Los traductores de Kafka

Detrás de las múltiples traducciones de Franz Kafka a distintos idiomas hay anécdotas muy curiosas: un matrimonio escocés con serios problemas económicos; la coincidencia de un traductor al checo que también se llamaba Kafka; y hasta una errónea atribución a Jorge Luis Borges que no acaba de resolverse.

Ya no es ninguna primicia que la consagración mundial de Franz Kafka fue póstuma. Cada una de sus obras (también, por supuesto, sus novelas inconclusas) se ha traducido varias veces a decenas de idiomas. Detrás de esas “traiciones”, como diría la célebre expresión italiana, hay ciertas historias curiosas en las vale la pena detenerse, más allá del chisme literario. Enlistamos, a continuación, las que conciernen a los traductores al inglés, francés, checo y español.

Ilustración: Oldemar González

A cuatro manos

~Al inglés. El matrimonio formado por los escoceses Willa y Edwin Muir logró hacer de la traducción un medio de vida y, además, fueron los primeros en llevar al inglés El castillo (en 1930), El proceso (en 1935) y América (en 1938). Por otro lado, en 1948, realizaron una versión de “La condena” que sirvió como referencia durante mucho tiempo.

Todo comenzó en la primavera de 1924 cuando, luego de seis años de casados durante los cuales hicieron distintos viajes —por ejemplo, a Praga— y con una situación económica precaria, recibieron una propuesta de un editor de Nueva York para traducir tres obras del autor alemán Gerhart Hauptmann (premio Nobel de literatura en 1912) al inglés. Aunque la oferta había llegado por el trabajo crítico de su marido, era una oportunidad que Willa, talentosa lingüista que había crecido en la Escocia rural y dominaba tanto el griego como el latín, esperaba hacía tiempo.

El matrimonio escocés tradujo también a muchos otros autores alemanes importantes como Hermann Broch y Heinrich Mann, con lo cual en 1958 ganaron un premio por su labor en conjunto. Lo interesante es que Willa Muir precisó en su diario personal que su marido “apenas ayudó”; y que “[ella] tenía que poner precisión ahí donde las traducciones de [su] marido tendían a ser salvajes y alegres”.

De religión y pornografía

~Al francés. Uno de los más famosos traductores de Kafka al francés fue, sin lugar a dudas, Pierre Klossowski, que colaboró activamente con George Bataille en la prestigiosa revista Acéphale, a finales de la década del treinta, y que también se interesó en explorar las intersecciones entre la religión y la pornografía, lo sagrado y lo profano. De joven Klossowski trabajó como secretario de André Gide y, de hecho, inspiró uno de los personajes de su novela Los falsificadores. Escritor, filósofo, traductor y artista visual, su figura se extiende como una sombra a lo largo del siglo XX: tuvo relación tanto con los surrealistas como con los miembros del existencialismo y algunos de los textos que escribió sobre Nietzsche y el Marqués de Sade tuvieron cierta repercusión en los postulados del posestructuralismo. Pero además de traducir y de ser un eslabón fundamental en la introducción de la obra de Kafka en Francia, Klossowski fue uno de los primeros traductores al francés de los filósofos más destacados de la primera mitad del siglo XX: Walter Benjamin, Ludwig Wittgenstein y Martin Heidegger.  

Perdidos a la vista de ¿quiénes?

~Al inglés y al español. Hace apenas unos meses la editorial New Directions anunció con bombos y platillos la próxima publicación de The Lost Writings (Los escritos perdidos), setenta y cuatro piezas de Franz Kafka seleccionadas por su biógrafo Reiner Stach y en una nueva traducción de Michael Hofmann. Se trata de fragmentos, apuntes, aforismos y relatos de un puñado de líneas, una carilla o, a lo sumo, algunas páginas. Luego de argumentar que los textos reunidos se habían perdido durante varias décadas, en una entrevista para The New Yorker la propia Barbara Epler, editora a cargo del prestigioso sello, reconoció que la idea surgió durante un almuerzo con el Reiner Stach a quien, tal como ella misma cuenta, no le gustó el título elegido básicamente porque no es cierto que esos textos estuvieran perdidos.

