Del mismo modo, cabe también llamar la atención a una breve escena en la que la actriz y modelo española Daniela Santiago —quien interpreta a La Venenoen la serie de televisión española del mismo nombre— es retratada por Janis. Este breve momento es significativo, pues es otro ejemplo más de la presencia de la comunidad trans en la filmografía de Almodóvar.

Almodóvar da a luz a la muerte

Sin embargo, no todo es maternidad en Madres paralelas. Un tema igualmente presente en la película es la memoria histórica. Almodóvar hace evidente su postura política frente a las adversidades ocasionadas a raíz de la Guerra Civil Española, un periodo de la historia que la juventud española parece haber olvidado. Almodóvar hace una crítica fuerte a las injusticias que siguieron al fin del conflicto, cuando el territorio español se llenó de fosas comunes en sitios recónditos y desconocidos, de manera que muchos de los familiares de las víctimas hasta la fecha no han podido localizar ni dar sepultura a los huesos de sus desaparecidos.

No es común ver en las películas de Almodóvar posturas políticas de este tipo, por lo que en esta ocasión se vuelve palpable una reivindicación social que invita a las nuevas generaciones a interesarse por la tragedia del fin de la República Española. Para este fin, el cineasta se vale del diálogo: “Las nuevas generaciones no se preocupan de nuestra historia”, le dice Janis a Ana, aunque parece que en ese momento es Almodóvar quien se dirige a su audiencia. 

La película, como la existencia humana, inicia con el nacimiento y culmina con la muerte. Almodóvar abre su filme con los nacimientos de las bebés y lo culmina con una escena en donde aparecen los cuerpos tumbados de los personajes de la película; cuerpos que, a manera de metáfora visual, son al mismo tiempo los esqueletos de las víctimas del franquismo, pues se encuentran en la misma posición en la que los arqueólogos hallan los cuerpos otrora sepultados. Mediante la maternidad y la memoria histórica, conjugadas con su distinguible estética cinematográfica, Almodóvar da a luz a la muerte.

 

Ever Aceves
Psicóloga, fotógrafa y periodista cultural

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Publicado en: Cine