En efecto —y a pesar de que por alguna razón siempre se suele pensar que, en materia de traducciones, el idioma inglés aventaja mucho al español—, lo cierto es que esos mismos escritos, aparentemente perdidos, se incluyeron en la edición de las obras completas de Franz Kafka publicada en tres tomos por Galaxia Gutenberg y dirigida por Jordi Llovet hace apenas unos años… ¡allá por 2003!

En el nombre de Kafka

~Al checo. Aún hoy mucha gente no tiene claro que Franz Kafka, pese a haber nacido en el territorio actual de la República Checa, escribía en alemán. Una de sus primeras traductoras al checo fue, por supuesto, Milena Jesenská que tuvo además una relación con él y fue una de las destinatarias más importantes de sus cartas.

También lo tradujo Pavel Eisner quien nació y murió en Praga. Además de ser considerado uno de los más importantes traductores checos de todos los tiempos fue también lingüista, crítico y poeta; y se destacaba por su dominio de doce idiomas (inglés, francés, islandés, italiano, húngaro, alemán, noruego, persa, ruso, serbio, español y tibetano).

Pero uno de los casos más curiosos de la traducción al checo de Kafka es la del otro Kafka, su traductor homónimo. Sin ningún tipo de parentesco en común, Vladimír Kafka tradujo por primera vez al checo El castillo, los Diarios, su relato “Descripción de una lucha” así como la biografía escrita por Max Brod. Por otro lado, este otro Kafka fue un verdadero puente cultural entre Alemania y su país: de hecho, trabajó en la década del sesenta en la prestigiosa editorial alemana Suhrkamp, recomendando la publicación de autores checos que, con el tiempo, ganarían relevancia, como Ivan Wernisch y Milan Nápravník.

Figura relevante en las letras del siglo XX, Vladimír Kafka era muy amigo de Günter Grass, quien dedica su libro Del diario de un caracol a los dos hijos del primero: Štěpán y Tomáš. Štěpán, el hermano mayor, es artista y editor: en 1991 publicó el libro Último encuentro, en el que destacadas figuras de la cultura checa como Vladimír Holan, Jan Lopatka y hasta el primer presidente de la democracia y dramaturgo Václav Havel le rindieron homenaje a su padre traductor. Štěpán explica que, como el comunismo desalentó todo lo que pudo la lectura de Kafka, la traducción de los cuentos hecha por su padre se publicó hasta 1990, de la mano de la prestigiosa editorial checa Odeon. Por ese entonces era casi imposible conseguir un ejemplar; había interminables filas de personas en las librerías, algo similar a lo que sucede hoy en algunos países cuando salen a la venta nuevos modelos de teléfonos inteligentes.

Tomáš Kafka es historiador y diplomático, y actualmente se desempeña como embajador checo en Alemania. Y tiene también una anécdota interesante que resume este asunto tan kafkiano de los nombres:

Pavel Kafka se llamaba un embajador checo en Egipto y me contó que había un gran admirador de Kafka que tenía la intención de traducirlo al árabe. Iba a empezar por La metamorfosis y para poder hacerlo empezó a aprender checo asumiendo que Kafka había escrito su obra en ese idioma. Después de advertir su error, tuvo que conformarse con traducir desde esa versión checa que había realizado otro Kafka [mi padre], así que mi padre también está involucrado en la traducción de Kafka al árabe.

Borges traductor de Kafka

~Al español. A comienzos de la década del sesenta la editorial Losada publica un volumen de La metamorfosis de Franz Kafka con traducción y prólogo de Jorge Luis Borges. Aunque el libro tuvo muy buenas ventas, como solía ocurrir con cada uno de los ejemplares de la popular colección “Biblioteca Contemporánea”, algunas personas comenzaron a sospechar del origen de esa traducción, entre ellos el escritor argentino Fernando Sorrentino, quien no solo dudaba de que Jorge Luis Borges fuera el autor de esa traducción sino, sobre todo, de que ese trabajo lo hubiera realizado un argentino y no, como parecía demostrar el léxico y el uso recurrente de leísmos, un español.

La inquietud de Sorrentino persistió y casi una década después tendría la posibilidad de resolverla de primera mano al entrevistarlo para su próximo libro: Siete conversaciones con Jorge Luis Borges (1974). La respuesta del gran escritor argentino merece no imponer ninguna glosa:

Bueno: ello se debe al hecho de que yo no soy el autor de la traducción de ese texto. Y una prueba de ello —además de mi palabra— es que yo conozco algo de alemán, sé que la obra se titula Die Verwandlung y no Die Metamorphose, y sé que hubiera debido traducirse como La transformación. Pero, como el traductor francés prefirió —acaso saludando desde lejos a Ovidio— La métamorphose, aquí servilmente hicimos lo mismo. Esa traducción ha de ser —me parece por algunos giros— de algún traductor español. Lo que yo sí traduje fueron los otros cuentos de Kafka que están en el mismo volumen publicado por la editorial Losada. Pero, para simplificar —quizá por razones meramente tipográficas—, se prefirió atribuirme a mí la traducción de todo el volumen, y se usó una traducción acaso anónima que andaba por ahí.

En un artículo titulado “El kafkiano caso de la Verwandlung que Borges jamás tradujo”, Fernando Sorrentino agrega que preparando una nueva edición de ese libro de conversaciones, pudo enterarse gracias a Miguel de Torre —hijo de Norah Borges y sobrino del escritor— que tampoco pertenecían a él las versiones de “Un artista del hambre” (Ein Hungerkünstler) y “Un artista del trapecio” (Erstes Leid).

Lo interesante es que esa traducción anónima al español no difiere de la primera que salió en 1925, un año después de la muerte de Kafka, en el número 18/19 de Revista de Occidente. La investigadora Cristina Pestaña Castro de la Universidad de Valladolid investigó este asunto que aún el día de hoy no parece resuelto. Hasta ahora la principal hipótesis de Pestaña Castro es que, según una declaración de José Ortega, hijo de Ortega y Gasset, la autora de la traducción habría sido una mujer: Margarita Nelken, hija de judíos alemanes emigrados a España que alcanzó cierto prestigio como escritora y política. Sin embargo, no es posible confirmar del todo esta hipótesis, porque los archivos de la revista fueron destruidos durante la guerra. Tampoco está claro si esta supuesta traductora realizó su versión directamente desde el alemán o utilizó algunas de las traducciones disponibles.

En definitiva, se trata de otro enigma dentro del universo de las traducciones kafkianas que, con sus vericuetos y embrollos, no hacen más que homenajear al célebre escritor, a quien Max Brod decidió no cumplirle su último pedido.

 

Juan Pablo Bertazza
Es autor varios libros de poemas y de la novela Síndrome Praga (Adriana Hidalgo), traducida al checo. Cursa el doctorado en Literatura en la Universidad Palacký de Olomouc.

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Publicado en: Ensayo literario

Un comentario en “Los traductores de Kafka

  1. En octubre de 1982 tuve la oportunidad de sostener una larga plática con Borges (que està grabada y a buen recaudo en el archivo sonoro de la Radio Deutsche Welle, en cuya redacción latinoamericana me desempeñé durante 35 años). En dicha plática salió a relucir, mejor dicho: sacó a relucir el propio Borges el tema de la traducción de esa novela breve de Kafka, y me dio la misma explicación que a Sorrentino, casi literalmente. Hablando en plata. le creí y le sigo creyendo.

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